«Razones en contra, instintos a favor» Fic original de Little Muse
Traducción de LaDamaDeLaOscuridad
Capítulo 10: Ingenuo (o Acuerdo)
Cuando Tom despierta, Andreas está.
Ahora, con toda justicia, había dormido hasta las diez, y no tiene ningún derecho a creer que es demasiado temprano para tener compañía. Lo extenuados que habían estado su hermano y él evitó que hablaran la noche previa, y esperaba tener un poco más de tiempo a solas antes de que su amigo fuera llamado. Tienen menos de una semana antes de que abandonen su casa para ir al departamento en donde las presencias de Gustav y Georg nunca conducen a la privacidad.
—Está vivo. —Andreas mofa en cuanto entra a la sala recién bañado. Abandona su posición al lado de Bill y va hacia él, agarrando la mano que le extiende y jalándolo para abrazarlo. Tom también le abraza, suponiendo que es agradable verle—. ¿Desde cuándo duermes más que Bill?
—Desde que hoy decidió sacar temprano su trasero de la cama, aparentemente —contesta mirando a gemelo. Como pasa cuando están en casa, no está bien vestido, sin embargo, ya no se encuentra en pijamas, lo que quiere decir que, al menos, ha estado levantado un par de horas.
—Ah, eso es mi culpa —le dice Andreas volteando hacia Bill para sonreírle—. Mis padres fueron a la iglesia esta mañana y mamá quiere que vuelva para el almuerzo. No quería esperar hasta la tarde para verlos, chicos. Pero, hey —Andi vuelve a girar—, este verano comienzo a vivir solo. —Hace un pequeño baile que le hace pensar que solo es productor de pasar su niñez en compañía de su hermano.
—Eso es genial. —Tom cae a un costado de Bill en el sofá.
—¿Y, entonces? —pregunta Andreas en estado expectante.
—¿Entonces qué?
—¡Se van a la puta América! —exclama como si fuera obvio—. ¿Estás emocionado?
Tom está a punto de contestar algo como “¡mierda, sí!” o “¿bromeas? ¡Chicas extranjeras!”, pero súbitamente Andreas luce pensativo y le dice a Bill: —¿Todavía puedo llamarte cuándo estés por allá?
Lo cual le hace cerrar la boca sin soltar nada.
—Depende de tu plan de teléfono —informa Bill.
—Tengo que revisar esa mierda. —Andi aún está de pie y Tom considera que es extraño que ni siquiera tome asiento cuando agrega—: Vamos al centro, ¿quieres venir?
Frunce el ceño sin saber qué tan buena o mala idea es.
—¿Para qué?
—Ir de compras.
Tom, con curiosidad, vira la cabeza para enfrentar a su hermano.
—¿Estás seguro de que tienes ganas de hacer eso?
Bill alza los hombros.
—Sí, claro, ¿por qué no?
—Es un poco pronto para regresar a ser una estrella de rock, es todo.
—Hombre —interviene Andreas, logrando que le dirija la mirada—, ni te preocupes por eso. He venido preparado.
Sin esperar reacciones, saca algo del bolsillo de su chaqueta negra, lo cual Tom no sabe qué es hasta que Andreas lo pone en su nariz: gafas negras plásticas y sin lunas, completadas con una nariz rosácea y un falso bigote que ondea cada vez que Andi respira.
Bill empieza a reír sin control, posiblemente porque Andi se las está arreglando para mantener una cara seria, como si en verdad estuviera confundido del por qué su amigo no considera que el disfraz es eficiente.
Tom no ve mucho la gracia.
—Quizá debas llamar a Saki —sugiere. Está dirigiéndose a Bill, pero todavía tiene una escéptica mirada puesta en Andreas cuando éste se quita las gafas.
—Saki tiene la semana libre —le recuerda su hermano, y no es que Tom no se acuerde de eso, sino que el trabajo de su guardaespaldas es estar casi siempre en guardia y disponible—. No me gusta que esté respirándome el cuello cuando no hay necesidad. Además —Bill mira a Andreas y es incapaz de sofocar otra risotada—, Andi va a protegerme, ¿verdad?
—Siempre.
Tom contempla a Andreas observar a Bill, y siente una oleada de ira inexplicable, una que casi bordea la furia. ¿No acababa de hacerle esa promesa a su madre? ¿Desde cuándo el bienestar de Bill se ha convertido en la responsabilidad de Andi?
—Es decir, si tú no vas a estar ahí —añade Bill.
Oh, tal vez ese fue el momento…
—¿Saben qué? —dice en un impulsivo capricho—. Cuenten conmigo.
&
Tom se arrepiente de su decisión inmediatamente.
Durante el camino hacia el centro comercial había intentado racionalizar que su única motivación para la excursión era el hecho de que no se había comprado una gorra desde hacía casi dos meses. Pero que Bill quisiera comprarse ropa nueva, lo cual está bien para Andreas que tiene a un estilo similar, para él iba a ser aburrido como una mierda y no podía aparentar ignorar que la tarde acabaría de esta manera.
Pero la única otra salida que tenía era admitir que les había acompañado para mantener cierta distancia entre su hermano y su mejor amigo. Así que gorras. Esa es su historia y va a apegarse a ella.
—Es genial, me gusta —dice Andreas y Tom despega la mirada del dobladillo de su enorme camiseta para ver a qué se está refiriendo. Bill se ha puesto una chaqueta que ha sacado de un estante para probarse.
Jalando las solapas y acomodándose la prenda en los hombros, Bill voltea hacia él en busca de aprobación.
—¿Qué piensas?
Alza los hombros de forma indiferente.
—Luce como algo salida de la década de los 70s.
—Como que ese es el punto —señala Andreas y Tom apenas puede refrenar la mirada cargada de ira que quiere lanzarle.
—Entonces cómprala. —La chica que es cajera de la tienda es joven y les ha estado dando ojeadas continuas por cinco minutos—. Y tal vez quieras apresurarte.
Bill sigue su mirada, deslizando sus brazos hacia atrás de las mangas y pone los ojos en blanco, sin embargo, se dirige a Andreas y le pide: —¿Me haces un favor? ¿Vas a pagarla por mí?
—Vaya forma de aprovecharse de mí y mi falta de popularidad —se burla sin mala intención, recibiendo la chaqueta que el menor de los Kaulitz le está tendiendo.
—¿Tienes efectivo? —pregunta Tom—. Él no puede firmar por ti.
Bill saca de su bolsillo trasero unos pocos billetes y se los da a Andreas. Tom no tiene ni idea de por qué tiene dinero o cómo lo obtuvo. Ninguno de ellos ha contando con más que tarjetas en dos años.
Cuando Andi se encamina hacia la caja, Bill le enfrenta.
—¿Cuál es tu problema? —Realmente Tom estaba lejos de esperar esa actitud—. Cualquiera que sea tu problema no tienes que comportarte como si fuera la culpa de Andi.
—No estaba haciéndolo —protesta, aun sabiendo de que tenía razón. O la tiene. Como sea.
—Si estás tan aburrido, ¿por qué has venido?
Quiere hacer hincapié en que Andi también es su amigo y que tal vez quería pasar tiempo con él, pero imagina que soltar algo de la verdad no puede causarle daño a nadie.
—No estoy aburrido, solo estoy…
—¿Molesto?
—Solo que… fue a la casa antes de que pudiéramos hablar.
La expresión de Bill se suaviza e incluso luce un poco culpable.
—Oh…
—Sí.
—La cajera preguntó por ti —se entremete Andreas, acercándose. Da la bolsa plástica a Bill, quien al recibirla aparta los ojos de Tom—. Le dije que tu nombre era Sven, que eras de Helsinki y que ni siquiera hablabas alemán.
&
—Llámame más tarde, ¿estamos? —pide Andi cuando está saliendo del Escalade, y no se mueve hasta que Bill asiente, después de lo cual le hace adiós a Tom con la mano y cierra la puerta.
Tom regresa a la carretera y se concentra, contento por tener una razón para no mirar a su hermano.
—Es posible que mamá y Gordon estén en casa —declara Bill, haciendo que le vea de reojo y constate que tiene la vista adherida a la ventana del copiloto.
Toma sus palabras como una insinuación y hace un giro en donde normalmente no lo haría, yendo por el camino largo en dirección a su casa. Bill le ve hacerlo y espera a que estén en las carreteras secundarias antes de hablar.
—¿De qué quieres conversar? —pregunta, apartando con rapidez la atención de Tom de por dónde va conduciendo. Usualmente, Bill es el que está queriendo poner toda la mierda sobre la mesa, y se encuentra medio sorprendido de que no haya estado presionando para hablar antes.
—De lo que pasó en el avión.
En su visión periférica ve a Bill moverse incómodo, la tapicería de piel arrugándose debajo de sus rodillas y manos.
Traga saliva.
—¿Qué hay sobre eso?
—¿Cómo que qué hay sobre eso? —Tom le mira frustrado antes de volver los ojos hacia la carretera—. Sabes lo que pasó.
—Sí —asiente Bill—, pero no significa que haya algo sobre lo cual hablar.
—¿No eres tú quién mayormente está analizando a morir toda la mierda? —pregunta confundido ante el cambio de roles. Es desconcertante y li hace sentir necesitado, cuando sabe muy bien que no lo es.
—Así es. Entonces, ¿por qué estás tú haciéndolo?
—No es… —empieza a decir, nervioso—. Yo ni siquiera… ¡Cómo quieras! ¿Qué pasa contigo?
—Nada —informa Bill, viéndole finalmente—. Nada nuevo, al menos.
—¿Y qué carajo se supone que significa eso?
—Mira, perdóname si no le veo el punto a tener otra discusión cuando sé cómo va a terminar. Vamos a ver si tengo la razón, ¿bueno? Apuesto a que puedo hacer solo toda tu parte, todos tus “ha sido una gran equivocación”, “estoy harto de lidiar con esto”, bla bla bla.
Bill torna los ojos antes de volverse de nuevo hacia la ventana, apoyando su codo en el apoyabrazos y el mentón en su palma.
—¡Pues sí estoy harto! —insiste Tom.
—Oh, pobrecito el bebé —dice Bill volteando otra vez—. ¡Pues yo también lo estoy! Ahórrate el discurso, ¿está bien? Lamento que sientas que debes aclarar la situación o sacártelo del pecho, o lo que sea, pero yo no quiero ser algo con lo que tengas que lidiar.
Tom encuentra con qué replicar. Y no importa, porque ya han llegado a casa. Se estaciona, apagando el motor. Deja la mirada fija en algún punto con las manos aún puestas en el volante. Bill también está en silencio y con los brazos cruzados.
—Tampoco quiero que seas algo con lo que tengo que lidiar —dice después de unos instantes. Tiene miedo de que Bill se convierta en eso, en algo que debe afrontar, si es que cede.
No ve que su hermano menea la cabeza, pero lo siente.
—Como quieras —dice antes de salir del auto dando un portazo.
Tom suspira. Ni siquiera se compró una gorra.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.