“Yes, boss” Capítulo 4
—¿Has visto esas horribles rastas? —Udo tiró su trenza naranja hacia atrás y se inclinó hacia Deliya, para susurrar confidencialmente—. Creo que tiene una crianza de piojos o alguna otra clase de criaturas vivientes allí. Mira esas ropas anchas, cara pálida, cabello opaco. Parece un jodido vagabundo. Esos jeans son de…
—Son Levi’s y su perfume es un… —Deliya arrugó su preciosa nariz y sonrió dulcemente— ¡Gucci!
—¿Estás bien? —Udo refunfuñó confundido, mirando a la chica adolescente de forma incrédula.
—¡Absolutamente! ¡Solo mira a la belleza que se escondía detrás de todos esos harapos enormes! —La chica rubia sujetó la barbilla de su colega y la hizo girar hacia la entrada, donde Meyer se estaba quitando el abrigo—. Un verdadero hombre de ensueño —suspiró Deliya.
—¡Me joden! —Espetó Udo, mirando la amplia espalda, abrazada por una capa de cachemir.
—¡Él ya está aquí! —Gritó Deliya, mientras leía un mensaje de advertencia del chofer del jefe y todo el mundo corrió a sus lugares, tratando de cubrir los rastros de haber tomado desayuno.
Thomas sonrió y, lentamente, caminó hacia la oficina de su jefe, llevando una botella de agua “Veen” que sacó del refrigerador. Había solo un pensamiento en su cabeza. “¿Y ahora qué?”
Bill iba caminando por el corredor, escuchando el reporte de la secretaria sobre las reuniones del día y las llamadas recibidas. Sintió una punzada en el corazón, el día anterior había invitado a otro tipo agradable a cenar, con todas las obvias consecuencias. Y cuando se estaba corriendo, cuando el colorín montaba su polla suntuosamente, unos cálidos ojos café, y una juguetona frente arrugada voló en su memoria.
Por supuesto que Rohau había notado la atracción que sentía su asistente hacia su persona. Por todas esas miradas rápidas y los sonrojos en sus mejillas cuando Wilhelm lo atrapaba en el acto. Tom siempre estaba ansioso por complacerlo, todo el tiempo quería estar a su lado. Y todo eso era cautivante y tentador. Y, aunque el chico tenía un gusto horrendo en ropas y lucía como alguien del gueto, aun así, era increíblemente apuesto. Era un diamante en bruto que necesitaba una buena pulida.
Pero la conciencia de Bill no lo dejaba usar a Tom como un cuerpo al que follar, mientras que su cerebro no lo dejaba iniciar una relación. Ellos eran jefe y empleado, no podían ser iguales, y por lo tanto no podía haber sentimientos entre ellos. Aunque Bill se permitiera a sí mismo saturarse de romance, tarde o temprano, el chico trataría de sacar ventaja de él. Dejaría de cumplir las órdenes y comenzaría tener cambios de humor y esas mierdas. Bill no podía dejar que eso pasara. Decidió llenar a Tom de trabajo para encontrarlo lo menos posible.
Hundido en sus pensamientos, Wilhelm entró a la oficina y se quedó congelado sobre sus pasos, su corazón se saltó un latido.
Mayer… Thomas… ¡Su Tom lucía impresionante! Estaba apoyado en la mesa, con los brazos cruzados. Sus rastas desordenadas se habían ido y sedoso cabello negro, sujeto en su espalda por una coleta, las reemplazaba. No estaba la enorme barba sobre su cara, solo había dejado una capa sutil como recuerdo de su pasada imagen. Un chaleco de cachemir gris oscuro con cuello bajo, abrazaba el poderoso torso, dejando una vista espectacular de lo que parecía ser una sensual clavícula. Y los jeans, quedaban perfectamente en esas caderas estrechas, además que las cinco tallas menos, dejaban ver piernas delgadas, mucho más pequeñas que con los jeans anteriores.
Bill exhaló y cerró la puerta de un portazo en plena nariz de Deliya. Se acercó al congelado y pendiente Mayer, y puso sus manos en la mesa, a ambos lados de las caderas de Tom— Hoy tengo una reunión —dijo de la nada.
—Sí, jefe. —Tom estaba temblando, sintiendo la calidez del cuerpo de su jefe. Puso sus manos sobre las de Bill, con los párpados semi cerrados.
—Llama a la Agencia de modelajes “Victoria” y haz una cita con las modelos a las tres, para el catálogo de invierno. —Wilhelm se acercó más y presionó más su entrepierna contra la de su asistente, tratando de contener un gemido.
—Sí, jefe. —Tom hizo una mueca y movió sus caderas hacia las de Bill.
—Y yo… ah… tengo que… —Bill exhaló fervientemente en el hueco del cálido cuello. Sus labios se deslizaron por la suave piel y respiró el estimulante aroma del perfume caro mezclado con el olor personal del joven—. Tengo que estar en el teatro con mi madre. —Bill se liberó del agarre de las manos de Tom y las puso en sus muslos. El hombre hizo un camino, ascendiendo por la suave cachemira—. Reserva las entradas.
—Sí, jefe —gruñó Tom, sintiendo los ágiles dedos, deslizándose por sus costados, buscando un camino bajo la correa de sus jeans.
—Y hoy es Navidad. Y todavía no tengo un árbol de Navidad. —Bill abrió el cinturón y la bragueta y metió furtivamente ambas manos bajo la mezclilla. Apretó los firmes cachetes de Tom con un gruñido de placer—. ¿Me ayudarás?
—S-sí, jefe. —Tom se arqueó temblando, cuando Bill separó sus nalgas y tocó su entrada con la punta de sus dedos.
—Y te quiero a ti… desnudo, debajo del árbol de Navidad. —Wilhelm masajeó el punzante anillo de músculos, luego sacó sus manos, abrochó los jeans de su asistente y dijo—. ¿Harás esto por mí?
—Ssssssí, jefe. —Tom aguantó el gruñido de desilusión y se alejó del hombre, tambaleándose hacia la salida. Tenía muchas cosas que hacer. Pero sobre todo, necesitaba un baño para deshacerse de esa durísima erección y así volver a tener la capacidad de pensar.
& Continuará &
Me sonrojo >///< Bill se enamoró de la nueva apariencia de Tom, es que quitándose la barba de náufrago, cambia por completo jejejeje.
Pero nos queda solo el capi final. ¿Qué le hará el jefe a su asistente, al tenerlo debajo del árbol de Navidad? Pues nada bueno >///<