
Este capítulo va dedicado a las lindas personas que siempre comentan. 🙂 Disfruten, ha sido un largo camino. <3

Fic de ophelia_seven. Traducido por OuterSpace
35. La vida es buena
Bill dejó caer al suelo la pesada caja de cartón, haciendo un gruñido asquerosamente exagerado. Luego se enderezó, colocando sus manos en sus caderas, en señal de desafío. Delante de él, Tom ignoró su descontento y continuó caminando hacia la cocina con su propia caja de cartón, a remolque. Bill secó unas gotitas de sudor de su frente y siguió mirando hacia la cocina hasta que Tom regresó, sacudiendo sus manos en sus pantalones. Sus labios se levantaron en una sonrisa cuando sus ojos vieron a Bill en toda su gloria sudada y bien ejercitada.
—No entiendo cómo haces que las cosas se muevan—se quejó Bill, resistiendo las ganas de patear la caja que acababa de dejar a sus pies.
Tom se encogió de hombros, con suficiencia. Jugueteó con el aro de su labio al inclinarse sobre el marco de la puerta que separaba la cocina de tamaño decente, de la bonita y pequeña sala.
—Tengo muchos amigos en lugares altos —dijo a forma de explicación y Bill arqueó una ceja. Tom lo evadió, metiendo sus manos en sus bolsillos y removiéndose sobre sus pies—. Ok, está bien. Tal vez sólo GP y Celia, pero de todas formas.
Bill resopló y se sentó sobre la caja. Sus brazos y piernas se cruzaron, formando un nudo de extremidades indignadas; su mal humor se dejaba ver en el ceño fruncido de sus rasgos desolados.
—Anda, Bill —dijo Tom, tambaleándose por la habitación y levantándose sus pantalones al moverse. Ante el silencio de Bill, Tom tomó asiento en el suelo junto a él y pateó ligeramente el pie de Bill con el suyo. La acción no obtuvo más que un destello de sonrisa en sus ojos, así que tuvo que hacer un recordatorio—. Te dije que te recompensaría todo el trabajo pesado.
—Pues vas a tener que hacer algo mucho mejor que comprarme pizza —afirmó Bill, estirando sus pies y colocándolos sobre el regazo e Tom.
Por instinto, el ángel estiró una mano hasta su tobillo y lo frotó, haciendo círculos tranquilizantes sobre la piel por debajo del dobladillo de sus pantalones.
—Sólo te prometí mucha pizza para asegurarme de que estarías energizado para el resto del fin de semana.
Bill levantó una ceja, intentando evitar la sonrisa que amenazaba con apoderarse de su rostro, empezando, claro, por su boca. Una ventaja, la más grande, de que Tom consiguiera su propio lugar en donde vivir en vez de vivir en su casa, como Bill había sugerido en un principio, era que tendrían todo el lugar para ellos solos mientras estaban ahí. Era innecesario decir que Bill planeaba estar ahí al menos cada fin de semana por el resto de su vida, incluso si el nuevo puesto de Tom como una Sombra no le ofrecía exactamente fines de semana libres.
Con el conocimiento de que Tom era su alma gemela, Bill se había encontrado queriéndolo todo al mismo tiempo. Había querido que Tom se mudara con él, y cuando Tom lo había convencido de los beneficios que tendría si conseguía su propio apartamento, Bill, de inmediato, había querido mudarse con él. Había sido Tom el que le había recordado que esto era sólo el comienzo, que tenían toda una vida por delante y que no deberían apresurar nada. Bill no quería que las cosas fueran lentas, pero tenía que admitir que, así como lo había puesto Tom, le había hecho ver el encanto en la anticipación.
Sin embargo, el sexo era un acuerdo de interés común. Era algo en lo que los dos estaban rotundamente de acuerdo. Después de todo, ya lo habían hecho. ¿Por qué deberían detenerse y esperar para después?
—¿Para qué debería estar energizado?
Tom se quitó del regazo los pies de Bill y se acercó más para sentarse directamente frente a su novio. Levantó la mirada y fijó sus ojos sofocantes en los otros que lucían juguetones y tímidos. Como siempre, el calor se disparó entre ellos, enviando cosquilleos a los dedos de los pies de Bill.
—Hay que desempacar las cosas de la habitación y te lo mostraré.
Bill se cruzó de brazos, insubordinado, e intentó acabar con el cosquilleo en su vientre. Por mucho que encontrara placer en ceder ante Tom, también le gustaba hacer que el otro se esforzara por ello. Aunque Tom decía que cuando ambos se hacían los difíciles, era como una calle de doble sentido. Bill estaba convencido de que Tom era más fácil que él mismo.
—¿Y por qué debe ser la habitación?
Tom rió un poco, divertido, y luego negó con su cabeza.
—Está bien, tú eliges en dónde.
—Y después podremos hacerlo en el resto de la casa, ¿verdad? —preguntó Bill, bajando la guardia poco a poco, su juego de fingir inocencia se le resbalaba por los dedos lentamente. No era necesariamente fácil de atrapar, pero a veces quería ser atrapado.
Tom resopló, levantando una mano para acariciar el brazo de Bill que descansaba sobre sus mulos.
—¿Qué fue lo que te pasó? —preguntó el ángel, sus dedos se movieron hacia arriba para empujar un mechón de cabello detrás de la oreja de Bill. Cuando el mechón quedó en su lugar, dejó que su mano descansara contra el cuello de Bill—. Solías ser tan inocente, y ahora…
Bill tomó la mano de Tom y entrelazó sus dedos antes de bajarse de la caja, directo al regazo de su novio, presionando su trasero a sus muslos y juntando sus abdómenes firmemente. Tom se movió para reacomodarse y le sonrió a Bill, quien lo miraba por detrás de sus gruesas pestañas con sus ojos color café.
—Tú tienes el puesto de ángel —dijo Bill en voz baja, envolviendo sus largos brazos alrededor del cuello de Tom y manteniéndolo en su lugar—. Uno de los dos debe tener el papel de diablo.
—No —protestó Tom rápidamente, con una sacudida firme de su cabeza—. Tú no eres nada de eso.
Bill tarareó, valorando lo que Tom acababa de decir. Digirió la reacción que había tenido su novio y dejó que se mezclara con las pulsaciones cálidas de sus venas.
—¿Entonces qué soy?
Tom consideró sus opciones, muy deliberadamente, manteniendo a Bill en suspenso hasta que comenzó a retorcerse en su regazo. Tom estuvo seguro de que no terminarían de hacer nada si no le ponía un alto a todo esto pronto. Se movió y logró quitarse a Bill de su regazo, colocándolo a un lado en el suelo. Bill desenganchó sus brazos con un ligero puchero.
—Tú —empezó Tom, poniéndose de rodillas y acercándose a su novio ladino—, eres un atrevido.
Complacido con esa respuesta, Bill ronroneó, deleitado, y levantó su mentón para aceptar el beso que Tom le ofrecía.
—Creo que puedo con eso —murmuro, calculando su próximo movimiento coqueto. Revoloteó sus pestañas contra la mejilla del ángel.
—¿Sí? —preguntó Tom, dejando que su boca permaneciera cerca de la de Bill, lo suficiente para que él pudiera sentir su aliento chocando contra sus labios. Sus bocas apenas se tocaban. Bill asintió. Ansiosamente, se inclinaron para besarse y Tom no dudó ni un segundo para deslizar su lengua entre los labios de Bill y lamer su camino de entrada.
Pensó de inmediato en que ya no desempacarían nada, pero así de rápido como el pensamiento cruzó su mente, Tom decidió que no le importaba.
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Bill le dio un empujón al carrito de compras antes de subirse en él y patinar detrás de Tom mientras navegaban a través de los corredores. Por cada tres cosas necesarias que Tom añadía al carrito, Bill se aseguraba de tirar algo extra, en secreto, esperando que Tom no se diera cuenta hasta que llegaran a casa.
Cuando Tom tomó algo del estante y se volteó para verlo, Bill se bajó rápidamente del carrito, deteniendo su momento de diversión. La bolsa se sacudió en su mano para mostrársela y sus cejas se juntaron.
—¿Esto está bueno? —preguntó y Bill rió después de ver la caja.
—Tom… ¿macarrones con queso? —Tom se encogió de hombros casualmente, mirando nuevamente la foto de la caja azul—. No puedo creer que nunca hayas comido macarrones con queso. Es un clásico de la infancia de todos.
—¿Entonces sí está bueno? —insistió Tom.
—Sí —confirmó Bill con un asentimiento y Tom puso unas cuantas cajas en el carrito antes de continuar—. Esto es raro.
Tom miró sobre su hombro sin dejar de caminar.
—Ir de compras con alguien que no tiene idea de lo que hay por aquí.
Tom resopló, aunque no estaba irritado en verdad, y se dio vuelta para ir al próximo corredor, pasando sus dedos sobre algunas cajas, intentando encontrar algo que pareciera decente para él.
—Por eso necesito tu ayuda —dijo y luego se detuvo frente a un estante lleno de pan. Volteó su cabeza y ojeó a Bill inexpresivamente—. Aunque no estaba esperando a que me ayudaras a poner cosas en el carrito, a escondidas.
Los ojos de Bill se ampliaron de culpa y abrió la boca para protestar, pero Tom lo cortó rápidamente.
—Pero supongo que si son lo suficientemente buenas para que lo hagas, entonces no será malo probarlas.
—De verdad que no tengo ni la menor idea de lo que estás hablando, Tom —negó Bill, fingiendo inocencia al levantar su brazos sobre su pecho.
Rápidamente, Tom se inclinó sobre el carro y sacó una bolsa de ositos de goma (la primera cosa que había metido a escondidas) y una caja de PopTarts (que era la su adición más reciente). Aparentemente, Tom se había dado cuenta desde el principio.
Bill mordisqueó su labio y se encogió de hombros.
—No los había visto en mi vida —mintió.
—Sí, claro —murmuró el ángel con una sonrisa en su rostro, y luego volvió su atención al estante frente a él— ¿Qué pan es bueno?
—Oh, Tom —lamentó Bill, inmediatamente tomó una hogaza de pan planco y una de trigo. Supuso que los más básicos eran buenos para comenzar. Ya habría tiempo para experimentar después —. Tienes mucho que aprender.
Levantando sus hombros casualmente, Tom comenzó a caminar de nuevo por el pasillo y Bill se encontró a sí mismo siguiéndolo, cogiendo algunas cosas de los estantes, como mantequilla de maní y jalea.
Mientras Tom continuaba caminando por la tienda, Bill saltó de nuevo al carrito, permitiendo que lo llevara detrás de Tom. El ángel dio vuelta en la esquina y Bill intentó hacer que el carrito diera vuelta sin tener que bajarse, pero sólo se ladeó y Bill saltó justo a tiempo para ponerlo de vuelta sobre sus cuatro ruedas antes de que pudiera voltearse completamente y que toda su comida se cayera en el suelo.
Tom se dio vuelta rápidamente dándole a Bill una mirada de advertencia, bastante paternal.
—Ten cuidado con esa cosa estúpida —advirtió, mirando el carrito con desdén, aunque Bill estaba seguro de que ni siquiera había visto lo que había pasado—. Te vas a lastimar.
—Sí, padre —contraatacó Bill, rodando los ojos y gruñéndole a la parte trasera de la cabeza de Tom.
—Por dios, Bill —dijo Tom dejando escapar un suspiro de sufrimiento al pasar a otro pasillo. Se detuvo frente a los refrigeradores en donde estaban las pizzas congeladas y ojeó sus posibilidades.
—GP —corrigió Bill, con suficiencia, resistiendo las ganas de volver a subirse en el carrito.
Lentamente, Tom se volteó para ver a Bill con ojos inquisitivos.
—¿Qué?
—Dijiste “dios”, ¿no deberías decir GP?
—A veces eres como un dolor de culo —Bill mordió su labio inferior, notando el tono de afección en la voz del ángel.
—Y tú a veces haces que me duela a mí —dijo, bamboleando sus cejas, enfatizando su insinuación para que no pasara desapercibida.
Tom hizo un graznido de sorpresa ante el atrevimiento de Bill. Abrió su boca para reprender a su novio por ser tan directo en un lugar tan público, pero una voz conocida y dulce lo interrumpió.
—¡Bill! ¡Tom!
Ambos voltearon y encontraron a Celia, empujando su carrito medio lleno hacia donde estaban. Clara iba con ella. Bill cerró el pico, poniéndose un punto a su favor mentalmente por haber logrado esa reacción de Tom en público. Casi esperaba a que su novio lo castigara después, que lo hiciera esforzarse por sus besos y su cariño. A Bill le gustaban los retos, siempre y cuando no hubiese forma de que pudiera perder, y con Tom, perder no era una opción.
Se concentró en las dos mujeres que se acercaban y se quitó su cabello de la cara.
—No esperaba verlas por aquí —se dirigió a Clara y luego miró hacia la otra mujer, que miraba a Tom con una sonrisa.
—Sólo vinimos a comprar algunas cosas —respondió Celia, mirado a su carrito—. Y veo que ustedes se están llevando toda la tienda.
—Gracias a Bill —murmuró Tom y Bill le dio un ligero codazo.
—Todavía no tiene nada en su apartamento —explicó Bill, más a Clara que a Celia.
Mientras Celia era una fuerte aliada para ambos, una de los pocos que sabía quién era Tom y de dónde venía, Clara seguía en las sombras… hasta donde Bill sabía. Celia le había dicho a Tom que Clara no sabía nada más de lo que necesitaba saber por ahora, y aunque Bill estaba agradecido de tener a Celia, esperaba que con el tiempo pudieran darle una pista a la chica también. Siempre era bueno tener amigos y no tener que esconderse. Era difícil tener que recordar historias que los encubrían y las pequeñas mentiritas blancas que tenían que decir, pero Bill nunca se quejaba. El esfuerzo valía la pena. Tom valía la pena.
En ese momento, Bill recordó que había olvidado las presentaciones.
—Por cierto, éste es Tom —le dijo directamente a Celia, por el bien de Clara, y la mujer extendió un brazo para saludar a Tom.
—Mucho gusto, Tom —dijo con un guiño de ojo, cuando Tom aceptó su apretón de manos.
—Igualmente —respondió con una sonrisa digna de premio y con una lamida a su piercing. Si Bill pensaba que tenía algo de qué preocuparse, sería de acusar a su novio por ser un coqueto—. Cuando terminemos de desempacar pueden venir a conocer el lugar.
—Eso sería fabuloso —dijo Celia rápidamente, aceptando la oferta y Bill sonrió orgulloso por el hombre que estaba a su lado; por el apartamento que podrían llamar suyo, y por sus amigos reales y verdaderos que, de alguna forma, había logrado encontrar en el camino.
—¿Y cómo va el desempaque? —preguntó Clara, curiosa.
Bill y Tom intercambiaron sonrisas cómplices.
No habían desempacado absolutamente nada ese día. Se habían pasado la tarde rodando en el piso del suelo, besándose y disfrutando los simples gozos de poder tocarse. No fue hasta que sus barrigas gruñeron que tuvieron que separarse, sin querer. Y Tom le prometió más para después, si lo acompañaba a ir de compras.
—En eso estamos —respondió Tom por ambos.
Cuando Clara rodó los ojos y sonrió, Bill se presionó contra Tom, imperturbable.
La vida era buena.
&
Adormecido, Bill estiró sus piernas, presionando sus pies contra el brazo del sofá para poder estirarse. Miró a su novio quien estaba presionado en el pequeño espacio a su lado, entre él y el respaldo del sofá. Su cabeza estaba descansando en uno de los brazos de Tom y tenía una mano sobre el pecho del ángel; su otra mano se envolvía en un puñado de rastas. Estaba lleno y feliz; lleno de buena comida, buenos amigos y una buena familia.
Habían logrado desempacar bastante en la cocina mientras la pizza congelada se cocinaba en el horno. Después de eso, con sus estómagos llenos, habían logrado llegar al sofá y habían encontrado alegría sintiéndose comatosos y felices, estando juntos.
Había un calor agradable en la piel de la cadera de Bill, donde descansaba la mano de Tom para sostenerlo cerca. Había dicho que era para evitar que se cayera del sofá y que se lastimara, pero Bill estaba seguro de que sólo lo hacía porque podía. Habían estado haciendo muchas cosas… tocarse mutuamente y estar cerca el uno del otro, mostrándose… sólo porque finalmente podían salirse con la suya con ello como una pareja normal.
Bill nunca había abogado por ser normal, pero con Tom, estaba empezando a tomarle gusto.
Era perfecto, y Bill no sabía si alguna vez dejaría de sentir por sus venas esa chispa cuando Tom lo tocaba, y cuando podía sentirlo. Sabía que nunca podría volver a los días en los que no podía hacerlo, y estaba feliz por eso. Tom comenzaba su entrenamiento como Sombra el lunes; sus días de ser un ángel hecho y derecho se habían acabado. Ahora era un ser mitad vivo, una persona que podía ser el novio de Bill y un ángel. Era como ganarse la lotería, o encontrarse accidentalmente con la olla de oro al final del arcoíris.
Ninguno de los dos podía creer lo suertudos que habían sido.
—No puedo creer que me dejaras comer tanto —se quejó Bill, presionando su nariz contra el cuello de Tom e inhalando fuertemente.
—Debo mantenerte con energía para el vigoroso ejercicio que falta —dijo Tom, pellizcando la piel de su cadera. Bill dio un respingo, moviéndose más cerca. Gruñó contra el cuello del ángel y negó con su cabeza antes de alejarse.
—No me siento muy energizado, Tom —hizo un puchero. Su barriga estaba llena y estaba seguro de que si no estuviera en esa misma posición con su novio, estaría sintiéndose bastante miserable—. Eso es contraproducente.
Tom levantó una ceja y se apoyó en su codo para mirar a Bill.
—¿Ah, sí? —preguntó, pasando una rodilla sobre las piernas de Bill y acercándolo más con la ayuda de la mano que tenía en su cadera. Sus entrepiernas se presionaron juntas y Bill gruñó—. Apuesto a que puedo hacerte cambiar de parecer.
—Ugh. No, en serio, Tom —protestó, poniendo sus manos sobre el pecho de su novio y alejándolo. Tom volvió a su lugar y Bill parpadeó lentamente—. No me siento nada sexy en estos momentos.
—Siempre eres sexy —fue la respuesta inmediata de Tom, seguro de sí mismo. Ni siquiera estaba intentando ser seductor o lindo, sólo estaba diciendo la verdad.
—Y aprecio que lo digas, pero… —Bill se cortó a sí mismo cuando escuchó un estruendo en la cocina. Sus ojos se abrieron desmesuradamente al mirar al hombre frente a él. Incluso Tom se tensó y su brazo alrededor de Bill se apretó de forma protectora.
Los ojos del ángel tomaron un aspecto serio y profundo y su mandíbula se apretó al voltear su cuello para mirar hacia la cocina. Todo estaba en silencio, a excepción de sus respiraciones agitadas.
—¿Qué fue eso? —preguntó Bill, un millón de posibilidades pasaron por su cabeza. Habían logrado desempacar algunas cosas, pero no muchas. En casa, hubiera podido culpar por el ruido a Charlie, pero Charlie no estaba aquí. Sólo eran ellos dos y el resto del apartamento había estado en silencio durante toda la tarde.
Tom aclaró su garganta y comenzó a desenredar sus extremidades de las de Bill, escalando sobre él para bajarse del sofá.
—Quédate aquí, no te muevas —instruyó antes de ir hacia la cocina, su espalda se puso muy rígida al intentar dejar atrás a Bill.
Bill, al no ser alguien que acatara reglas cuando se trataba de Tom, no escuchó. Fue detrás del ángel tan pronto como cruzó la sala para ir a investigar el ruido; su adrenalina y su curiosidad estaban al máximo. Se sentía a salvo con Tom, siguiera siendo su ángel guardián o no. Además, también añadió mentalmente mientras mordisqueaba su labio inferior que siempre podía contar con Gustav.
Cuando la cocina llegó a su vista, el ángel dejó salir una risa de sorpresa y Bill se acercó, descansando sus manos en los hombros de Tom para asomarse y ver lo que era tan gracioso. Sentado en el suelo de la cocina y con un montón de sartenes a su alrededor (sartenes que acababan de ser colgados), estaba Andi, luciendo pasmado. El ángel rubio se inclinó hacia un lado y se sobó su coxis adolorido.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Tom, entrando a la cocina para saludar a su amigo. Bill lo siguió, haciendo los sartenes a un lado con sus pies mientras Tom ayudaba a Andi a levantarse—. ¿Siempre tienes que hacer entradas tan terribles?
—Mierda —murmuró Andi y Bill se rió, causando que el ángel lastimado levantara la vista para fulminarlo con la mirada, aunque sin ninguna malicia—. Eso dolió. Podría demandarlos.
—Claro —dijo Bill, entusiasta y cruzándose de hombros—. Y también puedes explicarles cómo intentaste meterte a hurtadillas a nuestro apartamento.
Tom resopló en respuesta a la irritabilidad de Bill mientras Andi se sacudía.
—Ese es un buen punto.
—Sí, lo que sea —gruñó Andi, manteniendo una mano sobre su sensible coxis al patear una olla con desdén como si le hubiera hecho daño a propósito—. Ponte del lado de tu novio.
—Siempre —Tom sonrió y Bill se apretó contra él, cariñoso y adorable como se creía—. Pero en serio, ¿qué haces aquí?
Andi levantó la vista hacia Tom y luego hacia Bill y levantó un hombro. Mordió su labio inferior y Bill casi pensó que estaba intentando ocultar una sonrisa o quizá algo más. Tal vez información ultra secreta. Bill casi se preguntó si sería sabio confiar en él. El ángel había ido a su casa una vez y lo había molestado, intentando convencerlo de que Tom y él nunca estarían juntos. Bill escondió su propia sonrisa de satisfacción al pensar en lo equivocado que había estado.
—Cada ser vivo necesita a su ángel guardián —confirmó Andi, como si Bill y Tom no estuvieran al tanto.
—Pero yo… —empezó Bill, pero fue interrumpido por Tom.
—Espera, tú no… —Tom miró a Bill y luego ladeó su cabeza al mirar a su amigo, quien estaba sacudiendo su camisa. Bill quiso reírse de él, pero estaba demasiado confundido por la situación y por el carácter esquivo del ángel rubio. Estaba volviendo loco a Bill; era un curioso de primera y Andi estaba siendo muy secretista—. Pero pensé que Bill tenía a… Gustav.
—¿Qué? —preguntó el otro ángel al mirarlos a los dos que seguían juntos, con sus caderas pegadas y con aspectos idénticos de confusión—. Oh, sí. Pero no estaba hablando de él.
—¿De…mí? —preguntó Tom, juntando las piezas lentamente. Rodando sus ojos de forma amistosa, Andi asintió, pero no explicó nada más, así que Tom continuó buscando respuestas—. ¿Y qué hay con Henry?
—Oh, él falleció.
—Lo lamento —Bill lo interrumpió inmediatamente con sus condolencias como sabía que era apropiado hacer cuando una persona perdía a alguien. Él mismo las había escuchado tantas veces que ya le era tan natural como respirar—. ¿Qué pasó?
Andi le sonrió de una forma linda y se encogió de hombros. Cruzó la cocina para sentarse sobre el mostrador, pero con cuidado para no lastimarse más.
—Era viejo. Suele pasar.
—¿Cómo me tuviste? —quiso saber Tom, moviéndose en la otra dirección para sentarse en una de las sillas de la mesa. Bill lo siguió, lealmente, y se sentó en la silla adyacente, moviendo una caja al suelo para que su vista no se tapara—. Digo, ¿cómo convenciste a GP de…?
Con eso, Andi sonrió con unos dientes blancos y derechos. Bill entrecerró sus ojos, preguntándose qué había hecho para enorgullecerse a sí mismo.
—Es bueno estar del lado bueno del Gran Hombre —dijo, y Bill resoplo. Repentinamente, tenía sentido. Los ojos de Andi se tornaron serios al continuar—. No, ya en serio, me llamó después de que Henry muriera y yo me preocupé, ¿sabes? Fue mi primera misión, pensé que había hecho algo malo.
Tom asintió, solemnemente. Era algo que Bill nunca podría comprender, la responsabilidad de tener la vida de alguien sobre tus hombros, pero Tom parecía ser solidario, y Bill estaba feliz de verlo. Incluso después de la transformación, los dos ángeles continuarían su amistad. Y no sólo eso, estaba feliz de que además de que Tom tuviera que ir al otro lado a continuar con su trabajo y ver a sus otros amigos, él mismo podría ver a Andi de vez en cuando. Sabía que buenos amigos habían pocos y lo había aprendido de mala forma.
—Pero me comentó sobre un trabajo que requería mantenerte fuera de problemas… —Andi se detuvo para ver a Bill con seriedad y Bill sólo sonrió, moviendo su pie para chocarlo contra el de Tom, de forma coqueta—… y dijo que si quería estar en tu caso, podría hacerlo. Si quería.
—Awww, Andi. Me elegiste —bromeó Tom, sin embargo, sonrió amplia y brillantemente. A su lado, Bill también sonrió. La felicidad de Tom, era su felicidad, y en esos momentos la felicidad llenaba su apartamento y se envolvía alrededor de los tres.
—Contra mi mejor juicio —dijo Andi, pero también sonrió—. Pero ahora que puedo, debo decir que siempre supe que ustedes eran el uno para el otro.
En protesta ante las palabras de burla del rubio, Tom se estiró para tomar un pedazo de periódico y lo hizo bola. La aventó por la habitación, dirigida a la cabeza de su amigo. Andi lo esquivó, levantando sus manos en señal de rendición.
—No sabía que te convertirías en alguien tan hostil en tu media-vida —molestó y Tom lo fulminó con la mirada.
—Creo que yo mismo iré a hablar con GP para que te remuevan del caso —amenazó Tom, de broma.
—No lo harías porque entonces nunca vendría a molestarlos y me extrañarían.
Tom resopló, pero en la mente de Bill, eso fue válido.
—¿No te meterás en problemas? —preguntó—. ¿Por mi culpa? ¿Por aparecerte? Y Gustav también…
—Nah —dijo Andi, sonriéndole a Bill de la forma más amigable que había visto. Era un gran contraste en comparación a la última vez que lo había visto en su sala, advirtiéndole sobre las complicaciones por enamorarse de Tom—. GP se ha ablandado un poco. Ahora eres uno de nosotros.
Bill sonrió ampliamente con la idea, pero esta vez, Tom interrumpió.
—No se te ocurra pensar cosas locas —le dijo a Bill—. Técnicamente no lo eres…
—Bueno, no —dijo Andi, pero eso no bajó los ánimos de Bill. Finalmente había encontrado un grupo de gente… de seres, que lo aceptaban por quien era. Finalmente pertenecía a algún lugar, a alguien—. Pero sabes sobre nosotros, así que no tiene problema con eso. Y, hablando de Gustav…
—¿Qué hizo? —acusó Tom con una ceja levantada.
—Él… —empezó Andi, levantando una mano para rascar su nuca—…aceptó ser mi nuevo compañero de apartamento.
Bill no estaba seguro de por qué Andi parecía tan inseguro por las noticias, hasta que Tom reaccionó… un poco atrasado pero igual de apasionado como si hubiera sido una respuesta inmediata.
—¿Qué?—chilló, y en verdad sonó ofendido.
Andi se encogió de hombros, sin hacerse para atrás, pero definitivamente un poco inquieto.
—El apartamento está demasiado silencioso sin ti, y…
—¿Pero Gustav? —se quejó Tom.
—…para ser completamente honesto, las cosas se han vuelto un poco desordenadas sin tus ataques neuróticos de limpieza.
—No soy un neurótico —Tom hizo un puchero y Bill sonrió, evitando reírse. Era raro ver las cosas desde otra perspectiva. Normalmente era él el que hacía pucheros y berrinches, no Tom—. Y Gustav se está llevando todos mis puestos. ¿Por qué le dan todo lo que yo tenía?
—No me tiene a mí —dijo Bill, y cuando volteó listo para discutirlo, añadió con suavidad—: No como tú me tienes.
Andi se estiró para recoger la bola de periódico y se la aventó al otro ángel.
—Sí, deja de ser un bebé —dijo, cuando la pelota rebotó de la cabeza de Tom y aterrizó en la mesa.
—No soy un bebé —se quejó, pero la sonrisa que se propagó en su rostro, lo traicionó. Exhaló y rodó sus ojos—. Bien, como sea. Puedes quedarte con Gustav y Gustav puede quedarse con Bill, siempre y cuando Bill sea mío.
Andi volteó a ver a Bill para rodar sus ojos en respuesta al comportamiento de Tom, y cuando los tres se rieron al mismo tiempo, lo único que Bill pudo pensar fue en lo lejos que había llegado todo, y en lo afortunado que era… por tener estos momentos, no sólo con Tom, sino con todas las personas que ahora tenía en su vida.
Debía agradecérselo a una persona.
Tom giró sus ojos brillantes hacia Bill y Bill resistió una sonrisa, sintiéndose abrumado de felicidad. Le sonrió a su novio y esperó que el gesto pudiera comunicar todo lo que quería decir de una vez.
Esperaba poder comunicar un gracias y unte amo, y otro coctel de emociones diferentes.
En verdad tenía mucha suerte de estar vivo.
F I N
Un final feliz. Me fascinan los finales felices, ¿a ustedes no? Fueron 35 capítulos en total 😀 Después de esto, iré a avisarle a la autora que terminé con la traducción y que la historia fue muy bien recibida por ustedes. ^^ De parte de ella, les agradezco haberle dado una oportunidad a este lindo fanfic, y en verdad espero que hayan disfrutado de esta bonita historia.
Agradezco cada uno de sus comentarios, como siempre, porque ayudan a que el proceso de traducción sea ameno, agradable y no lo siento como una carga. Y también aprovecho la ocasión para hacerle promoción a mis otras traducciones. Si no lo han hecho, espero que le den una oportunidad a alguna de ellas, ya sea Canary (si les gusta un Tom enigmático y manipulador), Teacher’s Pet (si les gusta el BotTom), o la más reciente, Remnants… mi favorita, (y una de las diez historias más favoritas en Tokio Hotel Fiction;)
Agradecimiento súper especial a todos aquellos que, en algún momento, se tomaron un minuto para dejar un comentario: MUCHÍSIMAS GRACIAS. <3
Así termina Divine Intervention, gente bonita. ¿Me regalan un comentario final? Ánimense si no lo hicieron durante toda la historia. <3 Linda semana para todos.
Una historia muy bonita y tierna, y si yo también amo los finales felices!!!
Gracias por la traducción 😉🙂
Muy linda!!!
LA AMEEEE💞💞💞💞
Hermosa!!! Ahora iré por remnats o canary, gracias por darte el tiempo para traducir estos geniales FanFics.
💖🤗😊🎉