

Fic de WifesKaulitz. Temporada IV
Capítulo 25
— Mañana tenemos una reunión a la salida, Tom.
— ¿De qué? — le di la libreta para que lea.
— Entonces… ¿por qué están felices mis bebés? — les pregunté a ambos mientras acariciaba sus melenas de un color rubio oscuro obviamente natural.
— Hoy la profesora nos pidió crear un cuento y…
— ¡Yo escribí la noche en la que papi se quedó con nosotros y como nos sentimos al estar en familia!
— ¡Cállate!
— ¡Au, tonto!— el mini Tom le dió un jalón de pelo a su hermana haciendo que su papi le reprenda con la mirada.
— ¡Es que ella nunca me deja hablar!
— Hay turno para los dos, no vuelvas a hacer eso. Los hermanos no se pegan, se quieren.
— Ya. Lo siento, pa. — Tom asentía en silencio mientras acariciaba el cabello de la nena. — ¿Ahora si puedo hablar?
Tom susurró un «sí».
Les hizo subir al auto a los dos con sus respectivos cinturones, luego nos subimos nosotros para ir a casa. Por la dirección que iba era a la de su mamá.
— La profe nos felicitó mucho, ¿sabes? dijo que éramos una familia muy bonita. — los abracé a ambos con emoción, ese era mi propósito desde el inicio dejando de lado nuestras indiferencias.
— ¿Papi se va a quedar para siempre con nosotros en la casa, papito?
Regresé a verlos con una sonrisa, ambos esperaban ansiosos mi respuesta y tal vez Tom. Con toda la seguridad del mundo, acaricié las trenzas de mi marido logrando que sonriera con timidez.
— Si, nena, papi y papito estarán juntos para siempre esta vez.
Los dos chillaban emocionados y nosotros también. Todo el camino hasta la casa de la señora Emma iban cantando, gritando, bromeando y Tom con ellos. Al llegar a la casa mi esposo abrió la puerta y ahí estaba su mamá esperandonos.
— ¡Hola mis niños preciosos!
— ¡Abuelita! — abrazaron con entusiasmo a la mamá de Tom, por poco y le hacen caer hacia atrás de la emoción de verla.
— Hola, Emma. — saludé de beso en la mejilla y fui a sentarme al sofá. Yo estaba agradecido totalmente con ella por estar conmigo en los momentos más complicados de mi vida, fue como el mejor reemplazo de Simone. Nunca me dejó caer y siempre estuvo ahí con los niños…
Podría decir que el apoyo de Emma fue la mejor etapa de mi mal momento.
— ¿Cómo están ustedes, eh?
— Bien. — respondí cruzandome de brazos y arrimando mi cabeza en el espaldar del sofá.
— ¿Y ya?
— Papi y papito ya son novios otra vez, abuelita. — una comezón se extendió desde mis orejas hasta mi rostro, era porque estaba rojito como una fresita.
— Somos una familia feliz, abuelita.
— Ah. — Emma arqueó las cejas mirandonos a Tom y a mí con una inexpresividad. Parecía que alguien no estaba contenta con la idea.
— Papito.
— ¿Mhmm? — regresé a ver al mini Tom.
— Mis amigos están en una escuela de futbol.
— ¿Y qué quieres que mis papis hagan? — esta vez Tom reprendió a la nena con la mirada. Era impresionante como solo con la mirada de él obedecían, se quedaban quietos y se disculpaban.
¿Por qué?
— Quiero estar en una escuela para aprender.
— Es un buen entretenimiento. — apoyó Emma. — Tu papi sabía jugar baloncesto.
— ¿¡En serio!? — su papi asentía con altanería. — ¡Woah! también quiero aprender baloncesto para jugar contigo.
— Si le dan cursito a mi hermano, ¿puedo entrar yo a una de danza? ¡amo bailar!
Eso me hizo recordar a mi y al increible instructor de baile que trataba de enseñarme a bailar y no podía porque tenía dos pies izquierdos.
Un desperdicio de dinero total.
— En las vacaciones, sí.
— Vamos al comedor. — nos levantamos para ir a sentarnos todos y empezar a comer la deliciosa comida que preparaba la nana.
Dejando todo de lado, ¿por qué la idea de que yo he vuelto con Tom no le gustó a su mamá?
Ahora me daba la inseguridad de que otra vez no quería verme cerca de su hijo porque me odia y eso… que no pase eso, maldición.
— ¿Por qué no comes, Bill? — regresé a ver a Emma solo con los ojos, no voltee la cabeza. Miré el plato de mi comida, no le había dado ni un bocado.
Se me había ido el hambre.
— Es que ya vine comiendo. — mentí mientras miraba el reloj de mi teléfono. — Además ya tengo que volver al trabajo.
— ¿Te vas, papito?
— Sí, nena.
— Adios, papito. — les di un beso en la mejilla a ambos, me despedí de Tom con un ademán de mano y de Emma con abrazo. Quería salir huyendo, no me sentía cómodo.
Estaba a punto de poner un pie fuera de la mansión Kaulitz pero Tom evitó jalandome del brazo, regresé a verlo medio confundido. Traté de soltarme, solo causé que apriete más.
— ¿Qué pasa?
— Tengo que ir a mi trabajo.
— Lo sé, pero… ¿sin comer?
— Sí.
— ¿Qué pasa? — preguntó por segunda vez.
— Estoy asustado. — confesé. — A tu mamá no le gustó que hayamos vuelto y aunque no me lo diga con palabras, su expresión lo dice todo.
— Si no le gusta tiene que morderse la lengua y callar, eres el padre de mis hijos. Eso nadie lo va a cambiar.
— Está bien. — cerré los ojos al instante que besó la frente y me abrazó por la cintura. — Te amo.
— Te amo también.
&
Llegaba a mi oficina algo estresado, estaba leyendo el nuevo contrato de la empresa. Era ser la imagen de otra de sus marcas de ropa femenina por una fuerte suma de dinero.
— ¡Espera! — fruncí el ceño dejando de lado los papeles y vi a Paul entrar con furia mientras Luci le jalaba de la camisa.
— ¡Explícame esto, Bill Trümper! — en mi escritorio lanzó una revista de Victoria’s Secret con una gran portada de mi persona besando a Tom y más información en la última página.
Dios mío.
— ¿Qué te explico, Paul?
— ¡Esa basura de tú besando a Tom, carajo!
— Ah, si… mi esposo. — suspiré levantándome de mi asiento. Alejé a Luci para ponerla a mi lado y deje de forcejear. — Nos invitaron a los dos al desfile de moda, tuve que contactarlo para que me acompañe y pasó… ya sabes que siempre me ha encantado ser el centro de atención en todos lados.
— ¿Que hay de mi, Bill? — tomó mis antebrazos y apretó con dureza. — ¿¡QUÉ HAY DE MI PUTO ESFUERZO, IDIOTA!? — cerré los ojos con temor.
— Paul, me estás lastimando.
— ¡Suéltalo!
— ¡Cállate! — me zamarreó, mi cuerpo iba de adelante hacia atrás. Lo único que pensaba era en que podía llegar a agredirme. Sentí peor cuando los tacones de la secretaria sonaron para huir de la escena.
Ya era mas miedo que cuerpo.
Continúa…
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