Notas de MizukyChan: Y llegamos al capítulo final. Muchas gracias a todos por seguir la lectura hasta aquí. Besos y disfruten del final.

“Yes, boss” Capítulo 5
Bill despertó porque le picaba terriblemente la nariz. Estiró una mano sin abrir los ojos, pero cuando, por alguna razón no se movió, inclinó la cara para rascar la nariz contra su hombro, volviendo a caer en un dulce sueño.
El día había sido demasiado intenso. Primero, la transfiguración de Thomas había hecho hervir su cerebro por tan inmensa excitación. Y, si no hubiera tenido una reunión urgente con los directores de Board, Wilhelm lo habría follado justo ahí, encima del escritorio. Luego, la reunión misma lo había privado por completo del humor de las fiestas. Y la caminata a la tienda con su madre, en busca de un regalo, luego el restaurant y el teatro… el ritual anual había sido cancelado. Tuvo que aguantar y añorar con nostalgia su propia y acogedora cama. Al regresar a casa, solo tuvo el poder suficiente de tomar una ducha y beber una taza de chocolate caliente. Tan pronto puso la cabeza en la almohada, Bill perdió la conciencia y ni siquiera se acordó del árbol de Navidad y de su desnudo asistente debajo del mismo.
Su nariz volvió a picar y Bill abrió un ojo, gruñendo. Estaba oscuro, pero ¡algo se metió en su nariz! Rohau estiró las manos y se dio cuenta con horror, que estaban atadas a la cama con firmeza. Su cuerpo era tocado por manos insistentes, que abrieron los tirantes de su bata y Bill emitió un rugido indignado y comenzó a girar tanto, como si estuviera en un sartén, por el temor que tenía.
—Tranquilo, tranquilo. Soy yo. —Accionó el interruptor y la habitación se iluminó con una suave luz, mostrando al aterrorizado jefe, la sonriente cara de su asistente.
—¿Tom? ¡¿Pero cómo?! ¿Por qué estoy atado? ¿Y qué demonios estás haciendo en mi departamento… desnudo? —Bill miró atentamente el delgado, pero fuerte cuerpo con un glorioso bronceado. Lamió sus labios, sintiendo cálidas olas de excitación pasar por su cuerpo, golpeando su miembro.
—Solo estoy cumpliendo con sus órdenes. —Thomas sonrió y pasó una de sus piernas por sobre los muslos de su jefe, quedando encima de él, frotando su polla con el endurecido miembro de su jefe—. Pensé que me querías desnudo debajo del árbol. Aquí estoy. No debajo del árbol, pero creo que lo superaremos. La noche acaba de comenzar.
—¿Por qué me ataste? Aunque no me importa… ah… —Bill gimió cuando Thomas comenzó a hacer movimientos con la mano sobre su palpitante carne.
—Por primera vez quiero hacer todo por mí mismo. —El chico tomó el lubricante y puso una generosa porción sobre sus dedos.
—¿Por ti mismo? —Los ojos del jefe se abrieron de terror y se agitó con fuerza, tratando de empujar a su bronceado asistente—. Solo inténtalo y me encargaré de hacer que te las arregles toda una vida en la cárcel. ¡O mejor no! Te acabaré como un cachorro despellejado.
—¡Hey, hey, cálmate! —Tom sujetó los hombros de su furioso jefe, sacudiéndolo, para obligarlo a mirarle a los ojos—. No lo entiendes. No voy a follarte. Bueno, por lo menos no todavía. En el futuro determinaremos quién es quién y qué días lo haremos, pero ahora, solo relájate y disfruta.
Mayer se quitó de su confundido jefe y se arrodilló en la cama, se dio vuelta y apretó el lubricante en sus dedos. Bill tragó pesado cuando el hombre se inclinó hacia adelante, apoyándose en una mano, estirando el trasero y con la otra, acarició su ano, empujando dos dedos, empapando con lubricante la delicada piel.
—Si tan solo supieras lo mucho que he estado soñando con esto. —Bill no podía ver su rostro, pero supo que Tom sonreía. Los dedos se deslizaron hacia adelante, entrando lentamente en el agujero lubricado y luego retrocedieron, solo para volver a entrar, más rápido y más fuerte—. He soñado contigo desde que tenía doce.
Thomas separó más ampliamente sus piernas, apoyándose en una mano sobre la cama, mientras introducía los dedos, jadeando excitado.
Ahora que Bill no veía su cara y la euforia de lo que hacía rompía todos los frenos, podía admitirlo. Podía expresarle todo a la persona que nunca soñó que podría conocer en persona. Agregando un tercer dedo, el chico gruñó sonoramente y escuchó el mismo gruñido desde atrás. Aceleró los movimientos para prepararse lo más pronto posible.
—Te he amado todos estos años a través de la pantalla de mi laptop. Cuando tu mamá se enfermó, yo estuve allí, apoyándote con mis comentarios, siendo invisible entre cientos de ellos. Cuando tu show se canceló, yo estuve allí, confortándote con mis palabras, mezclándome entre cientos de otras similares. Cuando anunciaste tu retiro, yo fui el primero en escribirte. Y todavía no entiendo cómo sucedió, pero mi comentario fue el primero.
—¡¿Tú eres M@YER?! ¡Leí tu comentario y me acuerdo! Tenías miedo de que nuestra conversación de un solo lado, que había durado cinco años, fuera a terminar —dijo Bill y Tom volteó, con una mirada confundida en sus ojos café. Y, de pronto, sonrió, acercándose.
—Estabas allí, al otro lado de la pantalla. —El chico se puso a horcajadas sobre el miembro del otro y sujetó su polla con una mano y comenzó a sentarse lentamente sobre ella, descansando su frente en el hombro de su jefe—. ¡Lo sentí! Ese día, físicamente, sentí que lo habías leído. —Thomas bajó por completo y comenzó a mecerse lentamente, tratando de buscar un buen ángulo.
—Bésame —susurró Wilhelm, estremeciéndose por las ardientes llamas de placer.
Él deseaba más, pero todavía no quería romper este momento de ensueño cuando el pasado se mezclaba con el presente, tratando de crear un fundamento sólido para el futuro. De todos los comentarios, Bill se acordaba de ese. Y no era porque el comentario fuera el primero, sino porque el joven Tom de 17 años, realmente se preocupaba por él. Uno de sus fans le dijo una vez: “Yo no necesito tu presencia para amarte”. Y ahora Bill, finalmente entendía el significado de esas palabras. Tom no lo había tenido, pero lo amaba profundamente, con devoción, sin esperar nada a cambio. Era tan simple y fabuloso y Bill había soñado con esa clase de sentimientos toda su vida. A Tom no le importaba la riqueza, ni el estatus social de Bill. Lo amaba a la distancia, con un amor no correspondido y sin importarle, se mantenía leal y fiel, tal cual era.
Wilhelm se separó de los dulces y húmedos labios de su amante y agitó las manos.
—Desátame. Quiero tocarte.
Thomas le dio a su jefe una mirada nublada y asintió, tirando de las ataduras, para desatar el intrincado nudo de cuero. Bill se frotó las muñecas y sujetó a su asistente por las caderas, moviéndolo y dejándolo sobre su espalda.
—Es hora de terminar con los juegos preliminares. ¿Qué opinas? —El hombre gruñó, embistiendo duro en el cálido interior de Tom y levantando las rodillas de su compañero sobre sus hombros, casi doblándolo por la mitad.
—¡Sí, jefe! —Tom jadeó y se aferró a la cabecera de la cama.
¡Bill era genial! Sus movimientos eran rápidos y precisos. Embistió el delgado cuerpo contra la cama. Su polla golpeaba la próstata de Tom y lo hacía gemir constantemente. La mirada salvaje de Bill, llena de deseo, hacía que la sangre punzara en los oídos de Tom.
Cuando Bill estaba al borde del orgasmo, salió de la estrecha entrada, se dobló hasta el miembro de Tom y envolvió con sus labios la carne caliente. Sintió la esperma saliendo por la cabeza del miembro de Tom y disparó un chorro cálido en la boca de Bill. El jefe chupó hasta la última gota. Y luego subió hasta el pecho de Tom y puso una almohada bajo su cabeza. Acarició su propia longitud y tocó los suaves labios de Tom con la cabeza de ésta. Bill vio como asentía ansioso y luego deslizó, en la cálida humedad de su boca, todo el largo de su pene. La dureza llenó el interior de Tom, llegando hasta la laringe.
Tom exhaló acaloradamente y relajó la garganta para recibir por completo el miembro bastante grande de Bill. El jefe gimió, llevando la cabeza hacia atrás, mientras se acercaba más y comenzó a follar la boca de Tom. Estaba jadeando casi hasta el punto de la sofocación, al sentir la lengua de Tom en su dolorosa erección y la sensación apretada de su garganta, lo succionaba como si fuera una jodida aspiradora. Tom gruñó, bañando el órgano de Bill con una vibración placentera y éste derramó su esperma. Tom la sintió bajar directamente por su esófago, se sintió un poco cabreado porque, de hecho, no pudo saborearla.
El chico tragó hasta la última gota y se dejó caer sobre su espalda, finalmente soltándose del respaldo de la cama. Wilhelm cayó junto a él, sonriendo dichosamente y se estiró para sujetar la mano de Tom que tenía un extraño tatuaje en los dedos.
—Cero, seis, dos, cero. ¿Qué significa? ¿Es el día de tu nacimiento? —Bill entrelazó sus dedos, mirando sus manos unidas y, de pronto, pensó que ya no quería dejar ir a este chico.
—No. Es el día en que te vi por primera vez. El 20 de junio. El día que cambió mi vida. —Thomas levantó sus manos unidas y, gentilmente, tocó con sus labios la mano tatuada de su jefe—. No espero nada más. Lo que pasó hoy, ya ha sido demasiado. Pero quiero que pesas, que hay un hombre allá afuera, que se levanta y se va a la cama pensando en ti.
—¿Te acuerdas que todavía eres mi asistente? —Bill le dio una mirada seria y casi soltó una carcajada cuando vio que la hermosa sonrisa de Tom, lentamente se desvanecía de su cara.
—Sí, jefe.
—¿Te acuerdas de tus órdenes?
—Sí, jefe.
—¿Entonces, por qué no las estás cumpliendo?
—Yo… bueno… um…
—No te he visto desnudo debajo de mi árbol. Ni tampoco he visto al árbol.
—¡Está en la sala! —Tom saltó de la cama y tiró del hombre que sonreía, arrastrándolo hacia el elegante árbol de Navidad. Sintió unas ágiles manos envolviéndose firmemente en su cintura y una dura polla rozando su trasero.
—El árbol está increíble —susurró Bill, mirando las luces parpadeantes y las guirnaldas. Sacó la gruesa manta del sofá y la extendió en el piso—. ¿Quieres que te de por detrás? ¿Te pones en cuatro?
Tom sintió escalofríos al oír esas francas palabras. Con solo escucharlas, sus piernas se volvieron de gelatina y, traidoramente, lo hicieron caer de rodillas.
—Sí, jefe —respondió Tom con la voz ronca. Arqueó su culo, bajó el pecho hacia la suave manta y abrió más sus piernas…
Había una tormenta afuera, el viento frío soplaba con fuerzas, causando que las ramas desnudas de los árboles arañaran la ventana. Pero en el interior, esos dos estaban en su propio mundo, lleno de pasión y lujuria. Y, aunque no sabían que les tenía deparado el futuro, pidieron un deseo esa noche de Navidad, que pudieran vivir un sueño. Y ese sueño era estar juntos, ¡no había duda de ello!
& FIN &
Repito, muchas gracias a todos los que siguieron la lectura hasta el final. No olviden dejar sus reviews a Karina 2402, la autora original de esta obra. Besos para todos.
Jaja hay me encanto muy interesante historia un Bill muy diva pero divertido!!! Me encanto
Me alegro mucho que te gustara esta traducción. Karina, la autora, es muy creativa a la hora de hacer comedia.
Besos y gracias por comentar.
Si jefe… 🤣😅
Gracias por leer