
Fic de WifesKaulitz. Temporada IV
Epílogo

— Hey, idiota. — abrí los ojos, parpadee con lentitud y vi que me encontraba en una de las habitaciones compartidas de un hospital. La cabeza estaba a reventar y no comprendía nada de lo que estaba pasando. — Despierta, no seas tan exagerado. Yo los parí.
— Pero…
— Te desmayaste. — comenzó a reírse a carcajadas, su riza resonaba en mis oídos lastimándome. Frunzo el ceño jodidamente exagerado.
Esto ya lo viví…
— Dios, si hubiera grabado el momento lo vería mil veces y esas mil veces me reiría… aun que más que desmayarte parece que te hubieras dormido, como muerto, imbécil.
— Karol, tú… ¿dónde están mis hijos? — miro el techo con los ojos cerrados.
— ¿Acaso los ves aquí?
Maldita sea.
— No.
— Esos bebés están en su lugar, ya mismo se los entregan…. te cuento que ahorita me hicieron firmar una hoja donde me niego a la maternidad de los bebés. — hizo una mueca de asco. — Con lo mucho que me importa, eh.
Observo mi brazo, estoy con una intravenosa conectada.
— Es muy raro darles de lactar.
— Hola, ¿ya despertaste? — asiento con lentitud mirando al doctor entrar. — Es normal que los padres primerizos pasen por esto pero lo tuyo fue un caso serio, catorce horas sin despertar. Fuiste un record para mí y mis enfermeras.
— Es exagerado este tipo. — rie ella junto con el doctor.
Yo sigo en un maldito trance.
¿Acaso yo no había vuelto a Alemania?
— Emily ve por el esposo del señor Kaulitz. — mi corazón late ansioso. Afortunadamente Tom entra, vivito y coleando a la habitación, muy preocupado.
— ¿Estás bien? — asentí dándole un abrazo fuerte, con las lagrimas saliendo de mis ojos de a poco.
— Aquí llegan los mellizos también.
— Son unos niños juiciosos. — comentó la mujer un poco nostálgica. Tom y yo nos separamos de a poco para recibir a los bebés, al niño lo ponen en mi pecho y a la niña se la entregan a Tom. — Creo que serán unos buenos padres para ellos.
— Espero que si.
Estoy en confusión total.
¿Por qué siguen bebés y no de siete años?
— Los doy de alta, ya pueden irse.
&
Entré a la casa obligado, episodios de mi vista de Tom y Heidi viéndome la cara me pegaban con fuerza.
— Listo. — entró a la habitación con una sonrisa radiante. Yo veía la cama con pavor. — La niñera ya está lista, el chofer igual y ya solo nos esperan en el lugar donde está el avión en… — miró su reloj e hizo una mueca. — Veinte minutos.
¿Nos esperan?
¿Si va a ir conmigo o que es?
— Te noto muy inquieto desde que salimos del hospital. — me abraza por detrás. — Todo está bien, los bebés están bien, nuestro matrimonio también, ¿qué más puedo pedir? Voy a dedicarme enteramente a mi nueva familia, Billie. Te amo.
No puedo decir nada.
Trato de evitar a Tom toda cosa hasta que pasan esos veinte minutos y abordamos en el avión. Me abrazo a mi mismo medio triste todo el viaje hasta llegar. Soy el primero en salir.
Apenas me bajé, Sam y la morena corrieron a abrazarme de manera asfixiante, yo no lo hice.
— Te extrañé mucho, flaco desnutrido. — Sam me besaba el rostro por todas partes.
— Ya… — le alejo de mi irritado.
— ¡Kaulitz! — chilla. — ¡Que horrible verte! — bromea.
— Puedo decir lo mismo. — rie Tom con alegría. — No solo a nosotros.
— ¿A quién pues?
Suspiré con dureza mientras me cruzaba de brazos, miré para otro lado que no sea Sam y parpadeé reiteradas veces observando como la encargada saca las dos meseras de los bebés para que las chicas lo conozcan. Sam y Anneth pegaron un grito ensordecedor que hizo despertar a los niños.
— ¡Dios mío, chicos! — gritó la monera mientras sujetaba a la niña. — Que linda, que linda, ¡que lindaaaaaaaaaaa!
— ¡Se parece mucho a Tom, dios! ¡En sus cejas, la nariz, los labios! ¡AAGHHH!
¿Será porque son los hijos de..?
Buah.
— ¿Nos vamos? — pregunto cansado. Ellos asintieron en medio de una felicidad terrible, nos llevaron hasta donde estaba el auto con el chofer esperando. Metieron todas las maletas y cosas necesarias para poder ir a casa, nuestra casa…
Recordaba muy poco Alemania y probablemente me haya olvidado de muchas cosas pero jamás a mi gente, a ellos siempre les llevaba en mi mente.
Joder.
— ¿Cómo se llaman sus hijos?
— No sé, no lo hemos pensado.
— De una vez les digo, eh. Mi novia y yo queremos ser madrinas, ¿oyeron? ¡Me vale una mierda si no están de acuerdo!
— Sam, por favor. Deja de gritar, los asustas mucho.
La conversación es igual…
— Perdón. — acariciaba la mejilla del niño con una sonrisa imborrable. — Anneth, también quiero tener un hijo contigo.
La morena rodó los ojos y siguió acariciando a la bebé. Al llegar a casa me instalé primero, dejé que Tom haga las cosas mientras yo me daba un baño para ponerme cómodo.
— Necesitamos ropa, pañales, un cochecito para ambos, leche, biberones, prácticamente todo. — entra diciendo con una sonrisa exhausta. Lo ignoro y decido acostarme en la cama. Él lo hace junto a mi abrazándome de las piernas.
— Cariño, ¿cómo llegaste del vuelo?
— Mal, Tom.
— Desde que saliste del hospital no me hablas, ¿qué pasa?
— ¿Cómo que qué pasa? — salto de la cama histérico. — ¡Me fuiste infiel!
— ¿Con quién?
— ¿¡En serio preguntas!?
— Sí. — suspiro. — En mi casa, Tom, y con Heidi.
— Ah… ¿qué más?
— ¿¡Por qué estás vivo!? — grito fuerte. — ¡Nos mataron y estas como si nada!
— ¿Quién? — comienza a reir por la bajo de lo que acabo de decir. Me lanzo sobre él a darle manotazos en el pecho que son evitados por sus fuertes brazos. Tom me besa la boca tomándome por sorpresa y haciendo que me calme, que deje de estar tenso. — ¿De qué hablas, mi amor?
— Es que yo, te maté para…
— Ah, ¿me mataste?
— Sí… para salvar a la niña porque estábamos en problemas con Karol y su gente. Yo te maté y luego ellos matan a Billa y luego a mí, Tom. — mis ojos comienzan a llenarse de lagrimas. — Lo que no entiendo es ¿cómo que estamos vivos?, ¿por qué los mellizos son bebés?, ¿por qué viajaste conmigo si te importaba más tu trabajo que tu familia?
— Que sueños tan horribles tienes, Bill. Nunca dije que me quedaría trabajando allá y dejarte solo.
— ¿Sueño?
— Sí. — ahora besa mi mejilla. — Quizás soñaste todo eso en ese tiempo que no despertabas, vaya película te creaste en la cabecita. Nunca te sería infiel, bebé. Eso nunca.
— Pero…
— No, Bill. Solo es un sueño. — dejo escapar mi último aliento para poder acostarme a su lado y abrazarlo de cucharita. Miro la pared sonrojado. — Los chicos nos esperan abajo para darnos la bienvenida, ¿quieres ir? — asiento levantándome con él. Vamos caminando por los pasillos y sonrio tranquilo.
Todo fue un mal sueño.
F I N
Este es el final de la serie. Gracias por leer. Te invitamos a comentar 😉