

Fic de WifesKaulitz. Temporada II
Capítulo 21
— ¿Tengo que ponerme esto obligado para ir a la playa? — levanté el vestido largo celeste de tela de seda, no estaba feo pero no era algo que usaría para ir a la playa y menos a las cuatro de la tarde.
— Ya te dije que sí.
— ¿Y tampoco tengo que maquillarme?
— Solo ponte algo natural, Bill. — me extendió su paleta de sombras que tenía tonos pastel, usé un tono igual celeste con blanco y para el delineado un poco de negro que se perdía en mis abundantes pestañas y brillo para mis labios.
— Ve rápido a ponerte el vestido, joder, estamos perdiendo tiempo.
— Georg no me presiones. — tomé el vestido y me adentré al baño, me saqué su albornoz rosa quedándome solo en la diminuta tanga roja con encaje negro. Abrí el cierre del vestido, primero metí una pierna y luego la otra para subírmela junto con el cierre, salí del baño agarrando la cola un poco larga del vestido.
Estaba listo.
— Que hermoso estás. — me sonrió con tranquilidad, jaló mi mano y nos encaminamos al auto de Gustav. No había visto a Tom desde la madrugada y supuse que también estaría en el paseo que estaba haciendo nuestro grupo de amigos.
Yo iba en el asiento de atrás, el SWM de Gustav era muy lindo, en una esquina del parabrisas tenía una foto de él junto a Georg supongo que en el día que formalizaron su relación. Se me hizo un acto tan tierno ante mis ojos que no pude evitar sonreír.
La noche en que Tom y yo formalizamos fue un tanto extraña, más por recordar que fue en la fecha que humillé a Charlotte y cada que llegue ese día me acordaría siempre.
Que desagradable.
Al lugar que íbamos era la casa playera de los padres de JC, no podía decir más porque ni enterado estaba de las actividades que harían ahí.
El SWM se adentró por un gran portón dorado, rodeando la fuente que tenía dos estatuas de ángeles orinando por el pene y que estaba en medio del camino. Nos bajamos del auto, yo lo hice con mucho cuidado de no enredar la cola del vestido y hacer que se dañara.
Sam salió por una de las puertas corriendo con emoción a abrazarme, no le respondí porque estaba buscando el ferrari con mi vista.
Estaba el auto de todos.
Menos el de Tom.
Sentí una sensación en el pecho, me dolía que no esté aquí si lo habían aceptado como uno más de nosotros, si no venía lo mataría con mis propias manos. Estaba tan absorto en mis pensamientos que ni cuenta me di que Sam me llevó por un lugar que estaba oscuro, parecía algo similar a un tunel pero no. Los sensores de luz se encendieron dejando a la vista una gran parte de la casa y al otro lado la playa.
— ¿Dónde está Tom, Samanta? — le pregunté soltándome de su agarre y haciendo que me mire mal.
— Ese Kaulitz siempre tan impuntual.
— No es cierto, el tenía que pasar a recogerme pero no lo hizo…
— ¿Y qué importa?
— Que tampoco está aquí.
— Ya… — volvió a tomar mi mano y salimos a la playa, mis zapatillas de tacón bajo se hundían en la arena y me estresaba porque me dificultaba el paso. Al ver que nos dirigíamos a una alfombra roja sentí felicidad, corrimos un poco y caminamos en medio de ella.
— Sam espera…
— ¿Qué pasa?
— Quiero esperar a Tom y hablar con él un momento.
— Luego, los chicos nos esperan. — siguió jalandome la mano hasta un cierto punto donde vi a todos mis compañeros bien formados agarrando unas flores celestes, aflojó su agarre y corrió para formarse.
No entendía nada.
Caminé por la mitad hasta llegar al final recibiendo las flores celestes hasta obtener un gran ramo en mis manos, estaba confundido.
— Hoy no es mi cumpleaños. — hablé haciéndolos reir. — ¿Qué está sucediendo?
— Billie…
Tom estaba ahí, caminando tan fresco y con una sonrisa. Su ropa era diferente y para nada holgada.
— Tom estás usando un smoking. — estaba sorprendido, era del mismo material que mi vestido al igual que el color.
— Sí. — afirmó haciendo una mueca de desagrado mientras sonreía.
— Dios mío. — coloqué las flores en el suelo y corrí a abrazarlo. — Pensé que no vendrías, en serio.
— El tenía que venir si o si. — respondió Sam a mis espaldas.
— ¿Por qué?
— Con nuestra ayuda hizo todo esto para tí, Bill.
— Pero más con Gustav, nosotros solo hicimos muy poco.
— No estoy entendiendo.
— ¡Dile ya, Tom!
— Bill. — me llamó Tom haciendo que lo mirara, sus labios se posaron en los míos con suavidad. — Cuando te pedí que seas mi novio lo hice de una manera que no se sintió especial y en una mala fecha… hoy están todos nuestros amigos aquí para ser testigos de lo mucho que te amo… de nuestro amor y de todo lo que siento por ti.
— Tom… — mis ojos estaban llenándose de lagrimas, parpadee repetidas veces para quitarlas de mis ojos pero solo cayeron más.
— En frente de todos te lo vuelvo a preguntar, Billie.
Carajo.
Carajo.
CARAJO.
Se arrodillo en frente de mí, vi como Sandy sacaba de su bolsa dos cajas de anillos color rojo. Encima había un estampado con las iniciales de nuestros nombres, agarro el anillo de una «T» y me miró, sus ojos estaban brillando de felicidad y no me pude contener.
Lloré.
Lloré de la emoción.
— ¿Quieres ser mi novio?
— Si Tom, quiero ser tu novio en esta vida y la otra. — me puso el anillo donde había puesto el primero, se puso de pie sin dejar de mirarme con una sonrisa. Sandy me extendió el otro anillo y lo tomé, ahora era mi turno. — Amor… — le dije sintiendo el nudo en mi garganta, las lagrimas me seguían cayendo sin parar, esperé a que se me pasara y seguí. — Yo también aquí en frente de todos nuestros amigos quiero pedirtelo desde el fondo de mi corazón, ¿quieres ser mi novio? Prometo ser esa persona que estará contigo en altas y bajas, en cualquier problema que pase así… como los esposos recién casados.
— Bill, no hace falta preguntarlo. Claro que quiero ser tu novio. — le sonreí poniendole el anillo y lo sellamos con un beso de amor.
— ¡Vamos a brindar por los novios!
Alex sacó de la heladera que estaba a un lado una botella de vino blanco añejo, Samanta nos repartió copas a cada uno y cuando estuvimos todos con la bebida lista JC se animó a hablar.
— Para todos no es un secreto que este grupo se unió más con el fin de derrotar a la ex amada de Tom. — miramos al mencionado con una sonrisa, se encogió de hombros e igual sonrió.
— Gracias a Bill logramos unirnos más y dejar de lado los chismes.
— Oye es cierto.
— ¡Salud!
— ¡Salud! — respondimos todos alzando nuestras copas y tomando la bebida, mientras que Tom y yo la chocamos y cruzamos nuestros brazos para yo tomar de la suya y él de la mía.
— ¡Ya no somos una familia disfuncional!
— No. Ahora somos una familia de verdad.
— Agradézcanme primero a mí. — hablo Gustav llamando la atención de todos. — Fui yo quién le dió la maravillosa idea a mister Kaulitz para que le hablara a Bill.
— Hombre, ya nos exhibiste.
Miré a Tom ceñudo sin dejar de sonreir.
— ¿O sea que todo fue planeado?
— ¡Si! O sea si no le daba la idea nunca se acercaría a Bill.
— ¿Cómo es eso?
— Si entendí la clase a la primera, Bill. — mi novio me abrazó por la espalda, rodeando mi abdomen con sus fuertes brazos; me sentí seguro y protegido con él.
— Oh, y yo creyendo que si era bueno explicando.
— Le veía difícil acercarme a tí, verás. — me besó en la mejilla. — En el momento que chocamos fuiste grosero y eso le gustó a mi masoquismo.
— ¿En serio?
— Agh, no sabes lo cabezón que me puso en menos de cinco minutos…
— Cuando te vi llegar esa tarde de la primera clase fue ahí que me iluminaste con esos ojos grandes, hermosos que hicieron a mi corazón sentirse vivo.
— ¡Ni me lo recuerdes!
— ¿¡Por qué!?
— Porque parecía toda una momia recién despierto.
— Eh, cállate, cállate, cállate. — Tom me tomó de la barbilla con su mano obligándome a verlo, me besó la boca repetidas veces. — Eres muy precioso así ya te lo dije.
— Ya mucho amor, ¡vamos a divertirnos!
— Tom. — le hablé a mi novio girándome lentamente para verle a los ojos. — Tengo que hablar contigo. — asintió pensativo, tomó mi mano y comenzamos a caminar.
— ¡Epaaa! ¿A dónde van? tengo que darle un poco del compuesto a los tres nuevos integrantes.
— Solo si Bill me lo permite.
— Lo per—mito. — sonreí, vi como Anneth le puso una cantidad grande a mi novio y este lo tomó de un solo haciendo una mueca.
— Mierda, que rico. — seguimos caminando.
— ¡Vuelvan rápido!
Asentimos y caminamos en dirección contraria de donde se encontraba la casa de JC, llegamos a un punto donde ya no los veíamos y la música no se escuchaba. No le di tiempo a Tom para nada y lo tiré a la arena haciendo que me mire confundido, me subí en su cuerpo; colocando mis nalgas en su entrepierna sintiendo como crecía en ellas.
— ¿No era mejor ir a una de las habitaciones?
— No… quiero que el mar sea testigo de nuestro amor, Tom.
— ¿En un polvo rápido?
— En un polvo rápido, cariño. — me incliné para besarle los labios, sus manos se deslizaron por ambas de mis piernas llegando hasta mi trasero. Lo apretó con suavidad y profundicé el beso acercándome más a él.
A ciegas dirigí mis manos al elástico, bajé lo necesario para liberar su miembro ya mojado; sin muchos rodeos hizo a un lado mi braga y se adentró en mi con suavidad.
Gemí contra su boca y obligó a mi cuerpo a moverse buscando más de él, subía y bajaba con calma. Acariciaba mi espalda sin perder el control de sus penetraciones en mí.
Me alejé de su boca para alzarme más el vestido y sobar mi pene duro que estaba asomándose por un lado de ella. Tom medio se sentó para voltearme y estar arriba, abrió más mis piernas para moverse con facilidad.
Cerré los ojos disfrutando de su carne.
— Abre los ojos, Bill. — movió su mano desde mi pecho, bajando lento hasta posarse en mi entrepierna.
Pero no los abrí.
— Mirame. — pidió una segunda vez aumentando el ritmo de sus caderas.
— N—no puedo…
— Si puedes, Billie. — lo sentí acercarse al hueco de mi cuello, besándome los hombros.
Quería hacerme perder el control
— Hazlo, abre los ojos. — mordió con suavidad la piel de esa zona y sentí un cosquilleo agradable. Abrí los ojos lentamente encontrándome con esos ojos negros que me hacían perder los estribos por completo.
En ningún momento dejamos de mirarnos, se movió con rapidez y su mano apretaba mi miembro masturbándome.
Para descargar la excitación agarraba y liberaba un puñado de la arena sin parar de gemir.
Lo que estabamos haciendo era similar al sentimiento de hacer el amor.
Me sentía pleno y satisfecho.
Una ola de calor llenó el cuerpo de ambos llegando a la cima sin dejar de vernos, fue una imagen placentera y erótica para mis ojos.
Tom se recargó en mi sin apoyar su peso para recuperarse de ese maravilloso orgasmo. Sonreí mientras miraba al cielo, la luz de la luna y las estrellas lo hacía mucho mejor.
&
Caminé hasta adentrarme a la casa para ir a buscar algunos limones que no me afecten cada que tome del compuesto que prepara la madre de Anneth, es muy fuerte a mi parecer.
Cuando estuve en la gran cocina abrí el refri y saqué dos limones, primero los partí por la mitad y luego esa mitad la volví a partir en otra mitad.
Sentí las manos de alguien tomarme de la cintura con delicadeza, por el olor supe que se trataba de Tom. Eché mi cabeza hacia atrás suspirando y con una sonrisa.
— No ha pasado mucho tiempo desde que lo hicimos, Tom.
— Desde atras nadie pensaría que eres un hombre, tienes todo sin excepción para que te crean una mujer.
Me quedé tieso.
Tieso, tieso, tieso.
Como un poste.
Como un yeso en la pierna rota.
Como el cuerpo de un ave al tercer día de morir.
El padre de Tom tapó mi boca antes de que pudiera gritar o hacer algo, el cuchillo se resbaló de mis manos y estuve a punto de orinarme del miedo.
Sus manos me tocaban el pecho plano con morbosidad, me sentía asqueado de mi mismo por seguir en estado vegetal y no reaccionar para que deje de tocarme.
— Quizás no sepas la razón de mi visita pero te lo haré saber. — me jaló del cabello con fuerza, sacó de el cucharero un cuchillo fino y puntudo. Lo colocó en mi cuello y trague grueso la saliva. — Primero que nada debí darte las buenas noches, segundo mis meras felicitaciones por los sentimientos tan sinceros que le tienes a mi hijo pero lamento informarte que les va a durar poco.
— Y-yo n-no ent-tiendo. — tartamudeé.
— Espera que no he terminado. — me quedé en silencio esperando a que continuara. — y tercero vengo a pedirte, no… exigirte que dejes tu maldita relación homosexual con Tom. — con su agarre en mi cabello me mangoneó y me hizo dar el rostro contra la alacena de madera que estaba en frente, sentí el líquido color carmesí salir de inmediato manchandome el vestido de a montones. — Que delicadito…
— Yo no voy a hacer nada que lastime a Tom.
— Ya te dije que te estoy exigiendo.
— ¿Y quién es usted para decirme lo que debo hacer? Ni a mi madre que es sangre de mi sangre le hago caso y voy a hacerle caso a usted, viejo loco.
Mejor me hubiera quedado callado.
Ese tipo me soltó un puñetazo tan fuerte que sentí que me aflojó los dientes delanteros.
Pero aún así no me callé.
— No le voy a dar el gusto señor Kaulitz, me voy a quedar con Tom cueste lo que cueste.
— ¿Seguro?
— Ajá.
— ¿A si te cueste a tu familia?
— Sí. — afirmé tratando de sonar seguro pero no podía, me era imposible.
— Tengo muchos contactos que pueden desaparecer a tu familia en un abrir y cerrar de ojos y nadie se daría cuenta.
— ¡No puede hacerlo! — me lancé al tipo para golpearlo, logré darle uno en la mandíbula pero solo logré que el cuchillo rasgara una parte del vestido y me apuñale un lado de las costillas.
Me quedé inmóvil.
— Si que puedo… a si que vas a ir ahora mismo con Tom y le vas a decir que terminaron, que no lo amas, que todo fue una mentira y le dirás que su lugar está con Doménica quién realmente es una chica.
— No…
— Es una chica atractiva y de su nivel, le va a dar los hijos que se merece y se olvidará de ti.
— No me importa.
— Vamos Bill… tu relación con Tom será un fracaso.
— ¡No es cierto!
— Prometo darte una buena suma de dinero para que te largues con tu puta familia y desaparezcas.
— ¡Que no quiero! ¡No me interesa! ¡Lárguese de aquí! — le tiré los vasos de cristal dándole un certero en la cabeza, se acercó a mi otra vez. Agarró un jarrón de marmol y me lo estampó en la cabeza, volvió a darme otro golpe tras otro hasta que el jarrón logró romperse. Me miró con odio y antes de irse me dijo:
— Entonces atente a las consecuencias, Billie.
Y desapareció de mi vista.
Me puse a llorar sintiendo como la sangre abandonaba mi cuerpo.
Por un momento sentí mi vida acabarse, la felicidad me duró poco y me sentía entre la espada y la pared.
El sonido de los tacones de alguien me hizo levantar la vista, Milena estaba parada ahí mirando extrañada los cristales rotos.
— Milena… — hablé para que me oyera, giró su rostro y me miró, corrió de inmediato para acercarse a mi y abrazarme.
— Billie, ¿qué sucedió?
— El padre de Tom…
— ¿Qué pasa con el señor Kaulitz?
— Me… me…
— Carajo Billie…
Lo único que oí antes de que mis ojos se cerraran fueron los gritos preocupados de Milena pidiendo ayuda para mí.
Continúa…
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