
Fic de WifesKaulitz. Temporada IV
Capítulo 33

Ya tenía a los niños conmigo.
Iba en dirección a la hacienda que fue mi casa hace siete años atrás. Me llamó uno de los empleados de la casa para decirme que vaya porque Tom me tenía una sorpresa y me emocioné tanto que no dudé en desviarme hacia allá.
En el camino iba conversando con el mini Tom sobre las cosas buenas vividas en este lugar. Billa no dijo nada, se mantenía callada, en un aspecto triste y me entristecía también pero tiene que darse cuenta que lo que me dijo me dolió en el alma.
Quizás suena estúpido o mi comportamiento igual inmaduro pero asi funcionan las cosas conmigo.
— ¿Cuantos autos tenía papá?
— Muchos, cariño. — sonrío de lado. — De todas las marcas, colores y diseños recién salidos. Este que tengo yo es uno de ellos.
— ¡Wow! — exclama feliz. — ¿Siguen ahí?
— No. — hago una mueca. — Los vendimos por necesidad…
Bueno, no por necesidad… solo porque quería hacerle la maldad y que le duela como me dolió su infidelidad.
— Oh, ¿los volverían a comprar?
— Lo hablaremos justo cuando lleguemos con él, no comas ansias.
— ¿Y los caballos, papito?
— ¿Puedo montar uno? — observo a Billa por el retrovisor. Se encoje en su asiento con nerviosismo y le sonrio para que no se sienta así. Ese debe ser el comienzo de una reconciliación y a mi me gustan las reconciliaciones sobre todo si se trata de Tom o mis hijos.
— Sí, claro que puedes.
— Gracias, papito.
— De nada, nena. — al llegar a casa doy tres pitos para que abran las enormes puertas. Estas se hacen a un lado con lentitud y entro a casa hasta dejar el auto en el garage.
Melancolía siento al ver todo igual, nada ha cambiado y me da ganas de volver a vivir aquí.
— ¡Que bonito!
— ¡Esta casa es tres veces más grande que la que tenemos ahora!
— ¿Les gusta mucho?
— ¡Sí! — gritan ambos empezando a correr. Me alarmo un poco.
— ¡No se alejen! — ambos obedecen volviendo hacia mi para tomarme la mano y caminar por igual. — Daremos una vuelta cuando Tom venga aquí a recibirnos, ¿va? — me detengo en la puerta antes de entrar. No veo a nadie aquí y mucho menos a Tom. El corazón se me remueve en el pecho algo incómodo con un presentimiento horrible el cual decido no hacerle caso ya que todo el peligro aquí ya pasó.
No volverá a suceder nada.
— ¿Dónde está papi? ya estoy ansioso de que nos muestre los caballos y que nos enseñe a montar uno.
— A ver, deja le llamo.
.
By TOM
— Me encantaría pedir disculpas a Bill, hijo. No quiero que siga existiendo inconvenientes en la familia ahora que estoy libre.
— Es difícil. — termino de colocar los platos de la comida en la mesa y me siento en la silla a esperar a Bill en casa. — Nos hiciste daño… a mi igual me cuesta ahora confiar en ti pero eres mi padre y necesito tu ayuda por lo que te conté.
— Con eso espero ganarme tu confianza.
— Sí… — respiro hondo, no soy de los que le da la confianza a alguien así como así. Miro el reloj de mi muñeca por la hora y Bill se ha tardado más de lo normal. Exactamente una hora. El móvil me suena en el bolsillo. Se me ilumina intensamente el rostro al ver su nombre en letras blancas y grandes. — Billy, te estoy esperando.
— Ya llegué.
— ¿Dónde estás que no veo tu auto?
— En el garage, obvio. — me levanto para poder ir a ver el auto en el garage de la casa pero no hay nada. Solo me llega una llamada de un número desconocido.
— Dame un momento.
— Espero.
Pongo la llamada en pausa y atiendo el otro número. — : ¿Hola?
— Un hermoso chico delgado de cabello negro, con dos niños están a punto de morir, Tom. — y cuelga. Comienzo a respirar agitato. Tomo las llaves del auto, de la casa y le obligo a mi padre a salir junto conmigo. Trato de volver a la llamada de Bill con desespero.
— ¿¡Bill!?
— ¿Tom?
— ¡Tienes que salir de ahí! ¡Es una trampa!
— ¿Qué dices, cielo? no te escucho nada.
— ¡Carajo, sal de ahí!
— ¿Cual maní, Tom? En la hacienda no hay sal de maní, solo cosas naturales… a mano.
— ¡Mierda!
— ¡No digas groserías!
— ¿¡Dónde estás, maldición!? — se oye un ruido bastante feo que me pone alarmado. No puedo con esto y acelero el auto. Voy sin rumbo hasta que algo me pega en la mente.
«..la hacienda…»
Dios…
— ¿Qué pasa?
— ¡Le tendieron una puta trampa a Bill! — voy a toda velocidad hasta la hacienda. Me salto semáforos, calles y solo para llegar hacia donde él está primero.
No quiero perderlo.
No puedo.
Me niego.
— ¡Cuidado! — grita mi padre con susto al ver que un trailer se nos iba encima. Logro desviar el auto y seguir como si nada hubiera pasado porque solo pensaba en él.
Llego a la hacienda por la parte delantera y bajamos tan rápido. Abro la puerta del lugar pero no hay nada, no hay nadie, solo las cosas están rotas y destrozadas. Esa mierda es la que menos me importa ahora.
— Buscaré arriba. — asiento mientras yo corro hacia el garaje. Ahí está el auto de Bill estacionado a la perfección. Busco con la mirada hasta que algo me atrae y voy corriendo a ese algo.
Bill está tumbado en el suelo con una herida en la frente como si le hubieran dado con una arma para dormirlo. Una parte de mi se siente aliviada pero la otra no.
¿Dónde están los niños?
Lo cargo entre mis brazos para meterlo a la sala y recostarlo en uno de los sillones.
— Bill. — doy golpes suaves en su mejilla. El se remueve un poco mientras gime de dolor. Se levanta asustado de su lugar y da un salto al ver a mi padre.
Me da un empujón y se lanza hacia él tomándolo del cuello para ahorcarle.
— ¡BILL! ¿¡QUÉ MIERDA!?
— ¡MALDITO, DÉJAME SER FELIZ! — de inmediato corrí y forcejeaba para alejarlo de su cuerpo pero más se aferraba. — ¿¡NO TE BASTÓ CON CASI MATARME A MI Y A TU HIJO! ¿¡QUÉ PRETENDES ROBANDOTE A MIS BEBÉS, EH!? ¡MADURA, HIJO DE PERRA!
— N- no… sé d- de… que… hablas… — hablaba con dificultad.
— ¡NO TE HAGAS! — le soltó un puñetazo en el pómulo logrando lastimarlo.
— ¡HEY! — no me queda de otra más que jalar su enorme cabello hacia atrás. — ¿¡Qué te pasa!?
— ¡SI NO ME DEVUELVES A MIS HIJOS TE VOY A MATAR, JÖRG KAULITZ!
— ¡Bill! ¿¡De que carajo hablas!? ¡Él no se ha movido de aquí en todo el día! ¡Estaba conmigo!
— ¿¡Y qué!? ¡Fácilmente pudo mover sus contactos, influencias y esas mierdas para que me los roben!
— ¡No! — exploto cansado. — ¡Él no tiene nada que ver!
— ¿¡Entonces quién!?
— ¡Karol!
— ¡Mierda! — rendido cae para ahogarse en un mar de lagrimas. — ¡Esa perra tiene a mis hijos! ¡NOOOO!
Bill gritaba sin control, daba golpes, patadas y solo podía verlo… no quería intervenir.
¿Qué tal si en una de esas me golpeaba a mí?
— Lleva a Bill a casa, Tom. — asiento con lentitud. — Yo llevaré tu auto y tu ve en el de Bill.
.
By BILL
No me siento emocionalmente estable.
Entro a casa y no se escucha el ruido de sus peleas, gritos o las risas que se tiran cuando les divierte algo.
Le prometí al mini Tom que todo estaría bien y fallé…
Fallé en el intento, mierda.
Subo a encerrarme en el baño de la habitación, listo para inhalar tres líneas de polvito mágico.
— Bill.
— No quiero. — inhalo la primera línea.
— Escúchame…
— No…
— Joder.
Inhalo la segunda.
— Soy un pésimo padre, me odio.
— No, Billy.
Una tercera ultima para limpiarme, guardar y salir a darle la cara.
— Dijiste que los protegerías, ¿por qué no lo hiciste? — camino con él a mi detrás hasta volver a la sala. Me siento en el sofá mientras hundo mi cabeza en el hueco que forman mis rodillas y lloro en silencio.
— Se me adelantaron. — murmura. — A tus espaldas iba a atacar con todo, estaba dispuesto a matarlos… — los golpes en la puerta lo interrumpen. Corro a abrirla y lloro mucho más.
— ¡Bebé! — me arrodillo ante él y lo aprieto entre mis brazos. Mini Tom me abraza de igual forma.
— Estaba perdido. — dijo la señora antes de irse. Tom le agradece infinitamente con dinero. Cierra la puerta de la casa. Me ayuda hasta ir al sofá con el niño y nos mira.
— ¿Quieres contarnos lo que pasó?
— No se mucho, solo que esos señores golpearon a papito con una cacha y muchos señores más entraron a interrumpir por nosotros pero no me dejé, corrí hasta sentirme a salvo porque se veían miedosos.
— Que inteligente eres. — espolvoreé su cabello haciéndole sonreir.
— Pude escapar, papás, mi hermana no. Ella quiso quedarse. — él limpia mis lagrimas y luego me besa en la mejilla. Me derrito de amor entre tanto llanto. — Ya sabemos que papito no es nuestro papá de verdad, solo tú papi.
Ay, no.
— Esa señora Karol dijo que era nuestra mamá y que venía a llevarnos, no es la primera vez que nos visita en la escuela. Siempre iba en los recesos, nos daba dinero y nos decía que no digamos nada porque ustedes nos iban a separar, pero ahora veo que es mala y Billa no quiere entender… ella me dice que los odia.
Sin palabras…
— O solo está confundida por la emoción de tener una mami.
— Dios…
— Nos molestaban mucho en la escuela por tener dos papis pero yo pienso que es bonito, para mi no va a existir nadie mejor que tú, papi Bill. Te amo mucho.
Nunca te odiaría si siempre nos hiciste sentir amor y nunca nos vimos en la necesidad de buscar cariño en una madre.
Ahora Tom estaba llorando a mares.
— Son los mejores.
— Tommy, bebé. — sollozo. — Sabes que no podré ser tu verdadero papá pero te amo mi vida, te amo como nunca amé a nadie.
— ¿Más que a papi?
— Muchísimo más, cielo. — los tres sonreímos con melancolía. Llamo a Tom con un gesto de mano para que se acerque con nosotros y abrazarnos.
— No digas eso que me pongo celoso.
— Papito tiene mucho amor para dar, papi. No te pongas así, ¿verdad?
— Si, mi cielo. — vuelve a besarme la mejilla con ganas.
— ¿Qué va a pasar con mi hermana? — Tom y yo nos miramos al mismo tiempo mientras mordíamos nuestros labios inferiores. Estoy tan ido que ahora su «iba a actuar a tus espaldas» me puso de golpe en sí. Trago saliva.
— ¿Cómo que a mis espaldas si te dije que te ayudaría?
— Estoy con un susto retardado. — murmura. — Ya sabía que harían esto en cualquier momento por eso tenía que prepararme y decirte eso en caso de que me pase algo. — no digo nada más gracias a los golpes en la puerta.
— Ve a tu habitación. — él asiente y corre a encerrarse. Yo voy hacia la cocina directo al cuarto de lavado, en el suelo tengo una caja donde guardo cosas que los niños no pueden ver ni saber que tengo. Saco dos de las armas que le robé en la hacienda a Tom con sus respectivas balas.
Las guardo en la cintura y las tapo con mis chaquetas para que no las vea. Me quedo escuchando lo que hablan y todo su plan para acabar con ellos sin que Billa salga lastimada.
Dan ubicación de donde se encuentra, puntos por donde entrar. Camino un poco más y observo que es Tom el primero en salir.
¿De dónde carajo saco un pasamontaña? todos lo están usando y sería el único que no lo use.
Muerdo mi labio inferior, ya da igual…
Voy corriendo hasta mi auto que se encuentra en el garage y voy en él a toda prisa tratando de no perder su ruta.
Debo admitir que la droga me hace sentir superior a los demás y siento que voy a poder con lo que se viene. Tendré más huevos que los que tiene mi propio esposo.
Continúa…
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