

Fic de WifesKaulitz. Temporada IV
Capítulo 17
Sin darme tiempo a nada obligó a poner mi cuerpo en pose de perrito. Pronto sentí su lengua jugando en mi entrada, no dejaba de tocarme la entrepierna dura y sacar gemidos que eran callados por el colchón.
— Tom… — susurré sumergido en placer. — Te necesito dentro… por favor…
Mi esposo obedeció a mis necesidades. La punta de su pene hacia fuerza en mi entrada hasta meterlo todo, mi cuerpo se contrajo de una manera deliciosa. Tom movía sus caderas con lentitud desesperante pero profundo. Aruñaba las colchas histérico.
— M- más, Tom…
— Si me muevo más mi piel con la de tu lindo trasero provocará un sonido, Billie…
— ¡Ah! — gemí alto.
— Shhh. — tapó mi boca con su mano, rodé los ojos con irritación. Estaba agobiándome, torturándome y sabía que no lo soportaría tanto. — A Billie le encanta ser abierto por su ex esposo.
— Esposo. — corregí luego de quitar la mano de mi boca. Se movió como lo estaba deseando. Apoyé la mejilla en el colchón, entreabrí los labios. Gemí tanto como me lo permitían mis cuerdas vocales. Absorbí la saliva que salía de mi boca. — ¡Ah, ay!
— Billie, mi amor…
Su ritmo se volvió un poco más intenso, no frenaba para nada. Entonces supe que iba a venirse. Yo también quería llegar a la cima con él, contraje mi entrada sin intención. Una ola de calor se acumuló en mi vientre hasta sentir como me liberaba y Tom se liberaba en mi interior.
Los dos caimos sudorosos en la cama, nos acomodamos bajo las colchas desnudos. Le di un beso antes de ponerme de cucharita para dormir.
~También te juro que nunca dejaré de amarte.~
&
Despegué los ojos para poder iniciar mi día. No se iba la costumbre de ponerme la camisa de Tom acompañado de unos boxers, las chanclas y andar así para preparar el desayuno.
Eran las seis y veinticinco de la mañana, los niños aun dormían. Solo me quedaban cinco minutos para preparar.
Comencé a hacer un desayuno algo especial. Piqué fruta, saqué yogurt del refrigerador, hice waffles, sirope de mora y un poco de avena. Puse cuatro platitos en la mesa con su debido contenido, el yogurt en pequeñas cantidades. Tomé asiento para esperar a que bajaran a comer.
— ¡Papito!
— Buenos días, mis niños hermosos. — vinieron hacia mi para su primer besito del día. — ¿Ya les dije lo guapos que se ven hoy?
— Uhm, no. — negaron ambos antes de sentarse.
— Pues se ven muy guapos, mis amores.
— Gracias, papito.
— Tu también te ves guapo. — sonreí con ganas observando como empezaban a comer.
— Papito, ¿por qué hay otro plato en la mesa? — vi a Tom parado en el umbral de la puerta con una sonrisa puesto una de mis pijamas. Caminó en silencio hasta ellos y les tapó los ojos.
— Conozco ese perfume.
— ¿Papi?
— Rayos, me han descubierto. — rió recibiendo abrazos de emoción por parte de los mellizos. Yo también reía divertido mirando como llenaban a su papi de actos cariñosos.
— ¡Woah!
— ¿¡Cuando llegaste papito!?
— Anoche con el gatito. — brindó besos a los niños antes que se sienten y luego uno a mí en la boca.
Mierda…
Los mellizos hicieron un bailecito con las cejas haciéndome sonrojar.
— Pero resulta que este par de angelitos estaban durmiendo y no pudieron conocerlo a tiempo.
— ¿Dónde está?
— Por ahí. — respondí igual empezando a comer.
— Tenemos que comprarle arena, comida y una pequeña camita para que duerma.
— ¿Podemos ir a la salida de la escuela contigo?
— Claro, no hay problema.
— ¡Yupii!
— Gracias por el desayuno, papito. — asentí recibiendo su abrazo. Los dos corrieron para poder ir a lavarse la boca.
Me levanté de la mesa para ir a traer el sobre amarillo con un bolígrafo para firmar su contrato personalmente.
— Okay, Tom. — abrí el sobre para leer. En el solicitaba mis servicios como el modelo de su botella de vino con su debida asistencia al evento y una fuerte suma de dinero. Firmé el documento, volví a ponerlo en su debido sobre y le entregué. — Personalmente. — sonreí de lado.
— Genial.
— Sí…
— ¡Estamos listos!
— Voy a dejarlos yo para que te alistes, Billie. — asentí. Esta vez les di un beso de despedida para que vayan con tranquilidad con su papito. Los seguí hasta el auto, miraba como se iban de contentos con su papi.
¿Por qué no puedo tener el valor para proponerle que vuelva conmigo?
— Miedoso. — murmuré para mi mismo. Entré a la casa para poder alistarme, lo hice rápido porque estaba entusiasmado, feliz, animado y todos los aspectos positivos que me causan el estar con Tom.
Ya listo bajé a limpiar la cocina, darle de comer a los perros y un poco de waffles al gato porque no tenía comida. El lo ignoró enteramente, bufé tomando las lleves de la casa para ir hasta la tienda y comprar pepitas.
Al volver voltee a ver a la persona proveniente de ese silbido antes escuchado.
— Hasta que al fin nos volvemos a ver.
— Sam. — rodé los ojos mientras dejaba entrar a mi hermana a la casa. Los perros corrieron a saludarla y el gato se tiró hacia mi desesperado por sus pepitas. Tuve que ponerle en la mesa para que panqueque y bianchi no le quiten.
— Hola perritos preciosos, ¿cómo los trata el venado de mi hermano? oh, sí. ¿Bien? Que bueno, me alegro… ¿Cómo? — frunció el ceño. — ¿Que lo ha perdonado? eso era de esperarse. Su amo es un completo idiota. — rió ignorándoles para hablar conmigo. — Hasta los perros saben que eres un cachudo que le gusta perdonar cachos.
— ¡Sam!
— Ay, ya. — rodeó los ojos mientras reía. — Unas pequeñas bromitas antes de hablar contigo seriamente.
— No, yo debo hablar contigo seriamente. ¿Por qué andas enseñándoles groserías a mis hijos?
— Carajo. — reía más. — Eso era un secreto entre los tres, igual no es tan malo. No te asustes. Es para Heidi.
— Como sea, Samanta. — hice salir a los perros al patio y cerré la puerta. Le serví un poco de yogurt a Sam para empezar. — Es impresionante que te hayas tomado la molestia de venir hasta aquí para hablar conmigo, ¿qué se te ofrece?
— Ay. — suspiró dejando su yogurt a la mitad.
— ¿Qué? Habla.
— Mamá esta tarde saldrá de la cárcel llamado manicomio y muy pronto el señor Kaulitz saldrá también.
…y nuevamente sentí mi mundo empezar a desmoronarse.
Continúa…
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