Fic original de Buyyouadrank. Traducción de JJ Carpe / Twincestoxa
Capítulo 2: Definitivamente inesperado
Tom estaba realmente confundido mirando hacia atrás y adelante. En un segundo estaba mirando al muchacho en el suelo, y luego a la repisa de la ventana vacía. Espera, ¿la repisa de la ventana vacía? Esa repisa de la ventana no había estado vacía en los últimos dieciocho años, no mientras el maniquí estuvo allí.
Pero, ¿quién era este muchacho y por qué se veía exactamente igual que el maniquí? Esa leyenda no podría ser real, ¿verdad?
Tom sacudió la cabeza violentamente, sus rastas azotándose de ida y vuelta. Cerró los ojos y se frotó la sien por culpa de un inesperado dolor de cabeza horrible. Estaba demasiado ocupado revolcándose en su confusión que no se dio cuenta que el larguirucho muchacho pálido estaba empezando a ponerse en pie torpemente.
—Di-disculpa —el chico tartamudeó, con mucha dificultad para mantenerse a sí mismo.
Tom por fin abrió los ojos, saltando hacia atrás cuando vio que el muchacho se había puesto de pie. El chico pálido parecía una paradoja completa, se dio cuenta que era más alto que él, e incluso le pareció un poco intimidante, sin embargo, su postura torpe y la forma en que sus rodillas se doblaron le hizo pensar que lucía igual a un bebé que estaba aprendiendo a caminar.
—Cuando no te mueves durante dieciocho años, seguro te sientes tieso —el chico se dijo en voz alta, sosteniéndose sobre una plataforma para mantener el equilibrio.
—Espera, en realidad no crees que eres el maniquí, ¿verdad? —Tom frunció el ceño ante el chico, cruzando los brazos— Odio estar a punto de estallar tu burbuja, pero no eres más que un transexual psicópata que realmente necesita largarse de esta tienda antes de que te estampe una bala en el trasero.
Los ojos del chico se abrieron mientras trataba de descifrar qué demonios le acababa de decir Tom.
—… ¿Un transexual? —Parpadeó— ¿Una bala en mi trasero? ¿Qué?
—No te hagas el tonto —replicó Tom—. Ahora, ¿dónde demonios está ese maniquí?
—Me estás mirando —contestó el muchacho alegremente, olvidando que Tom había amenazado con pegarle un tiro hace unos momentos— Encantado de conocerte. Aunque debo decir que la última vez que estuve despierto, las personas eran mucho más cordiales.
—Eso es todo, voy a llamar a la policía —se quejó Tom, sacudiendo la cabeza.
El chico no lo escuchó y se arrastró detrás suyo.
—Mi nombre es Bill, por cierto —comentó el chico. Tom se congeló en seco y se dio la vuelta. Bill asintió alegremente— Sí. No puedo recordar mi nombre real, pero el hombre siempre me llama ‘Bill’. Me gusta. Es… inesperado.
Tom, con la boca todavía abierta, se dirigió hacia Bill, llegando justo hasta su cara mientras estudiaba sus facciones. Literalmente se parecía al maniquí que había empezado a caminar. Bill tenía la misma nariz, la misma boca, los mismos pómulos, la misma constitución. Incluso su piel era del mismo color blanca lechosa, pero ahora, en vez de ser fría y de plástico, era cálida y suave. Su pelo estaba todavía en punta, sólo que ahora era suave como la seda en lugar de paja. Efectivamente, el maniquí había cobrado vida y respiraba lleno de energía.
La única cosa que se mantuvo sin vida eran sus ojos. Bill tenía los mismos ojos que había tenido como un maniquí: eran todavía color caramelo y vidriosos por falta de vida. Lucía un poco raro, pero al mismo tiempo, sus ojos eran muy atractivos y Tom apenas podía apartar la vista al ver su reflejo en ellos perfectamente.
—¿Cómo…? —Tom preguntó en voz baja— Tú eres un maniquí. ¡No puedes levantarte y sólo caminar! No puede ser… la leyenda no puede ser… no puedes estar vivo —susurró, pensando que se estaba tratando de convencer.
Bill sonrió con tristeza.
—Pero estoy vivo —dijo en voz baja. Alargó la mano y cogió la mano de Tom. Tom inmediatamente se tensó bajo el contacto, pero Bill ignoró esto y guio la mano hasta su pecho, presionando suavemente los dedos en la camisa blanca.
Tom sintió una mezcla de náuseas, sorpresa y desconcierto al darse cuenta de lo que sentía: el latido de un corazón debajo de su palma. Respiró profundamente, pensando en lo suave y caliente que era el pecho de Bill. Su mirada finalmente se encontró con la de Bill y lo tragó.
—Mierda —dijo en voz baja— ¡Mierda! —repitió, esta vez gritando. Bill hizo una mueca cuando la palabra se hizo eco a través de la tienda vacía— Esto no puede estar pasando. ¡Es jodidamente imposible!
—Te aseguro que es muy real, eh… ¿cómo te llamas? —dijo Bill, sin soltar la mano de Tom de encima.
—Tom. Maldición. Tengo que llamar a Jost —Tom apartó la mano y corrió a la oficina de Jost, mirando el tablero de anuncios en donde Jost había colocado su número de contacto. Tom cogió el teléfono y marcó el número, esperando con impaciencia. Bill apareció en la puerta, mirando en la curiosidad, y Tom le lanzó una mirada. Maldijo otra vez y tiró el teléfono hacia abajo cuando, en lugar de la voz de Jost, escuchó un mensaje grabado en francés.
—Mierda… Tú… ¿cuánto tiempo estarás aquí? —Tom entrecerró los ojos a Bill, que estaba ahora con curiosidad explorando la habitación.
Bill cogió el iPod de Tom que estaba en la mesa de Jost y apretó sus botones, sus ojos se abrieron cuando el dispositivo se encendió.
—Hasta luna llena —Bill dijo con voz entrecortada, aun jugando con el iPod. Hizo girar sus dedos sobre los botones, desplazándose hacia arriba y hacia abajo a través de los artistas de Tom. No podía reconocer a alguno de los nombres así que su interés se perdido rápidamente, mirando de nuevo a Tom— Pero —añadió Bill melancólicamente mirando a su alrededor para ver si había otro nuevo invento con el que pudiera jugar— si encuentro a mi verdadero amor, me puedo quedar.
Tom soltó un bufido.
—No te ofendas amigo, pero no has encontrado a tu verdadero amor ¿desde cuándo? ¿Qué te hace pensar que va a suceder esta vez?
Bill frunció el ceño, de repente mirándolo como si estuviera a punto de llorar. Tom se sintió como una basura por ser tan cruel y contundente. Unas lágrimas de rabia se desbordaron en las mejillas de porcelana de Bill cuando se volvió hacia Tom.
—Nunca pierdo la esperanza —declaró enérgicamente— Sé que mi verdadero amor está ahí fuera. Cada dieciocho años me despierto en un lugar nuevo. Lleno de gente nueva. Nuevas oportunidades. Voy a encontrar a alguien, ya lo verás —aspiró con fuerza y se limpió la cara con el dorso de la mano.
—Lo siento, amigo, pero… no sé, tienes menos de un mes —Tom se encogió de hombros disculpándose— La mayoría de la gente pasa una larga vida y nunca encuentra a su verdadero amor.
—Si no encuentro a alguien en esta ocasión, con mucho gusto voy esperar otros dieciocho años —dijo Bill en voz baja— Entonces miraré de nuevo.
—Bueno, no eres decidido —dijo Tom secamente, poniendo los ojos. Qué gran oportunidad, pensó para sí mismo. Ya se había resignado a un destino sin amor. Él sabía que nunca estaría enamorado y una vez cuando realmente encontró el amor, sólo duró una noche o dos.
—¡Lo soy! —Bill sonrió ampliamente— Y bueno, ¡desde luego no encontraré a mi verdadero amor aquí de pie hablando contigo! Así que adiós —hizo un gesto y se volvió sobre sus talones. Tom frunció el ceño. Bill no se iría en serio, ¿verdad?
Unos segundos más tarde, oyó el sonido de una campana sonando cuando la puerta principal se abrió y se cerró. Maldiciendo entre dientes, corrió tras el casi humano.
—¿Aquí es donde vives? —Bill miró hacia el edificio de apartamentos con asombro— ¡Tu casa es enorme!
—No es mi casa. Es un apartamento. Es como si hubiera un montón de habitaciones y yo sólo me alojo en uno de ellos. ¿Entiendes? —Tom había estado explicando conceptos simples como este a Bill durante todo el camino a casa— Y no vivo aquí. Estaré en casa de un amigo durante el verano.
—Oh, está bien —Bill vio cómo Tom abrió la puerta y lo dejó entrar, dirigiéndose al ascensor. Tom presionó el botón del octavo piso y tan pronto como las puertas del ascensor se cerraron, Bill entró en pánico— ¡Tom, estamos atrapados! —en su desesperación, comenzó a arañar todas las paredes de metal, y presionó cada botón.
—¡Oh, mierda! —Tom exclamó cuando el ascensor se detuvo en cada planta individual. Bill se rio inocentemente al darse cuenta de que no había ninguna razón para alarmarse.
Como llegar a la octava planta les tomó tres veces más del tiempo normal, cuando el ascensor se detuvo finalmente, Tom agarró el brazo de Bill y lo arrastró hacia fuera antes de que Bill pueda causar más estragos. Llegaron al departamento y Tom abrió la puerta, empujando a Bill primero.
—¿Tom? ¿Ya de vuelta? —Andreas salió del cuarto de baño donde se había estado bañando y se dirigió hacia la sala de estar, chorreando agua, usando nada más que una toalla suelta colgando sobre sus caderas— ¿Quién es? —inclinó la cabeza hacia Bill, sonriendo amablemente.
Los ojos de Bill habían aterrizado en Andreas y se quedó maravillado cuando se percató en lo guapo, brillante, alto, torneado y rubio que era. Se acercó a él y le estrechó la mano.
—Soy Bill —respiró soñador— ¿Quieres ser mi amor verdadero?
Andreas se sorprendió por varias razones: en primer lugar, estaba convencido de que era ella, no él. Y en segundo lugar, ahora que confirmó que Bill era hombre, el rubio quería saber por qué otro hombre no sólo lo sostenía con tanto amor, sino que también le había pedido una relación sentimental intensa. Tom gimió, avergonzado por el muchacho entusiasta y lo agarró del brazo, tirando de él de inmediato.
—Bill, este es Andreas, mi compañero de cuarto —Tom hizo un gesto hacia el rubio, que tímidamente le devolvió el saludo— Él es recto, así que ni siquiera pienses en ello.
—Ehh… ¿recto? —Bill volvió la cabeza hacia un lado.
—O sea, no le gustan los chicos —Tom suspiró exasperado, dejando de lado a Bill para que pudiera tumbarse en el sofá y buscar algo que ver en el televisor.
Bill ignoró el cinismo de Tom y sonrió con coquetería a Andreas.
—Tú no debes limitarte a un solo género —intervino con prudencia— Nunca se sabe dónde se puede encontrar al verdadero amor— Sus ojos vagaron hacia abajo para centrarse en la toalla peligrosamente.
—Yo voy… a ponerme algo de ropa —Andreas sonrió nerviosamente, caminando hacia atrás y agarrando su toalla firmemente hasta que llegó a su habitación.
Con pucheros, Bill se unió a Tom en el sofá mirando la televisión.
—Wow… —los ojos de Bill se abrieron como platos— ¡Las imágenes se mueven!
Tom miró a Bill, incapaz de creer que alguien pudiera ser tan estúpido. Después de todo, existía la televisión hace dieciocho años. Pero entonces recordó la historia de Jost y se acordó que Bill había pasado toda su vida en una remota zona de Egipto, donde probablemente ni siquiera tenían agua.
—Eso es correcto —explicó Tom lentamente— Es una televisión. Las imágenes se mueven y puedes ver todo lo que quieras.
—Eso es… ¡increíble! —Bill se levantó del sofá y se arrastró hacia la TV, presionando su nariz contra la pantalla—. ¡Esto es de cristal! ¿Cómo pones las fotos en ella?
—Es difícil de explicar —dijo Tom rápidamente. Se levantó y tiró de Bill de nuevo en pie.
Bill, que al parecer tenía la capacidad de atención de un pez de colores, se zafó del agarre de Tom y entró a la cocina, mirando a todos los aparatos con asombro.
—¿Tienes hambre? —Tom le preguntó con voz cansada.
—Mucha —Bill asintió con entusiasmo—. ¿Puedo por favor tener algo de kofta?
Tom nunca había oído hablar de «kofta» así que le devolvió una mirada confundida.
—Umm… no creo que tengamos nada de eso —dijo, el rostro de Bill se entristeció—. Pero creo que tenemos un poco de chorizo, sin embargo.
—¿Chorizo? ¿Está hecho de cerdo? ¡No puedo, está prohibido! —Bill hizo una mueca de disgusto.
—No vas a ir al infierno si comes cerdo —Tom rodó los ojos. Su comentario fue recibido por un fuerte grito y él se dio la vuelta y se preguntó si Bill iba a necesitar una niñera constante para mantenerse fuera de problemas.
Bill, que había ido por ahí tocando todo con curiosidad, había pegado su mano sobre la estufa eléctrica. Por supuesto, Andreas había dejado la estufa hace poco porque había estado preparando algo para la cena, y la palma de Bill estaba ahora en un tono rojo y lesiones con líquido blanco salían fuera de éstas dónde había pasado el mayor daño.
—Rayos —Tom gimió, girando la mano de Bill. Hizo una mueca cuando vio la quemadura.
—¡No lo toques! —Gimió Bill con lágrimas en sus ojos—. ¡Detente, me haces daño!
Tom lo silenció suavemente, tirando de él hacia el gabinete de medicina, donde sacó un rollo de vendas y un tubo de crema antibiótica.
—Cálmate —Tom murmuró, tomando la mano blanca de Bill en la suya callosa mientras apretaba una generosa cantidad de crema sobre ella— Voy a ser lo más suave posible, ¿de acuerdo? —levantó la vista al no escuchar una respuesta, y vio el rostro pálido de Bill manchado de lágrimas silenciosas. Él tragó saliva, sintiéndose terriblemente culpable a pesar de no haber hecho nada malo— Te sentirás mejor en un rato —le dijo Tom una vez que la mano de Bill estuvo completamente envuelta— Así que no llores demasiado, ¿de acuerdo? —le dio una palmadita al otro chico cómodamente en el hombro.
Bill resopló, una lágrima de su mejilla resbaló hasta su mano vendada.
—No me gusta esto, Tom —dijo con voz ronca— Quiero volver. Yo no conozco a nadie aquí, no entiendo nada, me he quemado ¡y ya he sido rechazado por alguien que quería que fuera mi amor verdadero! —empezó a sollozar.
Tom de repente sintió pena por Bill, dándose cuenta de lo difícil que debe ser para él despertar en un lugar extraño tan radicalmente diferente de donde había estado toda su vida. Estaba rodeado de toda esta nueva tecnología que claramente lo asustaba, y estaba totalmente desorientado sobre la vida en general.
—Sshh, no llores, no llores —dijo Tom con dulzura. Tener una hermana de diez años de edad, le había dado un montón de experiencias sobre cómo tratar con alguien cuando estaba molesto e instintivamente extendió la mano, tirando del chico de pelo negro en un abrazo— Escucha, no es tan malo. No debes de darte por vencido tan fácilmente, la quemadura fue un accidente, y en cuanto a Andreas… ustedes dos no habrían sido el uno para el otro de cualquier forma.
Bill se apartó para que pudiera mirar a Tom con sus grandes ojos vidriosos, que eran incluso como espejos ahora que estaban llenos de lágrimas.
—¿De verdad lo crees? —preguntó.
Tom asintió.
—Y no te preocupes, estoy seguro de que encontrarás al amor verdadero y podrás permanecer como ser humano. ¡Sólo tienes que empezar a buscar! —sabía que le estaba mintiendo a Bill, pero no podía soportar ver al otro chico tan triste.
—Tom… ¿me ayudarás? —Bill preguntó tímidamente, jugueteando con los dedos en el borde de la enorme camisa de Tom— ¿Por favor?
Tom sabía que la pregunta iba a venir y trató de abstenerse de gemir. Tímidamente miró los ojos de cristal de Bill y asintió. Bill soltó un chillido fuerte y envolvió sus brazos alrededor de Tom, lo abrazó con tanta fuerza que Tom pensó que sus nervios podrían romperse. Andreas entró en ese momento con la ropa puesta, y sonrió al verlo.
—Bueno Bill, ¿por qué necesitas que yo sea tu verdadero amor cuando tienes a Tom?
Continúa…