3 It’s Billie Bitch 29

Fic de WifesKaulitz. Temporada III

Capítulo 29

— Eso. Heidi Klum. — sonrió. — Perdóname pero aún no me lo memorizo.

— ¿Por qué? — Heidi lo miró ofendida. — ¡Es el apellido más corto que puedes haber visto!

— Mentira. — interrumpió Gustav. — El apellido más corto es el de la señora Lí.

— Oh, la señora Lí. — ambos chicos se rieron mientras se miraban. — Heidi el es Bill, mi…

— Esposo. — interrumpí extendiendo mi mano hacia ella con una sonrisa falsa, la chica hizo una media mueca y estrechó su mano con la mia pero solo haciendo un roce.

— ¿Casados? — preguntó Gustav con asombro. — Carajo, yo en serio pensé que solo decías por broma o algo así.

— Fue en Berlín. — Tom sonreía sin dejar de mirarme. Me encantaba volver a tener esa sensación en mi cuerpo.

—Mierda, salud por los esposos.

— Salud. — brindó Tom mientras compartía copa con Gustav. Yo solo seguí molestando a Heidi.

— Soy Bill de Kaulitz, pero suena mejor Bill Kaulitz ¿no te parece, Heidi?

— Ehm, sí… suena bien.

Regresó a ver a Tom con un rostro medio triste.

— Eso pensé. — me dirigí ahora a mi esposo. — Tom cariño, ¿podemos hablar?

— Sí, señor. — le extendí mi mano para que la tomara, entrelazó nuestros dedos y empecé a caminar sintiendo la mirada de su asistente a mi detrás.

No sé a dónde lo estaba llevando pero estabamos lejos de nuestros amigos que bailaban perdidos en el alcohol. ¿Y cómo no? Si estaban tomando aguardiente seca.

— ¿Pasa algo?

— ¿Qué hace tu asistente aquí?

— Pregúntale a Samanta, quizás ella pueda darte una buena explicación tanto a ti, como para mi.

— ¿Samanta? — fruncí el ceño. — ¿Por qué tú no?

— Yo no quería que ella se quede, normalmente su horario se termina a las ocho. Por eso antes de ir por ti le dije que si se quería ir que le informara a Joel.

— ¿Joel?

— Sí.

— ¿El vaquero de Berlín?

— Ese mismo. — sonrió.

— Dios, ¿dónde está?

— Ligándose a alguna chica tal vez. — se burló mirando de un lado a otro.

— Agh, pero no me cambies de tema.

— No lo hago.

— Lo haces.

— No.

— Bueno, ¿entonces tengo que preguntarle a Samanta? — asintió mientras se rascaba la cabeza. — ¿Qué crees que pase si Samanta me dice algo chueco por ahí?

— Hmm, no lo sé…

— Prefiero que salga de tu boca.

— ¡Es que no pasó nada! creo.

— Agh. — respiré profundo. — Voy a golpearte por cada cosa que hayas hecho, hasta dejarte mal herido, Tom.

— Te daré un besito por cada golpe que me des entonces… aunque esté mal herido.

— Entonces espera a las consecuencias, Tom. — dispuesto a dejarle con la palabra en la boca comencé a caminar.

— Bill.

— ¡No hables más! — chillé.

Sentí que corrió un poco y me puso el pie para hacerme caer en el césped. Caí de boca y una parte de la hierba se metió en mi nariz.
Con brusquedad y una risa maliciosa me volteó para estar de frente.

En la punta de la lengua aparecieron un millón de insultos que fueron tragados por la piel de sus labios.

Rodee entrelazando mis dedos en su cuello permitiendo que me besara con más profundidad. Abrí mis piernas para abrazar su cintura en ellas. Ladee mi cabeza para darle larga al beso. Uno hambriento e intenso.

Entregándonos a la situación con los ojos cerrados y la respiración agitada.

Sentí frío en todo el cuerpo cuando separó su boca de la mía buscando aire y me miró con esos ojos tan penetrantes.

— Lo siento, Billie.

Cerré los ojos respirando ya con control. En ningún momento quité mis manos de su cuello pero si había dejado de abrazarlo con las piernas.

— No podía aguantar las ganas de darte un beso. — se agachó lo suficiente para rozar su boca con la mía en un amague de darme un beso.

— Tom…

— Te juro que jamás voy a divorciarme de ti, si es que aun no te ha quedado en claro.

— Primero debo preguntarle a Samanta.

— Hazlo. — rozó su nariz con la mía. — Mi amor por ti nadie lo va a cambiar, a si que debes estar tranquilo con respecto a eso.

— Ya lo sé, Tom.

— ¿Entonces? — iba a morir aqui mismo. Estaba respirando su aire porque estaba tan cerca de mi rostro que me enerva todo mi ser. — Jamás te seré infiel, porque eso no va conmigo y sé que tú también nunca me serías infiel.

Oh, Dios mío.

La culpa, el remordimiento y las ganas de retroceder el tiempo llegaron a mi cabeza tan rápido.

Me entraron ganas de acostarme solo en mi cama en posición fetal.

— Tom Kaulitz se comprometió delante del padre a amarte y respetarte. — me dió un piquito. — Nada más falta que sea oficial en la iglesia, para mayor seguridad.

— Tom. — volví a llamarlo dispuesto a decirle la verdad.

— ¿Qué? — se dejó caer sobre mi cuerpo para besarme en el cuello. Miré el cielo oscuro con una luna bastante bonita. Se veía la silueta del círculo pero solo estaba formado como una uña.

— Si te fui infiel. — Tom suspiró en mi oido, se alejó de mi cuerpo y lo vi levantarse. Me tendió su mano y la tomé para levantarme también.

— Eso no fue tu culpa, ¿si?

— Si lo fue, Tom.

— No, Bill… ese tipo que te hizo eso… — respiré violentamente. Me había olvidado de eso hasta que me hizo acuerdo.

Mierda, mierda, mierda.

— ¡Me follé a mi mano derecha, Tom! — le grité dandole un empujón. — ¿¡Entiendes!?

— ¿Q— qué…?

— ¡Lo que oíste! Por eso no quiero que me toques.

Como un cobarde salí corriendo dejandolo atrás. No quería ver más su rostro después de lo que le dije. Quizás si le hubiera explicado…

No.

No podía.

Mierda.

Ahora sí que me iba a dar el divorcio en serio, pero ni aun así me iba a divorciar de él. Lo amo tanto…

Pero a veces amar es dejar ir.

— Entonces no lo amo porque nunca le voy a dejar ir. — murmuré para mi mismo cuando llegué con los demás a la barra y consumí algunas copas yo solo.
Al pensar que eran suficientes copas empecé mi búsqueda con Samanta, quería que me saque de dudas de una vez.

— ¡Anneth! — le grité a la morena para obtener su atención y dejara de bailar con Misael.

— Hola de nuevo, Bill.

— ¿Dónde está Samanta?

— Me dijo que iría al baño.

Suspiré frustrado porque era mi casa y ni siquiera sabía dónde estaba el baño.

Mierda.

— Gracias por tu ayuda.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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