

Fic de WifesKaulitz. Temporada III
Capítulo 2
— ¿Nuestros cuerpos saben? — pregunté mirando al techo mientras remojaba mis labios y terminaba mordiéndome la lengua. — ¿Cómo?
Me abrazó por la espalda poniendo sus manos en mi cintura y apegándose lo suficiente a mi cuerpo. Lo sentí completamente duro entre mis nalgas. Solté un suspiro recostando mi cabeza en sus hombros. Mordió con suavidad el lóbulo de mi oreja y mi cuerpo reaccionó de inmediato.
— Estoy asustado. — confesé dándome la vuelta para mirarle.
— ¿Por qué? — acarició mi mejilla con delicadeza, me veía de una forma tan única que no pude evitar darle un beso en los labios.
— Porque quizás ahora te portas bien y más tarde ya estemos discutiendo o luego te vas a ir a no sé donde dejándome preocupado.
— Ah. — se rió por lo bajo. Fruncí el ceño mirándolo con desagrado. — Los primeros días si iba en serio… después ya era por joderte.
— Idiota. — le di un golpe suave en el hombro, cayó sentado en el sofá jalando mi mano para que me sentara con él pero en sus piernas.
— Mirándolo desde tu punto de vista no fue tan mala idea el plan de secuestrarme.
— No estaríamos en estos problemas si hubieras aceptado escaparte por las buenas.
— Entiéndeme Billie. — acariciaba mi cabello sin dejar de mirarme. — Tenía mucho miedo de las consecuencias.
— ¡Las consecuencias serán peores ahora!
— No lo serán porque no volveremos, quiero quedarme contigo aquí. Solo tú y yo.
— ¿En serio? — me emocioné tanto que no pude ocultarlo, sonreía como un tonto de oreja a oreja ante lo dicho.
— Sí, Billie. — sonrió de la misma manera, nos miramos a los ojos por unos segundos antes de besarnos. — Y si es posible casarnos ahora mismo.
— Si quiero, si quiero. — lo besé aún más.
— Usted joven Bill, ¿acepta ser el esposo de este humilde hombre?
Sonreí con diversión.
— Acepto.
— Bien, ahora eres oficialmente Bill Kaulitz. — sonrió contra mis labios. — Nada más falta que lo haga oficial la iglesia o una hoja de papel.
— Te amo, Tom.
— Yo mucho más, señor Kaulitz. — me besó con mucha intensidad. Sentía que el corazón se me subió a la boca de lo feliz que estaba.
Me acomodé para quedar frente a frente con mi novio y besarle mejor. Coloqué ambas manos alrededor de su cuello y las suyas se colaron en mi cintura bajando un poco más…
— Joven Bill… — la voz de María nos hizo separar a ambos con una sonrisa cómplice. Me levanté de las piernas de mi novio con una sonrisa para atenderla.
— Voy a darme un baño, Billie. — se levantó de su asiento, me dió un beso en la mejilla y se despidió de Mari antes de desaparecer.
— Joel…
— Espera. — coloqué mi mano en su boca para callarla. — Primero que nada quiero que vayas ahora mismo y me busques a alguien para que me case con mi novio.
— ¿Qué? ¿Pero dónde?
— ¡No lo sé! — exclamé feliz. — Eh, pero que todo sea en secreto… ya sabes.
Asintió con una sonrisa.
María estaba al tanto de lo que sucedía con detalle entre Tom y yo; más aun cuando en los periódicos de cada mes seguía saliendo la foto de mi novio con la frase de «Se busca» y que ofrecerán recompensa a quienes lo lleven sano y salvo.
Había que andarse con cuidado…
— Haré lo que pueda, pero sabe que todo se moviliza con…
— Eso es lo de manos. — agarré sus manos para darle un beso en ellas. — Te voy a agradecer en esta vida y la otra si lo haces o si necesitas dinero.
— No mi niño. — me sonreía con amor, como cuando mi madre me miraba orgullosa. — Será todo un placer para mí.
— Gracias, en serio. — le di un beso en la mejilla y la obligué a sentarse a mi lado. — Ahora si dime.
— Hasta ya se me olvidó… — ambos nos reimos. — No, ya… Lo tengo en la punta de la lengua. — se colocó la mano en la boca mirando al suelo. — ¡Ya! Joel requiere de su presencia en las caballerizas.
— Dios mío, que difícil. — nos reimos al mismo tiempo. — No te olvides de lo que te pedí, por favor. — le di un abrazo antes se irme.
Las caballerizas quedaban como al otro extremo de la casa y tenía que caminar un montón hasta ahí. Mientras caminaba recordaba a mi caballo, no sé si aún estaba vivo…
Era uno hermoso de pelaje blanco pero que aún estaba pequeño cundo Gordon me lo regaló. Se preocupó demasiado por enseñarme a montar el suyo que aprendí a la perfección y estaba dispuesto a enseñarle mis aprendizajes a mi futuro marido.
— Mi futuro marido…
Sonaba demasiado bien saliendo de mi boca.
— ¡Bill! — Joel alzó su brazo haciéndome señas, corrí un poco más hasta llegar a su lado. — No hay mucho de que preocuparse.
— ¿Ah, sí?
— Sí, los caballos están muy bien cuidados, los revisé uno por uno con mucha precaución y no he visto nada.
— Eso es bueno. — sonreí mientras me acercaba a acariciar el caballo café de nombre «Duncan».
— Ese será mi caballo por un tiempo, ¿no hay problema? — me preguntó acariciándolo también.
— Es todo tuyo.
— Siento que los dos hicimos mucha conexión, como el amor a primera vista. — hizo un roce de su mano con la mía, en seguida la aparté con disimulo.
— ¿Recuerdas cuál es mi caballo?
— Claro. — tomó mi mano y me jaló hasta casi llegar al final de las caballerizas. — Es el único caballo blanco.
Me acerqué sintiéndome enamorado del enorme caballo blanco, su nombre era «Pumba» y al acariciarlo cerró los ojos como si me hubiera reconocido al instante.
— Si te recuerda. — se sorprendió mucho. — Es raro que los caballos se acuerden de sus dueños.
— ¿Lo puedo montar?
— ¿A mí?
— No, al caballo. — bufé rodando los ojos y continué acariciando a mi caballo.
— Un ratito más, recién les di de comer y no creo que sea bueno que haga esfuerzo ahorita.
— Oh. — estaba encantado mirando el caballo que se dejaba tocar el pelaje gustoso. — Me gustaría enseñarle a Tom a cabalgar.
— ¿A poco los raperos tienen interés en los caballos?
— No es rapero, Joel. — dejé de darle atención a mi caballo para mirarlo. — Que se vista así no quiere decir que sea uno.
— Yo nomás decía…
— Pues no.
Continúa…
Gracias por leer. Te invitamos a comentar 😉