Administración: TollWriter al igual que muchas escritoras, corren peligro en wattpad, por la censura anti-Toll, por lo que ha accedido a resguardar sus archivos en nuestra web. Y aquí tenemos el primer fic de muchos. Disfruten de la lectura 😉

«Doblemente asistente»
(One-Shot de TollWriter)
—Ya no aguanto más, me voy.
Ese conjunto de frases hizo palidecer al rubio que se encontraba descansando en su habitación, se levantó a la velocidad de la luz, tomó su bata de seda negra y salió como pudo por el pasillo, aún tenía puesto su antifaz antiarrugas, pero eso no lo detuvo y trastabilló hasta llegar al gran salón de su enorme casa, se quitó el antifaz, pero no tuvo tiempo de reaccionar, la puerta fue azotada casi en sus narices, la abrió rápidamente y vio a la mujer furiosa derrapando su auto para poder largarse de ese lugar, el lugar en que había trabajado durante años. Bill se apresuró para alcanzarla, pero al tener los pies descalzos y al tener su entrada llena de arena por la construcción de su nueva piscina no pudo hacer mucho, la vio salir por las puertas principales, sin embargo, un rayo de esperanza apareció cuando se detuvo bruscamente, Bill sonrió y se acercó desesperado.
—¿Qué haces, Lina?— expresó agotado llegando a la ventanilla del auto.
—Tu hermano me cansó, me harté.
—Mi hermano es un idiota y lo sabemos.
—Sí, es un idiota, pero te lo había advertido Bill. Si él volvía a interferir en mi trabajo, me iría.
—No puedes dejarme ahora, Lina.
—Sí, si puedo, ¡estoy harta de los dos!—
Bill abrió su boca indignado, colocó su mano en el pecho y fingió estar dolido. Lina le valió pepino y, después de tirar su renuncia por la ventana, salió disparada por la carretera. Dejando al rubio tosiendo por el polvo que levantó.
—¡De mí nadie se harta, me oíste Lina!— tomó los papeles y se regresó furioso hacia su casa donde Tom lo esperaba en el umbral bebiendo tranquilamente una cerveza, paso de él y entró para sentarse en su sillón preferido, encogió sus piernas hasta pegar su pecho en ellas, enterró su cabeza para poder asimilar lo que había sucedido.
—Qué dramáticos son— Tom se burló de la actitud del rubio.
—Cállate, no sabes lo que hiciste.
—No hice nada, Lina estaba harta, lo dejó bien en claro.
—¿Qué haremos, Tom? — suspiró y levantó su cabeza para mirar a su tonto hermano. —La gira es en un mes y Lina sabía todo nuestro itinerario.
—Lo lograremos sin Lina.
—Dilo por tí, tú tienes a Jessica.
—Jessica y yo nos divorciamos hace meses. ¿Lo recuerdas?—
—¿Ah, sí? Peor aún, ¿qué haremos sin Lina y sin Jessica? Lo esperaba de Patrick o de Erick, pero de ti, de mi propio gemelo, del hombre que está conmigo desde hace 36 años, me estás matando, hermano.
—Rayos, Bill, deja el drama — tomó su laptop y su celular —iré a la cabina a hacer unos arreglos de la nueva canción—, se acercó y besó su frente —te mando un mensaje para que le des tu aprobación—. Bill asintió como autómata, su espíritu lo había abandonado y estaba en total shock. Se abrazó a sus piernas y lloró, sí lloro, porque Bill sabía que sin Lina no sobreviviría.
&
Tom casi que corrió cuando vio la casa de su hermano en penumbras, se asomó por los ventanales y no vio nada, ni la chimenea estaba encendida, se asustó, su hermano no era amante de la oscuridad, así que dígito la clave y entró. Ni un ruido se escuchaba, ni la televisión, ni el sonido de los hielos cayendo. Tom encendió la luz de su teléfono y casi cayó de culo cuando vio a su hermano en la misma posición en lo que había dejado horas antes.
—Demonios, Ratón, me asustaste.— murmuró; sin embargo, el rubio se mantuvo callado. —¿Por qué no has encendido las luces?
—No sé cómo hacerlo — susurró mientras levantaba la cabeza.
—Te dije que en tu teléfono está la app para controlar la casa.
—No sé dónde está mi teléfono.
Tom puso los ojos en blanco y se adentró a la habitación de su hermano; estaba igual de desarreglada. Haló las sábanas y de estas cayó el teléfono. Lo tomó para encender las luces, la chimenea y hasta la nevera. Salió de nuevo, pero faltaba algo, algo ruidoso y peludo.
—¿Dónde está Alfia?— indagó. Llegando a donde su hermano, que ahora sí estaba consciente.
—Demonios Alfia— se levantó y fue a la zona de juegos de su perra para encontrarla llorando con su plato en la boca. —Voy a asesinarte a ti también — la alzó y la sacó para dejarla libre por el salón. Tom sacó su comida y la echó en su plato para dársela a la peluda que la devoró en segundos.
—No pensé que Lina era indispensable para ti.
—No miento, voy a morir sin que alguien sea mi asistente.
Tom suspiró y marcó en su teléfono un número conocido.
—Hola, Georg.
—¿Qué hay, Tom?—
—Necesito que nos consigas un asistente urgente.
—¿Qué pasó con Lina?—
—La despedí.
—¿Por qué? Lina llevaba muchos años con ustedes.
—No hacía su trabajo.
—Es mentira, Tom otra vez se interpuso en su trabajo, ella se hartó de él y me abandonó— Bill expresó muy rápido cuando rapó el teléfono de su hermano.
Georg suspiró e informó que le dieran un par de días.
&
—¿A dónde vamos?—
—Iremos a escoger a nuestro próximo asistente.
—Georg no se haría cargo de eso.
—El filtro lo pasaron tres personas y, como Georg sabe, lo exigente que eres los mando el mismo de Alemania.
—¿Todos son de Alemania?
—Solo uno.
—Escógelo tú— expresó sin ganas de nada. —Yo lo aceptaré.
—No, Bill, vas a escogerlo tú, ¿de acuerdo?
—Bien— miró por la ventana a los tres aspirantes allí esperando. Una mujer no mucho mayor que su madre, un joven que tenía pinta de nerd y allí estaba él. Bueno, Bill solo pudo observar su fuerte espalda cubierta con una camiseta blanca, pantalón tipo rapero y sus rastras negras. El rubio no se inmutó en repararlo de pies a cabeza. Los músculos de sus brazos resaltaba. Bill se perdió en sus pensamientos imaginando que lo sostenía y los estrellaba en una pared. No importaba cuál, lo importante eran las embestidas que le daba. Bill se imaginó siendo fuertemente cogido por ese hombre, se imaginó sudorosos y gimiendo a la par, algo que extrañamente le parecía familiar.
—Oye, me estás escuchando— escuchó a lo lejos, pero dio un bote cuando Tom tocó el claxon. —¿Estás babeando por el chico de rastras?
—¿Qué? Puff, claro que no.
Era imposible negarlo cuando su erección se notaba bajo la ropa, y Bill trataba de ocultarla con su gran bolso.
—No creo que estés tan emocionado por la señora o por el nerd.
—Cállate y bájate.
—Tú eres el que debes de bajar—, efectivamente Tom ya se encontraba de pie afuera del auto esperando al rubio. Bill bajó y caminó hasta la terraza del bello restaurante sin apartar sus ojos de los hombros de aquel chico. Casi se corrió cuando por fin pudo ver su rostro. Era un adonis, un dios griego, la reencarnación de Afrodita, pero en versión hombre. Bill tragó el nudo que se formó en su garganta y tomó la copa que descansaba en la mesa.
—Bien, ustedes pasaron el primer filtro. Les haré unas preguntas y los iré descartando.
Los tres aspirantes asintieron.
—¿Tienen problema con los homosexuales?—
Todos negaron con la cabeza.
—¿No habría problema si llegamos a pedirles que se muden a la casa de Bill?—la señora levantó la mano.
—Lo siento, tengo una familia que atender— Bill sonrió cuando Tom le dijo que le agradecía por venir.
—¿Son tolerantes con los animales? Bill tiene un perro y yo dos, algunas veces les tocará cuidarlos.
—Soy alérgico — dijo el nerd.
Bill mordió su labio al ver que solo quedaba su adonis.
—Ven, acércate — Tom le pidió a su único aspirante. Miró a Bill que no había pronunciado palabra, y eso era muy extraño viniendo del rubio que era un parlanchín de primera.
—¿Cómo te llamas?—
—Tom Trümper—
—Ay, mi hermano se llama Tom— el rubio intervino viendo cómo su adonis le sonreía mientras asentía.
—De hecho, mi hermano se llama Bill.
—Oh, lo siento, ¿eres fan de nosotros? — indagó el castaño; uno de los requisitos era que no debían ser fans para evitar contratiempos.
—Bueno, mi mamá es la que era fan de su banda vintage.
—¿Disculpa?—riñó el rubio indignado.
—Lo siento, no quiero ofender, pero su banda está pasada de moda y ya no son tan populares como en los 2000.
—¿Quién te crees?— El rubio estaba indignado por lo que escuchaba, sabía que últimamente se había viralizado por un Tiktok, pero siempre había tenido fans y desde sus inicios, así que sí eran populares aún.
—Bill… calma.— el castaño se levantó para hacer sentar a Bill, que tenía los hombros tensionado y una mueca de disgusto pintada en su rostro. —No importa la opinión sobre nuestra banda. Solo queremos un asistente.
Bill asintió y tomó más vino de su copa medio llena.
—Estoy capacitado —murmuró el rastudo, llenándole la copa de nuevo.
—Eso lo veremos.
&
—Bien, Tom, esta es la casa de Bill — dijo el castaño, entrando a la inmensa mansión de su hermano y que casi estaba desocupada.
—No hay nada —
—Bill va a mudarse porque, como verás, la construcción de esa piscina ha traído más problemas que soluciones. Además del ruido que harán los trabajadores, ya te imaginarás lo estresante que es y Bill no debe de estresarse al menos no antes de una gira.
—Sí, me imagino que a su edad es muy importante el silencio.
Tom río y, en cambio, Bill endureció más su rostro.
—¿Por qué no comienzas a trabajar y me arreglas mis maletas? — ordenó el rubio desde el único sillón que había quedado en su salón. El rastudo asintió y caminó por donde Tom le indicó que quedaba la habitación de su hermano.
—No lo quiero de asistente.
—Vamos, no hace ni media hora, te agradaba hasta querías chuparle la…
—¡Ese no es el punto!— interrumpió Bill levantándose.
—¿Entonces qué cambió?
—Nos dijo banda vintage, ¿qué demonios es eso?
—Somos clásicos, eso es bueno.
—No es bueno, nos dijo que estábamos pasados de moda.
—Sabes que no es así, es más, creo que tenemos más visibilidad ahora.
—Eso es cierto, pero él, no sé, no me agrada, además de que creo que es hetero — murmuró despacio lo último, sin embargo, Tom lo escuchó.
—¡Ah! ¿Con qué eso es lo que te molesta, que no sea gay?
—No— negó, pero al ver la expresión divertida de su hermano río con él—, de acuerdo sí, es hetero y uno muy seguro de eso.
—¿Cómo lo sabes?
—Ni siquiera me miró.
—Puede ser que no le gustes.
—¿A quién no le gustaría una persona como yo?
—Ay, hermano, hay personas que no se dejan llevar por la fama o el dinero.
Bill puso los ojos en blanco y se sentó otra vez. Tenía que hallar una forma de deshacerse de su bonito asistente. Ese hombre tenía la palabra peligro pintada claramente en su frente y sentía muy en el fondo que sería su perdición… Otra vez..
&
—¡Bill!—
—Demonios, Tom, ¿cuántas veces te he dicho que no me asustes así?—
—Es que no me respondías.
— Tal vez sería porque estaba dormido.
—¿Quién duerme bajo este sol en una silla plegable?—
—Las personas ocupadas como yo, que deciden descansar un momento.
—Se te va a quemar la piel y tendremos que acudir otra vez al médico de pieles.
—Se llama dermatalogo, y cuál es el problema, tengo dinero.
—No por eso debes exponer tu piel—, Tom se atrevió a pasar su mano por la piel blanca y ahora muy rojiza de Bill. —Es muy hermosa.
El rubio se movió algo incómodo. Los días habían pasado y con ellos las esperanzas de que el rastudo se largará de allí y encima ahora su asistente había tomado una actitud un poco extraña e insinuante. Siempre lo tocaba o le decías cosas en doble sentido. A Bill le gustaba, claro que sí, pero siempre se mantenía a raya y Bill no rogaba, a él le rogaban.
—¿Bueno, y para qué me despertaste?— expresó quitando sus gafas de sol.
—Es que mi hermano está en recepción y necesito tu autorización para que suba.
—¿Tu hermano? ¿El mismo que iba después de la gira a los ángeles?
—Ese mismo, está abajo— le tendió su teléfono donde había una llamada en espera.
—Puedes atenderlo abajo, allí se hacen las visitas.
—No es una visita, mi hermano va a venir con nosotros.
—Claro que no, estamos en medio de una gira, no puedes descuidar tu trabajo.
—No lo descuidaré, además es más fácil que él viniera a Italia y no que tomara un vuelo hacia los ángeles él solo.
—¿Acaso tiene nueve años?—
—Dios Bill, mi hermano es muy inocente, no quiero que ande solo por allí.
—Bueno, no puede subir.
El rubio se colocó las gafas y trató de acomodarse de nuevo en su silla plegable, pero las voces chillonas de su gemelo lo levantaron de nuevo.
—¿Miren a quién me encontré abajo?— Su hermano venía con un hermoso chico pelinegro.
—¡Tommy!— chilló el chico y abrazó a su asistente que correspondió al abrazo.
—Qué bueno que te pudiste subir.
—Bueno, el señor Tom fue quien dio la autorización para hacerlo.
—Sí, bueno, el gruñón de mi jefe no está de ánimos— susurró para que Bill no lo escuchase, pero claro que lo escuchó y trató de responderle, pero de nuevo fue ignorado por su asistente y ahora hasta el hermano de este. Los vio alejarse y hablar tranquilamente, riendo de vez en cuando.
—¿Por qué lo hiciste?—
—¿Qué? ¿Es su hermano?
—Tom— riñó entre dientes. —Lo va a distraer.
—Solo estás así porque te robará la atención de tu asistente.
—Exacto es mi asistente y yo veré cuáles permisos darle.
—Yo también debería tener un asistente —
Divagó un poco el castaño, maquinando en su cabeza la locura que se le había ocurrido. Bill negó con la cabeza cuando intuyo lo que su gemelo pensaba, no pudo hacer mucho. Al instante, Tom se levantó y se acercó para hablar con los hermanos. Cuando el chico pelinegro se colgó literalmente de su hermano, Bill palideció. Habló un par de cosas con su asistente y este lo miró hacia él. Lo vio acercarse con una sonrisa, una muy bonita sonrisa, una muy cocinada sonrisa.
—Yo… — trató de hablar, pero no terminó por el abrazo que su asistente le estaba dando.
—Gracias por decirle a tu hermano que contratará a Bill.
—No es nada.— dijo en modo autómata.
—Significa mucho— el rastudo lo besó, uno muy simple, pero al final pudo sentir esos labios que lo había provocado desde hace semanas.
Tiernos y suaves.
&
—Es tu problema, no el mío.
—¿No sabía que Tom era gay?
—Es bi—
—O sea que sí va con esas intenciones con mi hermano.
—Yo no sé, Tom, averígualo tú.
—Pero …
—Te advertí que no trajeras a tu hermano, y que lo mandarás a los Ángeles.
El rastudo frunció el ceño y miró de nuevo la nota que su hermano le había dejado para irse a un lugar desconocido junto con Tom.
—Debemos ir a buscarlo—dijo mientras interrumpía de nuevo el descanso del rubio.
Habían terminado la gira y ahora solo descansaba en Chipre antes de volver a los ángeles. Todo iba perfecto hasta que su hermano y el castaño se fugaron como dos hampones a mitad de la noche. El rastudo solo encontró a la mañana siguiente una nota arriba de la almohada.
—Te he dicho que no me moveré de aquí.
—Bill, por favor— murmuró con ojos de cachorro abandonado.
El rubio negó con la cabeza, visiblemente molesto. Lo que le irritaba de su asistente era que tenía un control sobre él, uno muy extraño porque no recibía nada a cambio, claro, solo sonrisas y leves caricias.
Se levantó y tomó la toalla para entrar a la casa que habían alquilado y así pasar unas cortas vacaciones. El rastudo lo siguió y subieron a la habitación para poder empacar sus pertenencias. Rápidamente, lo hicieron y abordaron un vuelo con rumbo desconocido, al menos para el rastudo.
—¿A dónde vamos?—preguntó de nuevo el asistente, haciendo bufar al rubio como modo de queja.
—Ya lo verás.
—¿Cómo sabes que están allí?—
—Mi hermano es tan aburrido que visita los mismos lugares en sus vacaciones.— dijo mientras aceptaba la copa de champán que el azafato le daba y claro, Bill tenía que repasar con la mirada al pobre chico guapo. El rastudo solo se limitó a mirar a través de la ventanilla.
Llegaron a Haití entrada la noche y decidieron en reservar una habitación y descansar para que en la mañana siguiente comenzar con su búsqueda porque el rubio pueda que sepa el lugar, pero desconocía el nombre del hotel, de esas cosas siempre se encargaba Lina.
Con el sol inclemente entrando por la ventana el rastudo se levantó para poder cambiar su vestuario, tomó su teléfono y leyó un par de mensajes salió rápidamente y tocó la puerta de la habitación de al lado como no tuvo respuesta paso su tarjeta para poder entrar encontrando la suite solitaria echa un desastre pero sin la presencia del rubio. Se le hizo extraño, una de las cosas que debía hacer era despertar al bello durmiente porque él no podía por sus propios medios. Salió de nuevo y bajó al loft, nada. No se desesperó por no verlo; era fácil hallar a un rubio alto y demasiado hermoso en medio de los lugareños.
Caminó hasta las piscinas y logro verlo en una silla plegable acostado boca abajo y recibiendo los rayos del sol, se acercó porque había muchos hombres alrededor, hasta tuvo que apartar algunos para quedar a su lado, abrió los ojos cuando hallo la fuente de la curiosidad de las personas y con unos aplausos y expresando vagamente que eso era acoso la muchedumbre se retiró, su asistente tomó la toalla y la colocó sobre las nalgas rojizas de su jefe que dormía plácidamente. Se sentó a su lado mientras que contestaba algunos mensajes, en esa estaba cuando Bill despertó y se giró para sentarse y tomar un refresco. Notó la mirada de su asistente, pero la ignoró.
—¿No deberíamos estar buscando a mi hermano?
—Tú lo quieres encontrar, para eso has venido, por el contrario, a mí yo solo he venido a pasarla bien y poder al fin descansar.
—¿¿No te molesta que tu hermano esté con un desconocido?
—¿Qué podría hacerle tu hermano?
El rastudo se mantuvo callado y miró de nuevo su teléfono para luego contestar un mensaje.
—¿Qué? ¿Tu hermano te está escribiendo?— Quiso saber Bill tomando de su ahora copa de vino.
—No, es otro asunto.
—¿Qué asunto?
—Cosas que tengo pendientes y debo resolver.
—oh, se escuchó como la mafia — Bill río a carcajadas, dejó su copa en la mesa y se levantó para tirarse a la piscina, claro despertando la atención del público masculino y también de su asistente que solo pudo mirar como ese hilo se perdía entre ese par de cachetes esponjosos que su jefe tenía por trasero. Lo vio nadar, lo vio tomarse selfies mientras él se perdía atendiendo los mensajes que entraban.
—¿Algún problema con ese asunto?—le preguntó Bill, una vez que había salido de la piscina y se encontraba en la silla recibiendo otra copa de vino. Tom negó con la cabeza, pero aún tenía el ceño fruncido.
—¿Vas a estar así toda la mañana?—se quejó el rubio mirando el enfado de su asistente.
—¿No es demasiado temprano para beber?— Bill dejó su copa de vino ya vacía sobre la mesa y asintió.
—Ves a buscar algo para desayunar entonces.
Tom se levantó y se fue hacia el restaurante donde estaba el buffet. Cogió lo más saludable del menú y regresó de nuevo a la piscina con una bandeja. La colocó en su silla plegable y se sentó junto con Bill a desayunar.
—¿Después podemos ir a buscar a nuestros hermanos?
—Llamaré a Lina y ella me dirá el nombre del hotel — expresó el rubio devorando su desayuno.
&
—Demonios Bill, ¿sabes qué hora es?—se quejó su ex-asistente en la comodidad de su cama en Alemania.
—Lo siento, Lina, pero necesito que me digas una información.
—Ya no trabajo para ti, ¿lo recuerdas?
—Claro que lo recuerdo, espero que ya hallas descansado de nuestra presencia — murmuró indignado.
—No sabes cuánto — dijo mientras soltaba un gemido de satisfacción. —¿Qué quieres, no me habrás llamado para hablar?
—No, necesito el nombre del hotel donde se hospeda mi hermano en Haití—
—En el Caribbean Blue resort— murmuró y no esperó respuesta, simplemente colgó.
Bill bufó y se indignó más cuando su ex-asistente cortó la llamada.
—¿Y bien?— quiso saber Tom.
—Están aquí — expresó y se levantó para salir por la puerta y dirigirse a lado A del piso, había solamente dos suites el lado A y el lado B. camino por los pasillos que dividían ambos lados y se detuvo cuando vio la habitación principal, tocó varias veces hasta que finalmente su hermano salió adormilado y ligero de ropa. El rastudo entró sin invitación y encontró a su hermano bajo las sábanas blancas de la cama.
—Levántate, nos vamos — ordenó el rastudo a su hermano, que aún no comprendía que hacía su gemelo allí.
—No voy a ir, yo quiero quedarme con Tom.
—Te lleva mucho en edad.
—Oye, tampoco — se quejó el rubio mirando que la habitación del castaño era más grande que la suya.
—Bill, por favor, no te metas.
—¿Me trajiste aquí en contra de mi voluntad y ahora no me puedo meter? Esto es indígnate.
—Bien, basta— interrumpió el castaño. —Bill es mayor de edad y ha decidido venir por su voluntad conmigo, no lo he obligado a nada.
—Mi hermano es muy inocente y usted señor lo obligó.
—Tommy no, yo quiero estar con él… yo lo amo.
El rastudo negó con la cabeza. Mientras el rubio solo bufaba, poniendo los ojos en blanco y murmurando por lo bajo, un vaya que, si es inocente, el castaño solo se acercó para besar los labios de su joven asistente que aún estaba desnudo bajo las sábanas de esa gigantesca cama, otro detalle que el rubio no pasó desapercibido.
—Porque no se relajan mejor y vamos a cenar todos, yo invito— interrumpió el castaño después de que finalizara su sección de besos.
El rubio y el rastudo se miraron entre sí y aceptaron, total, ya el pelinegro había decidido tener un romance o lo que sea que tuvieran. El rubio fue el primero en salir y después lo hizo. Su asistente entró a la habitación del rubio y se acostó en su cama mirando el techo.
—Entonces ya dejarás a tu hermano en paz— murmuró cuando elegía su outfit para la cena.
—Ya decidió — Tom suspiró y se apoyó en los codos para mirar cómo el rubio sacaba perchas tras perchas y mirando su apariencia frente al gran espejo. Soltó un quejido cuando Bill comenzó a desnudarse para vestir con el atuendo escogido.
—Deja de mirarme así y ve a cambiar tu ropa.
—Entonces estamos de acuerdo en esa relación absurda— preguntó el rastudo volviendo a tumbarse a la cama.
—No sé tú, pero yo sí voy a ir a cenar gratis.
Tom río a carcajadas y se levantó para entrar a su habitación y tomar algo de ropa que, según él, era un buen outfit, pero debía de serlo porque cuando entró de nuevo a la habitación del rubio, este quedó sin habla. Tom sonrió. Siempre le gustaba la forma en que Bill reaccionaba a sus coqueteos, sutiles, pero que daban buenos resultados, siempre había sido así.
Salieron de la habitación y se encontraron con sus respectivos hermanos en recepción para luego salir a la calle y buscar un transporte, que obviamente no tardó mucho, porque al tratarse de los hermanos Kaulitz los servicios eran rápidos y efectivos.
Llegaron al restaurante y, al igual que en el hotel, los atendieron demasiado bien. A los Tom’s les daba igual, solo querían cenar y beber, pero a los Bill’s era muy importante e indispensable la atención, cosas de divas.
El teléfono del castaño interrumpió la amena charla que tenían los cuatro, se levantó indicando que eran cosas de su ex, pues si tenía que ponerse de acuerdo para el divorcio, todo era en común acuerdo, pero había propiedades y negocios que debían separar.
El pelinegro asintió recibiendo el beso que su amado le daba y luego lo vio alejarse para salir del restaurante, un poco no demasiado, ya que aún había prensa afuera.
—Aprovecharé para ir al baño— dijo a su vez el rubio, levantándose de la mesa. —¿No quieres venir?—le preguntó a su tocayo, pero este negó con un gesto de cabeza. Bill tomó su cartera y su teléfono y se alejó hacia los baños.
Los gemelos Trümper por fin habían quedado solos.
El primero en hablar fue «Bill»
—¿Por qué estás demorando tanto, Tom?—preguntó inclinándose un poco para hablar en susurros.
—No lo sé.
—Ya estoy haciendo mi parte y tú no has hecho nada.
—Es complicado —murmuró el rastudo viendo en dirección por donde Bill había desaparecido antes.
—¿Crees que es complicado?—ironizó el pelinegro.
—De hoy no pasa.
Su gemelo iba a hablar de nuevo, pero sintió al castaño a su espalda y cambió su expresión de enojada a agradable en un microsegundo, haciendo erizar a su hermano, que lo veía atentamente.
—Te demoraste, amor— Bill se inclinó a los provocativos labios de su sexi «novio» para besarlos, cerrando los ojos en el proceso y volviéndolos abrir para mirar a su hermano y guiñarle un ojo para luego separarse y tomar su copa de vino. En ese momento también se acercaba el rubio moviendo sus caderas y batiendo su cabello como un modelo bastante sensual.
El rastudo no era ciego para no darse cuenta de que su jefe estaba mucho más hermoso que antes, como cuando lo vio por primera vez.
Negó con la cabeza y bebió de su copa. No era un buen momento para recordar, ahora tenía otro interés y una promesa que cumplir, así que llamó a la mesera que felizmente se acercó para esperar la orden. El rastudo pidió una botella de vodka y comenzó a rellenar trago tras trago para que su jefe y el de su hermano bebieran, hasta saciarse. Cuando los hermanos Kaulitz estaban un poco perdidos y demasiado alegres, era momento de subir a las habitaciones. El pelinegro les costó trabajo llevar a Tom hasta la cama, pero lo consiguió desvistiéndolo en el proceso. Cuando lo vio enroscado y dormido, tomó una botella que había subido con ellos y se metió en el jacuzzi.
Por su parte el rastudo le fue más fácil con el rubio, aunque Bill estaba borracho tenía un poco de consciencia, sin embargo, eso no detuvo las tandas de besos y caricias desesperada por parte de Tom, recorrer de nuevo su piel blanca y suave, sentir los muslos tersos y firmes que rodeaban su cintura, apretar las nalgas a su gusto y poder comérselo otra vez era lo que Tom había deseado no le importaba el objetivo si en el proceso para lograrlo era tener a su jefe abierto de piernas y recibiendo las embestidas que con urgencia arremetía en su entrada.
Cuando acabó la sección de gemidos, Bill se enroscó en la sabana para dormirse. Tom aprovechó para mandar un mensaje, se levantó, se vistió con un solo pantalón y con el pecho en el aire salió para encontrar a su hermano esperando afuera, recostado en un mural y viendo la hermosa vista del océano y las playas de Haití. Tom se acercó y se apoyó cerca de Bill. Hombro con hombro, el pelinegro solo miraba la profundidad del mar, fumando un cigarrillo con la tensión en su cuerpo. No era fácil y no eran de ese tipo de personas, pero una promesa era una promesa. Cuando terminó su cigarro, lo apagó y lo lanzó a la caneca más cercana, se giró para mirar a su hermano y sonreír.
—Ya lo hice— fue lo que le dijo a un Tom que asintió y murmuró.
—Yo también.
—No sé por qué me siento terrible—dijo el pelinegro bajo la cabeza cuando sus ojos se humedecieron.
—Es normal— Tom lo tomó de sus mejillas para que lo mirara a los ojos. — Debíamos hacerlo — Bill asintió y abrazó a su gemelo.
—hay que terminar— dijo después de un largo tiempo de estar abrazados en la penumbra de ese pasillo, se separaron y cada uno se fue a la habitación recogieron lo que habían llevado con ellos y salieron de nuevo caminando por los vacíos pasillos y llegando al ascensor para bajar al parqueadero y salir sin ser visto hacia la calle pararon el primer transporte público y le indicaron al chófer que su destino era el aeropuerto de carga.
Su camino apenas comenzaba, pero lo importante era que su promesa había sido cumplida.
F I N
Gracias por la lectura. Vamos a darle amor a TollWriter a través de los comentarios 🙂