Administración: Este fic fue publicado aquí en febrero del 2017 y se había perdido, pero por petición ya ha sido recuperado y rescatado.
Notas: Bien, he regresado con un shoot inspirado en un corto que vi por ahí en FB hace unos días y me pareció lo más adorable hacerlo en el mundo TOLL… y sobre todo romanticón como me gustan porque lo necesitamos.
Gracias como siempre el beteo de Mizuky y dedicado a mis TOMTas Inmaduras Alianza del Pacífico…

«Plomero»
(One-Shot de Crazy4Bill)
—“Hay un plomero disponible en su edificio que atenderá a la solicitud 456789. Gracias por elegir Handyhand.” —Leyó Tom en un mensaje de texto que le enviaba la compañía de arreglos domiciliarios. Tenía varios días con un goteo en su lavaplatos que lo desesperaba.
Subió los cinco pisos por las escaleras, en vez del ascensor, pues no quería parar su ejercicio matutino.
Llegando a su piso, divisó a un rubio de esbelta silueta con brazos delgados que arreglaban una bisagra.
—Hola.
—Hola —respondió el rubio algo desconcertado de recibir el saludo del extraño, que de impacto le llamó la atención.
—Mira, me he mudado al apartamento 4B, ¿puedes pasar conmigo? —Preguntó Tom.
—¿Pasar… contigo? —Preguntó dudoso el rubio.
—Tengo una llave que lleva días goteando y me tiene loco.
—¡Oh..! Este…. Por supuesto, en un momento voy y… lo reviso —contestó el rubio sonriendo, cosa que no pasó desapercibida por Tom.
—Genial, te espero entonces. —Dijo Tom mientras pasaba de él para dirigirse a su apartamento, necesitaba urgente darse una ducha, pues el “plomero” iría pronto y no podía recibirlo oliendo a sudor.
Una hora después, Tom se deleitaba con la vista que el plomero rubio le daba, mientras arreglaba la llave, no sabía como describir las cosas que sentía de verlo más de cerca, y detalló que tenía unos tatuajes que a su parecer, le hacían ver muy sexy. Él no era de gustar mucho de los hombres tatuados, pero había algo en el rubio que lo hacía verse demasiado apetecible.
—Está listo. —Dijo el rubio mientras terminaba de apretar la rosca con su llave multiusos. —Sólo era un pequeño ajuste lo que necesitaba tu llave. Ya te dejará en paz. —Terminó mirando a Tom, pero la mirada de éste hizo que el rubio apretara más de la cuenta la rosca de la llave, lo que hizo que se quebrará haciendo saltar un gran chorro de agua en toda la cara del plomero, cosa que hizo que Tom soltara una sonora carcajada.
El rubio miró con ojos rasgados a Tom.
—Lo.. jajaja.. lo siento… jajaja… pero es que fue inevitable —Respondió entre risas Tom. Aunque en realidad sí había sido una escena divertida, al castaño también le había parecido lo más tierno del mundo.
El plomero con una cara entre serio y sonriendo, desató la camisa que tenía alrededor de su cintura, se secó la cara y por instinto, o como si se tratase de un amigo de mucho tiempo, se la lanzó a Tom a modo de “pelea”.
Tom la recibió en la cara, y siguió riendo, pero pudo percibir un olor demasiado atrayente que emanaba la camisa.
Luego de un rato, y de una que otra charla y sonrisas, el plomero terminó su trabajo y se dispuso a salir de su casa.
—Deja veo si tengo más sencillo para pagarte… —dijo Tom mientras buscaba en su billetera billetes de otra denominación.
—Descuida, es gratis —respondió el plomero—. Si necesitas algo más, vivo en el apartamento del fondo, en el 4E.
—Por cierto, me llamo Bill.
—Soy Tom —contestó con una gran sonrisa que se asomó en su cara. Ese sexy y hermoso plomero vivía en su mismo edificio, y en su mismo piso, estaba de suerte.
Estando en otro mundo recordando ese hombre que le había llamado demasiado la atención, y con la misma sonrisa de tonto, fue interrumpido por el timbre, a lo que pensó que su plomero se le había “olvidado” algo como excusa.
—¿Señor Kaulitz? Soy el Plomero —dijo un hombre mayor frente a él, vestido de uniforme donde se podía apreciar el logo de HANDYHAND y más abajo el nombre de Peter.
&
Más tarde, se veía a Tom caminando el largo pasillo hasta el apartamento 4E, junto con una botella de vino, porque debía pagar, de alguna manera, la “ayuda” que su plomero y ahora vecino le había brindado.
Iba muy bien arreglado, oliendo estupendo, pero sobre todo, muy nervioso. Llegó por fin a la puerta del apartamento, suspiró y llamó.
—¡Hola! —Saludó efusivo Tom.
—¡Hola! —Respondió Bill, en su cara también mostraba admiración, por no decir emoción, de ver a su vecino, que vestido de otra manera a la deportiva, se veía demasiado bien.
—¿Por qué no me dijiste que no eras el plomero? —Preguntó directo Tom—. Es gracioso, pero… ¿por qué?
—Pues porque quise ayudarte —respondió el otro sonriendo, haciendo que el corazón de Tom se saliera de su pecho.
—Este… quería agradecerte y… te traje esto. —Dijo nervioso Tom, mientras le pasaba la botella de un delicioso vino. —Es especial para fiestas, por si… ya sabes.
—Mmm…. Es de los que me gustan. —Respondió el Bill, tomando la botella—. ¿Qué te parece si la bebemos juntos esta noche? ¿A las 8 pm te parece? —Le preguntó.
—¡Claro! —Respondió el castaño conteniendo la emoción que sentía. Quería en serio estar con aquel rubio y conocerlo.
—¡Espera! Una camisa como la que tienes debes lucirla como debe ser. —Le dijo Bill mientras le arreglaba el cuello a su prenda de vestir, haciendo sentir un corrientazo extraño en el momento que el roce de su mano toco su cuello. Las piernas de Tom flaquearon y sólo sonreía como bobo.
En ese pequeño acercamiento, Tom también pudo observar que su vecino tenía unos ojos hermosos, y sobre todo, unos labios provocativos.
Se despidieron, o más bien, Bill cerraba la puerta casi en las narices de Tom, puesto que este, estaba en las nubes.
Su hermoso vecino, le había invitado esta noche a tomarse el vino… juntos y solos, en su apartamento, a sólo unos pasos donde él también vivía solo….
Saltando de emoción, corrió a su apartamento, pues debía prepararse para la CITA con su plomero personal.
Llegando a su apartamento, corrió a su closet y casi lo desbarató buscando la mejor ropa para ponerse, pues debía de dejarlo muerto, matado.
Se miraba al espejo y hacia miles de combinaciones con casi todas las prendas de su closet, luego de mucho rato de batallar eligiendo la mejor, se dispuso a bañarse, porque debía oler espectacular.
A los hombres no sólo se los conquista por el estómago, también por la nariz y los ojos.
Luego de dos horas en el baño, haciendo su ritual de cremas de belleza que solía usar y después de mirarse al espejo y detallar que todos sus músculos lucieran como deberían de lucir, se terminó de arreglar, claro que de igual forma, cambió su ropa otras 300 veces más.
Un Tom, más arreglado que nunca, recorría de nuevo el largo pasillo hasta el lejano (a parecer) apartamento 4E.
Esta vez no dudo al tocar la puerta y, ansioso, esperaba ser recibido por Bill.
—¿Hola…? —Fue el saludo que le dio otra persona que no era su hermoso plomero.
—Ah, tú debes ser el vecino nuevo —Le dijo un rubio bajo de lentes, con una coleta alta.
—Esteee… ¿sí? —Respondió desanimado. La sonrisa de Tom desapareció poco a poco de su hermosa cara.
—Verás, el “plomero” aún está en la ducha, es que… ya sabes, a él le gusta sentirse más que satisfecho después de…. Ok, olvídalo… aún no termina —le dijo el gafas con una sonrisa burlona que hizo que la sangre de Tom hirviera y que, a esas alturas, se le notara en la cara.
Se sentía un tonto ahí parado.
—¡Ah!… sí… lo lamento —respondió Tom más que humillado.
—No te preocupes, nos pareció divertido. —Dijo el bajo, aún con más burla, divertido viendo como la cara del otro palidecía.
—Pero no te quedes ahí, pasa… —Le dijo mientras le abría más la puerta a modo de invitación.
—No… lo siento —respondió Tom entre molesto y aún más humillado. — Sólo vine a disculparme, ya que… pues, verás, tengo trabajo esta noche.
—Ahh… pues qué lástima —contestó acentuando la voz de burla el amigo de su vecino. —¿Quizá en otra ocasión?
—Sólo dile que lo siento. En serio, lo siento.
—Claro que se lo diré. —Diciendo eso, le lanzó una mirada entre odio y burla y le tiró la puerta.
Tom sólo quedó absorto, mirando el pedazo de madera color blanco frente a él. Había pasado tanto tiempo desde su última humillación que no recordaba como se sentía.
Maldijo una y otra vez a su vecino, pero más se maldijo a él por ilusionarse tan apresuradamente. Ese vecino era un maldito.
Bajando la cabeza, suspiró y, arrastrando sus pies, llegó a su apartamento y quiso no volver a salir de ahí, o al menos trataría de evitarlo, pues no podría soportar verlo junto a su pareja y sentirse aún más idiota.
&
—¿Es él? —Bill salió apurado del baño, con una toalla envuelta en su pequeña cintura.
—Este… sí, el vecino, dijo que lo siente, que no podrá venir.
—Ahhh… y dijo por qué —Preguntó el rubio con un tono de voz triste y desanimado.
—Mmm, nop, no dijo un porque, solo algo de su pareja o algo así, pues habló demasiado rápido y puff… se fue.
—Ahh…. —Fue lo único que contestó Bill, y sin poder evitarlo, su cara cambió a una con una gran tristeza y decepción.
El otro rubio sólo vio como su amigo se adentraba a la habitación cerrándola con llave. Se dio cuenta que su broma había ido demasiado lejos.
&
—¿Así que tiene novio? —Preguntó Geo a su amigo, mientras tomaban camino al ascensor, al día siguiente después de haberlo convencido de ir por unas cervezas, ya que el castaño había estado algo distraído y triste después del incidente con su vecino-plomero.
—Lo sé, soy un idiota.
—… No te pongas así, no lo sabías, el idiota es él por querer burlarse de ti, y te salvaste que se haya sobrepasado contigo, o sea.. digo, después de que hubieses tenido un sexo salvaje te hubiese tirado a un lado como si te conozco, no me acuerdo.
—Geo, amigo, no estás ayudando. —Lo calló Tom, ya que su amigo siempre era extremista y muchas veces en vez de animarlo, lo empeoraba. Pero él amaba al castaño, era su “comadre”, su compinche, y el único de sus amigos que de verdad lo entendía.
Estando en su retahíla, Geo no se percató que Tom había frenado bruscamente al momento de llegar al ascensor.
Frente a él, Geo vio a un rubio alto, vestido impecable, que miraba a su amigo con unos ojos -que él describiría después- como de oveja degollada, como también, notó que su amigo casi se cae, de no ser porque le había tomado del brazo, que lo ayudó a evitar que cayera.
Cayó en cuenta que el hombre que estaba frente a su amigo era el plomero-vecino.
—Hey… ¡Hola! —Saludó el rubio nervioso.
—Ho…hola, ¿qué tal? —Respondió Tom entre molesto, pero de igual forma, emocionado.
Los dos se quedaron viendo, olvidando el resto a su alrededor.
Un carraspeo de Geo los sacó a ambos de su burbuja, haciendo que Bill por fin notara la presencia del otro.
Le saludó con un movimiento de cabeza.
—Hey, hola —Contestó desafiante Geo. Por un momento odiando al rubio frente a él.
—Oye, que lástima que te fuiste anoche —Le dijo Bill a Tom ignorando a Geo.
—Sí, que lástima —contestó Tom algo serio.
Un silencio incómodo se instaló entre los tres hombres.
Bill no sabía que decir, o sí quería decir muchas cosas, pero no sabía si era un buen momento, pues veía que Tom no estaba solo. Un sentimiento de tristeza se apoderó en su pecho. Realmente quería conocer a ese hermoso chico de nariz respingona y con hermosos ojos que se perdían cuando sonreía.
—Bueno, ¿y qué harás esta noche? —por fin preguntó.
—Bien… pensábamos ir a la Gruta —Respondió Tom con lo primero que se le vino a la mente mientras abrazaba a Geo a modo de posesión.
Geo entendió lo que su amigo quería hacer y le siguió el juego, abrazándolo por la cintura, mientras miraba desafiante a Bill.
Bill quedó mudo por un momento.
—Ahhh… cosas de pareja me imagino. —Preguntó por fin, tratando de evitar sentirse más tonto de lo que ya se sentía.
—Sí. — Respondió Tom.
De nuevo hubo un silencio incómodo y el par de vecinos se metió en una nueva burbuja, dejando a Geo excluido.
—Disculpa… —Dijo al fin Tom, a modo de despedida, empujando a Geo para entrar al ascensor.
—Oh, sí, claro, entiendo, discúlpame. —Respondió el rubio decepcionado.
—Pásenlo bien. —dijo por fin despidiéndose—. ¡Ah! Por cierto, anoche… espero disculpes a mi amigo, a veces me visita sin avisar y es un bromista de primera, y siempre me hace bromas pesadas.
Diciendo eso, tomó camino a su apartamento.
Tom quedó petrificado por lo que acababa de escuchar, y Geo no podía aguantar la risa. Su amigo en afán de sacarse el clavo, la había cagado en grande con el futuro amor de su vida.
—¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! —repetía Tom como un mantra
&
En la noche, Tom estaba aburrido viendo su novela coreana favorita y comiendo unos pasabocas, cosa que hacía cuando se sentía triste o nostálgico, de pronto sintió sonar su celular, indicando que tenía un chat por WhatsApp.
B: Hola vecino.
T: Heyy, daddy, ¿cómo estás?
B: ¡Bien! Y… ¿tu novio sabe que recibes video chats de tus vecinos?
T: Él no es mi novio, soy soltero. Geo es como mi hermano.
T: Sólo trataba de ponerte celoso… Y sí, #soyUnIdiota
B: ¡Nahh! No me di cuenta. 😉
T: Debes pensar que soy un inmaduro
B: Creo… que eres demasiado adorable.
B: ¿Qué te pareció La Gruta?
T: Al final no fuimos
B: Tal vez podamos ir juntos algún día.
Tom no podía contener su corazón en su pecho, sentía que este se le iba a salir o explotar.
Miraba el chat con una sonrisa boba, le había dicho que era adorable y le había propuesto ir juntos al bar de moda.
Estando en su mundo -llamado Bill- el toque de la puerta lo sacó de su paraíso, haciéndole maldecir, ya que sabía podría ser Geo con cualquier excusa para quedarse.
Abrió la puerta y esperando encontrar a su amigo, pero encontró a su hermoso vecino que traía la botella de vino.
—El mejor momento es el presente —dijo mientras esperaba que el castaño le dejara pasar.
Tom no lo pensó más, tomando la mano del otro, lo empujó hacia dentro de su apartamento, cerró la puerta y se sonrieron.
El castaño dejó la botella de vino en la mesita que tenía cerca a la puerta y se deleitó mirando al hombre frente a él, cuando de pronto, sintió que unos labios suaves y sedosos se apoderaron de los suyos en un beso tierno, pero lleno de ansias, haciendo gemir de los mismos sentimientos al otro.
Después de ese largo beso, se separaron y se miraron a los ojos, agitados.
—Sí, realmente el presente es el mejor momento. —Terminó Tom, retomando de nuevo el beso, esta vez más tierno y romántico.
& FIN &
No importa si no dejas un comentario, el hecho que te haya hecho sacar una sonrisa, es mi recompensa.
Fue muy tierno todo 🥹 y amé el final 🤍