3 It’s Billie Bitch 35

Fic de WifesKaulitz. Temporada III

Capítulo 35

El regreso a casa fue silencioso, no comí porque estaba un poco deprimido. Ana vino tres veces ~ para ser exactos ~ a decirme que si es que ya tenía hambre y mi respuesta era la misma: «no», aun así me dejó una bolsa de frituras con un jugo de naranja. Ni siquiera quería ver al mismísimo Tom. Estaba encerrado en nuestra habitación mirando la tele entretenido.

Pensaba mucho en mi mamá y en las cosas tan feas que dijo.

¿Cómo estará Sam?

O sea sé que no le importan las palabras que dijo mi madre pero, al enterarse de una cosa tan grave…
No me quiero ni imaginar.

Me quité las botas que me llegaban más arriba de las rodillas y las tiré a la alfombra. Me puse las pantuflas azules de Tom y salí de la habitación con la bolsa de las frituras en mano hasta el cuarto de Sam.
Toqué la puerta tres veces y la morena no tardó en abrir el pedazo de madera.

— ¿Puedo hablar con Sam?

— Sí… — entré mirando el cuerpo tumbado de mi hermana en su cama dándome la espalda. La morena salió dejando que hablara a solas con ella. Me senté a su lado.

— No quiero hablar contigo, señora de Kaulitz. — una sonrisa afligida apareció en mi boca.

— ¿Has hablado con María?

— Que te importa. — me metí una papa a la boca sin saber que decirle. El crujido de aquella fritura en mi boca reinaba la habitación.

— Deberías. — se arrastró un poco para sentarse en la cama, me arrebató la bolsa y empezó a comer las papas.

— Tengo miedo.

— Mari no tiene la culpa, ¿sí? Solo actuó de acuerdo a la…

— Situación. — reí cuando me interrumpió. — Sí, sí, sí. Ya lo sé… Solo dame tiempo, tengo muchas cosas que preguntarle y decirle. — la miré a los ojos en silencio. — ¿Qué? ¿Te gusto?

— Te quiero mucho. — Sam me dió una sonrisa sin mostrar los dientes, acercó su mano a mi mejilla y la acarició.

— Te quiero muchísimo más. — la vi acercarse a mi demasiado, ladeó su cabeza haciendo un intento de besarme. Me puse nervioso y cerré los ojos sintiendo un poco de temor. Sus labios se posaron en mi mejilla.

Dios.
¿Por qué pensé que iba a besarme?

— ¿Qué pasa? ¿Pensaste que te besaría? — rodeé mis pupilas mirando a cualquier lado de la habitación escuchandola reirse. — ¡Te asustaste, Bill!

— Sí… — me reí un poco incómodo. Me levanté de su cama dispuesto a irme.

— Carajo, no soy asaltacunas como la asistente de Tom. — al darse cuenta de que la fregó se dió un golpe en la boca mirandome.

— ¿Qué dijiste? — a si como me levanté me senté. No me respondió y se daba golpes en la frente susurrando «tonta» muchas veces. — Samanta…

— Ay.

— ¡Habla ya! — le grité saliendo de mi zona de confort. — O te juro que…

— Neh, me tienen sin cuidado tus amenazas pero lo diré. — hizo una bolita la bolsa de las frituras vacías y la tiró al canasto. Su tiro falló. — No hay mucho que decir, creo que estaban en su hora libre en el jardín. Heidi trató de besar a Tom y Tom lo evitó, punto.

— Agh. — enredé mi cabello en los dedos de mi mano acomodandolos hacia atras.

— Si no te pones las pilas voy a tener que ser testigo de otro matricidio.

— Eso jamás, ¿me oiste? — salí de su habitación como un leon a punto de devorar a su presa, pero yo iba en busca de Tom. — ¡Joel! — le grité a lo lejos. — ¿¡Dónde está el señor!?

— Oye, oye, calma. Primero buenas noches y segundo está nadando en la pileta.

Seguí mi camino. Me adentré por el puente decorado de flores que a la luz de la luna se veía tenebroso y llegar hasta la enorme pileta. El cuerpo sumergido de Tom bajo el agua con solo esos boxers me puso un poco acalorado.

— ¡Tom! — en medio de un grito llamé su atención. Salió a la superficie con una sonrisa, se cercó un poco para apoyarse de las barras de metal y subir las escaleras.

— ¿Me pasas una toalla? — caminé un poco hasta la mesa donde estaban las toallas perfectamente dobladas. Tomé una y volví hasta él para secarle yo mismo el cuerpo.
Olvidé por completo las groserías que le iba a gritar con tan solo verlo de esa forma. Mi cuerpo estaba ardiendo en llamas pidiendo ser apagadas con su manguera de una vez. — ¿Ya te sientes mejor? — yo seguía embobado pasandole la toalla por el cuerpo ganoso. — Bill.

— Fóllame, Tom.

— ¿Aquí?

— Sí. — miré sus ojos y mis manos las puse en el elástico del boxer mojado, la toalla cayó al suelo pasando por alto.

Me cargó haciendo que mis largas piernas rodeen su cintura, sus manos se posicionaron en mi trasero estrechando a su antojo. Lo tomé del cuello para no caerme y caminó hasta la reposera que estaba frente a la piscina. Se sentó en ella con cuidado. Me quitó el buso de manga larga mientras miraba mis ojos lleno de deseo. Levantó un poco la falda de cuero hasta que quede en mi abdomen.

— Ah… — gemí cuando sus labios se cerraron en mi pezón perforado. Lo lamía con mucho gusto.

— ¿Un piercing en el…

— Shhh. — apegué más su cabeza contra mi pecho para que siga dandole atención a esa parte que ahora era más sensible por la perforación. Tiré mi cabeza hacia atrás mirando al techo. La noche estrellada de van Gogh estaba perfectamente pintada con mucho detalle y me emocioné.

Hoy me darían una buena follada con una buena vista de aquella pintura.

Mis manos acariciaron su espalda, pasando por sus brazos y deslizandose por su torso desnudo cuando se alejó para verme. Terminé en el elástico de su boxer mojado para quitarselo. Yo me levanté un poco de su cuerpo para repetir su misma acción.
No quería otra braga rota.

Me senté nuevamente en su cuerpo, mi miembro hizo un roce chispeante para los dos y mi piel; se enchinó por completo. Tom hizo que mi cuerpo se pegue mucho más al suyo para mayor fricción. Lo ayudé poniendo mis manos en su espalda y moviendo mis caderas. Exasperado por el sentimiento de querer más clavé mis uñas en su espalda con fuerza. Ansiaba con ganas tenerlo dentro y eso fue lo que le pedí.

— Mételo.

Exhaló con fuerza en mi oido después de lo que le dije, tratando de no perder el control sobre mí. Como respuesta solo me apretó contra su torso moviendome contra su pene.

— Vuelve a repetir lo que dijiste, Bill. — sonreí para mi mismo, me levantó un poco y guió su miembro a mi entrada, lo sentí hacer movimientos círculares en ese lugar lubricandome con su fluido.

Posteriormente pegué mi boca a su oido y le volví a repetir en un susurro. — Mételo. — tal y como lo pedí, lo hizo.

Gemimos al mismo tiempo, mis paredes lo acogían con calidez que lo volvió loco. Empujó sus caderas hacia arriba haciendo que colocara mis manos en su pecho de ipso facto mientras bombeaba rápido, con la única intención de llegar.

— ¡Oh, Tom!

— Eso, Billie. — obligó a mi cabeza a agacharse más para lamerme en el cuello, luego en las clavículas… — Que todos sepan que eres mío.

— ¡Sí! — medio grité tratando de tomar el control de la situación pero no me lo permitió. Tomó un puñado de mi cabello, tiró de el hacia atrás y se sentó. Agarró fuerza para levantarse de aquella silla. Esta vez fui yo quien quedó recostado en ella y él sobre mi. Retomó el ritmo de sus penetraciones, puso mis piernas en sus hombros. El golpe seco de nuestras pieles abundaba el lugar en eco, prendiendome mucho más. Mi entrepierna se puso más dura asi que para calmarle empecé a masturbarme.

Otra vez miré el techo y luego a Tom. Este pasa sus manos con descaro en mis pies, eran claras sus intenciones. Me dejó sin aire cuando las impulsó hacia arriba uniendolas e hizo que mis rodillas casi toquen mi frente.

— ¡Ah..! Dios.

— Hmm, Billie… tu agujero es tan apretado.

— Y solo tuyo…

— Solo mío.

Ese hombre me clavaba el pene de una forma muy maldita, parecía que se le metió el diablo por la fuerza tan brutal en la que se hundia y salía de mí.
El orgasmo que obtuve fue rico tanto para mi y como para él; que no dejó de moverse en mi interior.
Traia los ojos cerrados y apretados por la sensación intensa de los espasmos recorriendome el cuerpo.

— Oh. — se dejó caer sobre mi recuperandose del climax. — Me encantas, en serio. — ni siquiera le contesté. Estoy muy adormitado como para hablar.

&

— ¡Siguiente!

Estaba cansado de mirar como fotografiaban a todas las modelos que estaban esperando ser seleccionadas. Gracias a la genial idea de mi esposo quedé para el último y luego ir a almorzar. Me encontraba en el escritorio de Ethan ~ quien no dejaba de sonreírme con coquetería desde que llegué ~ en una posición que demostraba aburrimiento.

— Gracias, que siga la siguiente. — también estaba molesto por la razón de que Heidi no me dejó sentar junto a Tom con la excusa de que serían los jueces y que no se que más… — ¡La siguiente!

Una mujer con un niño en brazos entró, Heidi se alegró tanto que se ofreció a cargarlo en lo que le tomaban las fotos a su madre. Me puse pálido al ver como Tom le mimaba y hablaba bonito al bebé.

Desde la charla que tuvimos en aquel manantial no hemos vuelto a tocar ese tema pero esto ya era otro nivel.
Respiré con dificultad porque él ahora lo estaba cargando y agh…

Esos tres a simple vista parecían una maldita familia feliz.

No.
Creo que solo hago una tormenta en un vaso de agua, ¿verdad?

— ¡Siguiente! — me sentí muy aliviado cuando la mujer de cabello rojizo se llevó al niño y dió paso a una mujer de tez morena. — ¿Qué te parece si después de terminar con las fotos te invito a comer? — miré de un lado a otro esperando a que alguna chica esté junto a mi pero no.

— ¿A mi?

— Sí, me llamas la atención y quiero conocerte, ya solo me faltan un par de chicas más, Heidi y lo mejor para el último; tú. — me reí un poco mirando a Ethan. No parecía ser de aquí. Tenía el estilo de ser un pintor italiano muy conocido, de estatura baja, ojos color miel y labios finos. Desde lejos daba la impresión de ser maricón. — ¡Siguiente! — le hizo a la modelo unas fotografías rápidas emocionado. Y como no, si la mujer parecía sacada de revista. — Me gustas, tienes potencial… espero verte otra vez, porque eres mi opción número uno.

— Gracias. — ella le sonrió devolviendole la coquetería antes de salir de la acalorada habitación.

— ¡Siguiente!

¿Cómo puedo competir yo con todas esas modelos tan perfectas?
En serio parecían ser sacadas de una revista y yo solo era un simple mortal en un mundo de inmortales.

Uh.

— Sigues tú, Heidi y que se vaya alistando la mujer grandota.

Solté una risita moderada y abrí mi bolsa. Saqué un par de polvos para el rostro para retocarme pero fue imposible. Miraba como Heidi posaba coqueta para la cámara como si eso fuera lo suyo desde hace mucho tiempo.
Rodee los ojos y seguí con lo mío.

— Perfecta, como siempre. — bufé guardando los productos en su lugar y me puse de pie mientras miraba a Tom. Puso su codo en la mesa del escritorio y su mentón sobre la palma de su mano observandome atento. Una vez que estuve frente a la cámara di lo mejor de mi. Una sonrisa, una mirada seductora, una seria, una con la ceja arqueada y la boca entreabierta… — Dios. — murmuró. — Sigue así… — me fotografeó mas de lo debido pero ya que. — Terminamos.

— Al fin. — Heidi se levantó junto a Tom de sus respectivos asientos.

— Eres hermosa, tan sensual y grandota. — guardó la cámara en su estuche. — ¿Qué dices? ¿Sí vamos a comer?

Miré a Tom a los ojos y luego a la sonrisa maliciosa que le apareció en los labios.

— ¿Sabes a quién le estás coqueteando, Ethan?

Esa sonrisa se ensanchó aun más ante la pregunta de Heidi.

— No. Solo sé que me encantan las mujeres grandes desde hoy.

— ¡Es el esposo de Tom, Ethan!

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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