3 It’s Billie Bitch 17

Fic de WifesKaulitz. Temporada III

Capítulo 17

— ¿Qué estás revisando, Tom?

Abrí la carta de un sobre amarillo que decía con letras grandes «Señor Kaulitz» y efectivamente era la letra de Bill. Sin darle más rodeos empecé a leerla.

No me preocupaba mucho porque al parecer mi padre ya la leyó.

«Señor Kaulitz, tengo el desagrado de darle un poco de mi valioso tiempo escribiendo esta carta solicitando de la manera más gentil y educada: pueda visitarme en cuanto pueda. Sé que el lugar al que debe venir no es para personas como usted pero le interesa más de lo que cree.

Lo estaré esperando en el lugar dónde usted se encargó de mandarme.

— B.K.

Sonreí divertido leyendo la carta y guardándola en el lugar donde estaba.

¿Qué tanto planeaba, Bill?

.

-Dos semanas después-

— Acepto. — dije finalmente al juez mientras firmaba la hoja de papel con una sonrisa.

— Los declaro marido y mujer, ya puedes besar a la novia.

Entonces hice un amague de besarle la boca pero solo fue en la mejilla. Me miró desconcertada a si que antes de que pudiera decirme algo la voltee abrazandola por la cintura y sonreimos mirando al monton de invitados que habían en mi casa. Estos aplaudieron con felicidad mientras nos miraban.

Mi madre corrió llena de lagrimas a abrazarme.

— ¡Felicidades! ¡Al fin eres un hombre de bien! Hecho y derecho, hijo.

Me relamí los labios. Me acomodé la bandana blanca que traía en la cabeza cubriendo mi frente.

— Te felicito mucho, Dome. En serio espero que ese hijo haga cambiar a Tom.

— Gracias señora Lí.

— No de nada.

— ¡El primer paso ya está hecho!

— ¿Por qué? — preguntó mi «esposa» con curiosidad.

— ¡Se ha quitado las horribles rastas que tenía!

¿Horribles?

Joder.

Si era lo único que mojaba a las chicas cada que iba a un centro nocturno y me las ligaba.

Las extrañaré mucho.

— No diga eso señora Baccardi, a Tom le quedaban perfectas las rastas.

— Si tú lo dices…

— A todo esto, mamá, ¿dónde está tu marido? — pregunté mirando a la multitud de personas ahí.

— No lo sé… sabes muy bien que ese hombre se va sin decirme nada.

.

Mientras tanto con el papá de Tom:

— Que esté aquí no significa que haya aceptado venir, más bien lo hice por echarte en cara algo.

— No me importa. Iré al grano.

— Bien, te escucho.

— Quiero que quite la maldita denuncia por secuestro.

— ¿Si no quiero qué?

— Buscaré la manera con los medios de comunicación para hablar abiertamente de la clase de persona que es él importantísimo político y señor Kaulitz.

— ¿Ah, sí? — preguntó incrédulo.

— Sí. — afirmé con seguridad.

— No fui yo quien puso la denuncia a si que estás hablando con la persona equivocada.

— Pero si fue usted quién me golpeó mandandome a un maldito hospital gracias a las heridas de mi cabeza. — lo apunté con mi dedo índice. — Quien debe estar en mi lugar ¡es usted! no yo.

— Las palabras de un maldito marica no me intimidan.

— Sus amenazas tampoco me intimidan a mi, señor.

— Bueno… — sonrió con maldad. — Estés aquí adentro o afuera ya no podrás hacer nada para que Tom voltee a mirarte.

Lo miré con el ceño fruncido.

— ¿Quieres saber por qué?

— No me importa… ya le dije.

— Te lo diré de todas formas. — sacó su móvil de pantalla táctil y me indicó una foto de Tom junto a Doménica. — Tom se casó con la que ahora es su esposa y tú quedaste en el olvido. — hizo un puchero con más maldad. — Owww, el pobrecito Billie quedó en el olvido.

— Eso no es cierto.

— Oh, si que lo es.

— Tom me ama.

— ¿Por qué estás tan seguro de ello?

— Porque… — y me callé cuando me di cuenta que estaba a punto de cagarla. No le diría nada.

— Entonces tengo razón, ni tu mismo lo sabes.

— Yo no estaría tan seguro de eso.

— ¿Por qué no? — los dos nos miramos a los ojos por unos segundos.

.

Mientras tanto con Tom:

— ¡Cinco, cuatro, tres… — gritaban las personas en cuenta regresiva ansiosos de saber el sexo del bebé. — dos… uno…!

Y exploté el globo haciendo que el papel crepé negro saliera floreado en el suelo. Todos los invitados miraban con el ceño fruncido el color junto con Doménica. Me bajé de la silla gracias a la ayuda de Gustav quien me extendió su mano amablemente.

— Tom, ¿qué significa esto? — preguntó mi nueva esposa en un murmullo. La miré con el ceño fruncido devolviendola con otra pregunta.

— ¿En serio no lo sabes?

— No…

— Te daré tres segundos para que me digas la verdad, Dome. — acaricié su cabello con calma. — Empieza ahora… tres.

— No entiendo.

— Dos…

— ¡Tom! — gritó nerviosa, escandalizada y diría también que a punto de hacerse pipí.

— Uno… — seguí mirandola con diversión.

— ¡Yo no sé nada! — gritó a punto de llorar.

— Georg, hazme el favor.

.

Mientras tanto con Bill:

— Mejor hablemos de la relación que tiene con mi madre.

— Oh, la linda y tierna Simone.

— La misma.

— Bueno, tan solo se enamoró de mí como la chacha que tienes en tu casa en Berlín…

— ¿María? — pregunté con interés.

— ¿Aun no te ha contado?

— ¿Qué debería contarme?

— Probablemente seas mi hijo y lo que estas cometiendo con Tom es incesto. — cambió de tema de una forma tan fácil.

— No es cierto. Mi madre asesinó a su hijo en un arranque de ira gracias a usted.

— Estás muy bien informado.

— Mucho más de lo que parece, señor.

— Esa boquita en cualquier momento voy a mandarla a callar.

— ¡No te tengo miedo, Kaulitz!

— Deberías.

A si dispuesto a no seguir me levante dandole una última mirada antes de decirle.

— Solo piense en lo que le dije, maldita sea.

.

Mientras tanto con Tom:

— ¡Espera! — le gritó a Georg quien forcejeaba de una manera brutal con Doménica.

Pero él era más fuerte.

— ¿¡De qué se trata este jueguito, Tom!? — chilló Mónica dandome una cachetada. A si que con más ganas lo hice.

— ¡Damas y caballeros! — me subí a la silla que estaba subido anteriormente. — Cinco grandes a la persona que adivine lo que está sucediendo en este momento.

— ¡Yo! — levantó la mano mi primo por parte de mi madre.

— ¿Siiiií? — pregunté en un tono cantadito. Amaba ver a las cámaras fotografiando y grabando el momento.

— ¡Un show extra para la revelación del bebé!

Pero que idiota.

— No. — sonreí. Cansado de el jueguito este me bajé y le quité la almohada de una vez por todas de la pancita de Doménica dejándola en ridículo. — ¡Nos mintió! Nunca estuvo embarazada.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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