

Fic de WifesKaulitz. Temporada III
Capítulo 14
By BILL
— Desnúdate y quiero que entregues todas tus pertenencias aquí. Te serán entregadas en la misma caja cuando salgas de aquí. — habló la chica mientras escribía algo que no logré ver. — ¿Cuál es tu nombre?
— Bill… Bill Trümper. — dije mientras comenzaba a quitarme la ropa con vergüenza.
La chica me miró arqueando una ceja.
— No me mientas. — tecleó un par de cosas en su computadora. — Ese es tu apellido de soltero y tú no estás soltero.
Me mordí el labio inferior ocultando una sonrisa. Era cierto ¡yo no soy soltero!
— Bill Kaulitz. — me quedé en boxers y le dí toda mi ropa, incluso la carta que traía en los boxers.
— Los anillos también.
— ¿Qué? — pregunté con cierta tristeza. Nunca me los había quitado ni siquiera para bañarme.
— Los anillos, rápido. — extendió su mano. Me quité los anillos y le di con una mala cara. — Por el cabello no te preocupes, aquí mismo tus compañeros se encargarán de raparártelo si te portas mal.
Mierda.
— Voy a revisarte, ¿está bien? — asentí lentamente. Se colocó un par de guantes azules. Comenzó a tocar mi cuerpo revisandome detalladamente pero no entendía que buscaba si estaba desnudo a excepción de los boxers. Metió su mano y apretó con suavidad mi entrepierna haciendo que me retorciera de la vergüenza y la mirara sonrojado. — Abre la boca. — obedecí mientras miraba al techo. — No sabes lo cachonda que me ponen los hombres con una perforación en la lengua… es tan excitante cuando te hacen un oral. Se siente muy rico… me imagino a tu novia cuando le hagas sexo oral. — sonrió con un toque de picardía y anotó nuevamente en su computadora. — Puedes seguir por esa puerta.
— Gracias.
— Ojalá que cuando salgas nos volvamos a ver y tener… ya tu sabes. — me tiró un beso volado mientras yo la miraba arqueando las cejas. Empecé a caminar abrazandome a mi mismo para suavizar el frío que comenzaba a sentir.
— Tu debes ser el nuevo, ¿no? — asentí mirando el desagradable uniforme negro con una raya blanca a los lados. — Esta debe ser tu talla. — agarré el uniforme y comencé a probarmelo, estaba bien a mi talla pero algo flojito. Aún así me lo quedé. Volví a sacarme y lo coloqué en la funda.
— Ese está bien…
— Perfecto. — puso otros tres más encima del que me probé. — Los tienes que lavar tu mismo, se te darán horarios para que lo puedas hacer y lo uses. También hay una tienda en frente donde tu familia puede hacerte depósitos para que compres algo extra o ellos mismos te los traigan.
— ¿Y ya?
— Las duchas están por allá. — señaló las puertas blancas mientras ponia mi ropa en la canasta. — Que tengas una buena estadía.
Me rasqué la cabeza frunciendo el ceño, seguí caminando hasta las duchas resbalandome un poco en las baldozas mojadas que estaban ahí. Vi a un policía esperandome con una manguera y comenzó a bañarme como si se tratara de un auto.
Estaba ahogandome y el agua completamente fría, me tiró un balde de agua jabonosa y siguió tirandome agua de la manguera para quitarlo todo.
— Listo. — sonrió con satisfacción. — Cambiate rápido aquí. — señaló el vestidor sin puerta y caminé hasta el con más cuidado. Asenté la canasta del uniforme que creí mojado pero no lo estaba y agradecí mucho por ello. Empecé por sacarme el boxer mojado y ponerme el nuevo que me dieron ahí junto con el uniforme y a colocarme el nuevo, luego lo demás terminando por las botas negras y ya estaba listo.
Seguí al oficial adentrandonos por unas escaleras hasta llegar al segundo piso y lo único que quise es salir corriendo a refugiarme en los brazos de Tom.
Era tan horrible, tenebroso y mal oliente el lugar que me apegué al policía casi pisandole los talones. Hacía mucho frío en este lugar.
— Esta será tu casa desde hoy. Solo sigue lo que hacen tus compañeros de celda. — abrió la puerta dejandome entrar en ella. — Deja tus cosas y mueve tu trasero para llevarte hasta el patio, es hora libre. — asentí dejando mis cosas en la pequeña mesita que había ahí llena de rasuradoras, crema de afeitar, jabón lleno de pelos, crema de cuerpo, ¿lubricante?
Salí del lugar y bajamos por las escaleras contrarias que daban la vista al patio lleno de presidiarios haciendo actividades entretenidos.
— Suerte.
Y se marchó.
Miré a todas esas personas mientras caminaba a sentarme en las escaleras más cercanas junto a un tipo de muletillas que leía una revista. Este me miró con una sonrisa cerrando las hojas de papel dandome toda su atención.
— ¿Eres nuevo?
— Sí… — murmuré con tristeza.
— ¿Robaste? ¿Mataste? ¿Violaste? ¿Secuestraste? ¿Extorsionaste?
— Ninguna de ellas… soy inocente.
— ¿Entonces? — sus ojos casi negros analizaron mi rostro. — Podría jurar que vi tu rostro en los periódicos.
Empezó a buscar entre toda la fila de cuadernillos y hojas sacando un periódico algo manchado.
— Ah, no. Ese tipo se llama Tom Kaulitz y está secuestrado. No sabes la cantidad de dinero que ofrecen por él y yo encerrado aquí pudiendo buscarlo para ganarme toda esa lana, hijo.
No dije nada y centré mi vista en el hombre calvo que se acercaba hasta donde yo estaba sentado.
— Al fin tenemos el gusto de conocerte. — sonrió con perversión.
Estaba asustado y con mucho miedo.
— Ruso, no molestes.
— ¡Cállate tú, Gael! — el mencionado agachó la cabeza con miedo y yo seguía mirando al tipo.
Tenía tatuajes, perforaciones exageradas en el rostro y un cuerpo bastante robusto.
— Este es el tipo que secuestró al hijo del político Kaulitz. — le susurró un hombre mulato de cejas gruesas.
— ¿En serio? — preguntó sorprendido. — Con la carita que tiene ni parece.
— ¿Seguro eres hombre? ¿no se equivocaron de prisión?
No respondí.
— ¡Te hicieron una pregunta! — gritó muy cerca de mi rostro haciendome sobresaltar.
— Eh, sí… — me aclaré la garganta. — Ehm, soy Bill. — extendí mi mano amablemente para no ser grosero pero el solo la miró ignorando por completo la acción que hice.
— Bill marica para los amigos. — estalló en carcajadas con los tipos que estaban a su detrás.
Bufé cruzandome de brazos y arqueando una ceja mientras lo miraba.
— Uy quietos. — calló a sus amigos. — Bill marica se enojó.
— Vamos a darle su bienvenida. — se lanzaron sobre mi para agarrarme y tampoco puse resistencia. Gael me miró con horror y solo miré al suelo esperando a que hagan conmigo lo que se les de la gana.
No era nadie aquí.
Desde que llegué perdí las esperanzas y las ganas de vivir.
Continúa…
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