
«AVELLANA»
(One-Shot de Crazy4Bill)
Juan Valdez leía en la entrada y aunque el nombre estaba en español, supo reconocer que significaba al ver la silueta característica de aquel hombre y su burro que sólo indicaba algo —Café— dijo para sí mientras entraba al sitio donde al momento de traspasar las puertas, sus fosas nasales fueron invadidas por aquel olor característico de aquel fruto de color rojizo que sabía se producía en ese hermoso país sudamericano. Cerró sus ojos y se dejó envolver por los otros olores que ahí se mezclaban mientras se quitaba su gabardina algo húmeda debido al clima que esa tarde azotaba Londres.
Recorrió con sus ojos el lugar en busca de algún sitio disponible para poder deleitarse con tan maravillosa bebida mientas se acercaba a la barra para hacer su pedido y una vez pagado esperó por este.
Al recibirlo no pudo evitar acercar su nariz para de nuevo extasiarse con aquel embriagador olor; le gustaba el café original, negro y algunas veces con sólo una cucharada de azúcar, pero en esta ocasión no era“algunas veces” y se dispuso a tomarlo sin ningún adición especial para sentir su amargo sabor.
Estando en su burbuja personal y al voltearse para dirigirse a ese sitio para continuar en su olimpo de sabor (y olor), su cuerpo fue chocado por otro haciéndole derramar en su preciada y pulcra camisa, al momento que alzó su vista disponiéndose a reclamar al que osó hacer volcar su preciada y ansiada bebida haciéndole quemar, el rubio se encontró con unas hermosas pestañas, una nariz respingona y unos hermosos ojos color avellana que le pedían disculpas sin ni siquiera hablar.
— Oh…lo…lo siento tanto — le repetía cual mantra el chico de trenzas que el rubio pudo notar en él, pues quedó en shock causa del choque y el quemonazo.
—Ruego me disculpe, nno…no era mi intención, es que soy la torpeza en pasta — seguía diciendo el de trenzas negras — siempre me lo dicen y yo trato de evitar a toda costa…. — calló cuando se percató de la mirada de incertidumbre que tenía el rubio — déjeme le limpio o seco y compensarle el café derramado — le pidió a modo de perdón, el otro joven no expresaba una palabra y su cara no notaba ninguna expresión.
—Mire, soy proveedor de esta tienda — continuó el de trenzas — sólo déjeme ayudarle — le repitió mirando los hermosos ojos color— Avellana— pensaba el pelinegro mientras caminaba tras el rubio mordiendo su labio en forma nerviosa alcanzando una mesa disponible y sentándose, el joven aún sin pronunciar palabra.
Se sentaron frente a frente en la pequeña mesa junto a uno de los ventanales donde se podía apreciar que la lluvia no había cesado, el ambiente entre el par de jóvenes era tenso, el rubio por no saber que decir y el trenzado por buscar una solución a tan grave atropello (grave ya que no dejaba de verle la cara al hermoso joven que seguía sin decir palabra)
—Ejem — llamó la atención el trenzado — me llamo Tom por cierto y… Que clima hace, ¿no? — Dijo con el intento de romper el hielo. El rubio que hasta el momento veía hacia el paisaje urbano y húmedo, volteó su cara para de nuevo mirarle con el ceño fruncido.
— Avellana — de nuevo dijo Tom al volver a ver esos hermosos ojos que a pesar de la situación le habían cautivado.
— ¿Perdón? — por fin exclamó el rubio
— Oh… Este… — balbuceaba Tom pasando su mano por el cuello obviamente nervioso —… ¡Oh! Que te daré el mejor Capuccino que en vez de Canela tiene Avellana, pero eso sí, debes de acompañarlo con un rico muffin de Vainilla con chips de Almendras, mi especialidad, después que lo pruebes seguro no dejarás de pedirlo de ahora en adelante, y…. — De nuevo calló cuando otra vez el chico le miraba con una cara de extrañeza.
— Ok, regreso no te muevas — le dijo Tom mientras se paraba cuál resorte y se dirigía hacia la barra para hacer el pedido, aunque de nuevo regresó a la mesa y le repitió o más bien le rogó que no se moviera.
— Ok…sí… ya…regreso — dijo en el momento que vio que el joven rodaba sus hermosos ojos Avellana.
— Bien, aquí tienes un rico y calientito Capuccino a la Avellana — le dijo al volver a la mesa — la idea que incorporarán el avellana en vez de canela fue mía, aunque claro no me dan regalías por eso — continuó Tom — pero de igual manera no me importa, al fin y al cabo mi especialidad son los bizcochos, muffins y pasteles, ¡ahh! es que, ¿no te he dicho que tengo una pastelería? Sí, es una herencia de mi ab…
— ¿No cierras la boca un momento? — le cortó el rubio por fin dejando escuchar un poco más su voz, mientras trataba de secar un poco su camisa con una servilleta y mirando con algo de duda el Capuccino.
— Perdón —- dijo Tom agachando su mirada, centrándola en el Capuccino que también había pedido para él. El rubio al ver la expresión del pelinegro se sintió un poco mal (sólo un poco) y aunque no sabía el por qué ya que era una persona demasiado reservada.
— 250£ — le dijo el rubio mientras escribía algo en su iPhone.
— ¿Perdón? — Esta vez fue el turno de Tom de hacer esa pregunta
— La camisa me costó 250£, pero creo que tendré que enviarla a la tintorería, te mandaré la cuenta de cobro a tu domicilio. Además el hecho que me hiciste perder una reunión importante — Le dijo mientras por fin se había decidido a tomar del Capuccino, la verdad sentía curiosidad sobre el sabor de la avellana tendría con el café.
Tom se quedó de una pieza y sólo asintió,
— Bueno, la verdad es una justa paga, yo lo arruiné debo pagar — dijo en su voz denotando algo de tristeza.
Y de nuevo ese extraño sentimiento, aún no entendía por qué sentía eso con el hermoso pelinegro que tenía en frente el cual escudriñó mientras el aludido no le miraba, y repasando otra vez sus facciones tal como lo había hecho minutos antes, pero ahora percatándose del aro que adornaba su labio que lo hacía ver más sexy
—¿Sexy?— Pensó alarmándose ante ese pensamiento.
Carraspeó para ahuyentar esos pensamientos, porque 13 años de sus 25 abriles se limitó a evitar cualquier sentimiento; pertenecer a uno de las familias de arquitectos más importantes de Inglaterra y reconocida a nivel Europa le dieron muchos lujos pero también carencias, además de sobrellevar la responsabilidad de ese nombre y es por eso que algunas veces se escapaba a los lugares comunes (según su madre) pero reales para a estar con él mismo y sentir un poco de paz; pero hoy no era su día, se había topado con el ser más parlanchín de todo Reino Unido y eso lo descolocaba, ahora no sabía si lo que sentía era aún la rabia o sólo ya le parecía gracioso la forma en que hablaba y habla aquel chico que se llamaba Tom.
Le quedó mirando mientras el otro seguía hablando y gesticulando con sus manos contándole algo referente a su abuela, los pasteles, recetas y otras cosas más que no pudo procesar.
—¿De veras no se cansa?— pensó. En un momento, ver a Tom le pareció muy gracioso (y tierno aunque aún no sabía de ese sentimiento) y estuvo a punto de sonreír pero no quería que el otro lo notará, de modo que aprovechó y tomó en sus manos el olvidado Capuccino esperando que estuviera aún caliente y le dio un sorbo comprobando que era uno de los mejores que había probado.
Tom esperaba la reacción del joven al ver que este por fin tomaba de la bebida pero se quedó embobado viéndolo
—Hasta cómo toma la taza y sorbe el café es una danza en él— pensó y de un momento soltó una risa.
— ¿Qué? —- Preguntó el rubio al ver la cara y la risa de Tom
— Es que… Tienes… — le dijo haciéndole señas que tenía espuma en su labio y nariz.
Pero el otro chico no le captaba, así que optó por limpiarle él mismo con una servilleta
— ¡Hey! — se alarmó el rubio
— Era eso o ir por todo Oxford Street con tus nuevos accesorios —- le dijo riendo ya que se lo imaginaba en aquella calle Londinense con un bigote de espuma — aunque te verías lindo — dijo pensando en voz alta; el rubio sólo rodó sus ojos.
Un momento después terminaban sus bebidas y el muffin cuando Tom le toma de la mano.
—Ven conmigo — le dijo mientras se dirigían hacia el baño del establecimiento. Al entrar, Tom comprobó que estuviera vacío y se dispuso a quitarse la camiseta, cosa que hizo alarmar al otro.
— ¡Hey! ¿Qué haces? —- Le preguntó alarmado el otro, abriendo a más no poder sus hermosos ojos avellana.
—No te preocupes, sólo quiero enmendar por ahora el error — le dijo pasándole la camiseta y dejando ver un pecho hermoso, ni tan musculoso, pero si bien tonificado — me dices que tenías una reunión importante y no creo que sea conveniente presentarte con un Manchón de café, así que ponte la camiseta, y podrás estar mejor.
— ¿Una camiseta?, es una reunión con altos ejecutivos — le dijo alzando un poco la voz.
—Tienes una chaqueta elegante — le dijo — pude verla cuando entraste — y calló pues torpemente se había delatado. El otro chico no dijo nada.
—Pero, esta usada, ósea… Sudor… — dijo balbuceando pues era muy escrupuloso.
—No, sólo la tengo puesta lo que llevamos hablando, ¿recuerdas que te dije que era proveedor de este establecimiento? Pues bien siempre suelo tener otra muda de ropa para cuando termino de hacer mis entregas, también climas como los de hoy y para…. accidentes como el de ahora — dijo bajando su mirada. — sólo póntela y me la puedes devolver cuando envíes la cuenta de cobro de la tintorería.
—Eee…está bien — dijo dudoso, al no tener más alternativa y pensando en esa estúpida reunión tomó la camiseta que el de trenzas le ofrecía, entró a un cubículo del baño y se cambió. Al salir Tom no dudó en mirarle.
—Wow… de verdad que te ves mejor — le dijo mirándole con algo de picardía e inconscientemente moviendo el pircing de su labio — Sí, definitivamente mejor — término luego de carraspear al darse cuenta que estaba siendo más evidente.
Salieron del baño y se dirigieron de nuevo a la mesa y el rubio se puso su saco y lo acomodó un poco de modo que no se notara que tenía una simple camiseta deportiva notando que de verdad no se veía mal.
Se apresuró a sacar su cartera para pagar pero Tom se lo impidió.
—No, es por mi cuenta, ¿recuerdas?, y otra cosa, ¿Cuál es tu nombre? — Le preguntó y por enésima vez en el rato que estuvo con el rubio se perdió en sus hermosos ojos avellanas.
—Oh cierto, aquí está mi tarjeta con mis datos — le dijo pasándole una tarjeta de presentación elegante, la cual Tom recibió pero evitó rozar sus dedos.
— ¿Tú tienes alguna? Pues debo saber dónde envió la cuenta
Tom salió de su ensoñación mientras buscaba su tarjeta, la verdad es que no quería que se acabara ese momento.
—OK “Tom Trumper”— dijo leyendo la tarjeta del trenzado — muchas gracias y pronto te llegará el documento
Diciendo esto, salió del establecimiento dejando a un Tom en las mismas y a la misma vez, triste.
Bill Kaulitz -Arquitecto– leía en la tarjeta suspirando y volviendo a su cruel realidad.
Unas calles más adelante, un Bill Kaulitz percibía un olor agradable, una mezcla de vainilla y avellana, detuvo su caminar para encontrar de dónde provenía dándose cuenta que era de la camiseta de Tom —¿Lo volveré a ver? Creo que No — Se preguntó y respondió así mismo pero sabía que esos olores siempre le recordarían a él.
F I N
¿Qué les pareció? Gracias por pasar a leer.
¿Y por qué no? Ñiiaaa Bill es muy frío y el pobre Tom estaba dando todo de sí, para ganarse la confianza de este extraño y guapo chico de ojos avellana. Me encantó el fic, hermoso como la mayoría de las cosas que escribe Crazy4Bill.