

Fic de WifesKaulitz. Temporada III
Capítulo 9
— Me lo imaginaba. — me tomó de la cintura apegándome a su cuerpo y plantando un casto beso en mis labios. — Y no te preocupes cuando veas fresas en las frutas porque son para mí.
— Que considerado.
— No. Es algo que llevo mentalmente desde que te conocí y no quiero fallar una segunda vez en lo mismo. — miré sus ojos con sorpresa. — Te dije que todo lo que tenga que ver contigo me interesa, Billie.
— Maldición, — susurré volviendo a mirar el detalle pequeño y tan valioso para mi. — Para la próxima déjame hacerte algo a mi también.
Porque siempre es él quien me hace detalles tan grandes y yo no le hago nada en todo el tiempo que llevamos juntos.
— Me casaste contigo así que eso supera a todo esto que hice. — nos sentamos en el suelo y abrió la botella de vino con un saca corchos. Roció la bebida en ambas copas, las chocamos y bebimos un poco.
Agarré una manzana dándole el primer mordisco. Tom me la arrebató de la mano para comérsela él con una sonrisa.
— Era mía.
— ¿Qué? ¿No te gusta compartir?
— No.
— Ah. — se rió. Le dió otra mordida y la acercó a mi boca e hice lo mismo.
Gatee hasta sentarse sobre él y besarle la boca ganoso. Me quité la camisa interrumpiendo el beso pero volvimos a hacerlo.
Tiró la manzana no sé donde y se dedicó a masajear mi trasero haciendo presión hacia adelante aprisionando su miembro y el mio. Me puse de pie para quitarme los pantalones junto con el boxer después de quitarme las botas y mientras yo lo hacía repitió la misma acción que hice unos segundos atras.
Me mordí el labio inferior cuando sus labios besaron mi glande haciendo que una ola de calor me recorra por completo y termine por erectarme más. Volví a sentarme en sus piernas para besarlo otra vez.
— Hmm. — jadeó Tom en mi boca cuando mi pene se frotaba contra el suyo por la cercanía de nuestros cuerpos. — Tengo que meterlo, Bill. — habló en voz baja separándose de mi boca. Abrí los ojos para ver los suyos. — ¿Me dejas?
Asentí levantándome un poco. Escupió en sus dedos y la roció en mi entrada humedeciéndola con su saliva. Guió su pene a mi entrada haciendo presión mientras bajaba lentamente hasta tener todo dentro de mi.
Sus manos se aferraron a mis caderas moviéndolas a un ritmo desesperado, yo solo coloqué mis manos en sus hombros ayudando para que pueda entrar con facilidad. Me dió una nalgada fuerte que erizó mi piel y continuó continuó con la otra.
— ¡Ah..!
— Shh. — ascendió su mano acariciándome la espalda. Me jaló del cabello haciéndolo para atrás y estampó sus labios con los mios para callarme.
Tom se dejó caer hacia atras acostándose en el suelo conmigo encima. Obligado me separé de su boca para apoyar mis manos en el pecho y montarlo más rápido.
Él solo miraba al techo y yo le miraba el rostro. Estaba sudado, los labios más rosados de lo normal y muy sonrojado. Fruncía el ceño en medio de jadeos.
No entendía lo que pasaba.
— Tom. — llamé envuelto en gemidos deteniendo mis movimientos.
— ¿Qué? — me miró extendiendo su mano hasta mi mejilla. — ¿Por qué te detienes?
— ¿Pasa algo? — pregunté arqueando una ceja. La misma mano que acarició mi mejilla bajó a mi pene para masturbarme.
— Contaba los números del uno al diez evitando correrme, Billie. — entreabrí la boca. — Verte sobre mi me excita demasiado y mi pene no lo controla.
— Oh. — solté una risita retomando mis movimientos.
Apoyé mis manos en sus piernas y le pisé los antebrazos inmovilizando su cuerpo para moverme mejor. Mi cabeza la eché hacia atrás mirando al techo y oyendo la respiración agitada de Tom junto con el agua cayendo por las cascadas.
Mi pene se movía como si fuera una bandera cuando hay mucho viento.
Cansado de esa posición volví a la inicial subiendo y bajando mientras me masturbaba.
— Que rico, Bill. Agh. — sentí mi interior llenarse de su esperma. Yo seguía moviendo mi mano hasta correrme a chorros en su abdomen.
— ¡Ah..! — chillé sintiendo los espasmos abandonando mi cuerpo cuando me bajé del cuerpo tumbado de Tom.
Agarré nuestras camisas y nos tapé solo lo necesario.
— Bill. — de repente se puso serio.
Demasiado serio que me hizo asustar un poco.
— ¿Hmm?
— Ya hay que empezar a hablar de nuestros hijos porque sabes que en todo matrimonio las parejas tienen hijos para completarse y llamarse familia… entre comillas.
En mi cerebro se activó la alarma de peligro y mi corazón comenzó a palpitar como un loco.
Tom quería tener un hijo conmigo y no podía dárselo porque éramos… hombres.
— Pero…
— Sé que es muy pronto y ambos somos jovenes pero hay que darnos la oportunidad de intentarlo. En serio quiero tener un hijo contigo. — se hizo el pensativo.
— Tom yo no puedo…
— ¿Acaso no deseas tener un mini Tom que ande correteando en nuestra casita, Billie? — interrumpió posando su mano en mejilla. Un suspiro de frustración salió de mi boca.
— Un mini Tom. — susurré mirando a cualquier lado menos a él.
Un mini Tom producto del amor que nos teníamos él y yo no me incomodaba.
El caso era que… ¡Somos hombres!
—No. Uno no. Que sean diez hijos.
— ¿Diez? — pregunté casi atragantándome con mi saliva y frunciendo el ceño mientras mis ojos nuevamente se encontraban con los suyos. Trataba de encontrar una pizca de mentira en todo lo que me estaba diciendo pero no había nada. — Son muchos…
— No son muchos cuando ambos sabemos que los amaremos, les daremos protección y una familia de bien.
— Carajo. — tomé de un trago el líquido que había en mi copa y me serví más tomándolo de la misma forma.
— ¿Qué? ¿No quieres tener hijos conmigo? — el tono de decepción en su voz me erizó la piel de forma espeluznante.
— No puedo darte hijos, Tom. — hablé al fin. — Soy…
— ¿Estéril?
— No.
— ¿Entonces? Porque existen métodos donde podemos hacerte una inseminación con mi semen y ya.
— ¡Tom! — le grité escandalizado jugando con la copa entre mis labios. — Soy un hombre que no tiene vagina, ¿entiendes?
— Pero si es lo mismo, he visto hombres embarazados. No entiendo por qué tu no.
— ¡Porque son transexuales!
— ¿Y qué? ¿no es lo mismo?
— ¡No! ¡Porque son mujeres!
— Pero tú pareces una mujer. Te lo juro, mi amor.
— Tengo un pene igual de grande que el tuyo, maldita sea.
— Ni siquiera se por qué lo tienes si ni lo usas.
— Agh.
Continúa…
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