
Fic TOLL de ZenTortugaHua
Capítulo 9

Habían pasado varias semanas. Las cosas habían cambiado bastante. Gracias a la niñera que Al finalmente aceptó contratar, los encuentros con Tom se habían vuelto más largos y frecuentes. Ya no eran solo ratos robados en el auto o en salones vacíos. Ahora eran tardes enteras en moteles baratos, y hasta una vez que el de trenzas lo llevó a su departamento.
Bill se sentía más vivo que nunca.
Cada vez que Tom lo tocaba, lo follaba o simplemente lo miraba, sentía que todo lo demás ya no era un problema.
Pero ese día simplemente… no pudo.
Caminaba hacia la facultad con paso tranquilo. Hasta que vio una silueta familiar.
Tom, apoyado contra una pared, hablando con una chica. Era de último semestre, guapa, risueña…
Y el de trenzas la miraba exactamente igual como lo miraba a él.
Con esa intensidad oscura, esa media sonrisa, esa forma de ladear la cabeza mientras le hablaba cerca del oído.
La chica se reía y se le acercaba de más. Tom no la apartaba.
El mayor se detuvo en seco. Sintió un nudo horrible en el estómago. Celos, confusión, inseguridad… pero más que eso: dolor. Todo al mismo tiempo.
Lo peor fue que Tom ni siquiera volteó a verlo. Pasó justo por su lado, menos de dos metros, y él ni levantó la mirada. Siguió concentrado en la chica, riéndose de algo que ella dijo.
Bill apretó los puños y siguió caminando hacia su destino con la cabeza baja. Sentía que le ardían los ojos. Porque sabía que él no era el único, que había muchas otras personas que podían recibir esa misma mirada.
Se encerró en el salón de profesores antes que empezara su primera clase y se sentó un momento, respirando profundo.
Sacó el celular y miró la conversación con Tom. El último mensaje era de esa mañana.
Te quiero ver hoy después de clases.
El de rastas bicolores se quedó mirando la pantalla con rabia y dolor.
No le contestó.
Era la primera vez, desde que empezó todo.
Bill dudó todo el día, pero al final fue. Como siempre.
Cuando subió al Cadillac negro, Tom ya tenía esa sonrisa lista. Apenas cerró la puerta, se inclinó sobre él y empezó a besarle el cuello, mordiendo suavemente mientras deslizaba una mano por su muslo.
El pelinegro se quedó rígido. No correspondió cuando empezó a besarle en la boca. No gimió. No le puso las manos encima como siempre.
Tom se dio cuenta de inmediato y se separó, frunciendo el ceño.
—¿Qué pasa?
Bill miró hacia adelante. Ya tenía los ojos brillosos. Su voz poco a poco fue siendo más que rota.
—Te vi… esta mañana. Hablando con esa chica. Ni siquiera volteaste a verme cuando pasé por tu lado…
Tom se quedó callado un segundo viéndole fijamente. Y soltó un suspiro largo, como si estuviera cansado.
—Bill…
—No— Lo interrumpió el mayor. Ya no pudo contener las lágrimas que comenzaron a caer de sus ojos avellana.—Me dijiste que era solo diversión, pero yo… yo ya no sé si puedo seguir así. Me duele. Me duele verte mirar a otra persona como me miras a mí.
El de trenzas se pasó una mano por la cara, empezando a enojarse.
—Te lo dije desde el principio— Dijo con voz más dura.— Esto es solo sexo. Diversión. Para los dos. No me vengas ahora con celos de novia, Bill. Tú tienes marido e hijo, ¿recuerdas?
Ante esas palabras, más lágrimas derramó. Las limpio rápidamente con el dorso de la mano.
—Pero yo… yo pensé que…
—¿Qué pensaste?— El de trenzas subió el tono de su voz, frustrado.— ¿Qué íbamos a ser noviecitos? ¿Qué iba a dejar de follarme a quien me dé la gana porque tú te enamoras como un idiota?
Bill solo lloraba más, negando con la cabeza, incapaz de pronunciar palabra alguna.
Tom apretó el sillón con fuerza.
—Si vas a ponerte a llorar cada vez que me veas con alguien más, mejor dejemos esto aquí. No tengo tiempo ni ganas de lidiar con tus dramas.
El llanto del mayor se detuvo, sus ojos se abrieron más, llenos de sorpresa y miedo en el fondo. Pero no aguantó esa mirada furiosa y terminó por abrir la puerta del auto con manos temblorosas.
Se bajó. Empezó a caminar rápido, como si quisiera correr, llorando sin control.
Tom sin embargo, no lo siguió. No bajó del auto ni le gritó que volviera. Solo se quedó dónde mismo, con la mandíbula apretada y una expresión fría.
Bill se sintió completamente solo.
&
Después de llegar a casa con los ojos hinchados se encerró en el baño un largo rato. Agradeció que Al no se diera cuenta que estuvo llorando.
Cuando por fin se acostó y su esposo se quedó dormido. El de rastas bicolores se quedó mirando el techo con el pecho apretado.
A las dos de la mañana no aguantó más.
Agarró el celular y le escribió a Tom.
Perdón por lo de hoy. Actué como un idiota. No quiero que se termine esto.
No recibió respuesta. Eso hizo que siguiera escribiendo, cada vez más desesperado.
Por favor, Tom. Contéstame.
Sé que hice mal, pero no quiero perder esto.
Te necesito.
Y sin embargo, nada. El mensaje se quedó en «entregado» toda la noche.
Bill se durmió llorando en silencio, con el teléfono en la mano.
&
A la mañana siguiente, cuando despertó, lo primero que hizo fue revisar el celular con el corazón en la garganta.
Tom le había respondido a las 4:32 a.m.
No quiero dramas, Bill. Si no puedes manejar que esto sea solo sexo, mejor lo dejamos aquí.
El pelinegro sintió que le clavaban un cuchillo en el pecho. Se sentó en la cama rápidamente con las manos temblando, y empezó a escribir.
Lo siento mucho, no volveré a reclamarte nada. Solo quiero seguir viéndote, aunque sea poco.
Tom, por favor… no quiero que termine.
Los mensajes se quedaron en «entregado» otra vez. Tom no respondió.
Bill se quedó mirando la pantalla con los ojos llenos de lágrimas otra vez, sintiendo un vacío horrible en el estómago.
Su esposo se movió a su lado y murmuró medio dormido:
—¿Estás bien?
El pelinegro se limpió la cara rápido y forzó una sonrisa.
—Sí… solo estoy cansado…
Pero por dentro se estaba rompiendo.
Continúa…
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