3 It’s Billie Bitch 37

Fic de WifesKaulitz. Temporada III

Capítulo 37

— Dios mío. — murmuró el agente oficial mirando como cubrían el cuerpo tieso de Rafael con una funda plástica, llevándola al auto de los forenses. — Le daremos mas información cuando nos entreguen el acta de defunción. — estaba a punto de marcharse pero lo detuve con mi mano en su pecho, ocasionando que me mirara.

— Que mi esposo no se entere de esto, por favor.

— Confíe en mí. — asentí no muy convencido, giré para adentrarme a la casa nuevamente con los guardaespaldas a mi detrás.

No podía permitir por nada del mundo que Bill se preocupe por lo que le pasó a Rafael. Más que todo debía sacarlo a como de lugar de esta casa pero… ¿y si no quería? Suele ser muy necio si algo se le mete a la cabeza. Caminé al despacho nuevamente para buscar el número de otro de los abogados que logré conseguir gracias a la relación amistosa con mi difunto abogado, pero su voz irritable me hizo detener en seco.

¿Aún seguía aquí?

— ¿Pasa algo, Tom? — negué sin verle a la cara. — Me gustaría ayudar… si es que puedo.

— No, Heidi. Solo vete y déjame solo. — respondí con mala manera a aquella mujer de mirada intensa. Lo último que escuché fue la puerta ser cerrada de golpe.

— Si usted lo permite, Kaulitz, contrataré más de los míos para que haya mayor seguridad. — susurré un «sí» despreocupado buscando en mi libreta el número de Andreas.

— También le podemos hacer llegar sus condolencias a la familia.

— Me parece bien.

— ¿Le gustaría que hicieramos algo más por usted?

— Sí. — suspiré un poco asustado. — No quiero que Bill se entere y tampoco quiero que se despeguen de él hasta que mi padre esté tras las rejas.

— Es nuestro deber.

— Lo digo porque anoche recibió una llamada de el mismo diciendole que lo observaba… Bill cree que puede contra el pero es todo lo contrario. Mi padre es un tipo bastante peligroso y no puedo permitir un enfrentamiento entre ambos. No me lo perdonaría nunca si eso llega a pasar… ¡y a ustedes tampoco les perdonaría si le llega a pasar algo bajo su cuidado!

— Estamos dispuesto a protegerlo con nuestra propia vida, señor.

— No nos importa morir con tal de salvarlos. — traté de sonreir pero solo me salió una mueca.

— Una cosa más… — escribí la dirección de mi antigua casa por si las dudas y le extendí un papel. — Quiero que mi madre venga aquí, que aliste sus cosas porque no estaré tranquilo sabiendo que está en peligro también.

— A sus ordenes. — los vi marcharse y me adelanté a hacer la llamada. El móvil repicó solo dos veces y el dueño de esa voz contestó al instante.

— ¿Hola?

— Andreas.

— Tom. — sonreí al oir su voz. — Que gusto oirte.

— ¿Nos vemos en mi casa para tomar un café?

— Con el buen amigo Tom, por supuesto.

— Mandaré a uno de los guardias a tu casa a buscarte, tenemos que hablar de un tema muy delicado y necesito saber si estás dispuesto a ayudar.

— Por ti… lo que sea.

— Te espero aqui.

.

By BILL

— ¿Te gustan este modelo? — asentí sonriéndole a Sam quien desde la mañana se encontraba arreglandome las uñas con los esmaltes de color negro y blanco. — Entonces ya acabamos.

Agité mis manos para que se sequen más pronto y me tiré en la silla de en frente a la piscina. Los chicos jugaban con diversión en ella, disfrutando del agua con la única intención de bajar el calor que estaba haciendo.

— ¿Has visto a Tom? — negué con la cabeza mirandome las uñas.

— No lo encontré en cama esta mañana y supongo que debe estar metido en el lugar de siempre.

— Estoy muy impresionada.

— ¿Por qué?

— Pese a su edad es un hombre con mucho dinero y conocido. — me encogí de hombros restandole importancia.

— Supongo que ser el hijo de ese político tiene sus ventajas.

— También como desventaja. — hablé por lo bajo quitandome las gafas de sol.

— ¡Hey! ¿No se animan a entrar? — cuestionó Georg con la pelota de goma en sus manos. De mi parte negué con la cabeza volviendo a ponerme las gafas y por parte de Sam solo corrió tirandose a la piscina. Me quejé cuando un poco del agua me salpicó mojandome la ropa.
Le brindé una mala cara a pesar de que no podía observarme pero aun así lo hice.

— Bill, estás de un humor…

— Cállate, quizás a noche Tom no le dió y por eso está así. — me puse rojo de la rabia, levantandome de mi lugar.

— ¡Ve y llama a Kaulitz! ¡Bill está a punto de explotar!

— Samanta, no estoy de humor para tus bromas pesadas.

— ¿Qué culpa tenemos nosotros de que Tom…

— ¡Tom no tiene nada que ver en esto! — les grité haciendo que mi voz resonara en todo el lugar. Callaron al instante con los ojos bien abiertos. — ¡El padre de Tom ha estado observandome todo el tiempo!

Se miraron al mismo tiempo sin entender lo que dije.

— ¿Qué mierda dices?

— Anoche me llamó y él… él… — suspiré fuerte antes de volver a hablar. — Me dijo que estaba observandome, siguiendo mis pasos como un lobo fiel a punto de atacarme.

— ¿Sabes la mierda que nos estás contando, Bill?

— ¿Cómo va a observarte si hay cámaras de seguridad y guardias por todos lados?

— No lo sé… solo, yo… — me dejé caer nuevamente en la silla abrazando mis piernas y hundiendo mi cabeza en el hueco de mis rodillas. — No puedo negar que estoy asustado, pero siento que si me enfrento a él conseguiré acabar con todo esto… Por eso acepté que la policía me use de anzuelo.

— ¿Por qué no Tom? Es su hijo.

— Eres un idiota, ¿por qué tienes que ser tú?

— ¡Porque me quiere a mi! — respiraba agitado ahora mismo. — ¡Y ya! ¡No quiero seguir hablando más!

&

— Hola Billie, buenas noches. — saludé a María de un abrazo como respuesta y me senté en el comedor con los demás.

— ¿Dónde está Tom, Mari?

— Ayudando a la señora Emma a hospedarse en la habitación que me mandó a acomodar esta mañana.

— ¿La vieja bruja de tu suegra va a quedarse aquí?

— Por lo visto, sí.

La sangre me hirvió por todo el cuerpo, primero que nada tenía que consultarlo conmigo antes, porque también soy el puto dueño de esta maldita casa. No quería que esa señora esté aquí porque llego a pensar que también tiene algo que ver en todo esto.

Pero es la mamá de Tom.

¡Aún así!

Me niego a vivir con ella.

— Buenas noches. — saludó la dueña de mi enojo a mis espaldas entrando junto a Tom agarrada de su antebrazo. Noté que mis amigos murmuraron un «Hola» solo por no ser mal educados y yo…

Yo ni siquiera me digné a verla.
Es una de las causantes de mis desgracias y me voy a llevar eso hasta la tumba, si es posible.

— Billie.

Tom se acercó a mi tratando de darme un beso pero solo ladee mi cabeza en dirección contraria evitando que lo haga pero aún así, me besó.

Mascullé un «mierda» luego de su cometido. Se sentó a mi lado fisgoneandome a cada rato en lo que servían la comida.

— ¿Cómo así usted por aquí? — interpela Samanta al otro extremo de la mesa.

— Olvidé informarles que el cumpleaños de Bill y el mío es en unos días, junto con el la presentación de la etiqueta en donde mi espocito. — colocó su mano sobre la mía, la agarró para luego besarla. — Es la imagen para nuestra nueva botella.

— ¿Bill es el modelo que buscaban? — asintió con una sonrisa triunfante.

— ¡Ya quiero verlo! — exclamó mi mejor amigo contento.

— Ya pero a todo esto… ¿qué con tu mamá?

— Samanta esta es mi casa…

— Y la de Bill.

— A si que mi madre se quedará hasta que llegue ese día y luego se irá.

— ¿Pueden comer en silencio? — regañó la nana mirándonos a todos. Sabía que tampoco estaba feliz de ver a la señora.
Sin disimular fijé mis ojos en aquella mujer mientras comía entumida con calma. Me hizo un ademán sonriendo y ni me inmuté en responder.

&

— No quiero que tu madre se quede aquí. — me crucé de brazos mirando como se metía a mi lado en la cama.

— Por favor, Bill, mi madre ya no es como antes… ella quiere acercarse a ti. Dale la oportunidad.

— No, ni hablar. — acosté su cabeza en su pecho, observaba como su abdomen desnudo subía y bajaba con calma. — Quien sabe si ella también es cómplice de tu papá.

— No, Bill. — rió suave. — Confío en ella, la última vez que le vi me habló de querer llevarse bien contigo.

— Pues yo no quiero.

— Entonces trata de evitar cruzarte con ella.

— ¿Qué pasaría si eso llego a encontrarla?

— No le hagas caso y ya.

— Me conoces muy bien, sabes que no me voy a aguantar.

— Billie. — jaló de mis rastas hacia atrás con gracia. — Gritale sus cosas pero no llegues a agredirla.

— ¿Qué? — arrugué el entrecejo y me acordé aquel día en casa de mis padres cuando se me pasó la mano con Gordon. — Ah…

— No lo digo en un mal sentido. — besuqueó mi frente, la nariz, mejilla… — A veces se te pasa un poquito la mano.

— Si llega a pasar estoy seguro que no sería yo quien lo haga, si no Sam.

— Hablaré con ella también, no te preocupes.

Sigiloso observé sus rostro divertido ante el mío. Respiré con dureza.

— Tom.

— ¿Hmm? — con ambas manos tomé las suyas para besarlas con ímpetu. Estaba un poco temeroso de lo que le iba a decir. — ¿Qué pasa?

— Siento que no pasas mucho tiempo conmigo.

— Oww, Bill. — se subió sobre mi cuerpo acariciándome la mejilla, penetrando mis ojos con su mirada. — Todas esas cosas del trabajo me tienen ocupado, y luego está esto de mi padre.

— No es solo eso, Tom. También cuando me llevaste a las fotografías vi como mirabas a aquel bebé, lo cargabas y le hacías mimos.

— Hmm, ¿qué pasa con eso?

— ¿Quieres tener hijos?

Gruñó y luego se soltó en risas escondiendo su rostro al hueco de mi cuello. Su aire caliente me causaba un cosquilleo en esa zona erizando mi piel. Molesto por su reacción le di un zape en la espalda baja.

— Tom, basta, hablo en serio.

— ¡Es que no puedo!

— Agh. — empujé su cuerpo pesado a un lado y me crucé de brazos. Él aun reía en mi cara. — No le veo la gracia.

— Si querías tener sexo conmigo, ¡tenías que decirmelo directamente! ¡AGH! ¡Las trenzas no!

Ahora era yo quien reía ante la mirada asesina por jalar sus bonitas trenzas, me subí sobre su cuerpo.

— Tom, en serio tengo miedo de que lleguemos a un punto donde quieras hijos y yo no te los pueda dar de mi.

— No estamos en condiciones para tener un hijo y no porque tu o yo no podamos. Sabes que fácilmente hay mujeres que se prestan para inseminación y listo. — asentí dandole un besito. — Pero requiere una gran responsabilidad y los dos no estamos para eso, nos falta viajar, conocer el mundo y más que todo, follar en cada rincon de esta puta casa cuando acabe esta pesadilla y tus amigos se vayan. El rato que yo quiera tener un hijo contigo será cuando veamos que tenemos la madurez suficiente y no hay peligro a su alrededor… Admito que si quisiera criar un bebé contigo, ¡pero que más bebé que nuestros caballitos! — mi corazón no pudo sentirse más feliz. — Despreocupate por eso, ¿está bien?

— Sí, te amo.

— Te amo, también, princesa. — me crubrí la boca reprimiendome una risa de tonto enamorado. — ¿Qué?

— ¡Hace tiempo que no me llamas princesa!

— ¡Shhh! — rió balanceándose sobre mi cuerpo para besarme con ganas, despojandome de las únicas prendas que nos cubrían hasta quedar desnudos.
Besandonos cada rincon de la piel del contrario hasta terminar haciendo el amor sin parar, toda la noche con las ganas más grandes que nos teníamos.

Amaba como me hacía suyo y yo amaba más sentirme suyo.

Era algo que solo él y su cuerpo me brindaba.

Continúa…

Gracias por leer. Te invitamos a comentar 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!