
Fic de WifesKaulitz. Temporada II
Capítulo 10
— Bill, hijo. — la voz de mi madre me hizo abrir los ojos, lentamente me senté en el espaldar de la cama desperezandome. — Vamos a desayunar.
— ¿Dónde está Tom? — miré el espacio vacío de mi lado. Tom se había quedado a pasar la noche conmigo, ambos subimos a mi habitación tratando de ver una de las películas que compró pero nos dormimos.
— Estamos esperándote para desayunar, solo faltas tú.
— ¡Oh! ¡eso quiere decir que Tom está aquí! — me levanté con entusiasmo de la cama, vi a mi madre sonreir y corrí a la mesa del comedor.
Estaba ahí hablando animadamente con Sam y mi padre, no me lo podía creer. Su rostro se veía aún somnoliento, sus rastas bien recogidas en una coleta y su bandana puesta. Me quedé mirándole con una sonrisa de idiota sin darme cuenta que me estaban observándome con una sonrisa burlona. Tom se levantó de su asiento y caminó hasta mi para abrazarme.
— Buenos días, Billie.
— Hola Tom, ¿cómo estás?
— Es la segunda vez que lo veo babear por ti, Tommy.
Mi novio se rió luego de plantar un beso en mi mejilla.
— Sam también babea por mi novio, ¿pueden creerlo? — la mirada de mis padres y la de mi novio fue burlona, hicieron poner a Sam rojita de la vergüenza y no pude evitar reírme.
— No es cierto. — susurró mirando a la mesa, con la mirada perdida.
— Oh, si que lo es.
— Bueno, es normal. Es Tom Kaulitz. — habló mi padre con una expresión tan natural. Mi madre regresó con el desayuno para todos en una bandeja de charol, la sentó en la mesa de forma lenta.
— ¿Ka-Kaulitz? — mi madre palideció, su rostro se volvió sudoroso, sus pupilas se hicieron grandes. Pareció ver al mismo lucifer con solo mencionar el apellido de mi enamorado.
— Mamá, ¿qué te pasa? — pregunté mirándola asustado.
— ¿Quiere que llame a un médico? — preguntó Tom preocupado por mi madre.
— No Tom, estoy bien. Gracias. — le dijo tratando de no sonar dura y acomodándose en la silla. ¿Qué le pasaba ahora?
Todo el mundo estaba en silencio, nadie habló o bromeó mientras desayunábamos. Mi madre seguía con una actitud bastante rara y nos daba miradas rápidas a ambos. Su comportamiento empezaba a molestarme y Tom pareció notarlo. Apretó mi mano para calmarme pero solo logró que mi madre se pusiera más pálida y más asustada que nunca. Más incómodo por la situación jalé la mano de Tom y salimos fuera de la casa, ni siquiera terminó de comer.
— Tienes que irte.
— Pero no he terminado de comer, Billie.
— No importa. — jalé su mano hasta estar en frente de la puerta del chofer. Saqué la llave de su bolsillo y abrí el auto obligándolo a entrar. — Nos veremos a la hora que quedamos.
— ¿Y dónde está mi besito? — me reí y me incliné para darle un corto beso en los labios antes de cerrar la puerta.
— Te amo. Ve con cuidado. — asintió y puso a andar el auto. Entré a mi casa dispuesto a pelearle a mi madre por su comportamiento tan grosero al oír el apellido de mi novio. De un momento a otro pareció odiarlo y no lo puedo permitir.
No cuando las cosas están marchando mejor que nunca.
Suspiré y caminé a la cocina, mi madre se encontraba lavando los platos tan tranquila.
— Mamá. — le hablé, pegó un brinco y uno de los platos resbaló de su mano; cayó al suelo haciéndose añicos. La miré con el ceño fruncido. — ¿Qué sucede, Simone? — pregunté acercándome a ella, la tensión en su cuerpo estaba a flor de piel.
— Bill yo…
— ¿Tú qué? — la tomé del hombro e hice que girara a mirarme, sus ojos estaban rojos de tanto llorar, su nariz estaba hinchada.
— Es que…
— Bill no molestes a tu madre por favor. — mi padre apareció de la nada, acercándose a mi mamá y darle un abrazo.
— No le molesto, solo estoy esperando una maldita explicación de su comportamiento al oír el apellido de mi novio. Es todo.
— Su apellido me…
— No digas nada, Simone. — interrumpió Gordon haciendo que mi madre lo mire y llore más.
— Madre mía. — rodé los ojos. — ¿Tan difícil le es explicarme eso?
— Vete a tu habitación, Bill. — Simone me habló de una forma tan dura.
— Pero…
— Bill has lo que tu madre te pide y sin rezongar, ¿está bien?
— Mierda. — me dí la vuelta y subí a mi habitación, Gordon me gritó un «Cuidado con esa boca» que me hizo gritarle más fuerte esa mala palabra. — ¡Mierda Gordon! ¡EME I E ERE DE A! ¡Mierda! — y azoté la puerta de mi habitación.
&
— Tienes que estar tranquilito, ¿sí? — asentí lentamente. Tom había ido todo el camino de mi casa a la suya tratando de tranquilizarme y animarme para no salir corriendo cuando tenga a sus padres en frente de mí. Ahora que estaba a punto de bajar los nervios aumentaron mucho más. Tom solo sonrió y me dió un beso suave. — ¿Listo para entrar?
— No Tom, — lo miré suplicante. — Un ratito más.
— Billie.
— Tom, por favor.
— Créeme que yo igual estoy nervioso, pero estar contigo hace que mis nervios los reemplaces por felicidad.
— Te adoro, Tom — sonreí sin ocultar la emoción. Bajamos del auto y ambos nos recargamos en él.
Estábamos inseguros.
— Como sabía que estarías nervioso te compré algo. — sacó de su bolsillo un bombón rojo, le quitó la envoltura. Lo paseó por sus labios antes de metérmelo a la boca. — Esto es solo para que te calmes un poco.
— Sabe muy rico. — sonreí. Me saqué el bombón de la boca y suspiré.
— ¿Ahora sí?
— No…
— Mientras más rápido entremos mejor, Billie amorcito. — rodeó mi cintura con sus manos y hundió su rostro en el puente de mi cuello. — Mierda, hueles tan rico. — acaricié su espalda ancha, pegué mi cabeza a la suya con una sonrisa. — Pero prefiero tu olor cuando estás sudado montándome y…
— Chicos. — nos llamó la nana saliendo a la puerta de garage. Me puse rojo por la vergüenza. Quizás escuchó lo que Tom estaba diciéndome. — Los estamos esperando.
— Ah, sí. Ya vamos. — comenzamos a caminar. Le di un abrazo a la nana y entramos todos tres directo a la mesa del comedor donde conocería un poco más a los padres de Tom.
Continúa…
Gracias por leer. Te invitamos a comentar 🙂