3 It’s Billie Bitch 39

Fic de WifesKaulitz. Temporada III

Capítulo 39

By BILL

— Estoy muy nerviosa.

Llegó el día tan esperado para todos nuestros amigos, para mi… pero mucho más para Samanta quien pidió ayuda para hacer una comida de noche especial a María.

— Sammy. — la morena sacó el pastel de naranja del horno con los guantes adecuados para eso. — Con cuidado.

— ¿Podemos ayudar en algo?

— ¡Ni hablar! — gritó Milena brindándole un manotazo a JC en la espalda, no pude aguantar la risa y me reí de forma bulliciosa junto a Sam.

— Bill es hombre también, ¿qué hace él aquí?

— Por favor, Alex, Beto y Juan Carlos… Largo de aquí.

Los tres solo caminaron hasta la mesa, sentándose como niños buenos en silencio.

— Listo. — la decoración de la masa estaba muy hermosa, tenía un toque de ser pastel comprado pero fue Sam con sus propias manos.

— Buenas noches. — a penas oí la voz de mi novio corrí con ganas a darle un abrazo, a besarle…

— Hola Tom.

— Hola.

— Buenas.

— ¿Qué hay?

— Justo a tiempo.

— ¿Que sucede aquí? — cuestionó a mis amigos luego de mimarme.

— Sam le está preparando una pequeña comida a María.

— Felicitaciones.

— Gracias, Tom. — rodee su cuello con mis brazos atrayendo su atención a mi. Le robé un besito.

— Tom, hijo. — solté un «agh» demasiado alto al separarme de mi esposo. — ¿Cómo fue tu día?

— Hola mamá, todo muy bien. Necesito hablar contigo de algo urgente, pero cuando vayamos ya a dormir.

— ¿Es algo malo?

— No, buenísimo para mi. — ahí estaba nuevamente esa sonrisa pícara que solía darme un tiempo atrás. Besuqueó la frente de su materna y volvió a mi. — Mi madre quiere hablar contigo, Bill, ¿será que puedes hacerlo?

— Tom.

— Por favor, Billie. — no voy a decirle que no a esos ojos suplicantes y ese pucherito precioso que se formaba en su boca ablandando mi corazón.

— Que sea rápido.

Siendo así, moví mis piernas saliendo de la cocina con todas esas miradas intensas en mi espalda. Entré a la biblioteca, no sin antes prender la luz, le ofrecí asiento con la mano y yo me quedé parado. Cualquier intento de agresión o palabra mal dicha me iría de ahí.

— Primero quiero disculparme contigo. — mi boca no podía estar más abierta. — Se que posiblemente no creas lo que te digo pero lo hago con el corazón en la mano… quiero disculparme contigo por el comportamiento tan grosero que tuve contigo la primera vez que cenamos juntos en mi casa…

— Señora, yo…

— Déjame seguir. — respiré sintiendo mis piernas temblar. — No pensaba en las consecuencias de mis acciones y ahora que estamos aquí quiero demostrarte mi cambio todo para llevarnos bien… eres la felicidad de Tom y me llevó tiempo aceptarlo pero las cosas son así.

— No le creo nada. — hablé entre dientes.

— No quiero que nos llevemos mal cuando ya se que te casaste con mi Tom y no sabes como me lo dijo, estaba muy feliz por ello y yo junto con él.

Un momento.
Ella acaba de decir que estaba feliz por mi boda con Tom.

Nah.
Seguramente entendí mal.

— ¿Por qué debo creerle? — refunfuñé mientras me sentaba, cansado de estar parado.

— Porque lo hice voluntariamente, no fue Tom quien me motivó a disculparme, si no yo misma porque se como sufriste por mi hijo. — tímida agarró mi mano con las suyas, fruncí el ceño analizando la situación. Sus ojos vidriosos a punto de llorar me recordaban a los de mi madre cuando decía la verdad. — No te pido que seamos la mejor pareja de suegra a yerno pero si me gustaría que me des la oportunidad, Bill, por favor.

— Si es que así dejaría de molestarme…

— Bill, solo intentalo. — Tom entró interrumpiendo la conversación. Rápido solté mi mano de las suyas. — A mi también me costó, pero se logró.

— Ay…

— Primero lo quiero pensar. — acomodé mi cabello envolviendolo en una coleta hacia atrás. — Es difícil creerle.

— No importa, eso me hace más tranquila. — una punzada en el pecho causando un sentimiento indescriptible apareció al contacto de sus brazos en mi cuerpo delgado.

— Ya, pero no me toque.

Ese sentimiento lo tomé como incomodidad.

— ¡Gracias! — dicho eso se levantó de su asiento y corrió a la salida limpiandose las lagrimas, le dió una mirada final a su hijo y salió.

— ¿Ya llegó María? — subí mi pierna sobre la otra, mi brazo en el espaldar del sofá y lo miré con seriedad.

— No.

— Que raro. — tragué saliva mirando a todos lados hasta ver al de trenzas. — Ella nunca sale de casa a menos que vaya de compras.

— Tal vez le salió algo de imprevisto, Billie.

— Me hubiera dicho, Tom.

— Ya ha de llegar. — tranquilizó caminando hasta mi y sentandose a mi lado, su cabeza fue a dar a mi pecho. Por inercia mi mano bajó a acariciarle las trenzas con suma diplomacia.

— Tom, tu amigo Rafael nunca llegó.

No me respondió, se quedó callado un rato. Me incliné un poco para mirarlo a pesar de que no hubo necesidad ya que habló.

— Rafael ya no trabaja conmigo.

— ¿Pelearon?

— No, solo acaba de retirarse de ser abogado. Su esposa está embarazada y quiere acompañarla en ello, ¿no te parece lindo?

— Me parece una actitud bastante tierna de su parte, Tom. — aproveché cuando levantó de mi pecho su cabeza para esta vez sentarme sobre él. — Debemos mandarle un detalle a su esposa, algo como un conjunto de bebé amarillo, porque no debes saber si es niño o niña.

Subió una ceja.

— Sabes mucho de eso.

— Se lo que tengo que saber gracias a Simone.

— Simone…

— Ajá.

— ¿No te gustaría irle a visitar?

Intercambiamos miradas en mutismo. No se me cruzó por la mente la idea de querer irle a visitar al lugar donde yo estuve alguna vez. Me daba mucho miedo y me ponía los pelos de punta. Recuerdos no muy gratos en toda mi estadía me abofetearon con dolor: la violación, la muerte de ese… ruso, Damian, esa mujer coqueta, el respeto que me gané, las drogas y la visita de su padre.

Mierda.

Lo olvidé y ahora recordé con tan solo mencionar el nombre de ella, de la mujer que hizo de mi vida un maldito infierno.

— Bill.

— ¿Qué?

— Te hice una pregunta.

— Sí… — sentí que pasó una eternidad con solo ese contacto visual. — La visitaré cuando sea tiempo, por ahora no.

— Me parece bien, se que es tu madre y todo, sin embargo, me asusta mucho el rato en el que la vayas a visitar.

— No te preocupes, Tom, no pienso hacerlo en un tiempo prudente.

Admiró mi rostro en silencio durante el tiempo que sacaba su lengua para relamerse el piercing, tragué saliva como resultado. A pesar de llevar tanto tiempo juntos y la confianza en ambos ya existía, lograba ponerme nervioso a niveles grandes. Me sonrió antes de proporcionarme besos húmedos en la boca. No me cabe la menor duda de ello después de que haya puesto sus labios sobre los míos y su lengua provocando chasquidos entre ellas, el dulce sabor de su boca es mejor que cualquier manjar, me encantaba saborear sin tapujos.

La desesperación me abarca junto a la excitación que brinda aquel acto en este momento, me reprimo las ganas de querer despojarlo de la ropa y me haga suyo, así que solo suelto un suspiro luego de separar mi boca de la suya. Admiro sus ojos oscuros de deseo, sin perder el mínimo detalle. Ya llevamos casi más de un año de relación y no puedo evitar aquel sentimiento que causa en mi cada vez que me mira, me besa o me toca. Me quité la camisa dejando al descubierto mi torso y volví a unir nuevamente en un beso nuestras bocas.

Sus manos se deslizaron por mi cuello. Presionando con ligereza mi garganta con sus pulgares, profundizando desesperado, ahora las baja hasta mis hombros. Sentí un poco de escalofríos y placer con tan solo el contacto en mi piel.

— Eh, chicos… — interrumpió la voz de Anneth aquel momento. Tom y yo nos dimos una mirada cómplice luego de lo cometido. — Sam dice que si ya pueden pasar a la mesa, para esperar a María.

— Si, ya vamos.

— Los esperamos.

— Gracias.

Oí la puerta cerrarse a mis espaldas, sin bajarme del regazo de Tom busqué mi camisa con intensiones de ponermela pero este me detuvo. Lo miré expectante.

— ¿Piensas dejarme con el amigo tieso, Bill?

— Tom, sabes muy bien lo intensa que es mi hermana y aun quiero vivir contigo. — me burlé de su carita de perro mojado y no en el mal sentido, sino por lo tierno que me parecía. Coloqué la camisa en mi cuerpo otra vez y me levanté, le extendí la mano y a regañadientes la tomó para salir de la biblioteca.

Toda la casa estaba a oscuras menos la luz del comedor. Mis amigos se encontraban sentados y juiciosos en la mesa esperando la llegada de María. Por nuestra parte hicimos lo mismo, tomar asiento y esperar.

— Tengo hambre. — Samanta le dió una mirada asesina a JC, este se encogió en su asiento poniendose rojo.

— ¡Alguien viene!

— Seguro es ella. — todos nos apresuramos a levantarnos con la mejor sonrisa para recibir a la persona esperada. Sus pasos se oían lento y cercanos.

— ¡Sorpr…

— ¿Gustav? — preguntó Tom con el ceño fruncido.

— Agh. — se quejaron volviendo a sentarse y yo también, ya no aguantaba más el hambre.

— ¿Es para mi? — preguntó el ex rubio, ahora pelinegro con una sonrisa.

— ¡No!

Hmm, si de algo me pude dar cuenta era la incomodidad de Georg con su presencia, se puso un poco cabizbajo cuando Gustav entró, ni siquiera se acercó a saludarlo y por si fuera poco me había olvidado de su presencia en la mesa, ¿qué habría pasado?

— Hay galletas para todos. — la nana sacó de la alacena dos cajas de galletas con chispas de chocolate, moriría de hambre entonces porque no me gusta el chocolate. — ¿Galletas, Bill?

— No, Ana, gracias. — le sonreí antes de levantarme por mi mismo a buscar algo para mi en el mismo lugar. Había pan, mermeladas de sabores, frituras, manjar…

— ¿Qué buscas?

— Algo para comer, Tom.

— Uh, entonces hagamos un sanduche con mermelada de mora. — sacó los ingredientes y se los puso a preparar. — Ya te que no te gusta la frutilla.

&

00:58 a.m.

— Samanta, ¿cuanto tiempo seguiremos esperando?

— Ya casi me duermo.

— Mejor danos de comer de una vez.

— ¡Un poco más! Estoy segura que si va a llegar.

Me removí incómodo en la mesa, había quedado seco, dormido con mi rostro entre los brazos, me quité la pereza. Miré a mi alrededor y todos traían el rostro cansado, pero más Samanta, tenía un aspecto triste en los brazos de su novia. La misma que le acariciaba su larga y sedosa melena a modo de consuelo.
Estaba empezando a ponerme triste igual que ella.

¿Qué es lo que pasó con Mari?

Ojalá no le haya pasado nada malo.

01:17 a.m.

— María no va a llegar. — susurró Tom en mi oido. — Es mejor que vayamos ya a la cama. — mis amigos cansados de esperar empezaron a irse uno por uno, en medio de quejas o gritos diciendo que tenían hambre.

— No puedo dejar a Sam. — observé sus ojos que estaban un poquito rojos, con una sonrisa le besé la boca. — Ve a descansar, yo me quedaré con ellas.

— Uhm, no. Quiero quedarme contigo, Billie.

— Tom, estás cansado y en unas horas debes ir a arreglar para mañana la presentación.

— ¿Y? — bufé dandole un golpe en la pierna. — ¡Auch!

— Anda, ve a dormir.

— ¿Me estás votando?

— No.

— ¡Ya cállense! — Tom y yo nos miramos al mismo tiempo asustados, mi contrario me dió un beso desprevenido y huyó de la cocina, seguramente con miedo por el grito tan profundo de mi hermana. — Esa hija de puta, ¡me dejó plantada! ¿¡quién cree que soy!? ¡Seguramente no le importaba tanto!

— Sam…

— ¡No! ¡No la defiendas!

— Pero…

— ¡Ya!

Geo, Anneth y yo nos quedamos mudos observando como se ponía de pie en medio de lloriqueos, corriendo seguramente a su habitación.

— ¡Sam! — la morena corrió detrás de mi hermana con preocupación, yo no me moví porque mejor era dejarla que se calme sola y también porque tenía una charla pendiente con Georg.

— Yo también creo que me voy…

— ¿A donde?

— Estoy durmiendo solo y calentar la cama me cuesta, es muy grande.

— ¿Solo?

— Sí…

— ¿Por qué?

— Creí que Tom te contaba todo. — suspiré y me negué con la cabeza, tomando su mano para que se siente conmigo.

— ¿Qué pasó?

— Gustav y yo… ya no andamos.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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