Notas: Hace rato no subía algo, y esta es una ADAPTACIÓN del Corto Alemán El Sueño del caracol (2001) que fue nominado al Oscar de ese año.

Mi Primera vez escribiendo en Primera persona y en tiempo presente. Gracias a Dusty por el beteo.

«OCTUBRE»

(One-Shot de Crazy4Bill)

Era un día otoñal, y como todas las mañanas, en la mesa de siempre se encontraba aquel rubio, con su media coleta, sus lentes, como siempre revisando su Tablet y anotando en su agenda.

Sí, pareciera que fuera un stalker, pero hace varias semanas lo vi y no he podido dejar de visitar este café a la misma hora, sólo por verlo, pero soy demasiado tímido como para acercarme a él y por fin hacer contacto; odiaría el hecho de ser rechazado.

&

Otro día más en el café y de nuevo frente a ese hermoso rubio, con su Tablet y agenda. Trato de tomar mi café pero lo riego, ya que me sobrepasé de azúcar, y lo boto casi encima de mi ropa en el afán de limpiarme. Todos voltean a verme después de la maldición que lanzo, entre los ojos que me miran están los de él

«¡Oh, pero que idiota y torpe eres!» me grito mentalmente, pero es que no puedo evitarlo; pido un jugo, pues debo justificar el que siga sentado aquí. Tengo un libro que también me ayuda a disimular y trato de tomar mi jugo, pero al hacer ruido con el pitillo, el rubio de nuevo me mira por encima de sus lentes; me quiero morir, trágame tierra. Bajo mi mirada y la concentro en el libro (que no tengo idea cuál es) y trato de seguir bebiendo sin hacer ruido.

Han pasado, ¿5 minutos? Y siento que me miran, alzo mi mirada y veo al rubio que tiene sus ojos en mí, ¿o está mirando el reloj que está detrás de mí?

Hoy estoy decidido, tengo que hacer algo para acercarme, para hablarle, pero ¿qué le diré? “Oh, tus ropas son geniales” “¿Debes estar en una banda de rock?” Nooo… frases idiotas.

Veo que pide la cuenta y sale, ¿lo hago, no lo hago? Pido mi cuenta y salgo, al menos quisiera saber qué hace, dónde vive….

Una vez que pago, salgo del café, y busco su rastro en medio de la calle, con su melena o su altura es difícil que se pierda.

Camino una calle más y lo diviso, trato de seguirle lo más sigiloso posible, no quiero ser sorprendido nuevamente. Unas calles más y veo que voltea, llego hasta esa esquina y lo pierdo, pero puedo ver una pequeña librería, la única en esa calle ciega, por lo que me imagino entró en ésta.

La pequeña librería es muy particular, hay desde una señora que juega con su tarot, más allá una anciana que toca una linda melodía en el piano (qué es aún más raro en una biblioteca) y produce un ambiente calmo para leer, la mayoría de las personas allí son gente mayor, me miran y siguen en sus cosas, quizá les llame un poco la atención mis ropas, o mi cabello liso, que contrasta con mi barba, o mis ropas un poco flojas…

Desechando esos pensamientos de lo que pensarán los demás de mí, sigo en busca del rubio. Paso unos estantes y ahí está, viendo algún libro; de pronto me mira y por instinto de supervivencia (o para evitar otro bochorno) tomo uno del estante.

―Hola ― Me saluda, yo sólo me sobresalto.

―Hola ― Le respondo, y siento mi cara arder, ¿será que me reclamará que le esté espiando o siguiendo?

― ¿Te puedo ayudar en algo? ― Me pregunta. Ahora entiendo, él trabaja en este lugar.

―Sí… No― No sé qué decir, me siento descubierto, debo pensar algo rápido. ―Sí, quiero comprar éste ― le digo mostrándole el libro que tomé al azar, ni notando de qué se trataba, pero tratando de desviar su mirada de mi cara, que seguía sintiéndola arder, y dando gracias que el espacio estaba algo oscuro y así no podía ver el color escarlata que tenían mis mejillas.

Él me mira con esos hermosos ojos chocolate y espero algún reclamo, pero en lugar de eso, sonríe y mira el libro.

― ¿Te gustan los caracoles? ― Me pregunta, yo lo miro sin entender.

― ¿Qué?

―Caracoles ―Me dice mostrándome el título del libro, dándome cuenta que el que tomé se trataba de esos animales en particular que poco me agradaban.

―Sí, no, en realidad no es para mí ― Le respondo aún más avergonzado, no sólo por el hecho que me sentía descubierto, sino porque lo sentía muy cerca de mí, escudriñándome con sus hermosos ojos, además que su voz me cautivó. Mi mente empezó a vagar más rápido que la velocidad de la luz.

― ¿Te lo envuelvo? ― De nuevo me pregunta, yo como inerte digo que sí, al fin y al cabo tenía que seguir con mi “teatro”.

―Mira, voy a la caja y regreso en un momento ― Me dice y yo sigo perdido en sus ojos y en su voz.

Suspiro y me dirijo a la caja, esta tendría que ser mi oportunidad, y mientras espero por el rubio, paso mi vista por el lugar y miro cada detalle de éste, de verdad es un lugar particular, uno de los clientes que está leyendo y tomando notas me mira y saluda con una sonrisa, eso alivia un poco mis nervios. Veo algunos cuadros y fotos antiguas, quizá de algunos escritores, también veo que hay artículos que no conozco.

― ¡Ejem!― Llama mi atención el rubio ― son 30 Libras.

De nuevo los nervios vuelven a mí, y busco el dinero en mi billetera tratando de evitar que se noten. Le paso el dinero y evito mirarle a los ojos, porque de seguro cometeré otra torpeza.

―Qué tengas buen día ― me dice entregándome el cambio, el cual tomo con mi mano fría y aún sin mirarlo, le agradezco y salgo de la tienda.

Llego a mi apartamento, y suelto toda la respiración en mis pulmones, tal parece que la hubiera retenido todo el tiempo desde que estaba en el café. Pero me siento contento, al menos pude interactuar con él. Debo seguir para poder saber más de él.

Me tiro a la cama y empiezo a recordarlo en mi memoria, sus hermosos ojos achocolatados, su preciosa piel, el tatuaje de su mano, su forma de vestir, su forma de sonreír, su voz… con estos pensamientos y una sonrisa boba en mi rostro, me quedo dormido.

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Otro día más y me alisto para ir a la librería.

Al llegar me saluda la señora del Tarot, me pregunto si podrá ver mi futuro, también me saluda el señor mayor que sigue leyendo y tomando notas, creo que ya me sienten como parte de este lugar, pero sólo tengo un objetivo y lo encuentro tratando de poner unos libros en el estante, voy hacia él y llego en el momento preciso que algunos de estos caen de sus brazos, me saluda y sonríe.

― ¿Los Caracoles y su Jerarquía?― Me pregunta por el título del libro, esta vez, como muchas otras, ni me fijo en el que escojo, sigo sin tener el impulso de hablarle más allá que para comprar libros, que al final, quedan sin abrir en la mesa al lado de la puerta de mi apartamento.

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¡Por fin sé su nombre!BILL, ese es el nombre que le llama aquel hombre que siempre me saluda con una sonrisa. Ahora mi lindo rubio ya tiene un nombre… BILL.

Pero yo sigo sin tomar el impulso, ¿y si no le gusto? ¿Y si sólo me ve como un amigo? ¿Y si no le gustan los chicos? ¿Y si ya tiene a alguien en su vida? Tantos “Y SI´s…” que me retractan, pero mientras tanto, los libros de títulos que no tienen nada que ver conmigo y que están sin destapar, siguen apilándose en la mesa al lado de la puerta de mi apartamento.

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Y los días siguen pasando, y yo puntual en la librería, y todos los días me digo, “HOY SERÁ EL DÍA,” pero me acobardo a último momento. Al entrar cada vez, veo que Bill me recibe con una sonrisa en su cara, sonrisa que he llegado a amar y a soñar, y me emociona sentir que esa hermosa sonrisa es por mí.

&

Y pasan algunas semanas, y no me he decido a decirle nada, aunque hemos intercambiado alguno que otro punto de vista, de lo que escuchamos hablando a los hombres que siempre están en la mesa junto a la ventana que discuten de la política y de épocas pasadas y sigo sin decirle nada más.

Me gustaría saber más de él, que le gusta, que no le gusta, que le emociona, que no le emociona, ¿le gustarán los días lluviosos como a mí? ¿Le gustarán los perros como a mí? ¿Cómo se llevarán Durkas – mi perro – y él? Hasta he compuesto algunas frases de canciones que rasgo en mi guitarra en las solitarias noches en mi apartamento, siempre pensando en él y diciéndome como un mantra “MAÑANA LO HARÉ.”

&

―Bill, ¿vas a hacer algo después de tu trabajo? Podríamos ir a beber alguna cerveza… o un café, sí, me gustaría invitarte un café.

¡Aish! Estoy frente al espejo ensayando la forma de invitarle a salir, pues ya he decidido que hoy es el día, no puedo darle más largas, tengo tantas cosas por decirle y tanto por compartirle, tanto amor para darle.

Al final me despido de Durkas y él, sin hablar, me da ánimos con su mirada, lanza un lamento que más parece un “Tú puedes”, me pega en la pierna con su cabeza y sigue durmiendo.

Salgo con la emoción a mil, mi corazón lo siento a punto de salir y el camino a la librería se me hace más largo que en otras ocasiones. Llego a mi destino y de nuevo vuelven mis nervios y trato de retroceder, pero algo me impulsa a seguir.

Entro ya a ese espacio tan familiar y acogedor y lo busco… voy a la sección de Filosofía, ya que él suele mantenerse en esa parte y no está, vuelvo a la caja pensando que puede estar atendiendo a alguno de sus clientes y tampoco está, veo que alguien está en la escalerita arreglando unos libros en los estantes altos pero no es él.

El ambiente en la librería se siente extraño.

Sigo buscándolo, ya más ansioso y me dirijo hacia el hombre que siempre me saluda con una sonrisa.

―Buen día ― Saludo a aquel hombre.

―Hola.

―Disculpe, ¿sabe si Bill no viene hoy a trabajar?

― ¿Bill? ¿Es usted algún familiar?

―No… bueno… sólo soy un amigo.

―Bueno….

&

Camino y corro o las dos cosas, hacia mi apartamento, tratando de retener mis lágrimas, me tropiezo con algunas personas en el camino y otros sólo me insultan pero no me importa, como no me importa el pedir disculpas por mis torpezas y descuidos, esta vez no.

Llego a mi apartamento y aún retumba en mi cabeza lo que el hombre me cuenta.

Bill tuvo ayer un accidente en su auto, creo que el entierro será mañana o pasado mañana, aunque no lo sabemos exactamente…

Ahora mi pecho siente algo inexplicable, no salen lágrimas, quiero gritar, pero no sale el grito, pero siento como mi respiración se corta y caigo en el frio piso…

Durkas siente mi tristeza y ahora suelta un lamento, lame mi cara y se echa a mi lado.

&

Han pasado varias horas en las que estoy en el piso, no sé qué pensar, aun peleando conmigo mismo para su recuerdo que viene y va en mi cabeza, no se vaya definitivamente y con los “SI HUBIERAs” martirizándome más.

De pronto, mis ojos se topan con la pila de libros en la mesita, prolijamente empacados, y con un impulso de paso, asustando a Durkas que salta hasta otro extremo, los tomo y abrazo, como tratando de sentir su energía en ellos, los miro como si fueran el tesoro más valioso y los arreglo de acuerdo a como los compré, del primero al último.

A pesar de no querer romper nada de lo que él haya tocado, empiezo a rasgar la envoltura del primer libro y me rio al ver el título, de pronto, observo una nota:

Dos de Octubre: Sé que me seguiste hoy desde el café. No creo que hayas comprado este libro con la intención de regalárselo a alguien. También sé que es una locura lo que estoy haciendo, escribirte así en este libro, pero la verdad, es que me encantaría volver a verte. ¿Volverás a verme? Bill.

Mis ojos se abren a más no poder, y mis lágrimas ahora no se hacen esperar y siento que ruedan por mis mejillas, y mi corazón corre a mil de nuevo, ya no es de emoción, ni de nervios, si no de angustia, tomo otro de los libros y los rasgo sin importar que fue envuelto por él y de nuevo mi perro está asustando y me mira con ojos de querer explicación por mi comportamiento.

Tres de Octubre: Aunque no hablas conmigo, puedo leer lo que tus ojos me dicen. Eres hermoso.

Cinco de Octubre: ¿Cómo te llamas? Aún no lo sé, pero me imagino que nombre ira contigo. Por favor, habla conmigo, o dame una señal.

Nueve de Octubre: ¿Sabes? Anoche soñé contigo, Sentía como me abrazabas y cómo te estremecías en el beso que ahí te daba, lo siento si te digo esto pero quiero expresar lo que me haces sentir. Deseo cada día poder verte.

Doce de Octubre: Me confundes ¿Por qué no me respondes? ¿Acaso las señales que siento de ti son diferentes a las que siento por ti?

Leo todas las notas en los libros, y las tomo y las abrazo, son pedazos de él en ellas. Tomo el último libro y le quito la envoltura, mis manos tiemblan, es la última nota de él.

Catorce de Octubre: ¡TE AMO! Bill.

F I N

¿Qué les ha parecido? -les entrega pañuelos- No olviden comentar. Gracias por leer

por Crazy4Bill

Traductora del Fandom

Un comentario en «Octubre»
  1. Ñiiiaaa, yo conocía la otra versión y déjame decirte que esta es maravillosa. Quiero llorar y abrazar a Tom, pero a la vez, quiero darle un zape y decirle ¿por qué no le hablaste? Fue tan intenso y lindo. Gracias Crazy4Bill por estas historias maravillosas.

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