

Traducción de lurdez_geisterfahrer
Capítulo 6
Aksel sonrió con emocióny4; había logrado hacer que Tom viera la televisión con él aquel sábado. Era extraño que el chico de rastas estuviera en casa los fines de semana, y si estaba, siempre se encerraba en su habitación. Por otro lado, Tom no estaba sonriendo para nada, estaba sentando al otro lado del sillón que compartía con su gemelo, sus piernas estaban pegadas a su pecho, como si estuviera protegiendo su cuerpo. Sus ojos eran cubiertos por la visera de su gorra, aun así era capaz de ver lo que pasaba en la televisión. ¿Por qué a Aksel le gustaba ver Gossip Girl? Ese era un gran misterio para el rubio pero realmente no le importaba lo que vieran pues la televisión simplemente le aburría.
—¿Cuántas veces te debo decir que no pongas tus zapatos en el sillón, Tom? —Una voz aguda y fría sonó por detrás, asustando a Tom, quien por impulso acercó más sus piernas a su pecho.
—Thomas.
—Lo lamento —murmuró Tom mientras sus piernas bajaban lentamente al piso. Sus ojos rápidamente captaron el cuerpo de su madre que ya les obstruía la vista del aparato.
Era una mujer muy alta, pero eso era fácil de imaginar, teniendo dos hijos de excelente estatura, era obvio que ella fuera alta tambiény4; por otro lado su nariz era igual a la de Aksel, olviden eso, la mujer era tan hermosa como Aksel —él era su copia exacta. Brillantes ojos azules, ondulado y castaño cabello, labios delgados. Todo.
—Mamá. Estoy viendo la tele —dijo Aksel con un puchero.
—Lo siento, bebé, será rápido —Viktoria cambió a un tono dulce, completamente distinto al que usó con Tom hacía unos instantes.
—¿Adivinen que llegó hoy? —dijo con una sonrisa mientras que aparecía con dos sobres blancos.
—Ah, ¿Llegaron hoy? —dijo Aksel mirando los sobres. Era verdad. Se suponía que hoy llegaban sus calificaciones. Por eso su mamá se encontraba ansiosa.
—¡Así que veamos!
—¿No vas a esperar a Papá? —El hijo mayor preguntó.
—No. No le importará.
—Está bien… —El gemelo menor aceptó.
—Primero el de Tom —Su madre dijo abriendo bruscamente el sobre.
—Bien, noventa y cuatro. Lo hiciste mejor que la vez pasada. Eso es bueno Tom.
Ante eso, el joven agradeció sonriendo suavemente.
Sí, le había ido mejor, de un noventa y uno a un noventa y cuatro, era excelente. Sabía que era inteligente, realmente inteligente, eso nunca le preocupó. Gracias a su inteligencia su madre nunca se había quejado.
—Ahora sigue Aksel —anunció la mujer después de dejar el sobre de Tom en la mesita. Lentamente empezó a abrir el sobre de Aksel.
Dos Kaulitz estaban emocionados, uno estaba preocupado, tan preocupado que bajó la mirada para cubrir nuevamente sus ojos con la visera azul. El hijo mejor no quería verles el rostro. Había hecho lo mejor que pudo. Si de por si era muy difícil intentar no sobrepasar a su gemelo.
—¡Oh Dios! ¡Aksel, esto es maravilloso! —Viktoria casi gritó con emoción—.¡Noventa y siete!
—Sabía que te gustaría —Rió entre dientes el mayor.
—Felicidades Kella —dijo Tom, contento con las calificaciones de su hermano. Gracias a él no iba a ser castigado.
—Ese es mi pequeño genio. Aksel siempre primero. Así es como debe de ser —Viktoria sonrió.
—Bueno, puede ser que algún día Tom tenga una mejor nota que yo.
—Oh no. Eso no va a pasar —Viktoria interrumpió las palabras de su hijo—. Tom no es tan listo como tú. No necesitas animarlo para que lo intente, bebé. Siempre será segundo y por eso lo amaré.
—Lo sé —Tom murmuró. Otra vez la palabra “amor”—. Madre… ¿Puedo salir a caminar? —preguntó mientras se levantaba del sofá, listo para salir del área de estar.
—Claro, ve —dijo Viktoria haciendo un gesto con la mano para que su hijo menor se fuera—. No llegues tarde.
—No —dijo Tom encaminándose a la entrada. Tomó su gigante sudadera y antes de que pudiera dar otro paso, alguien se paró frente de él, asustándolo. Por reflejo, el chico de rastas saltó hacia un lado, pegando su cuerpo a la fría pared lo más que podía. Gracias a dios no tocó al hombre.
—Bienvenido Padre —dijo Tom viendo al señor.
Otra persona alta con un traje perfectamente planchado estaba parado frente a él. Su cabello castaño estaba perfectamente peinado y sus ojos fulminaban los ojos idénticos de Tom. Ese rasgo era lo único que Tom compartía con su padre, los ojos color chocolate.
—Gracias Thomas. ¿Dónde están tu hermano y madre? —preguntó Jorg.
—Sala de estar —respondió Tom mordiendo su piercing del labio.
—¿Qué, no puedes decir una frase completa? Dios —dijo Jorg antes de comenzar a andar a la sala—. Tú, ven también.
Tom, sabiendo que “Tú” era él, lentamente siguió a su padre hacia donde los otros estaban, aun así no entró al cálido lugar.
—Hola amor.
—Jorg. ¿Adivina qué? —Viktoria abrazó a su esposo antes de besarlo delicadamente en los labios. Una perfecta escena de una perfecta familia se realizaba al frente de los ojos de Tom.
—¿Hmm?
—Aksel sacó noventa y siete.
—¿En serio, hijo? —preguntó Jorg a Aksel que estaba ocupado viendo su programa.
—Seh —contestó volteando a ver a su padre con sus ojos azules.
—Ese es mi hijo —Jorg sonrió levemente, acariciándole el cabello—.Bien, ¿Estás lista Viktoria?
—Sí. Solo dejame tomar mi cartera —dijo antes de desaparecer en la cocina.
—¿A dónde van? —preguntó curiosamente Aksel. El programa ya había terminado.
—Cenar —Jorg solo dijo eso, haciendo a Tom fruncir el ceño con molestia—. Así que les daré dinero para que pidan comida.
—Suena bien para mí —dijo Aksel mientras su madre volvía —. ¿Qué dices Tom?
—Sí, pide lo que quieras. Yo iré a dar la vuelta.
—No, ahora no puedes. No quiero que Aksel se quede solo —dijo Viktoria.
—Aksel es el mayor, y necesitan hacer sus cosas por separado, Viktoria —Interfirió Jorg—. Ve a dar la vuelta, pero regresa para que cenen juntos, y asegúrate de no meterte en problemas. Llámanos para hacernos saber dónde estás.
—Sí padre —contestó Tom asintiendo una vez, agradecido con el hombre por dejarlo ir.
—Sino ya sabes que pasará.
—Sí padre —Volvió a decir Tom, esta vez mordiendo su labio. Sabía perfectamente que podría pasar. Y con eso, sus padres dejaron a los gemelos en la casa. El silencio invadiendo el lugar por un momento.
—Así que estamos solos.
—Yo voy a caminar, Kella —dijo Tom dirigiéndose hacia la salida, pero fue jalado por el brazo, sintiendo una fuerte punzada en este. Sabía lo que Aksel quería—. Después. En la noche, ¿ok?
—¿Me lo prometes? —dijo Aksel como un niño pequeño.
—Te lo prometo. De todas formas regresarán tarde, y lo sabemos —Con eso Tom salió de la casa, pero muy pronto escuchó unos pasos que le seguían—. Aksel regresa a la casa. Quiero caminar solo.
Tom sabía perfectamente que su gemelo le seguía.
—Siempre me pregunto a dónde vas, o qué haces cuando sales a dar una vuelta —respondió Aksel, aun caminando tras él.
—Bien —dijo Tom, sabiendo que era malo discutir con su hermano mayor, así que siguió su camino.
El cielo estaba nublado. Esa noche iba a llover, y Tom temblaba ante la simple idea.
—Tom, volvamos a casa. Estoy cansado de estar caminando —dijo Aksel cuando llegaron a un parque solitario. El lugar estaba vacío así que no había una sola alma ahí.
—No. Quiero seguir caminando. Tú puedes regresar —contestó Tom volteando a ver a su gemelo que estaba recargado en una gran torre—. Llegaré a la hora de la cena.
—Ok. Estoy cansado de esta mierda y quiero bañarme —dijo Aksel, viendo a su gemelo recargarse junto a él, sus ojos estaban ocupados buscando algo entre el parque—. Pero antes…
Fue muy rápido para que Tom pudiera notar lo que estaba sucediendo, pero pocos segundos después comprendió. Aksel lo había empujado hacia la torre, haciendo que su espalda se estampara duramente con las piedras. Gracias a dios su cabeza no golpeó con estas, y sus labios ya estaban siendo devorados por el mayor. Fue un intenso y fuerte beso que dejó a Tom sin aliento. Aksel sonrió entre dientes antes de romper el beso. Solo para ver la imagen de su hermoso gemeloy4; ojos entre abiertos, un hermoso color rosa pintando sus mejillas y labios color carmín ligeramente abiertos que estaban batidos de saliva.
—Te amo —dijo Aksel antes de volver a juntar sus labios con los de Tom por segunda ocasión, solo que esta vez mordió los labios del chico de rastas haciendo que sangraran. Jaló un poco, haciendo a Tom gemir para después soltarlo. Escarlata combinaba tan bien con la piel de su gemelo. Aksel deseaba que el nombre de Tom fuera Escarlata.
—Te veo luego —Y con eso Aksel dejó a un sorprendido y lastimado rubio.
—Mierda… —El chico de rastas balbuceó llevando a su lastimado labio sus delgados dedos. Podía sentir la sangre escurriendo y estaba agradecido que Aksel no le arrancó el piercing.
Siseó cuando sus dedos tocaron el labio inferior. Esa fue una forma rápida de causarle dolor, haciendo que Tom sonriera ligeramente. Dejó su cuerpo resbalar hasta el frío piso, mientras intentaba recobrar el aliento y repetir la escena en su mente, pero rápidamente descartó lo último pues su cabeza había empezado a girar. El dolor causó un leve mareo, a pesar de que ya estaba acostumbrado a estos arranques de su gemelo. Podía quedarse un momento más y después regresar a casa.
Estaba algo lejos, pero él siempre iba ahí, lejos de su casa y familia, lejos de las mentiras y su falsa vida. Sus pensamientos fueron cortados al momento que reconoció la sensación que se había apoderado de él, en el momento en que llegó al parque. Dos ojos color avellana le estaban mirando. Esos ojos avellana que hacían temblar a Tom.
Ahí, parado a unos cuantos metros de distancia, estaba un chico alto de cabellos color azabache. El maldito de Bill Trümper estaba ahí, caminando hacia él. Oh dios, eso no podría ser bueno.
—Maldición —Siseó Tom no solo por el dolor, sino también por saber que Bill los había visto. Por otro lado, Bill no dijo nada al momento que se arrodillo frente a él. Tom no iba a tener miedo del chico delgado, así que le fulminó con la mirada. Siendo él el príncipe de la escuela tenía que seguir con su actitud, intimidando a los demás.
—¿Estas bien? —Fue lo único que Bill dijo, nada acerca de Aksel—. Estas sangrando. Esa mordida se vio muy fuerte, pero ahora que la veo mejor, está peor de lo que creí.
—Así que lo viste —dijo Tom intentando levantarse. Alejando la mano de Bill de su brazo. El no necesitaba la ayuda.
—Pues sí —Afirmó Bill dándole una media sonrisa. Ese fue el momento exacto en que Tom olvidó su dolor y empujó a Bill hacia la pared de la misma forma que Aksel lo había hecho con él minutos atrás. Presionó fuertemente el cuerpo del chico con sus manos.
—Dices una palabra de esto a alguien… ¿Me escuchaste? A alguien, aunque sea a tu estúpido amigo, y me aseguraré de matarte a ti y al otro —Amenazó Tom, presionando más fuerte a Bill, quien gimió en dolor haciendo sonreír a Tom. Ven, el dolor era su amigo.
—No diré una palabra. No me importa si lo amas.
—¡¿Amarlo?! —Se sorprendió Tom ante los pensamientos de Bill—. Porque lo dejo besarme, ¿Significa que lo amo? ¡Dios, tienes una mente más retorcida de lo que creí!
—¿Entonces por qué lo dejas? —preguntó Bill, sintiendo como era liberado. Sus palabras tomaron por sorpresa al mayor.
—No es tu puto asunto —Gruñó Tom antes de llevar su mano al labio lastimado, pero fue detenido por una suave mano.
Ahí estaba. Otra vez Tom salía con sus respuestas bruscas para evadir preguntas que no le gustaban. Bill de cierto modo sabía que a Tom no le gustaba, pero desde que Tom le dijo que se vaya a la mierda decidió dejarlo ir por el momento.
—No lo toques. Tu mano está sucia y lo vas a infectar —dijo Bill suavemente, mientras movía la mano del rubio lejos de su rostro. Ahora Tom lamía su cortada—.Bueno, puedes hacer eso.
—Aha —dijo Tom mientras seguía lamiendo su herida, los ojos color avellana de Bill estaban mirando la acción—. ¿Te gusta lo que ves?
—¡Perdón! —Se sonrojó Bill. No se había dado cuenta que estaba mirando a Tom, le hizo sentir extraño. Por otro lado, Tom estaba acostumbrado a eso—.Mmm, ¿Quieres ir a mi casa? Está cerca y puedo curarte.
Ante eso, los ojos de Tom se abrieron, antes de darle una mirada seria al joven pelinegro. ¿Le estaba ofreciendo ayuda? ¿Acaso estaba bromeando? Debía de haber algo más entre esas palabras.
—Ok, ¿Qué quieres? —dijo Tom cruzando sus brazos, tomando su típica pose.
—¿Curar tu herida? —Bill preguntó no entendiendo la razón de la pregunta de Tom.
—Si claro, y mi madre es virgen —dijo Tom girando los ojos.
—Solo quiero ayudarte —dijo Bill de forma seria sorprendiendo a Tom. Otra persona estaba intentando ayudarle, otra persona estaba dispuesta a darle un poco de su tiempo.
—No quiero —Tom le contradijo y decidió irse. No quería seguir ahí con el pálido chico que le recordaba sus pasadas nochesy4; de llamadas y de la persona que deseaba curarle, no de manera física sino interna.
—¿Quién dijo que no? —Bill contestó, esta vez dándole a Tom una hermosa sonrisa, una tan pura que hizo preguntarse a Tom si merecía eso.
Ahora… ¿Cómo demonios llegó ahí? ¿Cómo le hizo Bill para llevarlo hasta su casa? Era un misterio que realmente no quería saber.
—Mi mamá se fue a la galería de arte —Bill dijo suspirando después de tomar un algodón lleno de alcohol.
—No porque hables me vas a distraer —Tom miraba el algodón intensamente.
—Pues, es para que no sientas el dolor. Mi mamá lo hace todo el tiempo —Se defendió Bill mientras levantaba el rostro de Tom por la barbilla con sus delgados dedos.
—Da igual, de cierto modo, me agrada el dolor —dijo Tom con una suave sonrisa.
—Bueno, entonces haces mi tarea más fácil —dijo Bill, y sin más previo aviso dejó el algodón tocar la herida. Tom no hizo ningún ruido, ni siquiera reaccionó, haciendo a Bill fruncir el ceño en confusión—. Parece que estás acostumbrado…
—…solo termina —dijo Tom. Trató de no mover la boca mucho, pero saltó cuando un trueno se escuchó, haciendo a Bill reír a carcajadas
—Y también parece que no te gustan los truenos —Bill dijo entre risas. Tom solo le miró con furia.
—Jódete —dijo Tom levantándose del sillón para ir a la ventana de la habitación de Bill. El lugar obviamente reflejaba la forma de ser de Bill, y la tormenta que se estaba formando afuera se asemejaba a los sentimientos de Tom. …él odiaba las tormentas, siempre le hacían recordar.
—Está bien, está bien —dijo Bill alzando sus manos de forma burlona. No quería hacer explotar al rubio—. Parece que lloverá fuerte, ¿no?
—Sí —Tom murmuró, sus ojos color chocolates perdidos en las nubes que empezaron a soltar frías y fuertes gotas de agua—. Debería irme antes de que llueva más fuerte.
—¿Qué? ¿Te vas a ir ahorita? —Bill le miró antes de que saltara por el sonido del trueno—. No lo creo.
—Necesito regresar antes de la cena —contestó dándose cuenta que tenía pocos minutos antes de que comenzara la hora de la cena. Si llegaba tarde, sabía que Aksel le diría a su padre, y eso causaría muchos problemas.
—Entonces llama a tu casa y di que te quedarás hasta que la lluvia se tranquilice. Estoy seguro tus padres comprenderán.
—Ellos… —Cierto, en la pequeña ciudad la gente creía que sus padres eran excelentes personas—. Podrían… déjame intentar —Y con eso Tom salió de la habitación para quedarse en el pasillo. Lentamente marcó el número de su padre, misma persona que gruñó. Jorg sabía que era Tom.
—¿Qué?
—Este… lamento molestarte. Me encontré con… —¿Qué era Bill de él? Nada—. Un amigo, y me invitó a su casa un rato pero…
—La tormenta —Jorg contestó fríamente.
—Sí, y no creo poder llegar a casa antes de la cena…
—Bien —Y con eso la línea se cortó. Tan frío como parecía, esa era la forma en la que el hijo y el padre se comunicaban. Tom con miedo y Jorg a punto de explotar. Así que fue suficiente para que Tom supiera que estaba a salvo y que podía quedarse en casa de Bill sin tener problemas con sus padres después. Realmente no les importaba donde estaba, pero sí donde no estaba.
Mientras el tiempo pasaba, Bill comprendió que Tom estaba con él solamente por la tormenta, y el hecho de que se acercaba, de forma física, era porque él en realidad le temía a las tormentas. Cada trueno, cada salto, un centímetro más cerca.
Otra cosa que Bill notó fue el delicado brillo que los ojos de Tom cargaban, un brillo que mostraba un tenue pero vivo dolor, como si se estuviera perdiendo en sus recuerdos, por esta razón no estaba hablando mucho. No era como que hablaran mucho Bill y Tom, para comenzar. Suponiendo que la comida le haría dispersarse un poco, le ofreció que cenaran, pero Tom dijo que no tenía hambre, así que solo fue hecho un sándwich. Los dos jóvenes esperaron en la sala para que la lluvia terminara, o que Simone llegara para poder llevar a Tom a su casa, pero el segundo plan falló el momento que Simone habló con su hijo informándole que se quedaría en casa de una compañera de trabajo pues la tormenta estaba muy fuerte.
Genial, ahora Tom estaba atrapado con el chico que realmente no conocía por quien sabe cuánto tiempo. Se estaba haciendo muy tarde, dos de la mañana para ser exactos y la tormenta seguía su paso feroz.
Suspiró Bill —Bien… ¿cama o sillón? —dijo Bill después de un largo suspiro. Era simplemente raro para ambos. Bill hacia su mejor intento para que Tom se sintiera cómodo pero Tom hacia su mejor intento para que Bill no se metiera en sus pensamientos ni en su vida.
—¿Eh?
—¿Dónde quieres dormir? Me estoy cansando —dijo Bill como si fuera algo normal, pero realmente estaba preocupado ya que pronto “su chico” le llamaría y no quería que Tom estuviera despierto para ver que él recibía llamadas.
—No tengo otra opción, ¿verdad? —murmuró más para sí que para Bill, pero aun así el pelinegro le contestó.
—Podrías dormir en la sala pero es fría —Bill rió inocentemente. Ese sonido hizo que el estómago de Tom girara.
—Sillón —contestó Tom encaminándose al objeto de estampado animal.
—Bien. ¿Quieres que te preste algo para que duermas más cómodo? —Sugirió Bill sacando una pijama de su closet.
—No —contestó recostándose en el sillón—. Dormiré con mi ropa.
—Ah, está bien —Suspiró Bill—. Entonces… Buenas noches.
—Igual —murmuró el chico de rastas, dándole la espala a Bill. Esas fueron las últimas palabras que le dijo antes de caer en un sueño incómodo. «Malditas tormentas», fue lo último que pensó el rubio. Bill por otro lado, estaba dormitando levemente. Sabía que pronto tendría la llamada así que ya estaba acostumbrado a no dormir antes de las tres. Así que cualquier ruidito podía despertarle.
Lo único que se podía escuchar en la recámara ahora era el sonido del reloj y la respiración de los chicos. Una de ellas sonaba agitada. Una pesadilla estaba transmitiéndose en la cabeza del chico de rastas una pesadilla que se repetía pocas veces en su mente. Peleando por aire, Tom abrió sus ojos en pánico. Esas orbes de chocolate que estaban llenas de lágrimas intentaban reconocer el lugar donde se encontraban.
Su pecho dolía, su cuerpo estaba adolorido, lleno de miedo y dolor. Aunque ya estaba despierto, en su mente se seguía viendo la pesadilla, su antiguo recuerdo, el último recuerdo de él… Fue su culpa, completamente suya. Si él no hubiera sido un mocoso… ¿por qué era tan inmaduro? Odiaba ser joven, ser débil, depender.
Estaba harto de todo eso.
Con un ligero movimiento, Tom logró salir del sofá sin despertar a Bill, y empezó a buscar alrededor del cuarto con sus ojos. Necesitaba algo, y lo necesitaba ahora. Se maldijo por no traerlo consigo. Bill estaba dormido. No se iba a dar cuenta. Nadie se iba a dar cuenta. De pronto sus ojos lo encontraron. Ahí estaba.
Sonriendo para sí mismo Tom caminó lentamente al escritorio del pelinegro, donde su estuche de arte estaba. Colores, lápices, sacapuntas, post-it’s, clips. No, tenía que estar por ahí, debía de estar ahí. Sí, Tom lo sabía perfectamente. Ahí estaba. Un hermoso Cutter azulado. El rubio recordó haber visto a Bill en la clase de arte. Todos los que la tomaban debían de tener uno. Era necesario para la materia.
Ya dirigiéndose al sillón, el chico de rastas tomó asiento y con sus ojos perdidos y sin luz, llenos de lágrimas, miró de nuevo sus cicatrices que estaban ahora a la vista.
Sus ojos las miraron de manera repulsiva y a la vez deseándolas. Con esto, una pregunta brotó en su mente. ¿Por qué hacía esto? Fácil. Para olvidar. Para encontrar algo por lo cual vivir. Para pagar por el dolor que creó a otros.
Una línea brillante y roja fue dibujada en su pálida muñeca. Un hermoso color escarlata fue iluminado por la luz de un relámpago. Esta vez Tom no saltó. Estaba perdido en la imagen, pero pronto despertó de su trance al sentirlo de nuevo. Pero por segunda vez en el día, esos ojos color avellana que tanto odiaba le tomaron por sorpresa.
Atrapándolo en sus secretos.
Un pequeño ruido, que pareció un estruendo ante sus oídos, fue creado por el cutter que cayó de la mano derecha de Tom, quien movió rápidamente su brazo izquierdo para esconder la cortada. Aun así, todo fue en vano. Bill lo había visto.
—¿Cuánto tiempo… —habló Tom con un hilo de voz cortada —…llevas viéndome?
Las mejillas del rubio se sonrojaron, Bill lo notó, pues la luz del relámpago alumbró el frío cuarto. Tom saltó por el ruido.
—…Lo suficiente —murmuró Bill.
—Maldición… —dijo Tom, no siendo capaz de mantener más las lágrimas que había guardado por tanto tiempo en ese día.
Notas finales:
¿Gustó? Alguien mas odia a Aksel xD, poco a poco se iran descubriendo los secretos de Tom asi que ya tienen varias pistas, una de ellas es el odio a las tormentas… gracias por leer dejen sus comentarios nos vemos pronto besos!!!
que triste capitulo 🙁 pobre tom..
Prepárate porque este fic muestra a un Tom bastante depre, gracias a Dios, aparece Bill para solucionar todo (o casi todo), así que ánimo y a seguir leyendo 😉