Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace

Capítulo 17

—A veces… me pregunto cómo sería estar embarazado.

Paul levantó la vista. Una sorpresa refrenada se grabó en su rostro cuando finalmente escuchó hablar a Bill por primera vez desde que la sesión había comenzado.

Entretenido, Paul se aventuró:

—¿Ah, sí?

Bill hizo una mueca.

—No te burles. La primera vez que vine, me dijiste que te dijera algo loco.

—¿Crees que eso es loco?

—Pues, sí… —las cejas de Bill se fruncieron. Después de haber pasado toda su vida recibiendo comentarios que le decían que se veía como una mujer, parecía demasiado condenatorio preguntarse en verdad algo tan femenino como eso.

—¿Alguna vez has querido estarlo?

Bill negó con su cabeza.

—No… no realmente. Sólo… a veces me pregunto cómo es, ya sabes, hacer a una pequeña persona. ¿No crees que es extraño?

Paul se encogió de hombros.

—Los humanos somos criaturas curiosas. ¿Por qué considerar raro algo que puedes preguntarte?

Bill bajó la vista a su regazo.

—Oh.

Paul sonrió.

—¿Te gustaría tener hijos, Bill?

Los ojos de Bill se levantaron para mirar al hombre más viejo.

—Eh… ¿sí? No… no lo sé. Al menos no estoy seguro. Digo, es bastante imposible ya que soy… ya sabes. Gay. Y mi pobre madre nunca me deja olvidarlo —añadió, agriamente, moviendo sus ojos a un lado.

—¿Cómo?

—¿De verdad debemos hablar de esto? —preguntó Bill y Paul notó cómo el lenguaje corporal de su cliente había cambiado de inquieto a rígido. Decidió retroceder.

—No, está bien. Lamento incomodarte —modificó, colocando su folder de archivos en la mesa de café en frente de él—. Hablemos sobre la tarea que te dejé la última vez que nos vimos. ¿Trajiste tu boleta de notas?

Bill se dio vuelta para buscar en su bolsa hasta que encontró el sobre.

—Sí. Todavía no lo abro… estaba nervioso.

Paul le sonrió.

—No hay problema, supongo que lo averiguaremos juntos —dijo  mientras Bill colocaba el sobre tiernamente sobre la mesa. Paul notó el comportamiento y asumió que probablemente no quería arriesgarse a algún contacto físico. Hizo una nota mental y tomó el sobre en sus manos para abrirlo. Observó el progreso en el reporte, con una ligera sonrisa en su rostro.

—Tienes algunas D’s, y unas C’s menos… nada mal para empezar desde cero —felicitó a Bill con una sonrisa amable, viendo cómo el rostro del adolescente se iluminaba un poco.

—Sí, yo… todavía no puedo creer que lograras convencerlos de dejarme presentar mis trabajos.

Había sido una larga semana de esfuerzo, en la cual, después de hacer un trato con Paul para mejorar su notas, se había pasado el día siguiente averiguando con sus maestros qué tareas le faltaban y haciendo que sus nuevos amigos del equipo lo ayudaran a organizarse.

En verdad nunca hubiera podido adivinar que Andreas era un genio en cálculo.

—Bueno, me llevo bien con tu director, y me ayudó un poco a convencerlos.

Bill frunció el ceño.

—Sí, sobre eso… ¿qué les dijiste? Ya sabes, para que accedieran.

Paul debía decírselo. El chico no era estúpido. Al doblar la hoja y meterla de vuelta al sobre, se dio cuenta de que debería escoger sus palabras cuidadosamente.

—Después de… obtener el permiso de tus padres, les dije nuestras sospechas, y que actualmente estabas buscando apoyo.

—¿Qué sospechas? —preguntó Bill a la defensiva, apretando sus puños.

Paul suspiró.

—Bill… ¿sufres de algún problema de abuso?

Bill parpadeó, repentinamente insolente.

—¿Qué? ¡No!

—No hay necesidad de gritar —le recordó Paul, ignorando el bufido de Bill—. ¿Puedes decirme qué edad tenías cuando perdiste tu virginidad, Bill?

—¿Por qué preguntas?

—¿Puedes decirme qué edad tenías?

Bill estudió el rostro del hombre mayor en busca de algún rastro de traición o asco. Bill asumió que Paul ya sabía la respuesta… ¿Pero cómo putas se había atrevido su madre a decirle eso?

Parpadeando, Bill intentó ignorar el escozor que advertía que algunas lágrimas se querían formar.

—¿Qué te dijo?

—Quiero oírlo de ti, Bill.

Bill suspiró, preguntándose qué tanto podía confiar en este hombre. Sólo habían tenido cuatro sesiones, pero siempre había sido amable. Bill siempre asumió que sus intenciones eran sonsacar información, pero siempre había sido transparente. No había mentido, per se.

Bill inhaló.

—Tenía doce.

—Muy joven —Paul frunció el ceño—. ¿Y el chico con el que lo hiciste?

Bill apretó la mandíbula; sólo quería salir por la puerta.

—Diecisiete.

—¿Te obligó?

—No —dijo Bill firmemente, presionando sus labios en una línea—. No, fue consensual. Yo le hice hacerlo.

—Le hiciste —repitió Paul, invitándolo a continuar.

—Si te digo quién es, ¿le dirás a alguien?

Paul ladeó su cabeza ligeramente.

—Eso depende de si todavía está pasando.

Bill bajó su cabeza, viendo sus manos mientras éstas se pellizcaban nerviosamente la una a la otra.

—No, ya no. Me acosté con él tres veces. Era mi vecino de al lado. Él tenía una hermana un año menor que yo, y yo siempre estaba en su casa, o ella estaba en la mía… —su voz se apagó por un momento—. Ahora me doy cuenta de que debió estar enfermo para acostarse con alguien tan joven. Pero de nuevo, yo también estaba un poco enfermo, porque le rogué que lo hiciera.

Paul observó a Bill frotando su mejilla.

—Quería saber cómo se sentía.

—¿Cuántas parejas sexuales has tenido?

Bill se rió, odiándose a sí mismo.

—Muchas.

—¿Todas han sido consensuales?

Bill levantó la vista y luego volvió a bajarla.

—S-sí.

Paul le ofreció una mirada reconfortante, como si ya supiera la respuesta verdadera. Fue entonces que Bill se dio cuenta de que Paul probablemente ya había logrado descifrarlo.

—No tienes que darme un nombre si no quieres hacerlo.

Bill dejó que sus parpados cayeran, en señal de derrota, sintiéndose como si lo hubiesen rasgado y abierto. ¿Acaso no había nada que pudiera conservar para él mismo?

—¿Un nombre? —preguntó, en un intento poco entusiasta por escapar a las preguntas de Paul.

Paul le ofreció una sonrisa dispareja, estando ya un paso adelante.

—¿Estás seguro de que no tienes ningún problema de abuso, Bill?

—No. —se encontró diciendo, con una voz pequeña que hizo que Paul se inclinara más en su silla.

Bill se estaba desmoronando, el peso de cada secreto que había querido mantener oculto había colgado diligentemente sobre sus hombros, y sus sesiones con Paul sólo habían hecho que pesara más. Quería contarle a alguien… a alguien que no pudiera ridiculizarlo por lo que había pasado.

Sus ojos se encontraron de forma inquieta con los ojos azules de Paul. Éstos lo estudiaron gentilmente, como dándole ánimos.

—¿Puedes hablarlo conmigo? —preguntaba Paul—. No puedo decirle a nadie más. Es sólo entre tú y yo.

Inhalando profundamente, Bill asintió. Estaba avergonzado, y se sintió pequeño al estar sentado ahí, pero por alguna razón, también se sentía seguro. El hecho de que Paul podría meterse en problemas por divulgar sus secretos con alguien más, era suficiente para tranquilizarlo… Si pudiera contarle a alguien sin tener que preocuparse por las repercusiones, ése sería Paul.

—Estaba en una fiesta. Hace casi cuatro meses. Estaba… drogado. Borracho. Y mis amigos estaban por ahí, haciendo lo suyo… Recuerdo, ehm, sentarme en un sofá. Creo que estaba mirando algo que estaba frente a mí, no me acuerdo. Y luego sentí que alguien se acercaba por detrás… Él empezó a tocarme y yo lo dejé, sólo…

Bill dejó de hablar, tragando el miedo que inundaba su garganta.

—Está bien, Bill, lo que estás haciendo es muy valiente. Cuéntame.

Bill asintió, temblando un poco.

—Me llevó arriba. En ese momento no sabía por qué. Entramos a una habitación y me aventó en la cama, sobre mi estómago, y… —la respiración de Bill se aceleró al relatar su recuerdo, estaba tan perdido en el momento que apenas y se dio cuenta de que sus manos habían comenzado a temblar en su regazo.

—Hey —escuchó que Paul lo interrumpió—. Quédate conmigo. Sé que es difícil. ¿Qué fue lo que hizo, Bill?

Repentinamente demasiado abrumado por el recuerdo de las manos de Tom presionándolo, ignorándolo mientras gritaba, se encontró a sí mismo negando con la cabeza.

—No quiero decirlo.

Paul sintió que su corazón se rompía un poco con la vista que tenía frente a él. Lo que tenía, era a un adolescente que claramente estaba deprimido y ansioso, quien había estado luchando para superar el trauma que había experimentado. Y había intentado hacerlo él solo.

—Puedes decirlo… soy el único aquí, y estás a salvo. ¿Qué hizo?

Bill cerró sus ojos.

—…Él, eh…

—Tómate tu tiempo.

Bill miró a Paul a los ojos y su rostro se retorció cuando empezó a llorar. Si estaba a punto de admitir algo tan degradante, entonces lo haría como un hombre, mirando directamente a su confidente. Bill se preparó a sí mismo y dejó escapar un suspiro tembloroso.

—Me violó.

&

—¡¿QUÉ CARAJO?!

Sloane casi no percibió las miradas sorprendidas de las tres amigas que estaban frente a ella, mientras su teléfono repentinamente se resbalaba de sus manos. Repiqueteó en el suelo, pero no le puso atención, y en lugar de eso se le quedó viendo a la pared que estaba enfrente, con una evidente expresión de enojo.

Una de sus amigas se agachó para recoger el teléfono, entrecerrando los ojos al ver la pantalla cuando volvió a pararse.

Oh, mierda, pensó al ojear primero la foto y después a Sloane. No se atrevió a hablar.

—Lo sabía —escupió Sloane, dirigiéndole su mirada venenosa a cada una de sus amigas—. Ese maldito… Esa…

—Sloane…

—¡PERRA! —gritó Sloane, lo suficientemente fuerte para que todo el pasillo lo escuchara. Su cuerpo tembló con un cólera violento y luego giró y comenzó a bajar las escaleras—. ¡¿DÓNDE COÑO ESTÁ?!

&

—¿Puedes hablarme de él, Bill? —presionó Paul, observando preocupadamente al chico que temblaba frente a él—. ¿Es alguien que conoces?

Bill asintió.

—Sí. —dijo, entre dientes apretados.

—¿Alguien cercano?

—No —mintió—. Había escuchado hablar de él, pero…

—Está bien —aseguró Paul, haciendo su mejor esfuerzo para medir la reacción del adolescente mientras él sonsacaba detalles—. ¿Es alguien que ves muy seguido? ¿Tal vez en la escuela?

Bill se quedó callado, y Paul supo que no iba a responder.

—¿Hay algo que puedas decirme de él? ¿Cómo es?

—¿Por qué quieres saber? —soltó abruptamente, con unos ojos heridos y acusantes.

—Hay muchos hombres en tu situación que eligen no decir nada. Quiero que entiendas que ignorar lo que sucedió no es la forma adecuada de sobrellevarlo.

—Quieres saber por qué no le conté a nadie.

—De hecho, puedo adivinar por qué —dijo Paul con gentileza, haciendo que Bill se pusiera rígido—. Se requiere de mucho coraje para ser tan vulnerable, y no siempre se maneja correctamente por la otra persona.

—A nadie le importa si le pasa a un hombre —dijo Bill agriamente, secando sus lágrimas—. ¿Cómo podría contarle a alguien? Si lo hubiera hecho, sólo se hubieran preguntado por qué no luché con más fuerza. “Eres un hombre, esas cosas no le pasan a los hombres”.

—¿Crees que lo que te pasó es un símbolo de debilidad?

Bill lo fulminó con la mirada.

—¡Sé que lo es! ¿Cómo se supone que iba a decirle a mi padre, eh? ¿Cómo se supone que debía mirarlo a los ojos y decirle lo que me pasó… lo que dejé que alguien me hiciera? Por dios… se sentiría tan humillado…

Paul sólo se le quedó viendo al otro chico mientras éste comenzaba a llorar con más fuerza.

—Bill —empezó, con una voz firme, esperando hasta que tuvo la atención del adolescente para continuar—. Hay algo que quiero que entiendas. No es culpa tuya lo que te pasó.  no lo pediste. Alguien se aprovechó de ti, cuando sabía que tú no podías defenderte.

—Pude intentarlo más.

—No fue tu culpa.

Bill se le quedó viendo al otro hombre, incrédulo, sin poder encontrar las palabras para hablar. Sí, lo era… era completamente su culpa, por haberse permitido a sí mismo ser tan vulnerable. Había estado en la casa de Tom Trumper, a sabiendas de la clase de tipo que era. Y lo había dejado violarlo, no sólo una vez, sino ocho veces distintas.

Bill esnifó, echándole una mirada al piso. Repentinamente, sintió la necesidad de ahogarse.

—Es frío.

—¿Qué es…

—Es como… cuando lo miras, no ves ninguna emoción, a menos que de verdad le pongas mucha atención a sus ojos. Y aun así, a veces es como si él no estuviera ahí. Es… imponente, y posesivo… manipula a la gente. Es sorprendente que tenga amigos, es tan… —su voz se desvaneció—. Es como si supiera que la forma en la que trata a la gente está mal, pero no le importa.

Paul no lo dudó ni un momento.

—Normalmente, con los individuos que sufren de tendencias sociópatas…

—¿Sociópata? —Bill lo interrumpió, mirándolo con desconcierto—. No fue lo que dije.

—Es lo que acabas de describirme.

—Pero no… ¿No se supone que los sociópatas… matan gente?

Paul negó con la cabeza.

—Bill, un sociópata no es sinónimo de un psicópata. Los sociópatas normalmente son intelectualmente profundos, tediosos y manipulativos con sus víctimas… pueden tener una selecta gama de emociones, pero no muchas. Es exactamente lo que describiste.

—No, eso es muy raro —argumentó Bill—. No puede serlo, eso es… demasiado real.

Por supuesto, no quería creer lo que Paul le estaba diciendo. No parecía factible. Claro, Tom tenía sus momentos de negligencia, que lo aterraban por completo, pero tenía la habilidad de ser pensante, y amable… como cualquier otra persona en el mundo. No tenía sentido. Seguro, tal vez tenía un mal carácter que debía checarse, pero…

Al darse cuenta de que podría estar tocando un punto de dolor, Paul decidió dejarlo ahí.

—Bill —miró el reloj, maldiciendo el hecho de que tenía otra cita en unos diez minutos—. Se nos está acabando el tiempo para esta sesión. Si quieres, puedo llamar y excusarte para que puedas faltar…

—No —Bill lo cortó, negando con su cabeza—. No, tengo que presentar un proyecto para hoy, no puedo faltar. Estaré bien.

Intentó armar una sonrisa, pero estaba seguro de que su intentó falló.

—¿Estás seguro? —el otro hombre entrecerró sus ojos.

—Sí, está bien. Estoy seguro —Bill sonrió de nuevo mientras abanicaba su rostro—. Estoy bien.

&

La primera cosa que notó al estacionarse, fue la ambulancia. Había una multitud de estudiantes reunidos alrededor de ella;  todos se veían preocupados o interesados por quien fuese el que estaba siendo asegurado a la camilla. Y luego alcanzó a ver a Sawyer Blake, cuando fue subido al carguero por dos técnicos de emergencias médicas.

Sin embargo, la última cosa que notó fue que todos estaban mirándolo a él.

Bill pasó a través de la puerta principal y se adentró en la cafetería, con pasos cautelosos, mirando nerviosamente a su alrededor al encontrarse con las miradas de otros alumnos. Todos lo miraban como si supieran que tenía un secreto sucio… algunos incluso parecían un poco asustados.

Y algunos estaban… oh, por dios, ¡¿Se estaban riendo de él?!

—¡Oye! —escuchó que alguien le gritaba, justo cuando agachó la cabeza y comenzó a salir del área. Sin embargo, pudo escuchar pasos apresurados acercándose por detrás, y se dio vuelta justo cuando Zoey agarró su brazo.

Se jaló, para librarse de su agarre.

—No me toques —espetó, mientras le disparaba una mirada tóxica a cualquiera que se atreviera a mirarlos.

—¿Por qué no nos dijiste? —acusó Zoey, enojada… hizo un ademán entre ella y Natalie, quien lucía inquieta.

—¿De qué estás hab… —empezó Bill, encabronado por el hecho de que Zoey tuviera el atrevimiento de hablarle. Sin embargo, vio cómo la atención de la chica se centraba en algo detrás de él, y Bill se volteó, confundido.

Entonces, sintió que su corazón le saltaba a su garganta.

Era Tom. Estaba siendo custodiado con sus manos esposadas detrás de su espalda. Al principio, Bill fulminó con la mirada al oficial adusto que lo sostenía del brazo, y luego a Tom. Ni siquiera intentó ocultar cuando su mandíbula se abrió y jadeó, repentinamente asustado.

Recordó a Sawyer Blake y la ambulancia.

—Tom, ¿qué hiciste? —preguntó, afligido. Con ojos incrédulos, vio cómo el otro lo atravesaba con una expresión vacía. Los ojos de Tom lo acusaron con una mirada fría, antes de que se suavizaran un poco al darse cuenta de que era él, y luego se detuvo, contra la orden del oficial.

—En mi casa. Después de la escuela. —le ordenó Tom, sin importarle que otras personas estuvieran mirando.

Bill parpadeó con un mínimo sentido de horror.

—…ok. —aceptó, mirándolo a los ojos tímidamente antes de que el oficial lo jalara con fuerza.

—Camina, Trumper.

Bill observó con impotencia cómo Tom era alejado y metido en la patrulla. Repentinamente, quiso correr e ir detrás de él.

¿Qué mierda acababa de ocurrir?

—Ven aquí, Bill —dijo Zoey, agarrándolo del brazo nuevamente. Su agarre fue moderado al guiarlo fuera de la cafetería hasta el pasillo vacío más cercano.

—Dos preguntas —lo soltó y de inmediato sacó su teléfono de su bolsillo—. ¿Qué diablos fue eso, y por qué no nos contaste sobre él?

Acusó Zoey, levantando su teléfono.

—Contarles… —empezó Bill, pero dejó de hablar al echarle un vistazo a la foto que aparecía en su teléfono. Eran Tom y él, acostados en la cama de Tom. Sus rostros estaban juntos, acurrucándose, y él parecía estar medio dormido. La foto revelaba una parte de su cuerpo, suficiente para ver que no tenía puesta una camisa. Y las únicas ocasiones que no usaba camisa cuando estaba con Tom eran…

Bill se hundió en el suelo.

—¡Whoa! —exclamó Natalie al atraparlo—. Bill, ¿estás…

—Oh por dios, ¿cuántas personas han visto eso? —pregunto, llevando ambas manos temblorosas a su rostro.

Zoey se le quedó viendo raro.

—Todos… la puso como foto de portada.

—¡Oh, dios! —exclamó Bill, sintiendo que su cara era apoderada con gran emoción. Sus ojos se cerraron con fuerza.

—Bill…

—Oh… ¡no! —exclamó nuevamente, luchando contra la gravedad hasta que Zoey se puso del otro lado.

Había pensado que era raro tener un nuevo mensaje de Sawyer que, aparentemente, ya había sido leído, pero sólo había asumido que lo había abierto y que no se acordaba… ¡Nunca se imaginó que Tom lo había visto! Y probablemente había molido a palos a Sawyer, porque sintió que el tipo se había metido en su territorio.

—¡CARAJO, DÉJENME SENTAR! —estalló, luchando contra las manos que lo sostenían, hasta que finalmente lo dejaron abajo—. Oh, dios… oh, por dios… ¡Oh, mierda!

—Bill, cálmate…

—¿CALMARME? ¿QUIERES QUE ME CALME EN ESTE MOMENTO? —le gritó a Zoey, dándole un manotazo a sus manos cuando intentó tranquilizarlo.

—Mierda, chicas, ¿qué diablos le están haciendo? —Bill escuchó una voz masculina intervenir. Levantó la vista y se encontró con los ojos de Andreas. El otro chico se arrodilló frente a él, y de inmediato, sintió que su pecho se apretaba.

—¿Lo viste, Andi? Dios, ahora tú también me odias, ¿verdad?

—Bill —Andreas lo calmó—. No, no te odio.

Luego, Andreas giró su cabeza hacia las chicas que estaban de pie detrás de él, irritado. Negó con su cabeza.

—Pareciera que ustedes dos están medio estúpidas.

—¿Disculpa? —protestó Zoey, haciendo que Andreas las fulminara con la mirada.

—¿Eligieron este día para confrontarlo? —retó, con ojos entrecerrados—. Son un par de estúpidas.

Bill vio que Zoey y Natalie intercambiaron miradas enojadas, pero no dijeron nada más.

Andreas se volteó a verlo.

—Pero qué bueno que te encontré, hombre. Sloane está enfurecida.

Bill apretó sus parpados y bajó su cabeza.

—Claro que lo está.

—Y por eso debemos encontrar un lugar más privado para hablar, ¿te parece? —preguntó Andreas, disparando una mirada acusadora hacia atrás. Luego, levantó a Bill del suelo.

Zoey y Natalie los siguieron por el pasillo, y luego, Bill se encontró a sí mismo en uno de los salones extras que nadie usaba. Cuando Andreas lo soltó, Bill se sentó en la esquina más lejana de la habitación y se enrolló sobre su propio cuerpo.

—Esto es patético —dijo, ganándose una mirada empática de parte de Andreas cuando éste se sentó a su lado.

Zoey relamió sus labios y decidió tomar la iniciativa. No había nada normal en la reacción de Bill; se veía más petrificado que culpable, lo cual iba en contra de lo que había esperado.

—Bebé, ¿por qué no nos hablaste de Tom?

La cara de Bill se endureció al sentir el escozor de las lágrimas por segunda vez esa mañana.

—No podía decirle a nadie… —respondió miserablemente, enterrando su rostro en sus manos.

Zoey sintió que la bilis ardía en su estómago sólo al observar lo miserable que su amigo se veía.

—¿Por qué no, bebé?

—¡Porque nadie entendería!

Zoey se encogió ante el arrebato.

—Dame una oportunidad, cuéntame.

Esnifó, medio avergonzado.

—¿Recuerdas la fiesta en la casa de Tom a la que fuimos todos?

—Sí… —afirmó Zoey, confundida.

—Nos separamos, Zoey… ¿lo entiendes? ¿Por qué no fuiste a buscarme?

Zoey se paralizó.

—Yo… pensé que estabas con alguien, o algo así.

Después de un momento, Bill asintió.

—Sí.

—Tuviste sexo con él —escuchó que Natalie se aventuraba con esa opción, y él negó con su cabeza.

—…no realmente —admitió con labios temblorosos, mirándolas con culpa. Después sintió que Andreas se movía.

—…Bill —Zoey jadeó, luciendo repentinamente asustada.

—No pude hacer nada, Zoey… ¡y nadie estaba ahí! Él… —se estremeció, recordando—. Intenté gritar y pedir ayuda, ¡dije que no!

Bill no perdió el tiempo para enterrar su rostro en sus manos al sentirse humillado.

Andreas puso una mano en su brazo.

—Bill, no tienes que decir nada más.

—Oh, por dios, Bill… —empezó Zoey, cubriendo su boca con sus manos—. Soy una pésima amiga… ¡No tenía idea!

—Zoey —Andreas la cortó, negando con su cabeza—. No es el momento.

—Tenemos que decirle a alguien —dijo Natalie, moviéndose sobre sus pies.

Bill levantó la vista, observando su posición inquieta y sus rasgos preocupados.

—¿Eres idiota? —preguntó seriamente y entrecerrando sus ojos al mirarla.

—¿Qué? —vio cómo su expresión cambiaba.

¿Eres idiota? —preguntó de nuevo, más lento.

Natalie resopló.

—Bill, ¿desde cuándo te lo ha hecho? ¡Tienes que decirle a alguien!

—Natalie, cállate —empezó Andreas antes de que Bill los silenciara a ambos con un gruñido de frustración.

—¡Es que no conoce otra alternativa! —soltó, sin reconocer lo que acababa de decir hasta que escuchó el jadeo de sorpresa de Zoey.

Se dio cuenta de su error cuando volteó a verlos a todos, quienes lucían sorprendidos. ¿Acababa de… defender a Tom Trumper? Nuevamente, sintió el escozor de las lágrimas.

—Oh, por dios, chicos… Por favor, no le digan a nadie… yo sólo…

—Bill —Zoey lo cortó, parpadeando—…no deberías estar aquí ahora. Hoy no. Sólo hay que… escondámonos en mi casa.

—Zoey, ¿en serio estás…

Vamos a mi casa —espetó Zoey, dirigiéndole a Natalie una mirada tóxica. Después volteó a ver a Bill nuevamente, de forma alentadora—. Podemos faltar a clases hoy… no debes pasar por todo esto ahora.

Los ojos inciertos de Bill la miraron cuando habló, extrañando repentinamente todo el tiempo que habían pasado juntos. Claro, había sido una perra con él, pero Bill la extrañaba a ella y a su sentido maternal. Ahora que finalmente se había desnudado de sus secretos, necesitaba que alguien le ayudara a vestirse nuevamente.

—Ok —accedió, con un veloz asentimiento.

—Bien.

&

Se sintió desnudo. Expuesto… y escudriñado al sentarse en el sofá de la sala de Zoey. Se encogió cuando la chica se sentó a su lado. Sus muslos se tocaban. Tal vez para ella era normal, pero para él, al haber sido violado dos veces ese día, y otras ocho durante los pasados dos meses, el contacto físico era lo último que quería.

Se separó ligeramente justo cuando ella comenzó a hablar.

—Bill —empezó con una aspiración—. ¿Por qué no me dijiste?

Lo preguntó con una voz pequeña, quebrada… sonaba desconsolada.

Bill inhaló, suponiendo que al menos ella merecía una respuesta ahora que ya todo se sabía.

—Estaba asustado —empezó, temblando—. No quería ser una víctima, Zoey.

Zoey lo miró fijamente; sus ojos verdes se llenaron de lágrimas de arrepentimiento.

—Pero pudiste decirme —Bill vio cómo su cara se retorcía y comenzaba a llorar. Luego habló entre sollozos—. Dios, me siento tan… debí… estar ahí para ti, y yo sólo…

—Yo te alejé.

Zoey lo miró de nuevo, negando con su cabeza.

—Lo que hice… no es algo que los amigos hacen. ¡Incluso te hicimos burlas con él! —lo miró, seriamente—. Lo siento tanto…

Y luego volvió a esnifar.

—Ese día. Cuando fui a tu casa y vi los moretones… Él lo hizo, ¿verdad?

Titubeante, Bill asintió.

—Sí.

—¿Sabes? A veces tu mamá llama para preguntar si estás conmigo, porque no sabe en dónde estás. No sé por qué, pero siempre le he dicho que sí. Es como si supiera que tenía que mentir por ti… oh dios, desearía no haber…

—Zoey —Bill la interrumpió—. ¿Tú hiciste eso?

La observó con una mirada inquisitiva e incrédula. Había pensado que era extraño que sus padres supieran que había algo mal con él y que aun así, no intentaran detenerlo cuando salía de la casa.

—Sí —jadeó Zoey, luciendo miserable—. Pensé que te estaba ayudando.

—Lo hacías —respondió Bill, con seriedad, ganándose un resoplido—. Es verdad, Zoey. No… no entiendo muchas cosas sobre Tom, pero…

—Lo defendiste —sus ojos lo miraron de golpe, luciendo vibrantes detrás de sus lágrimas—. ¿Por qué?

—No entenderías —Bill hizo un ademán, removiéndose en su asiento. Se paralizó cuando Zoey lo agarró.

—Te he visto asustarte cuando otros chicos pasan a tu lado. No miras a nadie a los ojos, tú… Te he visto rendirte, y no hice nada al respecto. Te juzgué. Ayúdame a entender.

Bill supuso que si no le decía, ella iría a contarle a alguien. Los delataría a ambos. Bill recordó su mañana… cuando vio a Tom esposado y siendo escoltado. Esa imagen visceral de él hizo que su corazón se apretara. Debía protegerlo.

—No puedes decirle a nadie, Zoey —advirtió Bill, mirándola fijamente—. Incluso si no entiendes.

Cuando la chica asintió, comenzó a añadir los detalles. Empezó desde el principio, desde esa noche en la fiesta, y el día que Tom lo había atrapado en los vestidores, todo… lo que pasó, cómo se había sentido, y cómo se sentía ahora. Al hacerlo, notó cómo Zoey comenzaba a lucir cada vez más molesta, y para cuando terminó, lo miraba con ojos entrecerrados.

—Después de todo lo que te hizo… —su voz se apagó mientras parpadeaba, incrédula—. Te está manipulando, Bill. No deberías resguardarlo de esa forma.

—Lo sé. —contestó Bill simplemente, jugando con sus manos.

—Te gusta, ¿verdad?

—No lo sé —era una respuesta honesta, aunque claramente, no era lo que Zoey quería escuchar.

—Eso está jodido —manifestó Zoey, pasando sus manos sobre su cabello—. Y… vas a ir a verlo esta noche, ¿verdad?

—Probablemente.

—Jodido al cuadrado.

—Zoey…

—Mira —lo interrumpió, levantando una mano—. Tienes razón, no lo entiendo. Y no creo que pueda hacerlo nunca. Pero… Bill, por favor, sólo… no me alejes otra vez. Si te hace algo…

—No lo hará.

—Sólo… mándame un mensaje, ¿ok? O yo te mando mensaje, no me importa. Sólo avísame que estás bien. Promételo.

Zoey tomó su mano y le dio un apretón al mismo tiempo que lo miraba de una forma tan demandante que se encontró a sí mismo accediendo.

Le dio un apretón también.

—Lo prometo.

Y un par de horas después, Bill salió de su casa, sintiéndose un poco menos solo.

Continuará…

¡Chan cha cha chan! D:

Cuéntenme, ¿qué les pareció el capítulo? ¿Qué creen que va a pasar después? 

En fin, sólo quedan dos capítulos. En realidad uno y un pequeño epílogo… ;D 

Muchas gracias a todos por sus comentarios (que intentaré responder hoy, más tarde). <3 Un besote.

por OuterSpace

Traductora del Fandom

2 comentario en “Canary 17”
  1. Este fic siempre me da en mi madre, esta muy fuerte y se siente tan real, es como si pudiera revivir esos recuerdos en bill, esa desesperación que da wow muy fuerte todo genial voy a llorar pero en sí todo me encanta 🤧

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