
Notas de lurdez_geisterfahrer: Hola! Llego el momento de la verdad! Me encanto traducir este capi algo larguito pero sin duda tiene de todo, desde escenitas hot hasta drama y llanto, sin mas disfrutenlo.

Fic de Majestrix. Traducción de lurdez & MizukyChan
6: ¿Es el engaño realmente la respuesta? (P.1)
Había unas pocas cosas que Gustav se negaba a soportar. Que alguien se entrometiera en sus cosas era una. Que alguien tocara sus baquetas era otra. La tercera cosa que no toleraba era quedar de lado. Este rasgo de carácter nació junto a su quietud. Las personas pensaban que no le importaba, así que no se molestaban en informarle. Era todo lo contrario. Simplemente nunca sintió la necesidad de interferir si todo iba de acuerdo a lo planeado, pero le gustaba estar informado de la situación.
Y es por eso que estaba abriendo la puerta de la sala multimedia con una botella de vodka en una mano y dos vasos en la otra. Definitivamente no era una jugada limpia y habría algo de manipulación, pero era la única manera de obtener respuestas que han estado rondando en su cabeza los últimos días. —¿Ya empezaste la película?
Georg levantó la vista y vio lo que Gustav sostenía y sonrió. —Demonios, sí. Y trajiste bebidas. Increíble. Podría aceptarte unas copas.
—Parece que los gemelos se han reconciliado hoy en la mañana —dijo conversacionalmente, desenroscando la tapa de la botella de vodka y llenando ambos vasos hasta el borde. —¡Por la paz! —Bromeó Gustav, haciendo el brindis respectivo.
Georg no sonrió, pero rápidamente se tomó todo el líquido y apenas notó el ardor. Nada estaba bien. Bill todavía no le había dicho a Tom, ni a nadie más y empezaba a pensar que el adolescente realmente estaba ignorando el asunto de su embarazo. ¿Y el por qué tenía que soportar todo esto? De alguna manera sentía que estaba llevando un peso encima sus hombros por toda la situación. Miró a los ojos de su amigo y frunció el ceño. —¿Disculpa, qué?
—Dale play a la película, idiota —Georg se ruborizó y presionó el botón, acomodándose para algo de entretenimiento sin sentido.
&
No había duda de que Georg soportaba muy bien el vodka. El muchacho creció prácticamente bebiendo esta bebida, tenía una tolerancia muy alta y era un buen bebedor independientemente del tipo de licor. Todas las características presentaban un problema para Gustav, quien sabía que tenía que subir el nivel del juego sin que el bajista se diera cuenta. Pero también sabía otra cosa, Georg iba a soltarle toda la sopa esta noche por cualquier medida necesaria.
Mantuvo los ojos en la pantalla y se echó a reír cuando Will Smith y Martin Lawrence empezaron a bailar antes de entrar a una tienda para obtener información, deslizo su mano derecha en el bolsillo de su chaqueta y sacó una botella mucho más pequeña. Gustav le dio una mirada a Georg para constatar de que estuviera absorto en la película, pero eso era realmente una formalidad puesto que Martin Lawrence era su actor favorito y si estaba en la pantalla, también lo estaban sus ojos.
Gustav acercó el vaso de Georg hacia él y rezó para que el sistema de su amigo tuviera suficiente vodka. Miró de costado mientras la cabeza de Georg se balanceaba brevemente antes de volver a reírse otra vez. Sí, lo había preparado más que suficiente. Sirvió el vaso de Georg con absenta, rebasándolo y llenando su propio vaso con vodka. —Amigo —Empujó el vaso y señaló la bebida.
Georg ni siquiera miró, sólo agarró el vaso y se lo tomó en un solo sorbo. Gustav contó hasta dos, y Georg tosió, parecía sin aliento. —Maldición, esto esta fuerte.
—… Sí… Entonces, ¿qué crees que estuvo pasando con los gemelos? —preguntó indiferente, mirando la cara de su amigo en la luz parpadeante producido por la televisión. Una mirada de irritación cruzó las facciones de Georg y sacudió ligeramente la cabeza.
—No puedo decírtelo.
—Oh —Unas cuantas preguntas más y un poco más de absenta. —Entonces, ¿qué pasa con los gemelos?
Georg estaba prácticamente ebrio, la película había terminado, y todo lo que quería era hablar. —¡Quiero decir, esto es serio! —Gustav asintió con la cabeza.
—¡Lo sé!
—¡Sé que sabes eso! Siempre te tomas las cosas en serio. Eso es lo que me gusta de ti, Gustav. Sabes qué hacer, cuándo hacerlo y simplemente… —Gustav se inclinó hacia delante, frunciendo el ceño. —¡Lo haces! —Georg encontró las palabras que buscaba con cara triunfante.
—Gracias hombre. Entonces, ¿qué pasa con los gemelos?
—Oh, vas a pensar que estoy loco. Demonios, creo que lo estoy y eso que estuve allí —Georg se frotó la cara y suspiró, poniendo su cabeza sobre la mesa y mirando al baterista por el rabillo. —Pareces un M&M.
Mierda. La absenta podía hacerte volar. Necesitaba la información ahora o nunca la obtendría. Georg podría ser un borrachito parlanchín, pero no era tonto, y no caería en esto de nuevo. —¿De qué sabor? —Se encontró preguntando. Al parecer había bebido más de lo que pensaba…
Georg se encogió de hombros. —No lo sé, todos tienen sabor a chocolate.
—Tienes razón. Entonces, ¿qué le pasa a Tom? —Georg se incorporó, sacudiendo la cabeza.
—Nada aún.
—¿A qué te refieres?
—Va a querer matar al hombre que le hizo eso a Bill… —El corazón de Gustav dejó de latir.
—¿Qué le hizo ese hombre a Bill, Georg? —preguntó, tratando de mantener su voz ligera. El bajista lo miró con tristeza.
—Lo dejó embarazado —susurró, o al menos eso pensó que hacia. Gustav resopló. Era demasiado tarde, la absenta había jodido su cerebro y toda otra información sería inútil. —Ves, no me crees. Diablos, yo tampoco lo creería si no hubiera estado allí.
—Espera, ¿estuviste allí? —preguntó frunciendo el ceño. Georg asintió con entusiasmo, cayendo sobre los cojines de la cabina.
—Lo llevé a la clínica de un doctor, porque como sabes ha estado enfermo durante los últimos dos meses. Resulta que no está enfermo, ¡sino embarazado! —Gustav miró hacia la puerta para asegurarse de que estaba cerrada. Si la puerta estaba cerrada no se podría oír nada de lo que estaba sucediendo en el interior, lo cual era bueno porque le gustaba ver películas de acción muy tarde en la noche.
—Entonces lo llevaste a una clínica y el doctor dijo que Bill estaba… embarazado —Gustav estaba lo suficientemente sobrio para saber que Georg no estaba mintiendo.
Además del hecho de que nunca le había mentido cuando estaba borracho o sobrio, la expresión en su rostro era una de perturbada. Se sentó y pensó en los últimos dos meses. No se había dado cuenta de que Bill había estado enfermo durante tanto tiempo, pero al mirar hacia atrás tuvo que admitir que era cierto. Siempre se quejaba de un dolor de estómago, o se despertaba temprano para… vomitar y comer combinaciones raras de comida… Oh dios. —¡Pero Bill es hombre! —exclamó Gustav elevando su voz mas de lo que esperaba. Georg se estremeció y asintió miserablemente.
—¡Lo sé! El doctor dijo algo sobre el parche que usó, lo jodió de alguna manera. No recuerdo cómo… —Georg gimió. —¡Y el gilipollas está tratando de ignorarlo!
Gustav suspiró. Sí, eso sonaba a Bill… Miró a Georg, quien ahora roncaba suavemente y rodaba los ojos. Dejó el vodka, pero tomó su botella de absenta y prácticamente corrió a su litera donde el mundo todavía tenía sentido y al llegar no pudo dejar de mirar y mirar a la litera que estaba en frente a la suya. La de Bill. La cortina estaba cerrada, pero una mano ridículamente delicada se asomaba por debajo de ella, colgada solitariamente. Miró la manicure de sus uñas bien cuidadas y se estremeció.
Bill estaba embarazado.
Santa mierda, Bill estaba embarazado.
Si eligiera en creer que esto era verdad. ¿A quién estaba bromeando? Gustav le creía a Georg, eso era definitivo y claro y… normal. Pero esto no era normal. Se frotó los ojos y sacó la computadora de su compartimento de almacenamiento y la encendió, entrecerrando los ojos ante la repentina luz. Georg dijo algo sobre el parche que Bill solía usar para dejar de fumar, así que lógicamente eso sería su punto de partida. Escribió en el buscador “efectos adversos de los parches de nicotina” y se encontró con demasiados resultados. De acuerdo, tendría que reducir esto.
Gustav pensó por un momento y se encogió de hombros, tratando de buscar “embarazo masculino y el parche de nicotina” cerro los ojos y espero que nada surgiera.
Demonios, esperaba que Google se riera de él. Abrió los ojos y su mandíbula cayó. Aparentemente todo estaba en Internet… ¡¿Cómo diablos no sabían nada de esto?!
Hizo clic en un par de enlaces y su cabeza comenzó a doler. Lo revocaron hace un par de meses debido a sustancias químicas que la compañía no había revelado… La lucha por mantener el producto en las tiendas, las disputas de patentes… Había demandas legales contra la compañía farmacéutica Smith-Kline Beecham, por más de cien hombres embarazados. Más de cien hombres embarazados…
Gustav cayó de nuevo en su cama y miró al techo, aturdido. Oyó un susurro junto a él y vio cómo Bill se deslizaba fuera de su litera, echando un vistazo alrededor antes de saludarlo con la mano y dirigirse al baño. Su estómago estaba hecho un nudo, Bill había estado yendo al baño todo el tiempo últimamente. Recordó haber hecho una broma hace un par de semanas de que Bill tal vez tenía diabetes por todos los osos de goma que consumía, y todos se habían partido de risa cuando Gustav fue correteado por Bill. Parecía tan gracioso en ese entonces.
No era tan gracioso ahora.
Volteándose, Gustav observó descaradamente como Bill bostezaba mientras subía a su litera, saludando de nuevo antes de cerrar la cortina. Por primera vez en mucho tiempo Gustav se dio cuenta de que no sabía qué hacer.
Eso lo sacaba de quicio.
&
Bill se quedó mirando al espejo con horror. Esto no podía estar pasando. Se negó a creer que esto estaba ocurriendo. Se volteó de otro modo y eso que mostraba el espejo, aun no desaparecía. No era el ángulo en el que miraba porque en el espejo se veía la misma forma. No era la ropa, ni la manera en la que fue planchaba la camiseta. No era su postura y no era su imaginación.
Comprobó que la puerta estuviera cerrada y se dedicó a escuchar a la voz del otro lado del teléfono. —Pero doctor… yo… quiero decir ¿esto es posible?
—Lo siento muchísimo, Bill. Realmente lo siento —dijo el doctor Santoro con un tono de disculpa, aunque no fuera culpa suya. —Esto es parte del curso de un embarazo. Si fueras mujer…
—Ya hemos pasado por esto doctor. Estoy completamente seguro que no soy una mujer —Bill siseó, tratando de mantener la voz baja. —¿Cuánto tiempo durará esto?
—Hasta que nazca el bebé, y por algún tiempo después, si usted… decide amamantar —Bill miró hacia abajo, a su pecho, y tuvo ganas de lanzarse a su cama y llorar.
Había notado cierto dolor alrededor de su pecho durante algún tiempo, y ahora… estaba mirando fijamente lo que debía ser el comienzo de unos pechos. —Pero Bill, no estamos seguros de que cumplan esta función, si eso es un consuelo.
—No, no es un consuelo. Estoy a punto de tener tetas en mi pecho, y yo soy un hombre —Replicó, apartándose del espejo, incapaz de seguir soportando la nueva apariencia de su pecho por más tiempo.
—De nuevo, lo siento mucho Bill. No dude en llamarme si tiene más preguntas.
—Gracias, doctor —Colgó el teléfono y suspiró, presionando su puño contra su frente y gimiendo
—Bill, ¿estás bien? —Miró la puerta y sacudió la cabeza.
—Sí. Saldré en un minuto —Bill respondió.
Esperó hasta que pudo oír a Tom alejarse de la puerta antes de hundirse en el suelo. Estaba cansado de esto, la mitad del tiempo quería llorar, la otra mitad se sentía entumecido. Bill miró la puerta y deseó que Tom pudiera entrar para llevarlo a la cama y abrazarlo hasta que se durmiera. Pero eso no era posible con un bus lleno de gente. ¿Qué iba a hacer?
Se puso de pie con un suspiro y se volteó hacia el espejo y miró hacia abajo, había podido conseguir la cinta adhesiva. Se quitó la camiseta, desenrolló un poco de cinta y la envolvió alrededor de su torso tan fuerte como pudo, envolviendo y envolviendo hasta que su pecho estuvo bien atado y casi plano. Se puso de nuevo su camiseta, suspiró aliviado, mirando su pecho una vez más plano. La cinta le picaba e iba a ser difícil de ocultar, ya que los chicos se desnudaban siempre uno frente al otro. Bill se planteó, a partir de ahora, ir al baño cada vez que quisiera cambiarse de ropa. Sabía que todo el mundo pensaría que estaba actuando raro, pero realmente no le importaba ya que había otras cosas más importantes por qué preocuparse.
¿Qué hizo para merecer esto? ¿Era su relación con Tom? Es cierto que si él y Tom no hubieran llevado su relación al siguiente nivel, y él la llamaba con toda honestidad una relación real, entonces no habría quedado embarazado. No tenía sentimientos por ningún otro hombre que no fuera su gemelo y estaba siendo honesto en las entrevistas cuando decía que no era gay. ¿Esto era su castigo? ¿Debería empezar a creer en Dios y arrepentirse?
Un bufido llegó sin previo aviso y Bill se dobló de la risa. Sí, lo que sea. Se paró firmemente y se rascó el costado de su pecho, empezando a preguntarse si la cinta adhesiva era una buena idea. Bueno, tendría que lidiar con eso, era todo lo que tenía que hacer. Bill miró la tarjeta en el lavador junto a su teléfono y la metió en su bolsillo. Era pura casualidad que la estúpida tarjeta del doctor Santoro estuviera en su bolso, pensando que la había tirado. Agarro su teléfono y la cinta, abrió la puerta y jadeó. Gustav estaba de pie frente a la puerta, mirándolo con curiosidad.
—¿Qué estabas haciendo? —preguntó, mirando la cinta en su mano. El rostro de Bill se paralizó y trató de pensar en algo.
—Nada —dijo rápidamente. Oh sí, eso fue inteligente…
—¿Nada? —repitió Gustav, con una ceja levantada incrédulamente.
—Nada —Afirmó Bill mientras caminaba hacia su litera. Todavía sentía la mirada de Gustav en su nuca y se preguntó qué pasaba con el baterista. ¿Por qué la súbita curiosidad? Pensándolo bien, apenas recordaba haber visto al baterista despierto anoche en uno de sus muchos viajes al baño. ¿Por qué lo estaba observando?
¿Podría pensar que algo andaba mal con él? El pensamiento se metió en su cabeza alimentado por la desesperación y el miedo. Resistió el impulso de ver si su estómago había crecido, pero no lo notaria porque la camiseta que estaba usando era más ancha de lo normal. Mirando hacia abajo frunció el ceño. ¿Lo era?
&
Hicieron su última reverencia a sus fieles fan que gritaban a viva voz y Tom solo podía más que mostrar esa sonrisa encantadora que cautivaba a todos. No había nada mejor que dar un gran concierto, y lo disfrutaba cada segundo. Ya en el backstage estaba casi rebotando de pura adrenalina, hasta llegar a la sala verde. Gustav y Georg estaban peleando entre sí por alguna razón, habían estado peleando durante los últimos dos días. Era extraño porque rara vez peleaban. ¿Y Bill? Bill estaba tratando de quitarse el maquillaje con una mano temblorosa. Parecía estar frustrado, agotado y miserable. —¿Qué pasa? —preguntó, acercándose detrás de su gemelo con vanidad.
—Nada. Simplemente estoy cansado —Bill respondió, la respuesta llegó a él sin siquiera pensarlo.
—Siempre estás diciendo eso que ahora ya no tiene sentido —Gustav dijo desde el otro lado de la habitación, tratando de estirar su propio tobillo. Georg lo miró y lo fulminó con la mirada, sacudiendo la cabeza minuciosamente. Bill lo miró a través del espejo y palideció.
—¿Qué quieres decir? —preguntó tembloroso, y Georg se puso de pie, con el ceño fruncido.
—Nada. No quiere decir nada. Gustav, ¿puedo hablar contigo un minuto? —Georg decidió intervenir
—Claro, ¿por qué no? —Gustav dijo dulcemente, levantándose y siguiendo al bajista fuera de la habitación. Tom los observó salir con el ceño fruncido.
—¿Qué quería decir con eso? —Le preguntó a Bill, quien se encogió de hombros y empapó otra bola de algodón con el removedor de maquillaje.
—¿Cómo voy a saberlo? —dijo, conteniendo un bostezo.
—Vamos a estar en un hotel por los próximos tres días. Al menos podrás descansar en una cama decente —dijo Tom, pasando sus dedos por el pelo de Bill, estaba con la típica melena de león y no pudo resistirse a jugar con su cabello. Bill lo miró a través del espejo y sonrió. —He notado que has dejado de vomitar.
Eso era cierto, los vómitos casi habían desaparecido. Aunque sucedía si olía algo que no le agradaba o algo que no le sentaba bien a su estómago. Aparte de eso y su constante cansancio, estaba bien. Mejor que bien. —Siempre estás observándome ¿eh? —Bromeó Bill, suspirando alegremente mientras Tom empezaba a masajearle los hombros.
—No puedo evitarlo, eres muy sexy —Tom le susurró al oído y se estremeció, sonriendo. Se volteó y levantó la vista, deseando poder besar a su gemelo en este momento. Al parecer, podía leer su mente. —Habrá tiempo suficiente para eso más tarde. Si no estás demasiado cansado.
—Ya veremos —dijo Bill honestamente. Tom asintió, sin comprender lo que estaba pasando, pero dispuesto a aceptarlo. Se negó a seguir peleando con Bill, le dolía demasiado. —Me pregunto a donde se fueron los G’s —Tom miró por encima del hombro de la gente que caminaba al azar y se encogió de hombros. No pudieron haber ido tan lejos.
& Continuará &
Te invitamos a seguir leyendo.