3 It’s Billie Bitch 36

Fic de WifesKaulitz. Temporada III

Capítulo 36

— ¿Su esposo? — el fotografo palideció ante la declaración de Heidi, no pude contener la risa y me reí junto a Tom. — Non ci posso credere (No puedo creerlo)

— A si que anda quitandote esas iluciones de que la «mujer grandota» se va a fijar en ti…

— Yo… lo siento, Tom. — mi esposo solo se encogió de hombros caminando hasta mi, me tomó de la mano y luego mi bolsa.

— No te disculpes, a todos nos pasa a la primera. — tuvo que ponerse en cunclillas para darme un beso en la mejilla, miré sus ojos con burla porque le dije como veinte veces esta mañana que no debería usar tacones y su maldita insistencia fue más. Salimos de la gran oficina con Ethan y Heidi delante de nosotros en dirección al restaurante más cercano.
Tom pidió por nosotros antes de irnos a sentar.

— Y.., ¿cómo te llamas?

— Heidi.

— Tú no. — dió una palmada suave en la mesa. — Le hablo a la mujer grandota.

Me quería reir en su cara.
¿En serio pensaba que era mujer?

— Me olvidé presentarlos formalmente. Bill, él es Ethan. Ethan él es Bill, mi esposo y dueño de mi corazón. — me sonrojé un poco ante las últimas palabras. No pude evitar darle un beso fugaz en los labios.

— Dio mio, Tom. ¡Ahí está la respuesta!
Miré a Heidi a los ojos, le brindé una de mis mejores sonrisas socarronas.

— ¿Qué?

— Bill, Billie, Hacienda la Billie. Dios, sí. — tomó un trago grande de agua. — Eres un idiota, Tom.

— ¿Por qué?

— ¡Su nombre lo dice todo! Ella es la única que puede ser la imagen de nuestra etiqueta, ¡nadie más!

Aproveché y hablé yo:

— Es Heidi la idiota aqui, Tom me eligió principalmente y su maldita insistencia en querer hacerme la competencia.

— Si Heidi, eres una idiota. — estaba muriendome de la risa en mis adentros mirando a esa mujer, estaba colérica y malhumorada. Quizás era normal para su edad. — No hubiera gastado mi valioso tiempo y estaríamos mandando la etiqueta a revisión.

Le mesera nos trajo la comida para los cuatro junto con una jarra de jugo de limón que sudaba por los hielos.

— ¿Podemos comer ya? No quiero hablar del trabajo en mi descanso.

Ups, la mujer estaba enojada.
Pero yo soy master en ponerle más leña al fuego. Miré directamente a su cara mientras las palabras de Samanta pasaban en mi cabeza.

«…creo que estaban en su hora libre en el jardín. Heidi trató de besar a Tom…»

— Pero si quieres besar a mi esposo en tus horas libres, ¿no? — se atragantó con el pedazo de la verdura que se llevó a su boca anteriormente, armó un escandalo mientras tosía sin control. Giré el rostro en dirección contraria para ver a Tom pero este solo seguía comiendo haciéndose el loco.

&

Después del pequeño incidente de la comida me marché sin terminar de comer porque me sentí molesto. Tom no se mosqueó en explicarme nada aunque era obvio que tampoco lo iba a hacer.
Me daba un poco de miedo pensando en que entre ellos pueda existir más de una relación de jefe a secretaria.

Pero igual.
Hoy dormiría como a los perros… a menos que me lo diga.

El móvil me sacó de mis pensamientos, me sequé la mano para no mojarlo ya que me encontraba en la bañera tomando un baño de espuma y sales.

— ¿Hola?

— Bill, que bueno oirte de nuevo… ¿qué tal el baño de espuma?

Me levanté de la bañera de un salto al oir esa voz tan escalofriante y miedosa, mis piernas comenzaron a temblar como un par de gelatinas. Mi respiración ya no era normal, el corazón estaba a punto de salirse de su lugar.

— ¿¡Qué es lo que quiere!? — chillé con la voz temblorosa.

— Solo quería hacerte un recordatorio de que aún existo y de que estoy siguiento tus pasos como un lobo fiel a punto de atacar.

— ¿Bill? — Tom abrió la puerta de la bañera sacando solo la cabeza. — Ahí estás.

— No le vayas a decir a Tom que te llamé porque te mueres ahora mismo. — me quedé callado mirando esos ojos color café que me miraban con curiosidad. — Solo quiero una cantidad de dinero para no molestar y aplazar su muerte, me cancelaron todas mis tarjetas y la estúpida de Simone se murió por eso.

— ¿Qué le hace pensar que yo lo tengo? — murmuré dandole la espalda a Tom y con respecto a lo de Simone, estaba seguro que mi madre estaba muy bien protegida en manos de la policía a si que no le creí.

— Tom es tres veces más rico que yo, pequeño. Habla con él.

— No estoy dispuesto a darle ni un solo centavo, ¿me oyó?

— Entonces eres hom… — colgué la llamada antes de oir el resto, le di un contra el suelo al aparato y mi me acaricié el cabello molesto.

Jörg Kaulitz no iba a volver a intimidarme nunca más, en el momento en el que se me cruce no dudaré en atacarlo con todo lo que tengo.
Estaba decidido.

¿Y qué es todo lo que tengo?
Las uñas.

— ¿Quien era? — lo sentí muy cerca de mi cuerpo desnudo, me relajé un poco ante el contacto de la piel de sus dedos en mis brazos.

— Si te lo digo… ¿prometes no hacer un escandalo? — me giré para verle a los ojos en lo que quitaba el albornoz del perchero y me cubría.

— Lo prometo.

— Llamó tu padre pidiendo dinero. — me miró fijamente con seriedad. — No vamos a soltarle ni un centavo partido por la mitad.

— Mierda, eso es muy malo. — suspiró sacando su móvil, tecleó un par de cosas y luego lo volvió a guardar. Salió del baño y yo detrás de él. — ¿Qué más te dijo?

— Creo que el estaba observandome… — se giró violentamente en mi dirección. Tom se puso pálido al oír lo que le dije y yo solo lo abracé.

— Tengo que ponerte a salvo, Bill. — correspondió mi abrazo de una forma intensa, su pecho subía y bajaba queriendo perder el control. — Debí hacer lo que deseé a penas saliste de ese lugar.

— ¿Qué cosa?

— Llevarte a París y ver la torre eiffel, luego llamarle a Rafael para agradecerle desde allá… aunque no será necesario porque ya está viniendo para acá. Quizás llegue mañana.

— París… — murmuré alejandome de su cuerpo y observando sus lindos ojos.

Recordé a Georg y sus locas ideas de hacer que Tom nos lleve a los dos a Francia, ¡casi se cumplirían!
Pero solo conmigo.

— Sí… aunque si vamos a este paso que no ha ocurrido nada, lo puedo volver a considerar.

— Sería genial ir en nuestro cumpleaños, Tom.

— Lo pensaré.

.

By TOM

Odiaba cuando me despertaban del maravilloso sueño que estaba teniendo. Ana golpeaba la puerta con insistencia y tuve que recibirla para no despertar a Bill. Se veía muy tierno durmiendo como un angelito envuelto bajo la tela de esas sábanas.
La nana me informó que Heidi estaba aquí un SÁBADO a las ~ miré mi reloj y bufé rascándome el pecho ~ ¿¡SEIS DE LA MAÑANA!? Dios mío.
Hoy no era día de trabajar.

Me puse las pantuflas azules, el calentador de cuadros del mismo color y bajé para recibirla de una vez porque quería seguir en la cama con Bill.

— Ana, ¿dónde está? — pregunté acercandome a ella y dandole un beso en la frente.

— En la biblioteca.

— ¿Qué quiere? — susurré arrebatandole el pedazo de pan que estaba comiendo.

— No sé… solo me dijo que era de urgencia. — fruncí el ceño y me dispuse a seguir. — Tom no debes andar por la casa así. — le di una sonrisa inocente y me encogí de hombros. Caminé hasta llegar a la biblioteca, giré la perilla para entrar.

— Tom. — observé a Heidi en silencio, me crucé de brazos un poco enojado.

— ¿Qué pasa, Heidi? Es sábado y son las seis de la mañana.

— ¡Me quieren quitar a Leni! — exclamó acercandose a mi y abrazandome, me mordí la mano que se hizo un puño al tenerla cerca.

Me ponía nervioso.

— A mi ex esposo se le metió la idea de llevarse a mi bebé con su nueva pareja porque dice que no tengo tiempo para mi hija, ¡soy una madre bastante responsable! Y no puedo permitirlo… también me dijo si es que no quería que se la lleve debo darle dinero. Tienes que ayudarme, por favor.

No presté atención. Yo solo estaba un poco asustado, en cualquier momento puede entrar algún amigo y puede interpretar mal la situación.

— Heidi. — respiré profundo mientras le alejaba de mi cuerpo, me dirigí a mi escritorio para sentarme. La piel se me enchinó cuando hizo contacto con la madera fría. — Te daré el número de uno de mis abogados, ¿está bien?

— Sí… — saqué de el cajón una tarjeta de papel blanca donde daba la información de Rafael. Me levanté de mi asiento y se lo entregué directamente en las manos.

— Le hablas, de todas formas debe estar por llegar aquí y me adelantaré a hablarle tu situación.

— Gracias…

— ¿Algo más? Quiero irme a…

Carajo.
Heidi estaba clavando su propia tumba en este mismo momento.
Le repetí hasta el cansancio que no me gustaba, que era un hombre casado y la mujer se empeñaba en seguir conquistándome a como de lugar.
Estaba besándome y yo ni siquiera me lavé la boca, pero eso es aparte.

— ¡Jefe! — mi guardaespaldas abrió la puerta de golpe haciendo que reaccione.

— Oye, no. — me alejé de ella con fuerza, me golpee la espalda con el estante de libros y caí al suelo. Esta era la segunda vez que me besaba y a la tercera no sabía como iba a reaccionar.

— ¡Tom! — corrió para ayudarme pero yo no me dejé, me levanté yo mismo del piso.

— Te estás pasando, Heidi. No quiero que me vuelvas a besar.

— Lo siento…

— Jefe lo nuestro es más importante, tiene que ver esto. — le brindé a Heidi una última mirada y salí junto con el hombre hasta la habitación de las cámaras. — Detectaron movimiento anoche. — revisó un par de cosas en el monitor que alumbraba la puerta trasera de la casa, esa figura conocida me erizó por completo la piel, el estómago se me revolvió y mi presión arterial bajó. Estaba un tanto mareado por lo que acababa de observar.

Jörg Kaulitz se coló en mi casa y nadie se dió cuenta.

Ni siquiera yo.

— Mandé a tres de mis hombres a averiguar en la parte trasera pero no lo encontraron. — suspiré sobándome las sienes con los dos dedos; índice y medio.

— Pero si encontramos esto en una funda negra. — primero se colocó unos aguantes antes de sacar el contenido de la funda. — Creemos que quizás se le cayó en un descuido…

Quedé frío observando el móvil de mi abogado de confianza, una de sus valiosas pulseras de oro y un sobre machado de un tono carmesí, ¿qué mierda estaba planeando…?

«creo que el estaba observándome»

No puede ser posible.

Cada vez más estoy seguro de que no puedo proteger a Bill a si trate de hacer lo contrario. Me pone muy molesto saber que en cualquier momento puede atacar y que yo no esté con el para cuidarlo.

— Su padre no es muy astuto, señor Kaulitz.

Estaba aturdido como para procesar lo que quería decir con aquellas palabras.

— Más bien creo que lo hizo con intención de que encontremos esto.

Con lentitud miré a aquel hombre de los guantes abrir el sobre manchado y sacar de ella una hoja de papel, me crucé de brazos esperando a que hablara el contenido de la maldita carta.

— Para Tom. — cerré los ojos frunciendo el ceño. Me desesperé y le arrebaté la hoja a ese hombre que no hacía nada más que estresarme con su misterio.

«Lamento presentarme de una forma tan grosera, Tommy, pero quiero informarte y que seas el primero en saber lo que hay en el patio donde tienes un hermoso jardín de florecitas ridículas esperando por ti.

Para mayor información en el móvil hay detalles para que te des una idea si una persona llega a traicionarme. «

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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