2 It’s Billie Bitch 39

Fic de WifesKaulitz. Temporada II

Capítulo 39

Ni siquiera parecía estar feliz de verme, bufé caminando a buscar otra cerveza lejos de él con Georg a mi detrás ignorando por completo a Gustav que se quedó embobado mirándolo.

— ¡Me ha ignorado, Geo! ¡Ya no me quiere! — tomé la cerveza como si estuviera sediento.

— Que eso no te arruine los planes, cariño. — animó Georg pasándome otra bebida, chocamos las latas y volvimos al lugar con los demás.

— ¡Bill! — me llamó Heydan caminando con dos mujeres de poca ropa. Una de cabello negro corto y buen cuerpo y la otra; de cabello largo, mulata e igual buen cuerpo. — Ella es Paola. — le besó a la pelinegra. — Y ella es Alice.

— Hola guapo. — Paola se acercó a mi descaradamente a mi, me puse demasiado nervioso. Georg había desaparecido con la mulata y ni cuenta me dí.

— Eh, hola…

— ¡Rápido Bill! — me dió un empujón acercándome más a la pelinegra. — A Tom ya le dimos la suya.

— ¿La suya?

— Sí. — se mordió el labio. — Es una rubia de buenas pechugas, hijo.

¿Celoso?

¿Quién?

Oh, sí.

Yo.

Entonces atraje a Paola entre mis brazos y caminé hasta un asiento vacío en frente de Tom, la senté en mis piernas y la besé descaradamente bajando mi mano para acariciar sus piernas sin ser grosero.

— Cuidado te la comes, Bill. — se burló Tom tratando de ocultar lo evidente, hice contacto visual con el sin ninguna reacción en mi rostro mientras nuestros compañeros se burlaban del comentario que hizo.

— ¡Bueno, bueno ya! — habló Julián apagando las luces led y encendiendo unas de colores de discoteca. La música la pusieron a más volumen y todos se pusieron a bailar.

Cuando se cansaron de hacerlo hicieron juegos para no aburrirse en los cuales yo no participé porque no me llamaban la atención lo suficiente como para hacerlo, yo estaba sentado a un lado con Paola hablando de cualquier tontería y riendo porque las cervezas nos afectaron hasta un punto impresionable.

— ¿Quieres ir a un lugar más privado? — me susurró al oido cambiando de tema, le di el último sorbo a mi lata y la tiré a donde sea. Me levanté ~ agarrando otras dos latas más en mis bolsillos ~ y tomé la mano de Paola hasta perdernos por las escaleras y entrar a la primera habitación pero estaba ocupada, seguimos hasta encontrar una disponible y entramos.

Nos besábamos con desesperación mientras caminábamos hasta llegar a la cama, la recosté yo estando sobre ella sin cargar mucho el peso en su cuerpo. Buscó mi mano y la guió a su entrepierna. Con temor la toqué. Abrió más sus piernas y adentré tocando su punto débil.

— Joder, me descuido un momento y ya estás aquí. — Tom me alzó sin mucho esfuerzo como si se tratara de una pluma alejándome de Paola.

— ¿¡Qué te pasa!? — le grité dándole un manotazo en la espalda fingiendo molestia.

En realidad estaba muy contento de que haya venido.

— Linda, ¿me dejas a solas con mi EX novio? — hizo énfasis en «ex». La chica me miró confundida y sin decir nada salió casi corriendo.

Tom se giró para verme y le solté un manotazo que detuvo fácil, me apegó a su cuerpo haciendo que todos mis nervios salieran a flor de piel. No me resistí más y me lo besé con todas las ganas del mundo.

Lo tiré a la cama con fuerza y no le hice esperar, me quité la ropa quedando en la hermosa lencería que compré especialmente para él y me subí en su cuerpo.

— Mierda. — susurró contra mis labios para continuar con el beso y tocándome a su antojo.

Esta si era la despedida de soltero que Tom se merecía…

No sé por cuanto tiempo estuvimos besándonos pero ambos teníamos una erección que dolía restregándose entre sí. Me separé con lentitud mirándole a los ojos con una sonrisa, bajé mis manos hasta sus pantalones para bajar lo suficiente junto a los boxers para masturbarle.

— Me vuelve tan loco que uses esa ropa. — acarició mis piernas ascendiendo hasta tocar la tela de la diminuta tanga que usaba. — Pero me vuelve más cuando estás sin ella. — entonces me volteó para quedar sobre mi y romper lo que le estorbaba.

Abrió paso entre mis piernas juntando su masculinidad sobre la mía para masturbarnos al mismo tiempo, cerré los ojos disfrutando de la sensación tan maravillosa que me estaba dando.

— Hmm… — gemí mordiéndome el labio inferior cuando dejó de hacerlo y guiar su intimidad hasta mi entrada y meterla sin más. — ¡Ah..!

— Billie… — empezó a mover sus caderas con rapidez, hundió su cabeza en mi cuello para besarme.

Volví a sentirme lleno y completo nuevamente. Era una sensación que solo él sabía darme y me encantaba. Quería que fuera así siempre.

— ¡Hmm, Tom! ¡Oh!

Sus caderas se movían con mas violencia, se alejó de mi cuello para callar mis gemidos con su boca. Ambos estábamos tan excitados entregándonos a la situación que nos olvidamos por completo de las personas que se encontraban abajo.

— Eres mío, Bill. — terminó por romper lo que quedaba de la lencería en mi cuerpo y lo tiró a un lado. — Y yo soy tuyo, ¿oiste?

No le respondí, estaba tragándome mis gemidos con su mano en mi boca a si que solo me limité a asentir mirándole a los ojos. Se rió al darse cuenta de ello y quitó su mano reemplazándola con su boca.

Volteamos nuevamente pero esta vez el detrás de mi en posición de cucharita, alzó mi pierna y volvió a meter su miembro duro en mi. Su brazo rodeó mi cuello y lo apretó moviendo sus caderas.

— Oh, Tom… sí… — se recargó en mi cuerpo para poder moverse mejor, su otra mano libre acariciaba mi cuerpo hasta llegar a mi erección la cual masturbó con muchas ganas.

Mi cuerpo tembló en sus brazos sintiendo de una como el calor me recorría haciéndome correr junto con él explosivamente, respirábamos de forma violenta mientras nos dejábamos caer en la cama. Salió de mi y se acomodó la ropa, yo igual repetí su acción después se limpiarme.

Estaba a punto de irse pero no se lo permití.

— ¿Qué pasa? — preguntó mirándome extrañado, no hice nada más que volver a besarlo.

— No te cases, por favor…

— Bill. — me separó de él. — Por favor no sigas con eso… no puedo dejar a mi hijo sin un padre.

— Si es que está embarazada hay formas legales de que puedas darle tu apellido y darle una buena pensión.

— ¿Si es que? ¿Estás insinuando que no lo está?

— No lo sé… — miré al suelo. — Es algo que no lo sabemos…

— Doménica jamás jugaría con algo tan serio. — me tomó de los hombros con fuerza. — No sé por qué ahora vienes a decirme que no me case si cuando pedí tu apoyo ¡me diste la espalda!

— Tom…

— No, Bill. Ni siquiera me amas, creo que tal vez nuevamente soy otro de tus caprichos… no recuerdas nada de lo que pasamos tú y yo, a si que no vas a sufrir si yo me voy.

— ¡Sí voy a sufrir! — mis ojos se llenaron de lagrimas.

— ¡Claro que no! Ya me cansé de esto, en serio…

— Te amo, joder.

— No, no me amas.

— ¡Que sí! ¡Carajo!

— Me dejaste en claro que no y me quedo con eso, Bill. Una persona que perdió la mem…

— ¡No la perdí, idiota! — le dí un empujón interrumpiéndole. — ¡Nunca perdí la memoria! ¡Mentí todo este tiempo por mi bien y el de mi maldita familia! — Tom me dió un puñetazo en el rostro rompiéndome la nariz, me caí al suelo débil mientras lloraba tratando de que la sangre en mi nariz no saliera más. Se tiró sobre mí furioso agarrándome de la ropa y haciendo que cierre los ojos por inercia.

— Jugaste conmigo todo este tiempo, maldita sea. ¡No sabes cuanto lloré por tí! ¡Por tu maldito jueguito ahora me voy a casar!

— ¡No es cierto! — le grité ahora mirándole. — El hijo de puta de tu padre me hizo esto, el me golpeó ¡y me amenazó con hacerle algo a mi familia si no me alejaba de ti!

Entonces soltó su agarre de mi ropa, se sentó a un lado encogiendo sus piernas y hundiendo su cabeza en el hueco de sus rodillas.

— ¡Y lo volvió a hacer! ¡Ese tipo volvió a recordarme la amenaza si seguía cerca de ti! ¿¡pero sabes qué!? ¡No me importa! ¡No voy a permitir que te cases! — besé mi mano y seguí. — Te lo juro por este amor que te tengo, Tom. ¡No te vas a casar con Doménica!

— ¿Por qué no me lo dijiste…? Yo hubiera buscado una maldita solución, Bill.

— No lo pensé. — me acerqué a él con miedo. — Temía por mi vida y yo…

— Joder…

— Solo no te cases, Tom. Estoy seguro que podemos buscar una solución a esto…

— No puedo. — su voz se quebró. — Es demasiado tarde. — se levantó mientras me miraba. — Adiós Bill. — abrió la puerta y se fue dejándome ahí. En un mar de lagrimas. Con la nariz rota y los sentimientos revueltos.

Me levanté del suelo para ir al baño a limpiarme pero ni siquiera sabía donde estaba parado. Opté por agarrar un poco de la tela de la lencería y abrir una lata de cerveza para remojar el trapo; lo pasé mientras miraba mi reflejo en la TV que había en la habitación.

Al estar limpio me dirigí a la puerta de la habitación para abrirla y salir. Gato se interpuso en mi camino haciéndome retroceder peligrosamente hasta quedar en la habitación encerrados los dos.

— Nunca la perdiste, ¿eh? — se rió con ironía yo solo me crucé de brazos mirándolo sin expresión. — Yo sabía muy bien que eso era mentira.

— Ajá.

— En serio.

— ¿Terminaste? Es que debo irme.

— ¿Qué pasaría si la futura señora Kaulitz se entera de lo que hizo su esposo contigo hace aproximadamente — miró el reloj imaginario de su mano. — ¿Diez minutos?

— La verdad me tiene sin cuidado, dile si quieres. — empecé a caminar para irme de la habitación, me agarró de forma brusca y quité la misma de un manotazo. — No me toques si aún quieres conservar todos tus dientes, ¿quieres?

— No te tengo miedo. — levantó la cabeza y lo tomé como si me estuviera retando. — Le dije a Tom que no me importaba pelear contigo por él.

— ¿Conmigo? ¡Ja! — me burle acercándome más a él. — No debes pelear conmigo, si no con la que se va a casar mañana.

— Claro que debo pelear contigo, siempre es Bill de arriba para abajo cuando está en los entrenamientos.

— Oh, ¿en serio? ¡Me vale… — no me dejó terminar porque me dió un puñete en la boca, pero no me dolió.

Más bien fue como una caricia.

— ¿Es todo lo que tienes? — volví a burlarme, trató de darme otro pero lo evité. Le di un golpe bajo yo también. Vi a Gato removerse adolorido cayendo al suelo con las manos en la entrepierna.

— Me las vas a pagar todas y bien contaditas, Billie.

— Sí, sí, sí. Pídele a Tom la dirección de mi casa que ahí te voy a estar esperando en mi cama. — salí en medio de risas de la habitación, bajé hasta reunirme nuevamente con los chicos y disfruté de la fiesta con Georg junto a las dos chicas que se nos unieron después.

&

-Día de la boda-

Habíamos llegado con total puntualidad al lugar donde sería la recepción. Los invitados se encontraban por todos lados y yo estaba colándome junto con Georg a la habitación donde Tom estaría vistiéndose. Mi mejor amigo tocó la puerta y del otro lado se oyó un «pase» dicho por Gustav.

Entramos poniendo seguro la puerta a mi detrás y caminé sintiendo mis ojos humedecerse. Era la segunda vez que lo veía usar un smoking y ahora le quedaba a la perfección el color negro.

Me encantaba.

— Gustav, ¿quién es?

— Es Bill. — dejó de acomodarse el traje y volteó a mirarme. — ¿Geo podemos hablar?

— No.

— Por favor. — miré a mi mejor amigo.

— Agh, está bien. — ambos salieron de la habitación y me quedé a solas con Tom.

— ¿Qué deseas? — preguntó volviendo a lo suyo. Me acerqué por atrás abrazándole por la espalda, reposé mi mentón en su hombro y le di un beso en la mejilla sintiendo como se relajaba.

Estaba nervioso.

— Solo quería verte y disculparme.

— No te preocupes, Billie. — giró para verme, me tomó me la cintura y me atrajo a él. — No te odio. Jamás lo haría, ¿si? — asentí mirándolo.

— ¿Lo has pensado?

— Sí y nuevamente te lo digo, ya es tarde. — me dió un beso en la frente y se alejó, lo vi sacar su móvil para ver la hora. — Vamos. — me extendió su mano.

Por un momento pensé en que me sacaría de ahí para huir lejos de todos…

— La ceremonia está por empezar.

Suspiré frustrado y salí yo primero de la habitación.

Me reuní con el resto de damas para sentarnos en las primeras bancas junto a Sam.

Miré a Tom entrar en medio de sus padres con una sonrisa, la más fingida que pudo dar. En cambio la de sus padres era de oreja a oreja.

La señora Emma y el señor Kaulitz me dieron una mirada rápida y luego voltearon a ver al frente.

— Que estúpidos son todos. — murmuró la morena a mi lado izquierdo. Me limité a solo no decir nada y parpadear repetidas veces para ahuyentar las lagrimas que amenazaban con salir.

— No te preocupes por nada, Bill. — susurró Milena a mi detrás. No entendía nada de lo que estaba pasando.

— Solo debes estar listo para lo que se viene y actuar de acuerdo a la situación.

Oh, no.

Continúa…

Gracias por leer. Te invitamos a comentar 🙂

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!