

Fic de WifesKaulitz. Temporada III
Capítulo 11
— Mierda. — murmuró su padre apartando al oficial que seguía de pie. Entonces el señor Kaulitz le dió un golpe a Tom en la boca haciendo que gire el rostro por inercia. Pero aún así no me soltó. Más bien con la mano libre que tenía le devolvió uno con más fuerza a su padre rompiendole la boca y la nariz.
Si no fuera un momento tan serio me hubiera echado a reir por la situación de ver a Tom golpeando a su padre.
— ¿¡Qué esperan!? ¡Llevenselo!
Él policia roció gas pimienta en los ojos de mi contrario y dos más corrieron a sujetarlo de los brazos junto con otros dos para mi obligando a que soltara su agarre pero yo tampoco quería soltarlo.
Simplemente no podía.
— ¡Suelta!
— No. — volvió a decir Tom parpadeando repetidas veces. Sus ojos estaban rojos y llorosos por el gas pimienta.
¿De dónde sacaba Tom tanta fuerza después de eso?
— Tom, ayudanos por favor. — habló el tipo de smoking. — Los secuestradores tienen que estar en la cárcel y él, es uno de ellos.
— ¡Bill no es ningún secuestrador! — gritó la morena en lagrimas.
— Lo es… lo ha enamorado y ahora que tiene que pagar las consecuencias estamos en estos problemas.
— Bill. — sollozó Tom al ver como su mano empezó a resbalarse y abandonar la mía.
Era el momento.
— Se acabó, Tom.
— Bill…
— Esto estaba a punto de pasar.
— No me digas eso, por favor. — ahora si se quebró empezando a llorar sin control.
— Adiós Tom. — solté nuestras manos para dejarme esposar porque mientras más me resistía se ponía mucho peor y no ayudaría.
Empezaron a sacarme rodeado entre todos los policias con Sam y su novia detrás de mi.
— ¡No Bill! — gritó Tom nuevamente corriendo hasta mi pero ya no le dejaron acercarse. Estiró su mano para tocarme. No le hice caso y seguí con la cabeza baja mientras lloraba. Nos subieron al auto y lo pusieron a andar.
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— ¡Bill! — gritó mi madre haciendo que levantara la cabeza y la vea. — Hijo…
— Mamá. — me levante emocionado de verla, dejando de lado cualquier emoción negativa. — Que bueno verte.
— Perdónenme por favor. Sé que no debí hacerlo pero me preocupé demasiado.
— ¿De qué estás hablando? — pregunté interesado. Coloqué mis manos en ambos barrotes.
Mis compañeras se acercaron de la misma forma junto a mi.
— Sam, hija…
— ¿Qué quieres?
— Yo…
— ¿Tú qué, Simone?
— ¿Cómo los encontraron? — preguntó preocupada.
— Mediante el móvil… no sé como pasó si en ningún momento lo guardé. — habló de la forma más seca y cortante.
— Según Samanta no recuerda haberlo puesto en su maleta. — Anneth se cruzó de brazos molesta mirando a mi hermana.
— Fue por mí. — confesó mi madre temerosa.
— ¿Qué? — preguntamos los tres al mismo tiempo del otro lado.
— Yo le pedí al chofer de tu auto que metiera el celular en una de las maletas para que lograran localizarlos…
— ¿Cómo? No entiendo. — preguntó la morena más tranquila que los dos. — Explíquese bien.
— ¡Que el celular no es de Samanta, si no mío! Pagué al chofer para que lo metiera entre sus maletas y…
— No sigas más.
Me quedé procesando sus palabras mientras la miraba sin mostrar ninguna expresión que denotara lo que sentía.
Caminé nuevamente a mi asiento medio ido.
— ¿¡Estas idiota o qué!? — le gritó Samanta tratando de agredirla pero ella solo se alejó llorando.
— ¡Soy una madre preocupada por sus hijos, Sam!
— No quiero verte, Simone. — escupí mis palabras con odio desde donde estaba sentado.
— Bill… — sollozó.
— No hiciste nada más que joderme la vida, ¿no lo vez?
— Estaba preocupada.
— Que te vayas dijo.
Un policia entró a la celda golpeando los barrotes de las mismas haciendome sobresaltar.
— Las señoritas pueden irse, no hay ninguna demanda en su contra. Pero tú. — me apuntó a mi con su porra. — Tú si te vas a quedar refundiendote en lo más profundo de esta mierda.
Abrió las puertas de la celda. No miré a Sam y tampoco a Anneth. Estaba dolido, arrepentido…
Quizás si no les hubiera consentido que se quedaran más tiempo yo no estaría lejos de Tom y él tampoco lo estaría de mí.
Ambas chicas se acercaron a mi para abrazarme pero no les respondí de la misma forma, quería que se vayan de una buena vez. Me sentía mucho peor ahora.
— En la recepción encargué un par de cobijas, ropa limpia y comida para ti, Bill… No sé cuanto tiempo estarás aquí pero te aseguro que no mucho.
— Solo vete…
— Probablemente venga tu abogado a hablar contigo y quiero que digas la verdad.
— Ajá.
— Por favor.
— Cómo sea, solo vete. Mierda.
— Te amo, Bill. — fue lo único que dijo mi madre antes de irse.
Suspiré recostando mi cabeza en la pared y cerrando los ojos mientras recordaba lo bien que pasé con mi esposo antes de esta maldita desgracia.
¿Por qué cada que teníamos la oportunidad de querernos… pasaba algo con nosotros?
Otro suspiro salió de mi boca.
Las lagrimas ya no me salían porque desde que llegué aquí no he parado de llorar y culparme de lo que pasó. Ojalá hubiera sido más valiente para escaparme con él cuando tuve la oportunidad pero nunca acepté.
Por necio.
— Hola. — saludó un oficial diferente al anterior. — Ya hice la requiza necesaria y aquí están las cosas que dejó tu mamá. — me acerqué con miedo a recibir las cosas y las coloqué en la banca que estaba ahí.
— Gracias.
— De nada… — me sonrió aún mirandome. Se quedó un buen rato analizando mi rostro.
— ¿Pasa algo? — pregunté en tono pausado.
Quizás lo iba a tomar a mal por la forma en la que se lo dije pero solo volvió a sonreirme.
— No. Bueno sí. — entró a la celda y la cerró para estar en frente de mi. Sacó un sobre de papel de su bolsillo y me lo dió. — Mi compañero me pidió que la tire porque le dieron la orden de que tú no recibas nada que tenga que ver con el hijo de los Kaulitz y tampoco lo puedes ver.
— Maldición. — murmuré mirando a cualquier lado menos a él.
— ¿En serio lo secuestraste? — negué con la cabeza sintiendo más ganas de llorar. — Ya decía yo.
— ¿Qué? — pregunté mordiendome la lengua.
— Esa carita de niña inocente no puede hacer algo tan… malo.
¿Soy yo o estaba coqueteando conmigo?
— No soy una niña. — me reí sentandome en la banca. — Soy un hombre enamorado de la persona equivocada y ya.
— ¿Te doy un consejo?
— Por favor.
— A veces, hay que olvidar lo que ha pasado, apreciar lo que tenemos y esperar lo que venga después.
— ¿Qué? No entendí…
— Yo tampoco pero espero que te sirva de algo.
Continúa…
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