«Razones en contra, instintos a favor» Fic original de Little Muse

Traducción de LaDamaDeLaOscuridad

Capítulo 19: Las consecuencias de la sumisión

Bill había pedido un poco de tiempo a solas para hablar con Andreas una vez que éste llegó. Tom accedió, a pesar de que el pensamiento le removía las entrañas por los celos. No había tenido otra opción.

Verlos salir del departamento en lo que probablemente sería una especie de cita, fue difícil, pero se había forzado a recordar que, en realidad, era “el otro” en la situación y que por lo tanto, no tenía derecho a hablar.

Ahora está esperando. Sabe que Bill acudirá a él.

No tiene idea de cómo su hermano va a explicarle las cosas a Andreas. Imagina que con varias omisiones. El truco será inventarse algo que parezca perdonable con lo que está haciendo, con cambiar su decisión en el plazo de una semana.

Suspira.

No cree que ni siquiera la verdad sería algo perdonable. Bill arruinó todo, Tom puede reconocer eso. También puede reconocer que él también las jodió, pero no es como si alguno de los dos tuvo la intención de herir a Andi en el proceso, e intentar que su amigo vea eso mientras están encubriendo gran parte de la historia, será difícil.

Casi quiere confesar lo que ha hecho porque se siente una completa mierda y no puede soportar el pensamiento de que Andreas siga adelante, ignorando y considerándolo un maravilloso mejor amigo. Pero no puede abrir la boca. Contarlo tal vez podría ser bueno para su alma, pero no lo sería para la de Andi. Tiene que dejar que Bill se haga cargo.

Escucha un distante crujido y ruidos en el corredor, y levanta la cabeza, mirando fijamente la puerta que duda que permanezca más tiempo cerrada.

Distingue el sonido de unos pasos. Georg, el cabrón trasnochador, todavía está despierto pero sus andar es más pesado. El sonido se interrumpe y Tom aguarda. La luz del pasillo ha estado apagada desde hace mucho y es incapaz de distinguir las sombras de unos pies en la rendija entre la puerta y el piso, sin embargo, sabe que Bill está ahí, al otro lado, lo presiente.

Se aguanta la respiración sin estar seguro del porqué. Que su hermano esté rondando sin entrar le confunde, le produce un doloroso y extraño estado de incertidumbre cuya naturaleza angustiante no puede explicar.

La perilla gira un poco. Bill ha debido de poner su mano en ella.

Todo esto hace que se ponga nervioso sin motivo alguno. De pronto, pone los ojos en blanco, haciendo a un lado las mantas, levantándose y tropezándose con un amplificador portátil en su camino. Planea abrir la puerta, arrastrar a su hermano adentro y preguntarle qué diablos hace allá afuera.

Pero al acercarse al otro lado de la habitación, algo se mueve. Es diferente y hace que se quede quieto observando la perilla girar de nuevo casi tan imperceptiblemente como la primera vez.

Y entonces siente que la presencia de Bill desaparece.

Está estupefacto, no se le ocurre hacer algo como alzar la voz llamándolo o abrir la puerta. Se queda inmóvil, con la respiración irregular, esperando expectante algo que no sucederá hasta que escucha que al otro lado del corredor la puerta de Bill se cierra. Aturdido, da media vuelta y se sienta en el borde de su cama, inseguro sobre lo que tiene que hacer.

Usualmente, Tom no es quien debe recurrir a Bill.

&

—Te has levantado un poco temprano, ¿no? —pregunta Tom, entrando en la cocina donde encuentra a Georg sentado en la mesa masajeándose la frente.

—No me he ido a la cama —contesta aturdidamente.

La respuesta le hace levantar una ceja.

—¿No has dormido?

Va hacia la barra y coge la cafetera. Al levantarla, se da cuenta de que está demasiado ligera como para tener cantidad suficiente de misericordiosa cafeína, la cual podría caerle muy bien esta mañana. Es temprano y, a pesar de que ha dormido, no fue un buen sueño después de que Bill y Andreas regresaran.

—No —confirma Georg, luciendo fastidiado consigo mismo—. Gustav terminó el nivel dieciséis de su nuevo juego y empezó a hablar idioteces sobre mis habilidades. Creí que podría probarle que estaba equivocado. —Cambia su expresión a una avergonzada—. No me fue tan bien como esperaba.

Tom sonríe yendo al congelador para servirse jugo en vez de café.

—¿Quieres decir que estuviste toda la noche despierto y ni aún así superaste a Gustav?

—Ni siquiera lo he alcanzado —gruñe Georg y se ríe un poco, ofendido pero permisivo cuando Tom se une a su risa.

—¿Alguien más está levantado? —pregunta sentándose la silla que está al frente del bajista.

Georg niega con la cabeza.

—Nah. Gustav mencionó algo de dormir hasta poco antes de la entrevista y Bill ayer llegó bastante tarde… además, bueno, es Bill.

Normalmente, se reiría de eso. Ahora solo se queda mirando su vaso con atención antes de beber todo el contenido como si fuera un trago. Casi desea que fuera alcohol, que ardiera como uno y lo entumezca un poco.

—Tal vez deba ir a despertarlo.

Georg se encoge de hombros.

—Si quieres provocar a la bestia, es tu problema.

Empuja la silla y deja su vaso en la mesa.

—Estará peor si se levanta tarde y no tiene suficiente tiempo para arreglarse el cabello —replica con sarcasmo, escuchando a su amigo reír suavemente mientras se dirige a la sala.

—Hey, hola —le dice Gustav emergiendo del corredor. Tom le sonríe.

—Pensé que dormirías hasta tarde.

—No puedo hacer eso, debería aceptarlo sin más.

Gustav se adelanta hacia su derecha y se deja caer sobre el sillón perezosamente, soltando un gran y profundo suspiro, acomodándose. Tom suelta una risotada ante la auto-desaprobación del baterista antes de darse cuenta de algo: nadie está durmiendo en el sillón.

—¿Georg? —exclama hacia la cocina. Gustav voltea hacia él con el interés obviamente despertado.

—¿Qué?

—¿Dónde está Andi?

Hay un corto silencio en el que solo se escuchan unos sonidos que le hace imaginar que Georg ha debido servirse cereales.

—¿Iba a quedarse aquí?

Tom sabe que sí y traga saliva, virando hacia Gustav que le devuelve la mirada con una expresión de curiosidad.

—Anoche no regresó con Bill —informa Georg—, te lo puedo asegurar, he estado en la sala gran parte del tiempo.

Asiente, a pesar de que Georg no puede verlo y va hacia los dormitorios sin explicar nada a Gustav que parece confundido. Se detiene ante la puerta de Bill y levanta una mano para tocar, antes de reconsiderarlo más a fondo y abrirla sin ser invitado.

Es cierto que su hermano todavía está dormido, pero se encuentra encima de la cama hecha, vestido con las ropas arrugadas de ayer, con los tenis puestos y el maquillaje sin remover.

Frunce el ceño y cierra cuidadosamente la puerta tras él, cruza la habitación y se sienta al lado de Bill. Lo observa dormir con cuidado, asimilando las líneas de la sombra aplicada muchas horas atrás y cómo en su sueño tiene la frente contraída. Levanta la mano y aparta el cabello, recorriendo con sus dedos una de las mejillas de su gemelo.

Los ojos de Bill se abren y lo ven con una lucidez que lo hacen alarmar un poco. No sonríe. No habla.

—Hola —dice después de un momento.

—Hola —Bill hace eco con voz rasposa por el cansancio.

—¿Estás bien?

Nada se mueve, excepto los ojos de Bill que se apartan de él. Tom no hace nada para atraer su vida de nuevo.

—No.

—¿Quieres hablar de eso?

Su hermano sacude la cabeza miserablemente. Tom asiente.

—Hazme espacio —instruye acostándose cuando Bill le hace caso.

Jala a su hermano contra su pecho, complacido de que el otro chico no lo aparte, sino todo lo contrario, aferrándose con mucha fuerza a su cuerpo. Sus cejas se fruncen con preocupación y abraza a su gemelo, sintiendo cómo éste resguarda su rostro contra su cuello.

Hay silencio y no hace nada por interrumpirlo.

Bill siempre habla tanto que Tom pone más atención a cuando está callado, sin presionarlo si no tiene ganas de decir algo. Quiere preguntar si Andreas había perdido los papeles, si necesita ir a patearle el trasero por algún motivo, sin importar lo mucho que quiere al chico. Pero no hace nada.

Pasa un rato antes de que Bill siquiera se mueva y mucho menos hable. De hecho, Tom tiene la impresión de que ha quedado dormido hasta que su aliento golpea contra su cuello al hablar. Se sobresalta ligeramente.

—Entendió —es lo que finalmente ha dicho Bill.

Tom suspira aliviado, pero intenta que su hermano no sienta esto y lo aprieta con fuerza contra él.

Aunque las palabras son reconfortantes, no explican su estado actual… como si estuviera en coma.

—Pensé que lo haría —contesta, pensando que si entabla una conversación es más probable de que Bill continúe hablando, sin embargo, tampoco tiene deseos de asustarlo lanzándole preguntas.

—Le dije que había reflexionado más y no creía que era una buena idea. —Tom lo siente temblar en sus brazos—. Le mentí a Andi.

—No le mentiste.

—Bueno, no le dije exactamente la verdad —señala agarrando mucha tela de su camiseta y apretándola en su puño.

—No podías decirle la verdad.

Bill se mofa sin humor.

—Ni siquiera me dio pelea.

Ante eso, Tom no sabe qué decir. Sabe que Andreas quiere demasiado a su hermano como para hacerle sentir culpable intencionalmente. No discutiría si pensara que es lo que Bill quiere. Pero expresar sus pensamientos en voz alta haría que Bill se sintiera peor y, de todas formas, está muy seguro de que ya está al tanto.

—No quisiste herirlo —indica acariciándole el cabello y notando cómo se relaja un poco—. Andi sabe eso.

—Sí.

Bill no dice más por varios minutos y es la misma sensación que Tom sintió la noche previa mientras esperaba que algo sucediera. Hay algo que no está contando. Y ni siquiera puede preguntar qué es si quiere que Bill le cuente por voluntad propia.

—¿Tomi?

Tom contempla la pared que está detrás de su gemelo, contempla el deteriorado osito posado en la almohada que una fan en Israel le regaló a Bill.

—¿Hmm?

—Lo besé.

Se tensa ante las palabras sin poderlo evitar y al sentir esto, los dedos de Bill se aprietan aún más en su camiseta. Tal vez había hablado demasiado pronto sobre patearle el trasero a Andi.

—Yo lo besé a él —repite.

Tom no puede ver cómo la aclaración mejora la situación, aunque reconoce que enojarse con Bill es más difícil que enojarse con otras personas.

—¿Por qué? —cuestiona con los dientes apretados.

Siente que Bill libera un suspiro contra su clavícula.

—Para decirle adiós —expresa como si fuera toda explicación necesaria.

Tom no puede estar seguro de que entiende completamente. Tiene la certeza de que Bill y Andi no han terminado su amistad o se han excluido de la vida del otro. Por desgracia, presiente que esta es una de esas situaciones que cae en la categoría de las cosas que no necesita entender. Odia esa categoría. Como ahora que significa dejar ir un fragmento de Bill sin preguntas. Un fragmento que no es suyo.

—Le debía una despedida —le escucha añadir y Tom sabe que tiene razón.

Ese fragmento le pertenece a Andi.

Continúa… 

Gracias por la visita.

por LaDamaDeLaOscuridad

Traductora del Fandom

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