
Fic de WifesKaulitz. Temporada IV
Capítulo 16
— ¿Podemos ir al baño?
— Sí, con cuidado. — ambos se levantaron para ir al baño. Miré a Erik con cierto recelo.
— ¿Todo bien?
— No. Me dicen cosas, me tratan como más les da la gana y no les dices nada, te ries con ellos. Si fueran mis hijos hace rato les hubiera dado un par de nalgueadas para que se comporten. — fruncí el ceño y me levanté de la mesa molesto también, empecé a recoger las cosas de mis hijos junto con las mías. De mi bolsa saqué una cantidad de dinero y le tiré en la mesa. — ¿Qué haces?
— Me voy.
— ¿Por qué? — también se levantó a la par mía, me jaló del antebrazo con fuerza.
— ¡Papito!
— Sueltame. — murmuré amenazante, estoy dispuesto a darle una tanda de golpes para que se le baje su actitud de mierda.
— La señora nos regaló un postrecito. — caminaba tambaleandose, la nena le puso el pie y el mini Tom cayó con su postre de crema ensuciando el smoking de Paul. Tapé mi boca con ambas manos con los ojos bien abiertos mirando como se quejaba y soltaba maldiciones. — ¡Perdón!
— ¡Lo hicieron a propósito, Bill! — los dos comenzaron a reir señalando el desastre que causaron en él. Ayudé a parar a mi hijo para poder salir de ahí, fue un caos total.
No paraban de reir, me contagiaban mucho con su risa y yo también reí con ellos. Chocaron los cinco entre los dos ya subidos en el auto, me encargué de sacarlos de ahí apresurado.
Mi proximo destino era la casa de Tom.
Saqué el móvil de mi bolsa para ver la hora:
22:06 p.m.
— Mhmm. — llamé a Tom para saber si estaba despierto. — ¿Si vives aún?
— Sí, estoy matado. — rió con suavidad. — Pero dime, ¿que sucede?
— Voy por el gatito.
— Justo lo tengo durmiendo entre mis piernas, no me ha dejado trabajar en paz y no puede andar tranquilo porque Heidi odia los gatos.
— Ajá. — rodé los ojos, estacioné el auto fuera de su casa. Regresé a verlos para que vayan ellos mismos por el gatito pero estaban dormiditos.
¿Y cómo no?
— Estoy fuera, sal de tu casa. — colgué la llamada. Me bajé del auto para esperarlo de brazos cruzados y comiendo un caramelo masticable de menta.
La puerta de su casa se abrió dejando verlo con pijama, la camisa estaba abierta de los botones, el pecho desnudo, mhm…
A la luz de la luna.
Candente…
Excitante…
Provocativo…
— Ahí está. — me entregó al gatito, lo acaricié con muchas ganitas y ronroneaba en mi pecho.
— Es lindo…
— Ponlo en el auto, no quiero correr tras él. — sonreí mientras obedecía, el animalito solito corrió para posarse en los brazos del mini Tom. — ¿De donde vienes? ¿Por qué tan elegantes? — volví a mi postura para verlo.
— De una cita con mi novio, Tom.
— Ah… — levantó las cejas. — ¿Vas en serio?
— Sí. — confirmé con altanería.
— Estoy… — rodeó mi cintura con sus brazos, hundió su cabeza en mi cuello empezando a lamer. Lo abracé para que se acerque más, apreté los ojos con fuerza y entreabrí los labios.
— Estás… ¿qué?
— …celoso, Billie.
— Mhmm. — fruncí la boca. — ¿Heidi?
— Durmiendo.
— Ah… — gemí por lo bajo. Estaba a punto de despojarlo de la ropa si no fuera porque se apartó y dejó de hacerme sentir su calidez.
— Ve a casa, ya es muy tarde y debes descansar.
— No. — hice un pucherito atrayendole de la camisa, miraba sus labios carnosos que me decían «bésame». Puse ambos brazos en sus hombros, volvió a atraerme de la cintura apegandose un poco más.
— ¿No?
— Ujum.
— ¿Ujum?
— ¿Quieres… besarme?
— ¿Quieres que lo haga?
— Necesito que lo hagas. — finalmente unió sus labios conmigo, ladeamos la cabeza al tiempo que subía su mano hasta mi cuello. Adoraba los besos que me proporcionaba, me volvían loco en varios aspectos. Sentí su lengua profundizar en mi boca, no me quedé atrás e hice lo mismo. Un beso mojado, entregado y especial. — Tom…
— ¿Sí?
— Vamos a casa… — empecé a balbucear perdido. — …quiero sentirme de nuevo entre tus brazos una vez más. — se separó para mirarme, sin decirme nada fue hasta su casa y salió con otra ropa. Rodeé el auto hasta quedar en el asiento del copiloto para que se suba al del chofer e irnos.
Como adoraba verlo conducir concentrado, serio, un poco pensativo…
&
Bajamos a los niños del auto junto con el gatito, se encargó de asegurar bien las puertas para poder entrar a casa e ir hasta sus habitaciones para que duerman tranquilitos.
— Buenas noches. — papi y papito les dieron un besito suave en las mejillas con amor antes de salir de la habitación.
Al estar fuera, Tom me levantó entre sus brazos hasta mi habitación. Le puso el seguro a la puerta en caso de cualquier situación con los niños, no quería que vean a su papito siendo sometido por su papi.
Buagh.
Reposó mi cuerpo sobre la cama, miró mis ojos antes de volver a besarme. Abracé su cintura con mis piernas, Tom jadeó contra mi boca y sonrió en medio de este.
Empezó por quitarme la chaqueta, daba besos en cada parte de mi cuerpo que iba quedando al descubierto, me daba pequeños escalofríos placenteros, los dientes me castañeaban por puro gusto.
Nuevamente me tenía desnudo ante él.
Admiraba mi cuerpo, lo tocaba… en vez de hacerme sentir tímido, nervioso o algo similar… su mirada me hacía sentir mejor, en confianza…
Uh.
— Billie… — se quitaba la ropa lentamente, no quitaba la vista de él, de su cuerpo que me pertenecería otra vez. Exhalé toda una cantidad de aire, sin querer mi mano se encontraba estimulando mi entrepierna.
Tom se ve demasiado varonil, demandante, dominante, entregado a mí, a la situación que se le estaba presentando…
Me levanté de la cama para quedar a su altura, nuestras intimidades chocaban un poco. Tom hizo que volteara, agarró mi cintura, mordisqueaba el lóbulo de mi oreja. Cerré los ojos, una mano se deslizaba por mi pecho hasta subir un poco más a mi boca.
— Tom…
— Joder, mi amor. — la otra mano bajó un poquito hacia el tronco para estimular.
— Mhmm…
— Te juro que nunca dejaré de amarte.
Continúa…
Gracias por leer. Te invitamos a comentar 😉