El hambre de Bill 4

Fic TOLL de ZenTortugaHua

Capítulo 4

El agua caliente caía sobre su espalda llenando el baño de vapor.

Bill tenía una mano apoyada contra los azulejos fríos y la otra entre sus piernas moviéndose rápido, muy desesperado.

Había despertado hace rato con un sueño húmedo que todavía le palpitaba en el cuerpo.

En ese sueño Tom lo empotraba contra el escritorio del salón. Sacaba esa polla gruesa y lo abría sin piedad. Sus trenzas le rozaban la cara mientras le gruñía al oído.

Se había levantado con la braga mojada entre sus muslos y su clítoris palpitando de pura necesidad.

Por eso, bajo la ducha, se tocaba con rabia.

Dos dedos dentro de su sexo se movían con fuerza.

—Dios…— Susurró cerrando los ojos.

Imaginaba las embestidas de Tom, esa polla que había sentido contra su culo por encima de la ropa. Imaginaba que era él quien lo estaba follando, no sus propios dedos.

Los sonidos húmedos de sus dedos entrando y saliendo se mezclaban con el ruido de la ducha.

Empezó a gemir bajito sin poder evitarlo.

Estaba cerca. Muy cerca.

De repente, la puerta de la ducha se abrió.

Bill se tensó, pero no alcanzó a sacar la mano entre sus piernas.

Al estaba ahí, completamente desnudo con la polla dura.

Lo miró con una sonrisa perezosa y entró bajo el agua sin pedir permiso.

—Mmm… mira nada más cómo te estás tocando…— Murmuró pegándose a su espalda.

Lo agarró por detrás con fuerza mientras una de su mano bajaba directo a reemplazar los dedos de Bill.

Le besó el cuello y luego giró su cara para meterle la lengua en la boca con esa brusquedad de siempre.

El de rastas bicolores se dejó. Estaba demasiado caliente, demasiado necesitado aunque sabía que no era lo que realmente quería. Pero su cuerpo pedía algo dentro de inmediato. Y Al no perdió tiempo; separó las nalgas de Bill, colocó la cabeza de su polla en la entrada de su vulva y empujó de un solo golpe hasta lo más profundo que llegó su miserable erección.

El menor jadeó, apoyando la frente contra los azulejos.

No era tan grande como las pollas de los chicos con los que se acostaba a los diecisiete.

Esas lo dejaban abierto, lleno y dolorido de la mejor forma.

La de Al era más corta, más gruesa en la base pero nada comparable. Aún así, apretó las paredes internas alrededor de él, buscando cualquier tipo de fricción.

Su marido lo follaba agarrándolo por las caderas. El sonido húmedo de piel contra piel resonaba en sus oídos.

—Me encanta tu estrechez…— Gruñó contra su nuca, mordiéndole el hombro.

Bill cerró los ojos y se dejó follar. No gemía mucho, solo respiraba agitado, moviendo las caderas hacia atrás para que entrara más profundo.

Al aceleró sus embestidas. El pelinegro sintió cómo el orgasmo que casi había alcanzado solo se acercaba de nuevo, aunque no con la misma intensidad.

—Voy a correrme…— Avisó el hombre.

Bill solo apretó más las paredes de su interior alrededor de él buscando su propio placer.

Su esposo dio unas cuantas embestidas más erráticas y se vació dentro. Ambos soltaron un jadeo.

El hombre se quedó unos segundos pegado a su espalda recuperando el aliento antes de salir de él. Solo entonces sintió el semen de Al empezando a bajar por sus muslos.

—Apúrate— Le ordenó como si nada, agarrando una toalla.— Tengo una reunión temprano.

El menor se quedó bajo el agua con la frente apoyada en los azulejos, respirando agitado.

Su orgasmo se había quedado a medias.

&

El de rastas bicolores salió de la ducha más tarde de lo que quería.

El agua caliente y el orgasmo a medias no habían calmado nada, solo lo dejaron con la piel roja y la cabeza más revuelta.

Apenas había empezado a vestirse cuando su marido le gritó que debía cambiar a su hijo.

—Ya voy…— Murmuró irritado.

Entró al cuarto del niño ni siquiera cambiado a medias.

Con la toalla en el cabello, solo su sostén puesto y la otra toalla en su cintura.

Dennis estaba tirado en la cama pataleando porque no quería que le quitaran la pijama de dinosaurios.

—Quédate quieto— Le ordenó su madre agarrándolo con menos cuidado del que debería.

El niño se retorció, protestando fuerte.

—¡No quiero!

Bill apretó la mandíbula. No tenía tiempo ni paciencia.

Lo levantó de un tirón, le bajó el pantalón de la pijama de un jalón brusco y empezó a limpiarlo con las toallitas húmedas.

Dennis seguía moviéndose y lloriqueando.

—Quédate quieto, Dennis.

El niño pataleó más fuerte, golpeándolo en el brazo.

Bill terminó estallando, dándole una nalgada fuerte en su trasero desnudo.

—¡Ya cállate!

El pequeño se quedó congelado un segundo, y luego, explotó en un llanto exagerado, de esos que llenan toda la casa.

Eran unas lágrimas enormes. Tenía la cara roja de puro esfuerzo y emitía puros gritos histéricos.

En ese momento, Al apareció en la puerta, ya completamente vestido.

—¿Qué pasa ahora?— Preguntó mirando la escena.

—No se deja— Respondió seco y sin verlo.

Al suspiró con fastidio.

—Apúrate, Bill. Tengo una reunión en cuarenta minutos. Si no estás listo en cinco, me voy yo y te vas en taxi o en bus con Dennis. Como siempre. Tú decides.

Lo dijo sin siquiera mirar al niño llorando. Solo mirando a Bill.

Cuando se fue, el pelinegro sintió que la rabia le subía por la garganta otra vez.

Apretó los dientes y siguió cambiando al niño con movimientos rápidos y tensos, poniéndole la ropa interior y el pantalón mientras Dennis lloraba desconsolado.

—Ya está— Dijo terminando de ponerle los zapatos al niño sin delicadeza.

Dennis seguía sollozando con hipidos exagerados.

Regresó a su habitación y se quitó la toalla de la cabeza, dejando que sus rastas cayeran húmedas sobre sus hombros.

Se vistió deprisa y ni siquiera se pudo ver al espejo.

Al salir al pasillo se encontró a su hijo llorando todavía, ahora más bajito, con la cara hinchada y mocos.

Lo agarró de la mano.

—Vamos— Dijo seco.

El niño lo siguió arrastrando los pies todavía sollozando.

Bajaron las gradas de camino al auto que tanto bocinaba.

Bill sentía el peso de todo.

Solo quería llegar a la universidad y encarar a Tom.

Continúa…

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por ZenTortugaHua

Escritora del Fandom

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