Notas: Este fic fue escrito originalmente en el 2015, pero se perdió en el camino, así que lo hemos recuperado y aquí está para que lo disfruten. Espero no se asusten muajajajaja (risa maligna)
«Embrujados»
(One-Shot de MizukyChan)

Los chicos desayunaban en el departamento que compartían todos. Llevaban casi tres años juntos como banda y, aunque les iba bastante bien, no debían excederse en los gastos. Además, al tener sólo 15 años, los gemelos no eran del todo confiables y David no quería problemas con Simone, quien, si sucedía algo, se lo comería vivo.
Así estaban esa mañana, riendo del cabello de Georg que amaneció más rebelde y peliagudo que nunca, cuando entró el productor con un rostro indescifrable.
David se sentó a la mesa con una taza de café y los miró a todos.
—Les gustan los shows en vivo, ¿cierto?
—Claro, somos buenos y mientras Bill no desafine, estaremos perfectos. —Bromeó el de rastas para molestar a su hermano, quien le mostró el dedo medio.
—Tengo un buen evento —anunció serio el adulto y todos sonrieron.
—¡Genial! ¿Dónde? —preguntó el pelinegro, hiperactivo como siempre.
—En el “Ron’s Opera House”, en un pueblo pequeño. —David esperó un grito de negación.
—¿En un… pueblo pequeño? Pero ya somos famosos —alegó el cantante, un poco confundido y con el ceño fruncido.
—Lo sé chicos —El adulto dio un gran suspiro—. Es más bien un problema que hubo en la discográfica. Se equivocaron con otro grupo y decidieron mandarnos a nosotros para llenar el vacío —dijo bajando la cabeza, los chicos al verlo tan afligido se miraron y asintieron.
—Bueno, no vamos a dejar a nuestras fans, de ese pequeño lugar ignoradas. Iremos y lo haremos estupendo —afirmó Bill, en calidad de líder del grupo.
—Gracias chicos. Nos vamos mañana viernes, para preparar todo. El espectáculo será el sábado por la noche y regresaremos el domingo por la mañana —explicó rápidamente el productor, evitando que alguno de los chicos se fuera a arrepentir.
—Vaya, eso sí será rápido —dijo Gustav, con una mirada de misterio—. ¿No será que nos ocultas algo, David? —Preguntó, mirándolo fijamente.
—Yo, yo…, no, ¿cómo crees? —Casi se ahogó con sus palabras y decidió marcharse con rapidez. En caso de que el rubio, “sabelotodo” le arruinara los planes.
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Al día siguiente todos estaban en la furgoneta que los trasladaría. El rubio tenía su laptop y escribía frenéticamente palabras en él.
—¿Qué tanto escribes, Gus? —Interrogó el castaño, tratando de mirar por encima de su hombro.
—Trato de averiguar lo que oculta David —respondió, sin dejar de teclear.
—Él no oculta nada, Gus, ya nos dijo que fue un error de la discográfica, por eso estaba raro —manifestó Bill, revisando su bolso de mano.
—Aquí está lo que buscaba —dijo Gus triunfante, mirándolos a todos detrás de sus gafas, parecía todo un investigador privado—. El “Ron’s Opera House” está embrujado —Todos lo miraron y luego miraron a Tom, quien palideció de inmediato.
—¿Embrujado por quién? ¿El fantasma de la Opera? —preguntó Georg a modo de broma, aún mirando al rastudo, quien parecía haber dejado de respirar.
—¡Dejen de decir bobadas! —Se enojó Bill. Cogió sus audífonos grandes y miró a su gemelo—. No escuches esas tonterías, Tomi, toma… ponte esto. —Y con sumo cuidado le ayudó con los audífonos y apretó su mano. Tom obedeció a su hermano y se quedó quieto, escuchando a “Nena”.
—¿Puedo seguir ahora? —cuestionó el rubio, ansioso por contar su descubrimiento.
—Te pasaste, Gus, sabes que Tomi se aterroriza con esas cosas sobrenaturales —Le recriminó el pelinegro, pero aun así le alentó a continuar.
—Dicen que en 1925… —Comenzó el rubio, pero fue súbitamente interrumpido.
—¿1925? ¿Tan viejo es ese lugar? —comentó el castaño sorprendido.
—Ssshhh —Le chistaron los otros dos.
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Tom miraba los labios de todos sin entender nada. Pero internamente, prefería que fuera así, él sabía que era un cobarde en todo lo relacionado con el “mundo espiritual”.
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—En 1925 —continuó el baterista—, se realizó una gran presentación y durante la escena final, cayó un reflector del techo, sobre la protagonista y la mató. Desde entonces, ella hace lo imposible por sabotear los shows de todos los que se presentan allí. —Finalizó Gustav.
—¿Así que el fantasma de la opera es en realidad una mujer? —comentó el castaño, con un toque de ironía.
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Tom lo miró y claramente reconoció la palabra “Fantasma” y se estremeció. Inconscientemente, apretó la mano de Bill, quien viendo su miedo, lo abrazó por los hombros.
—No pasa nada, Tomi, son sólo historias de internet, nada es real. —Le acarició suavemente la espalda, aunque Tom ni siquiera lo escuchó por los audífonos.
—No sé por qué pusimos a Tom con imagen de gánster, si es el más cobarde del grupo. —Volvió a hablar el castaño. Gus asintió.
«Pero no podríamos maquillar a Tom» Pensó el rubio, sacudiendo la cabeza, para quitarse aquella terrible imagen mental.
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Al llegar al hotel, David no les dejó bajar del vehículo.
—Chicos, hay “más” problemas —explicó, mirando a la nada.
—¿Qué pasa ahora? —preguntó Bill, cabreado por el largo viaje.
—El hotel está en reparaciones —anunció sin mirar a nadie a la cara—. Y…, es el único hotel del pueblo, así que…
—Así que, ¿qué? —agregó molesto Gustav.
—Tendremos que quedarnos en el teatro. En el “Ron’s Opera House” —Finalizó.
—¡¿Qué?! ¡Ese lugar está embrujado! —Gritó Tom, logrando que todas las miradas se volvieran a él, por lo chillón de su tono de voz—. ¡No pienso quedarme allí! —subrayó, cruzando los brazos, cual niño pequeño.
—¿De qué hablas, Tom? —Señaló el adulto—. El lugar es viejo, pero de ahí a que esté embrujado… Ya no eres un crío, Tom. No creas en tontos cuentos de terror. Y ustedes —Señaló a Gustav y Georg—. ¡No lo asusten! —Les amenazó—. Bien, vamos al teatro.
No les quedó más remedio que aceptar y el conductor los llevó al lugar.
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Al llegar, los cuatro jóvenes, miraron con asombro el teatro. La construcción era realmente antigua, pero estaba bien conservada, era simplemente majestuosa.
—¿Ves, Tom? No era tan terrible como decía Gus —Le acarició su gemelo—. ¿Por qué no das un paseo, mientras yo nos consigo la mejor habitación? —Le sonrió dulcemente.
—Gracias Bill, en verdad no quiero entrar ahí —dijo bajando la mirada.
—No te preocupes, yo te cuidaré —Le dio un leve beso en la mejilla y se separaron.
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El de rastas se fue al patio, aún iluminado por el sol. Había un jardín central muy bonito y se sentó allí a oír música. No se percató de nada, hasta que sintió una ligera brisa, seguida de un escalofrío y volteó.
—Hola. —Había una chica como de su edad, muy linda, piel pálida, cabello dorado y ojos grises.
—Hola —contestó, sacándose los audífonos.
—¿Vienes con el grupo? —preguntó ella. Llevaba un vestido blanco muy limpio.
—Sí, soy el guitarrista. —La chica se sentó a su lado, sonriente.
—Soy Bianca. —Le miró directo a los ojos.
—Yo soy Tom. Encantado. —Le tendió la mano, pero la chica no le respondió.
—Me gustas, Tom —señaló la rubia, sin dejar de verle, el chico se sonrojó y tosió.
—Mmm, gracias, tú también eres muy linda.
—Lo sé… —Ella acentuó su sonrisa—. ¿Tom? ¿Quieres ser mi novio? —Él se sintió incómodo. Y aunque ya eran, casi famosos, y muchas mujeres le decían cosas como esas, siempre… se sentía incómodo, como si traicionara a alguien.
—Verás…, no sería correcto estar contigo —explicó tranquilo—. Estaremos aquí sólo por un par de días. Y, pese a lo que se dice de mí, no me gusta jugar con las mujeres.
—¿Y esa persona te corresponde? —Inquirió la muchacha.
—¿Eh? —preguntó el rastudo. No entendía a la chica. Su pregunta no tenía nada que ver con sus palabras.
—Hay alguien que te gusta. Lo puedo ver en tus ojos, por eso te estás excusando —dijo ella en forma misteriosa, Tom sintió un hielo recorrer su espalda—. Repito la pregunta, ¿esa persona te corresponde?
Como si la intensidad de la mirada de la rubia le delatara, recorrió en su mente, en busca de ese ser a quien siempre le rendía lealtad. Y como si se tratara de un rayo, la verdad apareció claramente… Bill.
—Esa persona…. —Sacudió la cabeza en forma negativa—. No como yo quisiera pero, ¿qué se puede hacer? No puedes obligar a alguien a quererte —dijo y se alzó de hombros.
—¿Y no te gustaría cometer un desliz… conmigo? —Sonrió la chiquilla, mostrando sus perlados dientes.
—Ya te lo dije, o más bien tú lo dijiste, mi corazón es de alguien más.
—Ya veo, bueno… adiós Tom, nos veremos pronto.
Tom la siguió con la mirada, pero de pronto parpadeó y ya no estaba. Nuevamente sintió un escalofrío y volvió a ponerse los audífonos.
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A la hora del almuerzo, el rastudo sintió su estómago rugir y fue en busca de su hermano. Él sabía que Bill era muy obsesivo y a veces se saltaba las comidas hasta terminar lo que hacía. Así que decidió buscarlo.
—Bill… ya vamos a comer, tengo hambre —canturreó entrando al lugar del concierto. El pelinegro giró para verle y se alegró de que estuviera más despejado.
—Tienes razón, Tom, no podremos hacer mucho aquí. Este teatro es taaaaan viejo —Exageró moviendo los brazos—. Mira Tomi, todo se está cayendo a pedazos —Sonrió—. ¿Aún tienes miedo? —preguntó con suavidad, pero de inmediato abrió los brazos para su hermano y Tom lo abrazó.
—No Billa. Me siento más tranquilo, además estarás conmigo. —Bill le besó la frente.
—Muy bien dicho, yo te protegeré de cualquier estúpido fantasma. —En esos momentos, se cerró la puerta de golpe. Tom dio un salto y Bill maldijo—. ¡Estúpido teatro viejo de mierda! —Gruñó—. Hay corrientes de aire en todos lados, capaz y hasta me resfríe. —Bufó enojadísimo, lo que hizo sonreír a su gemelo.
Cerca de ellos la “Dama de blanco” los observaba molesta.
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Estuvieron paseando por el pueblo y vieron que en realidad era muy pequeño, incluso llegaron a pensar que nadie iría a verlos, porque no había mucha juventud, sólo se veían ancianos en las calles.
—Este lugar me pone los pelos de punta —comentó Georg, al sentir las miradas de los habitantes del pueblo.
—En realidad parece una maldita película de terror —agregó Gus—. A lo mejor y nos matan a todos esta noche. —Tom tuvo un escalofrío y sujetó la mano de Bill, quien le acarició con el pulgar.
—No empecemos con lo de los fantasmas. —Ordenó el pelinegro.
—Bill, es en serio, parece el pueblo de “Masacre en Texas”, es espeluznante. —Un aire helado les erizó el vello de la nuca a los cuatro.
—Mejor regresemos, ya se hizo tarde y quiero estar descansado para mañana —dijo el cantante. Sin soltar la mano de su hermano, caminaron de regreso al teatro.
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Al llegar Tom alzó la vista y vio a Bianca, la saludó con la mano y los chicos miraron en esa dirección, no viendo a nadie.
—¿A quién saludas? —indagó Georg.
—A Bianca, la conocí esta mañana, pero ya no está —dijo como si nada.
—Acabas de llegar y ya estás de Casanova. —Le recriminó el pelinegro soltándole la mano, Tom se sintió incomprendido y siguió a Bill hasta la habitación que compartirían.
—Bill, no es lo que crees —repitió por tercera vez—. De verdad la vi un rato, fue sólo eso.
—Seguro era una fan que quería ser tu novia —expresó el pelinegro, de pronto con un nudo en la garganta.
—Sí, pero le dije que no.
—¿O sea que “sí” quería ser tu novia? —Se sentó molesto.
—Vamos Bill no te enojes conmigo —Lo abrazó y sintió como su hermano se relajaba.
La luz se apagó de pronto, dejando a los gemelos en la más profunda oscuridad. Tom se asustó.
—¡Maldito teatro viejo de mierda! Hasta problemas con las luces tiene. Ven, Tom, acostémonos a ver si se me pasa el enojo. —Se quitaron la ropa quedando sólo en bóxers y se metieron a la cama.
—Bill, tengo miedo —susurró el de rastas.
—Ven aquí, Tomi. —Se abrazaron fuertemente y en la oscuridad se dieron un leve beso en los labios, dejando una hermosa sonrisa en ambos chicos.
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Por la mañana los gemelos continuaban abrazados. Se despertaron y se volvieron a besar, sonriéndose mutuamente. Feliz por esa nueva sensación de calidez que se expandía en sus vientres.
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Tom se aventuró a explorar el teatro, encontrándose de nuevo con Bianca.
—Hola —le dijo él, muy amistoso.
—Ya sé quién es —comentó ella, un poco molesta—. Quien está en tu corazón —Tom palideció, era un secreto—. Es el chico delgado, que se pinta como niña.
—No le digas así, él es Bill —Se abstuvo de decir “mi hermano” y “gemelo”.
—Me vengaré de él.
—Hey, olvídalo, déjalo en paz —subrayó con la voz molesta—. Si le haces algo, nunca te lo perdonaré —dijo de pronto sintiendo la rabia creciendo en su interior.
Ella se fue y él prefirió regresar con su gemelo, no quería que ellos se encontraran. Llamó a Bill desde su celular.
—¿Billa, dónde estás?
—Estamos revisando el escenario, ¿por qué no vienes? —Pidió el cantante, con la voz cantarina.
—Voy para allá. Espérame —Suspiró—. ¿Bill?
—¿Mmm?
—Un beso. —Colgó, sintiendo como los colores llegaban a sus mejillas.
Caminó rápidamente, perdiéndose en dos oportunidades. Hasta que finalmente llegó al escenario. Bill le vio y se acercó para saludarlo y entonces algo grande se desprendió del techo.
—¡Cuidado, Bill! —Gritó David.
El de rastas palideció. Por un segundo pensó que ese gran peso, caería sobre su hermano, pero por los pelos se salvó. Corrió hacia Bill y lo abrazó.
—¡Estúpido teatro embrujado! —Gruñó el pelinegro, totalmente furioso, tratando de quitarse el polvo de su maravilloso atuendo.
—Dios mío, ¿Bill, estás bien? —Tom se separó para verle a los ojos.
—Sí, Tomi estoy bien. —El de rastas no aguantó y se echó a llorar.
—Creí, creí que te perdería. —Lloró sin parar.
Las personas alrededor, se alejaron para dejarles en privado, después de todo, ya conocían sobre la poderosa conexión que existían entre los Kaulitz.
—Jamás me iría sin ti, nunca te dejaría solo, Tomi —le susurró al oído.
—¡¿Qué demonios pasa?! —Gritó David— ¡¿Dónde demonios está la seguridad?! Chicos, váyanse, revisaremos todo de nuevo y cuando estemos listos los llamaré —Todos asintieron.
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Los gemelos regresaron a su habitación y se echaron en la cama. Tom no quería dejar de abrazar a su gemelo, pero eso no disgustaba a Bill.
—¿Qué crees que pasó allá abajo, Billy? ¿Crees que en verdad haya sido un embrujo o un fantasma? —preguntó el rastudo, tratando de disfrazar los temblores de su cuerpo cada vez que mencionaba los hechos paranormales.
—No, claro que no. Este lugar es taaaan viejo, que seguro la madera no aguantó el pesó y terminó por ceder —señaló Bill científicamente. Tom sonrió.
—Te ves lindo cuando sonríes, Tomi.
—El lindo eres tú, yo soy sexy —acotó el mayor y jugó con el piercing de su labio.
—¿Qué se siente?
—¿El qué?
—¿Mover el piercing?
—¿Quieres intentarlo? —Le alzó una ceja, a lo cual el pelinegro se sonrojó.
—Sí.
Se acercó y con su lengua movió el pequeño metal, Tom se estremeció y no pudo evitar sacar su propia lengua y rozarla con la de Bill, ambos gimieron al contacto. Tom acortó la distancia y se apoderó de los labios de su gemelo en un beso necesitado y esperado.
Bill no se negó, al contrario, jadeó dentro del beso. Se abrazaron más fuerte y sus cuerpos se unieron. Bill se puso sobre Tom, haciendo que éste abriera las piernas para darle espacio. El beso seguía lo mismo que las caricias y los gemidos. Al separarse, ambos se sonreían felices.
—Besas mejor que cualquier chica que hubiese besado jamás. —El pelinegro se sonrojó.
—Tú me guiaste bien —admitió con las mejillas encendidas.
—Sólo espero que todo salga bien esta noche. No le perdonaría a David si te cae algo del techo de nuevo —agregó totalmente serio.
—No te preocupes, ningún fantasma arruinará nuestro concierto. —Se volvieron a besar.
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Después de varias revisiones, todo estaba seguro y listo para el show. Tom pudo ver a Bianca entre las fans, sonreía y estaba feliz.
A diferencia de lo que los chicos habían pensado, llegó mucha gente y todos corearon animosamente las canciones. Y justo en la canción final, las luces se apagaron y una risa estruendosa se oyó.
La gente gritó despavorida, pues todos sabían del fantasma del “Ron’s Opera House”. David los sacó del escenario y justo antes de volver a subir, Bianca le tomó la mano al rastudo y lo llevó a un lado.
—Tienes razón, Tom —susurró sonriente.
—¿Acerca de qué?
—De que no me puedo interponer entre ustedes.
—Gracias.
—Ahí estás, Tom Kaullitz —dijo la voz del pelinegro— ¿Y tú quien eres? —preguntó molesto, más bien celoso.
—Soy Bianca, quise quitarte a Tom, pero no pude, tú ganas, Bill —comentó con una sonrisa y se fue. Bill estaba confundido, pero a la vez alegre.
—Ven, vamos a la cama —dijo jalando el brazo de Tom.
—Lo dices literalmente o con un doble sentido —Bromeó el de rastas.
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Después de pasar una noche bastante movidita, los gemelos subieron al vehículo que los llevaría de vuelta a la civilización, aquel domingo por la mañana. Gus de nuevo tenía su laptop en las piernas y sonrió.
—Miren lo que encontré… es una foto de la “Dama de blanco” la fantasma del “Ron’s Opera House” —Volteó la pantalla y los gemelos palidecieron.
—Es Bi, Bi, Bianca —tartamudeó Tom casi en un susurro.
—¿Cómo sabes su nombre? Bill no nos ha dejado hablarte de nada de ella —preguntó el rubio.
—Yo la vi —comentó Tom, palideciendo aún más. El pelinegro apretó su mano.
—No te preocupes, Tomi, ya no tendremos que volver nunca más a este feo lugar.
Tom estaba confundido, no sabía si sentirse aterrado por haber interactuado con un fantasma, o feliz, porque gracias a ella, él y Bill ahora eran novios. De cualquier forma, jamás regresaría al Ron’s Opera House.
F I N
¿Qué les pareció? Espero lo hayan disfrutado. Si les gusta, me harían feliz comentando. Beshoshs, les quiere su amiga MizukyChan.
Me dio miedo pensar que hubiera pasado si le hubiera caído eso del techo >__<
Cierto, habría sido tragedia, pero este es un one-shot, así que no había tiempo para el drama, sólo una excusa para darles un final feliz 😉