Fic de WifesKaulitz. Temporada II
Capítulo 16
Para Tom:
Jueves
Te amo con el alma, la piel y el pensamiento,
esa es la totalidad de mis sentimientos.
Es amor, admiración, pasión, ternura, lealtad,
lo que provocas en mí cuando te veo y
cuánto te pienso, pero mucho más
cuando te siento…
— Billie.
— Esa cara de idiota quiere decir que definitivamente hemos perdido al Tom que cada noche tenía una chica en su cama. — al terminar de leer le di un beso a la carta con mucha nostalgia.
— Que con eso, Gustav. — lo miré fingiendo molestia.
— Es que después de que te hayas ligado a media Alemania y hacerte todo un don Juan…
— ¿Yo? — asintió abrazando el winnie pooh que en su pancita tenía una foto de Georg.
— Ahora te ves demasiado homosexual.
— Ajá, ¿quieres que hablemos de ti?
— Yo siempre he tenido en claro mis preferencias sexuales.
— Mentira, ¿te olvidas la última vez que participamos en una orgía en las vacaciones de verano? Eramos los únicos hombres, Gustav.
— ¡Agh! ¡Estábamos borrachos!
— Ajá, ¿también te hago recuerdo la vez que…
— ¡NO! — me reí mirando su rostro enrojecer.
— Entonces cállate, que no eres el único homosexual aquí. — me levanté y le quité el oso de peluche de un tirón, lo levanté a la altura de mi rostro y le hablé. — Oh sí, Geo. Bésame. — cerré los ojos e hice como su estuviera besándome con el oso, Gustav me lo arrebató de un solo y me reí de él.
— Déja.
— Gustavo, sí, hazme el amor. — imité la voz de Georg en un falso intento, me acerqué a Gustav y moví mis caderas simulando una penetración. — ¡Oh, oh, oh, oh, Gus! ¡Sí! — el solo me miraba atento a lo que hacía. — ¡Toma Georgita! ¡Toma mi polla, sí! ¡Es tuya! — ahora imité a Gustav. — ¡Hagale papito! ¡Ah, ah, ah, ah! ¡AGH! — me quejé sintiendo dolor en una de mis rastas, Gustav me la jaló demasiado duro. Casi me quedo calvo. — ¿Por qué con ellas? No tienen la culpa.
— Entonces déja de hacer eso, Tom.
— ¿Qué? ¿Te excita?
— Me excitaría si fueras Georg, no sabes cuantas ya le dediqué en tan poco tiempo.
Mi boca no podía estar más abierta ante semejante declaración.
— No quería saber eso, Gustav. — la puerta se abrió dejando ver al gato, lo vi limpiar la puerta con su pañuelo y entró.
— ¿Puedo entrar?
— Ya estás dentro.
Gustav era tremendo, me reí por lo bajo terminando de colocarme la pijama. El día fue muy agotador, nos tenían plantando árboles y haciendo huecos para mañana terminar de ponerlos.
— Tom, ¿podemos hablar?
El rubio y yo nos miramos al mismo tiempo, lo vi agarrar su oso y salir en silencio.
— Cinco minutos Tom, tengo sueño.
— Si marido. — cerró la puerta y entonces el gato se acercó a mí, puso alcohol en la silla que estaba al lado de mi cama, la limpió con un trapito y la acercó hasta estar frente a mí.
Estaba seguro que quería darle un golpe para que deje de hacer eso.
— ¿De qué quieres hab…
Bill me va a matar.
Lo va a matar.
Nos va a matar.
El gato estaba moviendo sus labios fríos sobre los míos, su aliento a menta chocaba con el mío de forma lenta. Su lengua se adentró en mi cavidad bucal, tratando de que la mía le siguiera el juego pero no podía, estaba tieso; con los ojos abiertos. Al separarse de mi lo vi sacar un nuevo pañuelo y limpiarme los labios serio, sin hacer ninguna mueca de desagrado o algo similar.
Sin ser grosero lo aparté y me levanté de mi asiento lejos de él dándole la espalda.
Voy a mantener la calma.
Suspiré y me giré para verlo, el seguía en su lugar sin verme o hacer algo.
— Gato. — lo llamé, vi su cuerpo tensarse y respirar pausadamente. — No puedes andar por ahí besando a tipos que tienen pareja…
— Solo lo hice contigo… fuiste mi primer beso homosexual.
— ¡Pero no debiste hacerlo!
— Tom…
— No quiero oirte, vete. — el sonido de la silla me indicó que se había puesto de pie, pero seguía sin moverse. — Rápido gato, joder.
— Me gustas desde hace mucho y lo sabes, Tom.
— No.
Bueno.
Si sabía por las insinuaciones tan obvias que me daba en los entrenamientos pero pensaba que era por su actitud afeminada.
— Estoy dispuesto a pelear con Bill por tí.
— ¿Qué?
— Lo que oiste.
— Ya…
— Y tampoco me importa ser el otro. — con esa última confesión lo vi marcharse y a Gustav entrar mirandome esperando a que le soltara información.
— ¿Qué? — le dije sin mirarlo, destendí mi cama y me acosté en ella.
— Sueltalo todo, Tom, ¿o tengo que aplastarte las pelotas para que lo digas?
— Le gusto.
— Eso ya todo el mundo lo sabe, dime algo nuevo.
— Me besó.
— Eso si que el mundo no lo sabe. — ambos nos reimos. — Ya pongamonos serios, ¿por qué mierda te has dejado besar?
— Me tomó de sorpresa, ¿ya?
— Ya…
— Me preocupa en lo que pueda hacer. — hice una pausa imaginandome a Bill pelear con gato por mi, era una mierda completa ante mis ojos pero para mi egocentrismo muy en el fondo me gustó imaginarme a mi novio peleando por mi. — Y me preocupa que le diga algo a Bill.
— Entonces dile tú primero. — propuso Gustav sentandose en mi cama.
— No sé como le voy a decir.
— A ver… yo seré Bill por un momento, ¿está bien? — lo miré divertido mientras sacaba una de mis camisas negras y se la puso haciendo papel de cabello. — Concentrado Tom. — y comenzó. — Uh, Tommy, ¿qué es eso tan importante que tienes que decirme?
— ¿Es en serio? — pregunté rodando los ojos. Gustav me abofeteó y lo miré mal. — ¿¡Eso por qué!?
— Te dije que te concentres. A ver otra vez… Tommy, ¿qué es eso tan importante que tienes que decirme?
— No eres Bill, Gustav.
Volvió a abofetearme en el mismo lugar de antes.
— ¡Ya!
— ¡Concentrate! — suspiró y siguió. — Tom, ¿qué es eso tan importante que tienes que decirme?
— Bill yo…
Me abofeteó nuevamente y bufé estresado.
— ¿Y ahora por qué?
— Por si las dudas, otra vez. Tom amor mío, ¿qué es eso tan importante que tienes que decirme?
— Un hombre que no eres tú me ha besado. — dije finalmente con una sonrisa.
Joder, iba a golpear a Gustav si seguía dándome manotazos en el rostro.
Continúa…
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