
Fic de WifesKaulitz. Temporada IV
Capítulo 24
Otro día más de trabajo…
Estaba sentado, con la mano en la pena pensando en Tom.
¿Qué estará haciendo?
Tenía muchas ganas de hablarle pero necesitaba una jodida excusa, no quería verme necesitado.
— Buenos días. — Luci entraba con un ramo exageradamente grande de flores rojas. Las dejó en mi escritorio y me levanté a curiosear. Flores rojas con flores blancas en el centro, una corona dorada preciosa, su respectiva carta y un regalo sorpresa más abajito.
— Esto se lo mandan a Bill Kaulitz. — dijo en un tono coqueto. Relamí mis labios tomando la carta para abrirla y leer.
El amor mostró su rostro y se transformó en deseo.
La cordura se perdió entre susurros, caricias y miradas.
Mis manos y mi boca recorrían tu cuerpo provocando jadeos y gritos.
La madera de la silla y el piso, eran víctimas de la fricción entre su carne y mi carne.
— Tom❤️.
&
Saqué mi móvil para hacerle una llamada, esa sería mi excusa perfecta para comunicarme con él.
¡Sí!
— Tu marido es todo un romántico. — suspiraba Luci oliendo las flores.
— Billie…
— Está hermoso, gracias.
— Sabía que te iba a encantar. — colgué la llamada y corrí a abrazarlo con todas mis fuerzas al verlo entrar. Luci sonrió de lado mientras nos dejaba solos.
— Lo adoro…
— No solo te tengo esa sorpresa.
— ¿Hay más? — asintió con la cabeza.
— En quince minutos tenemos la cita con el doctor que te va a hacer los respectivos análisis para ver si puedes tener hijos, a si que recoge tus cosas para ir de una vez.
Oh, dios…
Salí emocionado peor que un niño luego de recoger mis cosas, demoramos alrededor de cuatro minutos en llegar a nuestra cita. Movía mi pierna ansioso de que llegara nuestro turno.
Tom apretaba mi mano a modo de apoyo, se le veía igual de ansioso que yo.
— Bill Kaulitz. — entonces fuimos hasta el consultorio. Me llevé la sorpresa de que era Gustav quien me atendería.
Joder.
— Hola, Bill.
— Gustav. — lo abracé con fuerza y volví para sentarme.
— Tom me comentó por un problema que tienes. — sacó de su cajón un tarro. Fruncí la boca porque ya sabía para que era. — Toma el tiempo que necesites. — suspiré entrando al baño. — Ayúdale. — escuché la risa de ambos y suspiré. Deshice el cinturón de mi pantalón y lo bajé con los boxers. Tom entró a mi lado para ver.
Solo con eso me emocioné…
— ¿Te toco yo, Billie?
— Sí… — besó mi cuello con delicadeza y estimulaba ni entrepierna. Le puse mi máxima concentración para no entrar en un ambiente tan intimo teniendo a Gustav solo pasando la puerta.
Solo tres minutos bastó para que suelte una cantidad increible en el tarrito y que Tom me de un beso como premio.
— Arreglate. — asentí mirándolo salir y comenzar a acomodarme. Estaba medio avergonzado.
— Voy a hacerlo así nomás para comprobarlo y si realmente no funciona te ayudaré con un tratamiento.
— Está bien… — salí para sentarme junto a Tom. Me abracé a mi mismo con cierto nerviosismo. En mi cabeza rondaban muchas cosas y una de ellas estar pendiente de la hora de la salida de los niños para no pasarnos.
Odiaba ir a retirarlos tarde.
— Cruza los dedos. — reí por lo bajo y crucé los dedos al igual que él.
«Que Gustav salga con buenas noticias.»
«Que Gustav salga con buenas noticias.»
«¡QUE GUSTAV SALGA CON BUENAS NOTICIAS, CARAJO!»
— ¿Tienen pensado quien va a ser la chica para que tenga a su bebé?
— No.
— Bueno, hay chicas que se ofrecen. Conozco a una nueva de confianza que está alquilando su vientre.
Si Gustav dice que es de confianza pues con ella será…
— Hace poco le hice los análisis para que ingrese a ese lugar donde alquilan y está sanita, Sihomara se llama. — Tom me miró de soslayo, ese es un tema que tenía que ver yo después de saber los resultados. — Le hablaré de ustedes y haré que se comuniquen.
— Gustav, me estas dando buenas esperanzas, ¿sabes? — bromeé jugando con mis dedos. — No quiero ilusionarme.
— Hazlo, porque puedes tener hijos. — sentí una presión en el pecho de pura emoción, alegría, felicidad. Gustav me entregó los resultados en ese momento, eran positivos.
¡Saltaba de la alegría!
— Como buen amigo, del resto me encargo yo. — sonrió uniéndose a mi felicidad. — Vayan tranquilos.
— ¿A donde deposito tu pago, Gustav?
— Primero daré pruebas y luego hablamos de una posible paga, Tom. Sabes que estoy encantado de ayudarte con esto.
Tom despidió a su amigo de un abrazo amistoso y yo…
Yo ahí derrochando felicidad hasta el estacionamiento. Ahora entiendo que no hay que quedarse solo con los resultados de un solo doctor y averiguar hasta que dos coincidan.
Uhm.
— ¿Qué va a pasar cuando los niños se enteren? ¿Sabes que debes usar una pancita falsa para hacerlo más creible? No creas que vas a romper sus ilusiones, Bill.
— ¡Tu les dijiste que yo podía quedar embarazado, idiota! — Tom estalló en risas dejandome subir al auto y luego subiendose él.
— De alguna manera u otra tenemos que hacer que estés embarazado porque sería raro verte normal y luego aparecer con un bebé de la nada, los mellizos son inteligentes y saben.
— Claro, saben tanto que creyeron la estúpida historia de que yo los parí.
— De eso se trata. — puso a andar el auto en medio de risas que me molestaban.
No quería usar una pancita de plástico.
Agh.
— Ayyy, vamos. — alentó con un puchero tierno que besé sin remordimientos. — Tendrás que usarla de aquí a tres meses y ya.
— ¡Ni siquiera sabemos si va a quedar embarazada o no!
— No te preocupes, me encargaré junto con Gustav, tú sigue pensando en como inventarte un embarazo por nueve meses.
— Tom, ¿en serio?
— Sí. — sonrió. — Cuando Gustav haya inseminado a la chica por fin les daremos la noticia e iniciaremos con el plan de comprar la pancita maternal junto con la ropa adecuada.
— Hijo de perra. — murmuré cuando lo vi bajar, me bajé yo también para pararme junto a él en la salida de los niños.
— Dijiste que no ibas a mandarles, Billie.
— Yo no quería pero fueron ellos los que ya estaban listos para irse, no me quedó de otra que ir a dejarles. — rió por lo bajo mientras negaba. El timbre apenas sonó y salieron corriendo, al ver a los nuestros los cargamos para alejarnos de la multitud.
— ¡Papi!
— ¡Papito!
— Hola, bebés. — saludamos a ambos con un beso en la mejilla.
— ¿Cómo están?
— Estamos felices. — senté a la nena en el techo del auto mientras quitaba su mochila para revisar la agenda donde mandaba la profesora sus notitas.
— ¿Por qué estás feliz?
Dejé de prestar atención a su pequeña conversación para leer la nota.
“El día de mañana habrá una
reunión para formar la directiva,
por favor asistir de manera puntual y
obligatoria a la salida.”
Miriam Salgado.
Profesora.
.
Odio las perras reuniones de la escuela.
Continúa…
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