

Fic de WifesKaulitz. Temporada III
Capítulo 27
Me levanté de el suelo y lo ayudé a pararse. Aún estaba anonado por el golpe. Quería que se recuperara de una maldita vez y en caso de ser necesario…
Lo golpearía otra vez.
— El dinero no lo es todo, Tom.
— Lo es cuando quiero que mi esposo viva como una reina. — me sonrojé un poco, miré para cualquier lugar menos a él.
— ¿Cómo pretendes darme todo eso si te quieres divorciar de mi?
— Bill.
— ¡Sigue soñando, Tom!
— Bill. — me llamó una segunda vez.
— Porque no voy a darte el maldito divorcio, ¿entendiste?
— Bill. — una tercera vez.
— ¡Dime si entendiste!
— Sí, pero…
— A si que si te enamoraste o estás conociendo a alguien más ¡ve bajándote de esa puta nube, Tomás!
— ¡No estoy conociendo a nadie más! ¿¡Quién te dijo eso!?
— ¡Tu puto abogado!
— Ah… — se relamió los labios con una sonrisa. — No es cierto, te juro que no.
— ¿Entonces por qué lo dijo?
— Contraté a una asistente para que me ayudara en algunas cosas. — se acercó a paso lento hasta mi.
— ¿Cómo se llama la perra esa? — carcajeó suavemente, rodeó mi cintura con sus brazos fuertes.
Uh, que calorcito.
— Heidi… Agh, su apellido aún no me lo sé.
— Que feo nombre.
— Es mayor que yo por unos… ¿dieciséis años?
— Igual, esa tipa es una asalta cunas.
— Pero…
— Y tú un asalta asilos. — su risa aumentó al oir la forma en la que lo llamé. Pero a mi no me hizo ninguna pizca de gracia.
Al contrario.
Me dieron más ganas de romperle la boca.
— Quizás si tú me ayudaras, no necesitaría a nadie más…
— Mejor vámonos, estoy ansioso de conocer mi nueva casa. — me alejé de él un poco.
Todavía no le podía corresponder de la misma forma después de lo que hice.
Rodee el auto para subirme por la puerta del copiloto pero estaba cerrada.
— ¿Y tu nuevo auto? — miré el coche nuevo estacionado a la perfección.
— ¿Mi nuevo auto?
— Sí, ¿quieres probarlo?
— Oh, dios mío. — me emocioné mucho pero luego recordé que no sabía conducir. — Agh, no puedo…
— Cierto. — murmuró aplastando el botón del control del auto, este se abrió de inmediato haciendo que las luces de parqueo se prendan parpadeando. — Sube, hay que ir a casa de una vez.
Me subí al auto con emoción junto al chico de trenzas, al encender el auto lo hizo bramar antes de ponerlo a andar.
— Tom.
— ¿Qué sucede?
— Antes de ir a casa me gustaría ver a Simone.
Me miró durante unos segundos y volvió a ver al frente.
— Hmm, bueno… tampoco estamos muy lejos de su casa.
No le dije nada y abroché el cinturón de seguridad. Bajé la ventana. El viento golpeaba mi rostro, revolvía mi cabello despeinandome.
Agh.
— Servido.
Subí la ventana y me quité el cinturón, acomodé mi trasero en el asiento para mirarlo mejor.
— Me gustaría que me acompañaras.
— Lo siento, pero la última vez que vine a hacerle una visita no terminó muy bien… que digamos.
— ¿Y tus padres?
— Hasta ahora no saben donde vivo y mejor así.
— ¿Tu esposa?
— No lo sé. — suspiro. — Solo sé que aun no sabe que nuestro matrimonio no es válido. Créeme que estoy esperando ese momento ansioso.
— Pero yo si quiero que Simone sepa que estoy casado contigo.
— Bill. — puso su mano en mi pierna. — Solo las personas que realmente nos quieren deben saber eso… y no creo que tu madre esté entre esas personas.
Odiaba aceptarlo pero tenía toda la razón.
Mi madre fue la principal causante de mi desgracia y no se merecía que la volteara a ver.
Pero era mi madre…
— Espérame. — asintió, iba a tomar la manija de la puerta pero lo evitó jalandome hasta él.
Antes de que pudiera decirle algo, su boca ya estaba sobre la mía moviendose ganosa.
— Tom, no… — me alejé de él con brusquedad. Nos miramos varios segundos.
— ¿Por qué?
Callé.
Soy un idiota a veces.
¿Por qué me estoy comportando de esta forma? ¡Es mi marido!
Le había pegado pensando que iba a divorciarse de mi. No me ha dado ninguna señal de que lo quiere hacer realmente porque siempre habla pensando en los dos y yo solo lo rechazaba.
No señor.
— ¿Por qué? — volvió a preguntar con el ceño fruncido. — ¿Vas a em…
Interrumpí sus palabras ahora besándole también. Sonrió en medio del beso tan intenso que le estaba dando pero fue él quien me separó.
— Anda rápido, que cuando lleguemos a casa no quiero estar con una erección.
— Dios… — me reí.
Bajé del auto con las piernas temblorosas mirando la puerta de esta. Toqué al timbre esperando a que me abrieran. La puerta se abrió dejando ver a Gordon con una expresión de seriedad.
— Hola.
— ¿Qué haces aquí?
— ¿Puedo entrar?
— ¿Para qué? No creo que estés en condiciones de verla.
— ¿Por qué?
— ¿Te escapaste, Bill? — me encogí de hombros sin responderle.
— ¿Puedo entrar? — volví a repetir.
— Simone no está en casa.
— ¿Ah, sí?
— Sí.
Tom bajó la ventana de mi lado y miró a Gordon con una mala cara, luego a mi.
— ¿Pasa algo, Bill?
— No. Todo está bien. — entrecerró los ojos y volvió a subir la ventana.
— Ahora entiendo todo, ¡si te escapaste! — arquee una ceja. — Voy a llamar a la policía, ¡delincuente! — trató de cerrar la puerta pero no se lo permití.
— No Gordon, espera. — con una fuerza bruta logré tumbarlo y entré a la casa. Me tapé la nariz cuando el olor a orina de borracho aguarapada llegó hasta mi. La que era mi casa estaba empolvada, tenía algunas imágenes con el cristal roto, en la mesa de centro habían algunas botellas en pedazos y el líquido regado en ella.
Algunos de los muebles estaban rasgados y volcados.
No entendía ni una mierda lo que estaba pasando.
— ¿Dónde está mi madre?
Gordon se levantó con dificultad del suelo, me miró con ojos de asesino mientras se sentaba en el único sofá que no estaba rasgado.
— Gordon.
Mi padre se puso a llorar como un niño desconsolado. Causó una cierta lástima en mi.
— Simone huyó con Kaulitz, Bill.
— ¿Qué?
— Como lo oiste, me abandonó por irse con ese… tipejo. — se levantó del sofá caminando hacia mí, no me moví de mi lugar. — Y todo es tu culpa y la de Tom.
— ¿Por qué?
— Si no lo hubieras conocido seguiríamos siendo felices sin acordarnos de los Kaulitz.
Continúa…
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