
Fic de WifesKaulitz. Temporada IV
Capítulo 28
Luego de alistarme salí a esperar a los niños como siempre fuera de la escuela. Más adelante llegó Tom estacionando su auto delante del mío. Esperaba que se bajara del auto y se suba pero no lo hizo.
Si se bajó pero para esperar a la puerta.
Me quemó el rostro al verlo hablar muy coqueto, sonriente y haciendose el papacito con una mamita que igual esperaba. Miré el reloj, faltaban veinte minutos a si que tendría tiempo para armar un escandalo en mi auto.
Salí de él, crucé la calle y me puse en medio de los dos para que Tom me mire a mí. Luego, le di un piquito en confianza. Jalé su mano hasta mi auto e hice que obligado se subiera.
— Tom, ¿por qué tú estás hablando con esa tipa, eh? ¡en mis narices, joder!
— Es mi amiga. — sonrió de lado con inocencia. — ¿No puedo tener amigas?
— No. — murmuré de mala gana. — ¡Eres mi marido!
— Ah. — arqueó ambas cejas, estaba como que quería burlarse. — Tu marido.
— Sí.
— ¡Eso no dijiste cuando te besaste a tu novio!
— ¡Paul no es mi novio!
— ¡Anoche no llegaste a casa! ¡Debiste pasar la noche con él, idiota! — callé al instante. — ¡Vete, sigue haciendo lo que quieras con ese infeliz! ¡También me cansé de rogarte!
Agaché la cabeza en silencio.
— ¡Incluso llegaste a llamar a Andreas para decirle que quieres divorcirte! ¡tampoco te voy a dar ese lujo, idiota!
— ¡No! — me escandalicé. — ¡Es lo que menos quiero!
— Seguro… idiota.
— ¡Si vuelves a decirme idiota te beso, idiota!
— ¡Idio… — entonces le doy un beso algo tosco que lo hace callar al instante. Suspira medio emocionado.
Desvié la mirada hacia la salida de la puerta, los papás ya debieron entrar a la reunion. Dejé de prestar atención a los gritos de Tom para ver a la mujer que estaba socializando con mis hijos.
— ¡Bill!
Se me erizó la piel.
— Cállate un momento, Tom.
— ¡No quiero! ¡Porque estoy tratando de… — tomé su mandíbula y besé su boquita de pescado obligado para que lo haga. — Okay.
— Mira. — apunté a la mujer. Tom miró a la misma dirección. Bajé la ventana de ese lado para observar mejor a la mujer.
— Es Karol.
Dios mío.
Ambos bajamos con rapidez hasta acercarnos a los bebés quienes al vernos corrieron a abrazarnos a los dos diciendo «Papi» y «Papito». Tragué saliva. Mi corazón latía desbocado mientras miraba a esa mujer de curvas pronunciadas y cabello largo en un tono rojo intenso.
— Karol, ¿qué haces aquí?
— La señorita dijo que estaba perdida, papi. Que no encontraba a Tom Kaulitz y yo le dije que eras mi papá. — mi esposo acarició la melena de la niña mientras miraba a la mujer.
— Tom, dame a la niña. Voy a comprarles un helado.
— ¡Yeiii! — tomé la mano de ambos para subirlos al coche. Llamé al heladero para que me venda cuatro helados de crema. Les di abriendo para que coman juiciosos y olviden a la mujer.
Estaba temeroso, ¿qué tal si volvía para llevarse a mis hijos? ¡No! Primero muerto, sí.
— Esperenme aquí, ¿sí? Voy con papi. — ambos asintieron concentrados en su helado. A piernas temblorosas volví con ellos. Tomé la mano de Tom con temor y me iba a incluir en esa conversación si no hubiera salido la maestra para solicitar la presencia de uno de los dos.
Tuve que ir obligadamente a petición de Tom a firmar la hoja de asistencia y prestar atención hasta el final.
No pude ni concentrarme en las cosas que la maestra decía, solo pensaba en esa mujer…
¿Por qué?
Tengo tanto miedo que me separen de ellos.
Tom no pudo quitarmelos ni en siete años, ¿qué debo hacer para estar seguro de que no se los llevará?
— …muchas gracias por su asistencia. — fui el primero en salir corriendo hacia la salida. Una hora metido ahí, lleno de angustia y pensamientos que me ponian mal. Al estar fuera solo pude ver a Tom volviendo con los mellizos mientras comían a gusto.
Mi marido me dió una fundita amarilla de una salchipapa, el estómago la rechazó de inmediato e hice una mueca de desagrado.
— ¿Todo bien?
— ¿Qué te pasa, papito?
— Nada, bebé. — formé una línea recta en mi boca tratando de hacer una sonrisa. — Solo estoy muy cansado.
— Vamos a casa. — en silencio subimos a nuestros respectivos autos para conducir hasta casa. No me concentraba para nada. Llegué a pasarme un semaforo en rojo y volví en si gracias al pito de ese auto que estaba a punto de chocarme.
Freno a raya y las ruedas rechinan sobre el pavimento.
Solo puedo ver como el conductor del auto contrario se va sin decir nada. Me pongo a llorar mientras aprieto el volante y lo golpeo con rabia.
— Billie. — Tom abre la puerta del chofer preocupado. Con las piernas temblorosas me bajo del auto para que se suba y lo estacione a un lado ya que estaba creando un trafico enorme. Después vuelve a mí, me abraza y planta un beso suave en mi cabeza. — Todo está bien, Bill.
— No. — sollocé apretando mi agarre en su cintura. — No quiero que se lleve a nuestros hijos, Tom, estoy asustado.
— Vamos, hablemos en casa sobre esto. — nos dirigimos hasta su auto. Me subo en el luego de poner las gafas para que no me vean llorar.
Jamás en la vida he permitido que me vean en ese estado.
— ¿Y tu auto, papito?
— Volveré por el. — contestó Tom porque yo no podía.
Sin mas preguntas condujo hasta la casa.
Cuando llegamos fui a reposar en lo que el traia mi auto para guardarlo en su lugar. Estaba encerrado en mi habitación llorando en silencio imaginando lo peor.
— Papito. — el mini Tom golpeaba la puerta tres veces. — ¿Puedo pasar? — de inmediato me levanté, me miré en el espejo antes de abrirle la puerta. Le sonreí mientras le dejaba entrar.
— ¿Te sientes bien?
— Sí… bueno, no.
— ¿Qué tienes? — nos acostamos juntos en mi cama, su cabecita reposaba en mi pecho y su bracito izquierdo reposaba sobre mi abdomen. Le acariciaba el cabello mientras veía el techo. — ¿Mhmm?
— Tengo una sensación horrible en el corazón, papito, es algo que no me deja estar tranquilo y tampoco me deja dormir en paz en las noches.
— Estas preocupado… — mordí mi labio inferior.
— Siento que… nos podría pasar algo malo, como en las películas de terror.
— Uhm no, bebé. — sonreí de lado. — Todo va a estar bien, ¿sí?
Mini Tom levantó su cabeza para verme.
— ¿Me lo prometes?
— Lo prometo.
Continúa…
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