
Fic de WifesKaulitz. Temporada II
Capítulo 30
Entré a la ducha para darme un buen baño después de teñirme el cabello nuevamente, me coloqué una mascarilla hidratante para el rostro y los labios.
Extrañaba darme baños de tina durante una hora porque me hacía sentirme más relajado.
Aunque después de lo de anoche, ¿para qué más relajación?
Tomé el móvil y marqué el número de Tom, quería saber cómo está y también saber si ya llegó.
— ¿Hola?
— Tom, soy Bill.
— Billie, hola.
Era yo o me hablaba en un tono seco y cortante.
— ¿Interrumpo algo?
— Estoy algo ocupado en unos asuntos.
— Oh, bueno ¿te llamo luego?
— No, Billie, yo voy a devolverte la llamada.
— Bien, adiós. — colgué y regresé el móvil a su lugar.
Lo hubiera aprovechado anoche que estaba borracho, insistiéndome en que no durmiera y me quedara con él; despiertos.
Accedí. En medio de besos, abrazos y caricias que nos dábamos el uno al otro. Hasta volvimos a entregarnos con… amor.
Lo sentí tan intimo que quisiera volver a repetirlo.
Miré en mi mano el par de anillos que tenía, les di un beso en medio de una sonrisa y suspiré.
Ojalá no hubiera pasado todo esto, yo también quería hacer algo bonito por el para celebrar nuestro…
Agh.
Ni siquiera me acordaba cuantos meses de noviazgo ya llevabamos con todo esto.
Tal vez otra escapadita y sexo con la vista al mar sea una buena opción.
Mordí el piercing que tenía en la lengua y sonreí. El móvil comenzó a sonar y lo respondí emocionado.
— Billie.
— Hola Tom, ¿cómo estás?
— Estoy muy estresado, no sabes como me regañó la nana por no llegar anoche.
— Mierda… — me reí por lo bajo.
— No te preocupes, le dije que fui contigo y que me cuidaste… bien.
— Claro, no es mentira. — miré al techo emocionado. — ¿Tienes planes para hoy?
— Pensaba mirar el partido de baloncesto en casa de Gustav y su novio.
— ¿No quieres ir conmigo a ver el partido en vivo?
— ¿Acaso te interesa el baloncesto?
— Sí. — mentí. En realidad no me gustaba pero si había investigado a través de Georg que habría un partido importante y quería ser yo quien lo lleve. — Y me gustaría verlo contigo.
— Paso por ti a las cuatro, Billie. — colgué con una sonrisa entusiasmada y salí de la ducha.
&
— Buenos días. — soltó con una sonrisa burlona de oreja a oreja. — ¿Qué tal tu noche? ¿Te duele?
— No sé de qué hablas…
— La cogida de ayer… la que te dió Tom.
Levanté las cejas tratando de fingir sorpresa, la verdad es que me importaba poco que nos haya oido.
— Cuéntame todo, no sabes como me excité de oirlos coger a ambos.
— Estás enferma, Sofía.
— Samanta idiota.
— Ah, ese nombre tan difícil. — bufé sentándome en el comedor, Sam me acercó una taza de café y un sándwich de huevo.
— El que Tom te haya metido la polla hasta por las orejas te tiene peor. Por cierto, ¿dónde está?
— Se fue temprano, Sam. Tiene cosas que hacer…
Tom se había ido a primera hora con el miedo de que mis padres lo encontraran ahí, no quería causarme problemas y yo tampoco quería volver a ver a su padre…
— ¿Cómo qué, eh? ¿Besarse a la rubia de ojos hazel?
Golpe bajo.
— No me importa. — mentí dándole el primer bocado a mi café. — Tom y yo no somos nada y él puede hacer lo que le venga en gana con quien le de la gana.
Realmente si me importaba.
Me dolía.
Me quemaba.
Sam me analizó el rostro con detalle, desvié la mirada a mi desayuno y suspiré.
— ¿Por qué? ¡Anoche no parecías pensar lo mismo que ahora!
— Tú lo dijiste, anoche.
— Es que lo veo y no lo creo, te conozco tan bien que no veo ni una pizca de mentira en eso que dices.
— Es la verdad.
— ¿Por qué te acostaste con él? — me relamí los labios con parsimonia y la miré.
— No niego que es un hombre atractivo y lo usé para bajarme las ganas.
— Ajá y yo soy turista. — dió un golpe en la mesa haciéndome asustar. — ¡Estás mintiendo!
— Hmm no.
— Sí, ya dime la verdad. Tal vez yo pueda hacer algo.
— Estoy diciendo la verdad, Samanta.
— ¡No es cierto!
— Piensa lo que quieras.
— Ese hombre muere por ti y me dices que te da igual, bah. — se dejó caer en la silla estresada. — Si yo fuera tú… lo tendría todo el tiempo conmigo pegado como un chicle al cabello, presumiéndolo a todas las tipas que mueren por él y a esa Doménica la mando a comer mierda.
— Pero no eres yo.
— Estás idiota.
— ¡Pues tienes acceso libre con él! ¡Ve y haz lo que te de la gana!
— ¡Todo sería diferente si se hubiera fijado en mi primero y me amara a mí!
— No entiendo a qué quieres llegar con esta conversación, Samanta.
— Estoy segura que si sabes.
— ¡No! ¡No sé nada!
— Ponte las pilas Billie.
— Sigo sin entender.
— ¡Pues la Doménica esa anda creando rumores de que se va a casar con él!
— ¿Por qué yo no me enteré?
— Porque estás con una actitud tan de mierda desde que saliste de ese puto hospital.
— Es mentira, ella me dijo que solo son amigos.
— Yo le creo… — fruncí el ceño y la miré. Sam era una de esas personas que te soltaba las cosas en la cara como quién diría, no tiene pelos en la lengua.
— Estás jugando y no me gusta como juegas, eh.
— Déjame explicarte el por qué.
— No quiero. — seguí comiendo el desayuno ahora por obligación. El hambre se me fue por obra y gracia del espíritu santo.
— Lo haré… — nos quedamos en silencio y luego habló. — la noche que fuimos a su casa a buscar a su padre le dijo algo sobre planear una boda, ¿entiendes? ¡La bruja de tu suegra se alegró de que tú no estés con su hijo!
— Sigo sin creerte.
— Bueno, es tu problema.
— Si es así, explícame por qué carajos sigue tratando de enamorarme.
— Porque te quiere, ¿por qué otra cosa más va a ser?
— Es un hipócrita, Samanta.
— No. Eres tú el enfermo mental.
Estaba a punto de llorar.
— ¡TOM ME DIJO A MI QUE SI YO SE LO PEDÍA EL SE CASARÍA CONMIGO! — le grité con todas mis fuerzas, no podía más.
Estaba a punto.
— ¿Por qué ibas a casarte con él si no recuerdas nada y no lo «amas»? entre comillas. — bufó recargando sus codos en la mesa.
— Porque jamás perdí la memoria, Sam.
Continúa…
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