El hambre de Bill 6

Fic TOLL de ZenTortugaHua

Capítulo 6

Esa noche, por primera vez en mucho tiempo, Bill estaba haciendo la cena con una calma extraña.

Movía las cosas con más suavidad, casi tarareando bajito. Tenía una sonrisa tonta en los labios que no podía borrar. Y no dejaba de recordar.

Después de correrse contra el escritorio se había quedado sin fuerzas, con las piernas hechas gelatina. Y Tom no lo había dejado caer.

Lo había sostenido con una suavidad que no encajaba con cómo lo había follado minutos antes. Luego se había agachado frente a él, le había subido la braga despacio por sus piernas, acomodándola perfectamente bien. Después le levantó las medias y le subio la falda. Todo mientras Bill lo miraba desde arriba con las mejillas ardiendo de rubor y el corazón latiéndole como loco.

Nunca nadie había hecho eso por él.

Se habían despedido con un beso lento pero profundo que Bill interpretó como uno dulce. Y antes de irse, el de trenzas le había metido un papelito doblado en el bolsillo de la camisa.

—Mi número— Le había dicho con esa sonrisa arrogante pero cálida.

Y el pelinegro había sonreído como idiota todo el camino de vuelta a casa.

Ahora, mientras terminaba de servir la cena, esa sonrisa tonta seguía ahí. Se sentía más ligero, más vivo. El cuerpo todavía le dolía un poco, pero era un dolor bueno. Uno que le recordaba que alguien lo había deseado de verdad. No quería ni bañarse.

Sacó el papelito del bolsillo de su pants y lo miró de nuevo. El número estaba escrito con una letra perfecta y segura. Lo guardó con cuidado.

Esta noche le iba a escribir.

—Bill, ¿ya está la cena?— Preguntó su esposo desde la sala, rompiendo un poco el momento.

—Sí… ya va— Respondió el de rastas bicolores todavía con esa sonrisa pequeña en los labios.

Por dentro, su cabeza estaba muy lejos de ahí. Estaba pensando en aquellas trenzas africanas, en unas manos fuertes y en un mensaje que pensaba mandar apenas pudiera encerrarse en el baño.

Por fin tenía algo que esperar con ansias.

&

La cena estaba servida. Bill puso los platos en la mesa con una suavidad inusual. Hasta sonrió un poco cuando Dennis por fin le hizo caso y se sentó.

—Come despacito— Le dijo con cariño.—Está rica la carne, ¿eh?

Dennis lo miró sorprendido, pero asintió felizmente y empezó a comer. Su marido levantó una ceja desde su asiento, claramente complacido.

—Vaya… sí que te dejé contento esta mañana— Comentó con una sonrisa arrogante, cortando un pedazo de carne.— Te ves más relajado.

El de rastas bicolores solo sonrió levemente, sin confirmar ni negar.

Se sentó un rato con ellos, sirviéndole más jugo a Dennis y dándole de comer, hablándole con una dulzura que no era común en él. Hasta le limpió la comisura de la boca al niño cuando se ensució. Dennis no podía estar más feliz y complacido.

Su marido estaba encantado. Para él, todo eso era resultado de la follada rápida en la ducha y el «cariño» en el auto. No tenía idea que la verdadera razón estaba guardada en un papelito dentro del bolsillo de Bill.

—¿No vas a comer?— Preguntó Al cuando vio que su pareja no se había servido nada.

—No tengo hambre— Respondió Bill tranquilamente, levantándose.— Tú encárgate de Dennis, ¿sí? Yo voy a hacer unas cosas.

No esperó respuesta. Se dio la vuelta y caminó directo a la habitación, cerrando la puerta detrás de él con cuidado.

En cuanto estuvo solo y con seguro en el baño, sacó el papelito doblado del bolsillo de su pants como si fuera algo sagrado. Se sentó en la orilla del inodoro, agarró su celular y guardó el número con las manos un poco temblorosas.

Se quedó mirando el contacto un rato, con esa sonrisa tonta regresando a sus labios.

El corazón le latía incontrolablemente.

Abrió la conversación nueva y escribió, borró, volvió a escribir. Al final mandó algo simple.

Hola… soy Bill. Ya guardé tu número.

Lo envió y se quedó mirando la pantalla, mordiéndose el labio inferior con una mezcla de nervios y emoción.

Apenas pasaron dos minutos cuando la pantalla se iluminó con un nuevo mensaje.

Hola, hermoso. Pensé que te ibas a arrepentir…

Bill sonrió como idiota y respondió rápido:

No me arrepentí… solo estaba esperando a estar solo.

A partir de ahí la conversación fluyó fácil. Hablaron de todo y de nada. Tom le mandaba audios con esa voz ronca que hacía que Bill se mordiera el labio inferior y apretara las piernas. Le respondía con timidez, pero cada vez más cómodo.

En un momento, Tom fue directo.

Quiero verte después de la Uni mañana. Solo un rato.

Bill sintió un cosquilleo en el estómago.

No puedo mucho tiempo… tengo que ir a traer a mi hijo a la guardería…

El de trenzas respondió:

Solo un rato. Si no quieres, lo entiendo, Bill. No voy a presionarte.

Bill se mordió el labio con fuerza, debatiéndose. Sabía que estaba mal. Sabía que era peligroso. Pero el recuerdo de esa tarde… ganó.

No, no. Está bien. Yo también quiero verte…

Entonces llegó el último mensaje de Tom.

Bien. Te espero en el estacionamiento de atrás después de tu última clase. No te arrepentirás, profesor.

El pelinegro se quedó mirando la pantalla con una sonrisa enorme y el corazón latiéndole desbocado.

Se sentía deseado… vivo…

Desde la cocina escuchó a Al llamándolo, pero ni siquiera le contestó. Solo cerró los ojos y se quedó pensando en Tom y en el mañana.

Sintió un cosquilleo cálido en el estómago y sonrió todavía más.

Le ponía tan feliz pensar que tenía algo solo suyo. Algo prohibido, peligroso y adictivo. Algo que le hacía olvidar aunque fuera por unas horas que era casado, una madre y un profesor que se suponía debía tener todo bajo control.

Se guardó el celular en el bolsillo del pants y salió del baño. Antes de volver a la cocina, se miró un segundo en el espejo de su tocador.

Tenía las mejillas ligeramente coloradas y una mirada brillante que no recordaba haber visto en sí mismo desde hacía años.

Solo un rato…

Se repitió en la cabeza.

Pero en el fondo sabía que ya no quería solo un rato. Quería más. Mucho más.

Eso era suficiente para seguir sonriendo.

Continúa…

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por ZenTortugaHua

Escritora del Fandom

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