

Fic de WifesKaulitz. Temporada III
Capítulo 12
Para: Billie❤️
Puede que no hayas sido mi primera pareja, pero fuiste el primero en muchas cosas, el amor que siento por ti no se compara con el de ninguno, pase lo que pase te seguiré amando.
También te prometo encontrar una solución para sacarte de ahí y tenerte conmigo otra vez.
Siempre tuyo…
Tom.
.
— Joder. — suspiré cerrando la carta y guardandola en el elástico de mi boxer. Han pasado algunos días desde que no veía en sol y empezaba a frustrarme demasiado.
El abogado que mi madre me contrató no estaba ayudando en nada y tampoco me inspiraba la confianza suficiente para confesarle algo. Quizás y era alguna trampa suya junto con el señor Kaulitz para hundirme.
A estas alturas ya no sabía que era bueno y que no.
Había establecido una amistad con el oficial que estaba de guardia por las noches a si que no me aburría tanto. Platicabamos de cualquier tontería que se nos pasaba por la cabeza y reiamos.
Gracias a él logré comunicarme con Tom unas tres veces en toda mi estadía aquí. Me comentó que buscaba la forma de contratarme un abogado con experiencia para que me ayudara pero ya no quedaba tiempo.
Mañana sería la audiencia para saber lo que pasaría conmigo aquí.
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By TOM
— Te pagaré lo que quieras con tal de que ayudes a Bill.
— Ya te dije que no quiero problemas con tu padre, es un tipo con el que hay que andarse con cuidado y no.
— Le agregaré otros mil a la propuesta.
— Tom.
— Dos mil.
— Eres mi amigo y todo pero…
— Tres mil.
— Agh. — tomó un largo sorbo de su trago y me miró. Gustav le sirvió otro poco más a su copa y se la volvió a tomar. — Creo que es suficiente para cuando ganemos el juicio… yo pueda escapar, ¿cuando es?
— Mañana.
— ¿¡Mañana!? — preguntó alterado.
— Sí, ¿cuál es el problema?
— Mañana mejor lo visito en la cárcel.
— Ese es el puto problema. — me levanté de la silla molesto. — Bill no puede pisar una maldita prisión, es mucho para él y no va a soportarlo.
— ¿Y qué?
— ¡Mi esposo no está hecho para estar en un lugar así, Rafael!
— ¿Tu qué? — preguntó mi mejor amigo con una sonrisa ante lo que dije. Bufé y volví a sentarme en la silla mirando a las dos personas que estaban conmigo.
— Ha dicho que su esposo no es apto para un lugar de esos. — sonrió burlón junto a Gustav.
Una sonrisa se dibujó en mis labios recordando la locura de amor que hice junto a él…
— ¡Carajo Tom!
— ¿Qué? — acomodé mi gorra tratando de ocultar la sonrisa de enamorado en mi rostro.
Uh. Era demasiado tarde.
— Bill no es tu esposo… ¿o sí?
— Pon tu mente a imaginar un poquito, Gustav.
— De ser así me sentiría muy honrado de ayudar a tu esposo, Tom.
— A si no fuera mi esposo tenías que ayudarlo si o sí.
— Quisiera verlo y que me contara un poquito de lo que pasó…
— ¡Ya te conté lo que pasó! ¡Solo debes estudiar, mentir y convencer al juez para que lo deje libre!
— Como si fuera fácil.
— Entonces págale al juez. — propuse con tranquilidad.
— ¿Pagarle? ¿Estás idiota?
— No. Estoy e, ene, a, eme, o, ere, a, de, o: enamorado.
— Mierda.
— Has lo que tengas que hacer. — me levanté dejando la mitad de la cantidad de dinero que le ofrecí con un extra para pagar la cuenta. — La otra mitad te la daré cuando Billie esté afuera en Paris conmigo disfrutando la luna de miel que ambos merecemos lejos de toda esta mierda. Vamos Gustav.
Ambos salimos del local de comida rápida para dirigirnos a su auto.
Yo no usaba el mío porque estaba en casa de mis padres y desde que llegué no he hecho más que dormir en la casa de Gustav con la excusa de que no lo he visto… aunque era porque prefiero estar más con él que con mi familia porque al rubio si lo consideraba mi hermano.
— ¿A dónde vamos?
— ¿Qué hora es?
Miró su reloj y volteó a verme. — Son las veintiun horas treinta.
— A la comisaría que está detrás de la panamericana, quiero ver a Bill.
— ¿En serio? — preguntó con una chispa de molestia en ella.
Asentí con lentitud.
— ¿No te prohibieron verlo, Tom?
— Mierda, Gustav. Estoy malditamente desesperado por verlo y abrazarlo un rato. Quiero que me entiendas un poco.
— Me preocupo por ti.
— Si de verdad te preocupas por mi entonces llevame a donde te pido. — me recosté en su asiento. — Bill es mi felicidad le guste a mis padres o no.
— Tom…
— Shhh. — lo callé colocando mi mano en su brazo. — Si no me llevas me iré caminando.
Gustav no dijo nada más y puso a andar el auto a donde le pedí. Ambos ibamos en silencio. Estaba ansioso de ver a Bill y besarle hasta no poder más.
También quería ver su carita, ese rostro tierno e inocente tanto que dolía.
Cuando el auto se detuvo en el lugar no le di tiempo a Gustav de estacionar el auto bien. Me bajé al vuelo corriendo hasta el lugar; la comisaría.
— Joven Kaulitz, que sorpresa. — habló el agente mirandome mientras fingía sorpresa. — ¿Qué se le ofrece?
— Diez grandes para que me dejes ver a Bill.
— ¿Diez grandes? No entiendo lo que quiere decir con eso, joven. — coloqué mi mano en su nuca acercandolo hasta mi rostro.
— Solo un hombre enamorado haría cualquier cosa por la persona por la que uno siente cosas, ¿no?
— Ehm, sí. — lo alejé de un empujón y metí la mano al bolsillo sacando el dinero que tenía.
— Le estoy ofreciendo diez grandes que es más de lo que gana aquí solo por dejarme ver a Bill. — empecé a contar los billetes en su cara. — ¿Qué dice?
— S- sí. — balbuceó mirando los papeles de mi mano. Extendió la suya tratando de agarrar los billetes pero los aparté dandole con los mismos en el rostro.
— Primero quiero verlo.
— Pero…
— Shhh, me interrumpes. — le di otro golpe con los billetes. — Una cosa.
— ¿Qué?
— Nadie debe enterarse que estuve aquí, ¡ni siquiera mis padres! por que ¿sabes lo que significa eso?
— N-no…
— ¡Matarían a un ser inocente por tu culpa! ¿Quieres cargar con esa culpa toda tu vida?
— Y-yo…
— Oh, eso pensé. — sonreí guardando los billetes. — ¿Por dónde?
— Al fondo.
Solté un suspiro y comencé a caminar con todas las ganas del mundo esperando ver a Bill quien solo estaba a unos pasos de mi.
Continúa…
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