«…cuz we are twins» Fic de PixieGirl. Traducción de Loves

Capítulo 11: Hermano menor

Agosto 31 del 2007

Bill no tenía la fuerza para pensar que fuese extraño que se estuviesen yendo a solo unas horas de que tuviera legalmente dieciocho años. Había empacado las pocas cosas que tenia y ahora estaba sentado en la esquina de su habitación, que se había convertido en un espacio bastante familiar para él en el último mes. Estaba sosteniendo la gorra de Tom, llevándola a su cara de vez en cuando, oliendo la esencia que no se había desvanecido. A duras penas la soltaba, siempre la mantenía cerca y nunca la dejaba ir de su vista.

Se estaba atando.

No iba a dejar ir a Tom. Su cerebro seguía diciéndolo que sabía que Tom había muerto, lo había visto en el periódico. Algunas veces, tarde en la noche pensaba en escapar y ver si era verdad pero el pensamiento de darse cuenta que si lo era, era demasiado para él. No sería capaz de soportarlo todo de nuevo.

Así que estaba yéndose a América. Lo que iba a hacer lo asustaba muchísimo, sabiendo que a duras penas podía hablar el idioma pero sabía que tenía que ir. No se podía quedar, no podía cuando ya no tenía algo por que quedarse. Simone y Gordon no lo habían llamado, no querían contactarlo… Bill no se podía quedar por ellos, dolía demasiado.

—Te estoy llevando conmigo, Tomi —murmuró Bill a la habitación vacía. Puso la gorra en su cabeza —. Siempre estarás conmigo.

&

En Magdeburg Tom, bastante vivo y en su habitación no se podía quedar quieto. Tendría dieciocho mañana, solo quedaban cinco horas. Tendría a Bill de nuevo. No era mucho tiempo. Se preguntaba si debía ir a recogerlo o si su hermano iría donde él. Ninguno podía conducir y Tom a decir verdad no sabía donde vivía Bill. Si, tal vez solo esperaría.

Después de todo, lo había hecho por tanto tiempo que solo unas horas más se sentirían como nada.

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Por supuesto que su vuelo había sido cancelado. Bill había estado esperando salir de Alemania antes de que el reloj diera las doce. Lo mataría el saber que podría regresar con Tom si…

Bill cerró los ojos y trató de pensar en algo más. Cualquier cosa. Se preguntó si podría seguir el ritmo del colegio en América. Nunca había sido bueno con el Ingles; no era su fuerte. Bueno, la escuela no era su fuerte pero al Ingles lo detestaba. No el idioma, solo el hecho de que no pudiera hablarlo.

Tal vez podría hacer algunos amigos en Chicago. Tal vez tendría un nuevo comienzo cuando estuviera lejos de todo.

Bill negó. Nuevo comienzo, si claro. Como si el alguna vez fuese a parar de pensar en su hermano «¿Y si?»

¿Y si…?

¿Y si Anne y Jorg nunca lo hubiesen encontrado?

¿Y si nunca se hubiesen besado afuera de la Casa de Justicia?

¿Y si Tom estuviese vivo?

¿Y si Tom estuviese vivo…?

Bill volteó su cabeza. Jorg y Anne lo habían visto llorar muchas veces. No quería mostrarles más lágrimas, no quería que intentaran hacerlo sentir mejor. No sabían cómo. Ellos eran parte de la razón por la que no era feliz.

No estaba donde se suponía que debía estar.

&

El reloj daba casi las once. Tom miró los números, incapaz de dormir. Sintió que debía hacer algo… algo que lo hiciera sentir como si fuese un día para celebrar.

Sabía que las tiendas todavía estaban abiertas. Uno de esos lugares 24/7. Tal vez podría conseguir un bote del helado favorito de Bill, y aun más importante, aire fresco para sus nervios. Quiero decir, ¿Cómo te sentirías si el amor de tu vida estuviese regresando después de nueve meses?

Tom trató de ser tan silencioso como le fue posible al abrir la puerta principal y salir. Sus padres se espantarían su supiesen que estaba dejando la casa a esas horas. Pero no se iría por mucho tiempo, solo unos quince minutos.

El mejor día de su vida tendría que ser perfecto tanto para Bill como para él.

&

—¡Admítelo, estamos perdidos! —dijo Gustav — Vamos a llegar tarde, deberías estar feliz de que el vuelo ha sido pospuesto.

—Ah, ¡para ya! ¡Sé exactamente donde estamos! —dijo Georg.

—¿Si? ¿Y dónde estamos, genio?

—Estamos… —Georg leyó el siguiente aviso en la carretera — ¡A tres kilómetros de Loicthe!, ¿ves? ¡Te dije que sabia donde estábamos!

—De todos los lugares en el mundo nos trajiste a Loichte ¡Por todos los cielos! ¿Por qué el conducir de Hale a Berlín es tan difícil para ti?

—Al menos sabemos dónde estamos —señaló Georg —. Estaremos allá en una hora.

— ¡Tal vez sea muy tarde para ese entonces!

—Ellos dijeron que el vuelo se tardaría al menos tres horas. Eso fue hace una hora y media, ¡así que relájate y disfruta de mis excelentes habilidades para conducir!

Gustav murmuró algo que sonó bastante como «idiota».

&

—¡Feliz cumpleaños, Tomi! —Bill sonrió. Estaba jugando con una de las rastas de Tom —. Te amo —Tom no respondió, estaba dormido. El «menor» creía que en verdad se veía adorable. Como… un ángel, tal vez. Tom lo mataría si supiese que pensaba eso. Tom no era un ángel, era lo más alejado que había de la inocencia.

—¡Despiértate! Tengo un regalo para ti —murmuró Bill, sacudiendo un poco a Tom.

Pero el otro no abrió los ojos o mostró algún signo de hacerlo. Se quedó en silencio y sin moverse, sin darse cuenta de los obvios intentos de Bill para despertarlo.

—Tom, ¡deja de ser aburrido! Quiero mostrarte lo que tengo para ti —dijo Bill.

Todavía nada.

—¿Tom? ¡Tom, despierta! —Bill sacudió a Tom gritando su nombre, y aunque lo estuviese halando las rastas el otro no se despertaba.

Bill miró a su precioso Tom y vio que tan pálido estaba. Estaba frio al tacto… su pecho no se estaba moviendo…

—No, Tomi. Por favor, despiértate… ¡Despierta!, ¡Por favor despierta! No puedo vivir sin ti, despierta. ¡DESPIERTA!

—¿Bill? Bill, oye.

—¿Tomi? —Bill murmuró cuando sus ojos se abrieron. Cuando miró alrededor y las únicas personas a las que vio fueron Anne y Jorg. Su corazón se quebró. Por supuesto que no era Tom, él estaba muerto. Se había ido. Había dejado a Bill. —Lo siento, solo fue una pesadilla —dijo Bill, sentándose en la banca donde había estado acostado.

—¿Quieres algo de café? —le preguntó Jorg pero Bill negó.

Su estomago no podía aguantar algo en el momento.

&

Tom había encontrado una tienda que estaba abierta incluso en la noche. Era el único ahí y pronto se encontró comprando más que por lo que había venido. Pero en verdad no importaba. Al menos tendría todo lo que necesitaba.

No quería apresurarse en regresar a casa, se tomó su tiempo en la tienda y después de que terminó con las compras escogió el camino largo. La casa estaba demasiado callada y no podía hacer algo más que esperar. Tenía un montón de deliciosas mariposas en su estomago y solo podía mantener la sonrisa fuera de su cara con gran dificultad.

Su estado de ánimo había estado mejorando mientras este día se acercaba e incluso los profesores habían notado como se había vuelto más y más activo. Había abrazado a la Señora Lenz cuando unos días antes le había preguntado donde estaba Bill.

—Nunca te dejare ir de nuevo, Bill —dijo Tom, dirigiendo las palabras a nadie. Pateó una roca que había en el suelo y disfrutó del hecho de que las calles estuviesen tan tranquilas.

&

Gustav estaba descansado su cabeza contra la ventana, tratando de mantenerse despierto. Sus padres podían haber escogido cualquier viaje y escogieron el que se iba a las diez y media. Simplemente genial…

—Ah, ¿Estoy viendo cosas?

—¿De qué estás hablando?

—Podría jurar que es Tom.

Gustav miró en la dirección donde Georg estaba mirando y era cierto, ahí estaba Tom. Era bastante fácil de reconocer, incluso si se encontraba de espalda a ellos.

—¿Mamá no dijo que el esta-?

—¿Muerto? Si, ella lo hizo —dijo Georg.

—Así… que ella mintió —dijo Gustav.

—Probablemente, para hacer que Bill se fuera con ellos-

—¡Para el carro! —gritó Gustav cuando alcanzaron a Tom y Georg pisó el freno con su pie. Tom paró en su camino cuando los vio.

—¿Qué están-?

—Tom, tienes que entrar en el carro. ¡Bill se está yendo a América! —dijo Gustav, sonando como si no tuviese aliento.

—¿De qué demonios estás hablando? ¡Bill está viniendo a casa! —refutó Tom.

—No, no lo va a hacer. ¡Piensa que estás muerto! —dijo Georg —. Nuestra mamá le dijo que lo estabas, ¡incluso tenía un recorte de periódico con la fecha de tu muerte en él! Ella está tratando de que él se vaya a Chicago con ellos, probablemente porque sabe que él querría regresar contigo. Ahora entra en el carro, ¡podemos alcanzarlos!

Tom se quedó estupefacto. No sabía si podía creer a esos dos extraños o no.

Pero sabía que lo lamentaría por siempre si no iba con ellos y se enterara en la mañana que ellos no habían estado mintiendo. Así que tiró la bolsa con el helado al piso y entró en el carro.

&

Cinco minutos para media noche, el estomago de Bill se retorció feamente. Se suponía que este sería uno de los mejores días de su vida. Se suponía que lo compartiría con Tom…

—¿A qué horas nací? —preguntó de repente. Su voz era débil pero podía echarle la culpa a la falta de descanso. Jorg y Anne lo miraron, un poco sorprendidos por la pregunta — ¿A qué horas nací? —repitió Bill, sin importarle si sonaba extraño.

—A las once y veinte de la mañana —finalmente respondió Anne —. ¿Por qué?

Bill solo subió los hombros. Ella no merecía saberlo.

Ahora lo sabía. Era extraño que fuese tan agradable. Una pequeña sonrisa apareció en su cara cuando pensó todas las veces que Tom lo había llamado hermanito. Secretamente le había gustado, quería ser más joven que su fuerte y perfecto Tom.

—Probablemente deberíamos hacer check in —dijo Jorg, sacando a Tom de sus pensamientos.

—Ah, ¡pero Georg y Gustav no están acá todavía! Quiero decirles adiós —dijo Anne —. Vamos a darles media hora, ¿vale? Probablemente están perdidos en algún lugar de Magdeburg.

El estomago de Bill se retorció de nuevo.

Magdeburg.

Su hogar.

Al que nunca regresaría.

Cuando Bill miró el reloj de nuevo, era las doce y un minuto.

&

—¿No puedes manejar más rápido? —dijo Tom.

—Vamos a lograrlo ¡No te preocupes! ¡Estaremos ahí en cinco minutos! —dijo Georg pero presionó el acelerador aun mas. Él y Gustav casi podían escuchar el latido del corazón de Tom acelerarse más y más.

El mismo Tom podía escuchar su corazón decir: «Bill» cada vez que este golpeaba su pecho. Estaba acercándose más y más, lo sabía. Y temía que no llegaran a tiempo.

—Estoy llegando, Bill —murmuró tan suavemente que ni Georg y Gustav pudieron escucharlo —. Estoy llegando no te preocupes.

Tom casi voló del carro cuando finalmente llegaron al aeropuerto. Si llegase tarde, perdería la mejor cosa en su vida. Si perdía a Bill, no podría vivir. Moriría de verdad.

Es por eso que fue más feliz que nunca antes en su vida cuando vio al pelinegro sentado en una silla dura rodeado con la gente que casi lo había hecho cometer el peor error de su vida. Con la certeza de que mataría esas dos personas si se acercaban mas, paró y gritó por Bill con una voz que tenia tanto alivio que casi quitaba el aliento.

&

Alguien lo llamó, alguien familiar. La persona que mejor que conocía…

Bill no se atrevió a mirar hacia atrás. Tom estaba muerto, Anne le había dicho eso…

Pero, exactamente ¿Anne cuando había sido honesta con él?

Bill levantó la cabeza y miró alrededor, desesperado por encontrar la fuente de esa voz. No podía ser un sueño de nuevo; moriría si era un sueño…

—¿Cómo él-? —Bill escuchó a Anne decir y luego lo vio.

Su Tom.

Vivo.

Parado justo ahí, esperando con los brazos abiertos.

Bill se levantó y podía jurar que nunca había corrido más rápido en su vida. Estuvo en los brazos de Tom en cuestión de segundos, y lo apretó tanto que el mayor tuvo problemas para respirar. Tenía que saber que Tom estaba de verdad ahí, tenía que saber que Tom no desaparecería.

Y Tom no lo hizo. Estaba ahí, sus brazos alrededor de Bill, diciendo «Te amo» una y otra vez.

—No estás muerto- —dijo Bill cuando finalmente se separaron.

—No, nunca podría dejarte atrás —dijo Tom gentilmente. Limpió las lágrimas que habían caído en las mejillas de Bill con su pulgar —. No llores Billa… todo ha terminado.

—Ella… ella me mostró.

—¿El periódico? Lo falsificó. Todo era una mentira. Está bien, estoy vivo y estoy acá para llevarte a casa. Nada va a alejarte de mi lado de nuevo —le prometió Tom.

—Esto no es un sueño, ¿cierto?

—Te lo prometo, esto no es un sueño —dijo Tom y con eso, acercó a Bill para darle un beso. Chispas bailaron entre ellos, los coros de ángeles cantaron y las guerras alrededor del mundo pararon por un minuto mientras los dos volvían a ser uno de nuevo. Todo sentimiento que Bill había perdido cuando escuchó que Tom estaba muerto regresó a él y se le hizo más fácil respirar —. Esto es mucho mejor que un sueño —agregó Tom y se separaron.

—Te amo, Tomi —murmuró Bill. Luego sonrió —. Adivina.

—¿Qué?

—SOY tu hermano menor.

—¿Qué quieres decir?

—Soy diez minutos más joven que tu.

Tom rió. —Bueno hermanito, vamos a casa.

Continúa…

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por admin

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