

Fic de WifesKaulitz. Temporada III
Capítulo 5
— El vestido le queda divino. — sonrió Sofía terminando de darle los últimos detalles al vestido de boda que usó mi madre para casarse con Gordon. — Dios, en serio se ve como una novia de verdad.
— Aunque no me agrada que use el vestido de la señora Simone, dicen que trae mala suerte.
— No digas eso. — le regañó Sofía a Mari por su comentario.
Yo solo las ignoraba mirándome al espejo sonriente, el vestido era lo de menos ahora que se iba a cumplir lo que tanto deseaba desde… ¿ayer?
Agh, no importa.
— ¡Ya solo faltan diez minutos! — exclamó María mirando el reloj, mis nervios junto con la emoción aumentaron más. — Vayamos bajando de una vez.
— Te veremos allá. — asentí con una sonrisa, oí la puerta cerrarse a mi detrás y volví a verme al espejo.
Estaba un poco triste porque me hubiera gustado que la ceremonia se celebrara a lo grande con la familia de ambas partes estando de acuerdo en nuestra relación. Me imaginaba a Tom y a mi familia llevándose muy bien, también yo con la suya pero era imposible por muchas razones. Quería que Sam estuviera al menos aquí para que sea testigo de ello pero no se podía y tampoco me quejaría ya que las personas que están aquí son de mi entera confianza.
— Hola Bill. — saludó Joel entrando a mi habitación. — ¿Me permites llevarte hasta tu prometido?
— Gustoso. — coloqué mi mano en su antebrazo y nos dispusimos a ir al lugar de la recepción. María tenía un muy buen gusto con los arreglos. Hacían una perfecta jugada de los colores con la naturaleza.
Al llegar las pocas personas que estaban ahí aplaudieron al verme, yo solo me fijaba en mi novio. Estaba vestido completamente de blanco esperándome con una sonrisa delante del padre.
Me enamoró más que no perdiera su estilo.
— Te llevas a una gran persona, Tom. — le dijo Joel sonriendo. — Hazlo feliz porque si no me voy a encargar de romperte esa dentadura de niño bien.
— No te preocupes, lo haré feliz a si me cueste la vida. — ambos nos miramos a los ojos y le dimos toda la atención del mundo al padre que conocía desde hace mucho. Nos sentamos en las bancas que estaban frente a él para oir su sermón por más de media hora.
No me importaba nada. Lloraba de felicidad por el momento que estaba pasando ahora y no había nadie para impedirlo. El padre nos dió la bendición lanzándonos agua bendita con una rosa roja; luego María nos puso un listón de flores blancas a ambos y llegó la pregunta que tanto ansiaba oirla.
— Bill, ¿aceptas a Tom como tu legítimo esposo para amarlo, cuidarlo y respetarlo?
— Acepto.
— Tom, ¿aceptas a Bill como tu legítimo esposo para amarlo, cuidarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe?
Ambos nos miramos.
Su silencio me hizo pensar en que tal vez se arrepintió pero ya estaba descaradísimo cuando respondió.
— Acepto.
— Si hay alguien aquí que se oponga a este matrimonio que hable ahora o calle para siempre.
— ¡Yo! — se me bajó la presión al oir a esa persona hablar, regresé a ver con ojos de psicópata a esa persona pero no pude.
Era Sam.
— ¿En serio? — murmuró Tom igual de asustado que yo.
— Bill hijo de puta, ¿por qué no me invitaste? — caminó hasta llegar a mi y abrazarme, luego a Tom.
— Esa boca, mija.
— Yo…
— Joder, si no fuera por doña Mari yo ni enterada.
— Hola Bill. — saludó Anneth repitiendo la misma acción de mi hermana.
— Disculpe padre pero si no hago una tontera no soy yo. — se rió por lo bajo mientras caminaba a su asiento. — Puede continuar.
— Vuelvo a preguntar. Si hay alguien que se oponga a este matrimonio que hable ahora o calle para siempre.
Nadie habló.
Apreté la mano de Tom sintiendo como una descarga eléctrica recorría desde mi cuerpo hasta el suyo y como respuesta me devolvió el apretón.
El padre nos extendió a ambos un esfero para firmar y lo hicimos, luego los testigos se acercaron uno por uno. Todo estaba saliendo a la perfección.
— Lo que dios ha unido que no lo separe el hombre, ¡los declaro marido y… marido! — nos sonrió con emoción. — Ya pueden besarse.
Entonces de forma atrevida Tom me agarró en sus brazos, subió mi pierna a una altura considerable y me besó en la boca delante de todos. Mi hermana y su novia chiflaron al vernos con felicidad.
— Mierda, estamos oficialmente en la familia Kaulitz.
— Toma. — Anneth le extendió una funda de regalo enorme a mi esposo con una sonrisa. — Acostumbramos a dar a los esposos algo para su nuevo hogar.
— Gracias. — agradeció Tom muy contento.
— ¡Pero vamos a festejar! — animó Samanta a las personas de ahí.
La música retumbaba en mis oidos mientras nos poníamos a bailar todos disfrutando de la buena fiesta. La bebida y bocaditos que preparó Mari junto a Sofía eran una delicia para mis papilas gustativas.
— Con tantas cosas olvidé preguntarle a usted, ¿qué se siente ser el esposo de Tom Kaulitz?
— ¡Se siente una maravilla, mi amor! — exclamé tirándome a sus labios para besarle. — Te amo, te amo, ¡TE AMO!
— Yo te amo mucho más. — sonrió contra mis labios respondiendo al beso que le dí colocando sus manos en mi cintura. — Prometo ser un buen esposo, no vas a quejarte de mi.
— Ambos seremos buenos esposos, Tom. — me alejé de su cuerpo para seguir insitándolo a bailar.
Sam se acercó con dos copas de bebida y nos extendió a ambos. La música se detuvo cuando Sam levantó la mano haciendo una señal.
— ¡Es hora de que los esposos nos den unas cuantas palabritas!
— Quiero agradecer a mis cuñadas principalmente, por hacer una de las locuras más impresionantes de mi vida porque gracias a ello estoy casado con la persona que amo y que se que es respondido de la misma manera. Te amo, Bill.
Quería dar yo también unas cuantas palabras pero no me salieron, se me atascaron en el nudo de la garganta que apareció.
Estaba llorando a mas no poder.
— Te amo también, Tom. — fue lo único que pude decir, me abrazó dándome un beso en la mejilla.
— Oww. — murmuraron los invitados al ver tal escena.
— ¡Salud! — exclamó Samanta alzando su copa.
— ¡Salud! — respondimos todos empezando a tomar la bebida de un solo trago.
Continúa…
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