
Fic de WifesKaulitz. Temporada III
Capítulo Extra
Paris – Francia; 19:30 p.m.
Maison des Kaulitz.
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𝑩𝑰𝑳𝑳
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Antes del bebé…
Con nerviosismo nos dirigíamos a la casa hogar donde buscaríamos un niño pequeño para adoptar.
La única razón por la cual nos quedó adoptar es porque cuando encontramos a la chica que se hizo la inseminación… huyó con nuestro dinero y prácticamente nos estafó.
Ahora es buscada por la policía desde hace nueve meses, pero eso es otro cuento.
Hoy en el trayecto, discutí con Tom alrededor de tres horas sobre el genero del infante y al final terminó aceptando tener un niño.
Según él quería tener una niña porque para ella sería más fácil acostumbrarse a la idea de que tendría dos papás y no una mamá y un papá como la mayoría de los niños.
A mi esa idea me parecía un poco loca.
Bueno, el caso es que al llegar a nuestro destino nos esperaba la encargada para presentarnos una mejor opción.
La mujer nos guiaba mientras hablaba.
— Karol es una mujer embarazada de mellizos, su bebés son productos de… — hizo una pausa, quizas pensando una buena forma de llamarlos. — Son… bebés no deseados… sí…
— ¿O de una violación? — preguntaba Tom, la mujer solo se quedó callada y yo solo le di un apretón de manos a Tom para que no diga tonterías.
— ¿Dónde está ella ahora?
— Está siendo cuidada por la madre superiora.
Tom y yo nos miramos fijamente con el ceño fruncido.
— Si se preguntan el por qué, es algo difícil de explicar… Karol ha intentado quitarse la vida. Quizás esto que estoy contando no es apropiado porque hay muchas personas que cuando les cuento las historias de los niños se desaniman y no los adoptan.
— No, no. Está bien. Usted siga con la historia.
— Sus bebés no son producto de una violación, de echo, son como inseminados. — al llegar a la habitación pude divisar que tenía un estilo de ser similar a la de un hospital.
Abro paréntesis para mencionar que me hice una prueba para saber si era fértil luego de que ella huyó. Lloré mucho al enterarme que salió negativo, yo no podía tener hijos.
La idea era tener dos hijos, uno suyo y uno mío…
— Es ella, Tom. — el corazón se me encogió y me dió mucha tranquilidad. Ya no iba a tener una preocupación de saber que un hijo de Tom andaría por las calles haciendo quien sabe qué.
— Ella nos contó que se topó con una pareja de casados después de una semana que emigró aquí, esa pareja le ofreció dinero y asistió a todas las sesiones para poder embarazarse. Nos dijo que el nombre del tipo que la ofreció era Tom.
— Nosotros la conocemos.
— ¿Ah, sí? — la mujer sonreía con ganas. — ¿Cómo?
— Somos la pareja que le ofreció el dinero hace como… nueve meses.
— Sí. — apoyé mientras sacaba de mi mochila los documentos que siempre andaba a cargar en caso de que la encuentren. — Mire. — le di las hojas para que ella las leyera.
— Efectivamente es Karol.
— ¿Podemos hablar con ella? — la seguimos unos cuantos pasos más y nuevamente estábamos frente a frente con ella. Suspiré con molestia y me crucé de brazos mientras la miraba. Tom solo estaba en un rincon mirando.
— Sorpresa, me encontraron. — bromeó con total descaro. — Uy, esas caras, ¿estan de luto o qué?
— ¿Por qué huiste? — cuestioné con total suavidad para no exaltarla. — Nosotros te íbamos a dar todo lo necesario para que hagas una vida.
Entonces Karol empezó a llorar a mares.
— Cuando supe quien era Tom Kaulitz yo me asusté, creí que me mandarían a desaparecer.
— ¿Pero que mierda dices?
— ¡Todo el mundo supo lo que te hizo el padre de ese idiota y aún así te casaste!
— Karol, cálmate. — sugirió la encargada.
— Vete a la mierda, Miriam.
— Cuida tu vocabulario, señorita.
— Cómo sea, ya me encontraron.
— Joder, te dimos el dinero que pediste y aun así huiste, no lo entiendo.
— Él va a matar a mis hijos. — lloraba de una forma bastante exagerada y comenzaba a estresarme.
— ¿Quién? — tomé su mano para que sienta mi apoyo. — No les va a pasar nada, en serio. También serán nuestros hijos.
— ¿Puedo confiar en ustedes? — Tom y yo asentimos ahora más asustados.
— Soy parte de una pandilla y yo era amante del líder, lo traicioné y ahora me busca. Por eso huí lejos de todo, para que no me encuentre.
Dios.
Salimos de un lío para meternos en otro.
— Prometan que a penas mis hijos lleguen a la vida ustedes los van a cuidar como a nada en el mundo.
La verdad, la verdad.
Estaba cagándome de miedo.
— No olvides que son míos también. — suspiraba Tom. — En serio los voy a cuidar como nunca.
&
El sonido del móvil de Tom había interrumpido mi valioso sueño. Mi esposo salía de la ducha mientras secaba sus trenzas para contestar:
— ¿Hola?… sí, soy yo… oh, en seguida iré… creo que queda cerca de mi casa… sí, adiós. — colgó apurado, lo ignoré porque quizás era otra de sus llamadas importantes de trabajo y como siempre se iría dejándome solo.
Volví a cerrar los ojos, dispuesto a dormir pero el manotazo que me dió en el rostro me hizo poner a la defensiva y me levanté de la cama.
— ¿Qué pasa?
— ¡Los niños, Bill! ¡Ponte algo rápido!
Me puse a sudar en vez de ponerme ropa cómoda.
Olvidé mencionar que durante un lapso de seis meses fuimos a clases de ser papás primerizos, nos entregaron un robot de bebé al cual le pusimos el nombre de Isaac y no salimos tan mal, los resultados fueron noventa y seis por ciento.
Ahora nos tocaba con uno de verdad y no sé si sea lo mismo, ¡me daban muchos nervios!
— ¡Apresúrate!
Su grito me despertó del trance en el que estaba y busqué solo unos zapatos cómodos, el albornoz y salimos como alma que lleva el diablo en el coche.
Cuando llegamos vimos a Miriam ahí, sentada en una de las butacas que estaba junto a la sala de partos.
— Los niños están a punto de nacer. — cada vez me sentía más sudoroso. — Pedí permiso para que uno más esté con ella, ¿cuál de los dos?
— Bill. — habló Tom sin pensarlo.
Fruncí el ceño «sabía que él estaba peor que yo, pero feliz» y acepté obligado, no tenía que ponerme así si ya pasé todas las pruebas en esas clases.
Seguí a la señora hasta un lugar donde me colocaron un uniforme de protección y de seguida ingresé al cuarto donde estaba Karol.
Sus gritos de dolor «apenas entré» casi hacen que salga corriendo. La pobre estaba sufriendo por ello y yo junto con ella.
Respiré y caminé hasta estar a su lado, me asustó cuando me miró con una cara de sufrimiento. Le extendí mi mano y… mejor no lo hubiera hecho, estaba lastimando mis deditos.
Quería ponerme a llorar junto con ella.
Comenzaba a sentirme mareado, parecía que él que estaba pariendo era yo y no ella, ¿por qué tener hijos se siente así?
No soporté más y me dejé caer al suelo, desmayado.
&
— Hey, idiota. — abrí los ojos, parpadee con lentitud y vi que me encontraba en una de las habitaciones compartidas. — Despierta, no seas tan exagerado. Yo los parí.
— ¿Qué carajos me pasó?
— Te desmayaste. — comenzó a reírse a carcajadas, su riza resonaba en mis oídos lastimándome. — Dios, si hubiera grabado el momento lo vería mil veces y esas mil veces me reiría.
— No es divertido. — refunfuñé sentándome en la cama. — ¿Dónde están los niños?
— ¿Acaso los ves aquí? — me fijé en la habitación con más detalle y no, no estaban ahí.
— No.
— Esos mocosos llorones están en otra habitación, ugh. — hizo una mueca de asco. — Que asco me da oírlos llorar, me cuesta creer que yo los parí.
De la nada sacó una cajetilla de cigarrillos y se puso a fumar ahí dentro. Karol tenía una actitud bastante estresante, si seguía un rato más me iba a poner a pelear.
— Ni siquiera les dí de lactar, ¡mis pechos se pueden arruinar!
Me salí de la habitación rabioso. Afortunadamente me encontré a Tom y a Miriam mirando por la gran vitrina a los bebés que tenían un par de manillas del mismo color.
— ¿Estás bien? — asentí dándole un abrazo.
— Son unos niños juiciosos. — comentó la mujer un poco nostálgica. — Creo que serán unos buenos padres para ellos.
— Espero que si. — murmuré.
Reconocí al doctor que se nos acercaba ya que fue el que atendió a Karol en la sala de parto, se acercó hasta nosotros con una calma que me sentí un poco nervioso.
— ¿Tom Kaulitz?
— Sí, soy yo.
— La madre de los niños no quiere darles de lactar y necesito que compren una leche en polvo para recién nacido junto con un par de biberones.
— Permítanme comprarlo. — accedimos con una sonrisa y le agradecimos por su gesto voluntario.
— ¿Cuando podemos llevarnos a los bebés? — pregunté con la intención de no volver a verle nunca más el rostro a Karol.
No la soportaba.
— En 48 horas.
Madre mía…
— Gracias. — susurró Tom, quizás impaciente.
Todo un lío para tener un hijo, ¡ay, que rabia!
☀️☀️☀️
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Dos días después…
– Fuimos a primera hora a recoger a los niños al hospital, hablamos con Karol para que nos firme una hoja en donde ella renunciaba totalmente a su maternidad y le entregamos una copia.
Le pagamos el restante para su dieta y se agregó un poco más para hacerse una lipo.
Que mujer tan hueca que tenían por madre mis nuevos hijos.
La semana estaba por culminar y regresaríamos a Alemania. Estaba tranquilo porque viajaríamos en el avión privado para mayor seguridad de los bebés.
Tom se encargó de buscar un niñera para que me ayudara cuando el no esté en casa. Creo que con ella si puedo aguantar a los bebés.
En este instante me ayudaba a hacer maletas para mi y para los bebés, él aún no podía viajar con nosotros porque tenía que cerrar el contrato que estaba aun activo y eso llevaría tiempo…
No estaba feliz con la idea y si le iba a discutir por eso ya que tiene que cargar la responsabilidad junto conmigo.
No voy a negar que me causaba cierta inseguridad que se quede solo.
Hay tantas zorras en su trabajo…
Uhm.
— Listo. — entró a la habitación con una sonrisa radiante. — La niñera ya está lista, el chofer igual y ya solo te esperan en el lugar donde está el avión en… — miró su reloj e hizo una mueca. — Veinte minutos.
Entonces me sentí alarmado cuando me miró a los ojos con una expresión triste, me apresuré a darle un abrazo seguido de un beso apasionado en los labios. Él me besaba de la misma forma o quizás un poco más intenso.
No podía soportar las lágrimas a si que las dejé caer luego de separarme de él, le di la espalda mientras intentaba controlarme pero no. Me ponía más lloron por la forma en la que se despedía de los niños, como si no pudiera dejarlos ir tan fácil.
— Cuiden mucho a su papi, ¿sí? Estoy seguro que los va a amar de la misma forma en la que yo lo haré pero de lejos.
Mierda.
— ¿Por qué no puedo quedarme contigo hasta que termine tu contrato aquí?
— No sé si aguantarás tu solo con los bebés, al menos allá si vas a tener quien te ayude… gente de confianza que te va a cuidar y dar consejos.
— Contrata una niñera para aquí, Tom. — insistí. — O haz que Sam y la niñera de Alemania viajen hasta aquí para que me ayuden.
— Billie… — con una sonrisa me abrazó. — Recuerda que tenemos que poner a los niños a salvo.
— Entonces deja ese trabajo y vuelve conmigo, tienes el suficiente dinero para mantenerte si quiera unos diez años.
— No quiero quedarle mal a mi socio, entiéndeme.
No, no podía.
— Entonces yo y mis hijos nos quedaremos aquí, Tom. Esperaremos a que acabe ese contrato.
Algo no andaba bien con él y tenía que saber que es lo que estaba sucediendo, ¿cuál era su insistencia de que yo vuelva a Alemania sin él? según yo era él quien estaba emocionado con la idea de los bebés y ¿ahora?
¿Qué esconde Tom Kaulitz?
F I N
Con esto abro It’s Billie Bitch 4