
Administración: Primera temporada de la serie «The yandere Love» o amor obsesivo. Disfruten la lectura.
Fic TOLL de ZenTortugaHua
Prólogo
La vida de Bill Trümper siempre fue silenciosa. No triste ni gris. Simplemente… particular.
No encajaba en ningún grupo, y no porque no lo quisieran. Él era así. No hablaba con nadie.
Vestía ropa ajustada que marcaba cada centímetro de su figura delgada: medias largas, blusas de manga larga y shorts cortos que dejaban sus piernas a la vista. Usaba perfumes dulces y lapiceros con brillitos. Tenía una letra perfecta y un corazón enfermizamente romántico.
Eso bastaba para que unos imbéciles quisieran hacerlo sentir menos.
Como casi todos los días, Bill caminaba solo por el pasillo trasero del instituto, donde nadie iba a menos que estuviera escapando de clase o fumando a escondidas. Solo quería evitar a la gente. Pero la gente estúpida siempre aparecía.
—Hey, princesita.— Dijo uno de los tres idiotas que lo acorralaron.— ¿No te equivocaste de escuela? Aquí no dan clases de modelaje.
—Tal vez sí es modelo.— Añadió otro con una sonrisa burlona.— Pero de las que se alquilan por hora.
Bill no dijo nada. Solo abrazó sus libros contra el pecho, bajó la mirada y tragó saliva. Estaba acostumbrado. Pero ese día… no estaba solo.
—¿Qué mierda hacen?— La voz lo sacudió como un rayo. Una voz grave y segura.
Los tipos voltearon. Ahí estaba él.
Alto, con rastas, ropas grandes y holgadas. La mochila colgando de un hombro.
Tom Kaulitz.
—Relájate, Tom. Solo estamos bromeando.
—Pues tu broma es una mierda.— Respondió Tom con una sonrisa torcida y los ojos encendidos.— Lárguense
No discutieron. No con él. Tom era el capitán del equipo de fútbol. Popular, respetado y buen peleador cuando se enojaba.
Los imbéciles se fueron murmurando, y Bill quedó paralizado, con los ojos grandes y las mejillas rojas, temblando.
—¿Estás bien?— Preguntó Tom, mirándolo. Bill solo asintió, sin poder hablar. Tom sonrió y le acarició la cabeza con suavidad.— No dejes que esos idiotas te bajen la cabeza, ¿sí?— Antes de irse, le guiñó un ojo.— Bonitas medias.
No se sabía si Bill había vivido un milagro o una maldición. Pero una cosa estaba clara:
Ese no era un chico cualquiera.
Era su salvador. Su héroe. Su todo.
Desde ese instante, Bill decidió que si alguien tocaba a Tom Kaulitz…
Iba a ser él.
Dos días después de aquel encuentro, Bill escribió su primera carta.
Después que Tom lo defendiera.
Después que le sonriera.
Después que le dijera «bonitas medias».
Sí, ahí empezó todo.

Bill comenzó a construir un altar en silencio, con la precisión de un enamorado psicótico y la ternura de un artista enamorado. No fue de golpe. Fue paso a paso, reliquia por reliquia.

Querido capitán:
Ayer te vi entrenar otra vez. Pero cuando entrenas, cuando gritas órdenes a tu equipo, cuando te limpias el sudor con la camiseta… ahí es cuando me cuesta respirar.
Sé que muchas te miran. Pero ninguna te merece. Ninguna te ve como yo te veo.
No me conoces, pero yo sí. Y eso es lo que importa.
Te amo… Y solo espero que algún día, de alguna manera, puedas sentir lo mismo.
Tom deslizó el papel con lentitud.
La letra era la misma de siempre; firme, cuidada y bonita. El papel olía muy bien.
Sabía que era una chica… O eso creía.
—¿Otra vez la chica rara de las cartas, eh?— La voz de Georg se escuchó a su lado mientras lanzaba su mochila al suelo y abría su casillero.
Tom no respondió de inmediato.
Dobló la carta con cuidado, como si fuera algo que se pudiera romper y la metió en el interior de su bolsón.
—Lo es
—¿Puedo verla?
—Ya la ves, Hagen.
—¡Me refiero a leerla!
—Entonces no.
—¿Por qué nunca me dejas leerlas?
—Porque son privadas, Georg. No son para ti ni para nadie más. Ella se está abriendo conmigo… y no me parece bien compartirlo.
Georg resopló con fastidio.
—Ya me imagino.— Murmuró Georg con una sonrisita.— «Querido capitán, cuando te veo jugar sin camiseta me da un infarto vaginal…»
—No dice eso.— Tom frunció el ceño.
—¡Entonces peor! ¿Qué dice? ¿Qué te ama? ¿Quiere que te la folles como a las otras?
Tom negó con la cabeza, pero su sonrisa volvió sin permiso.
—Es diferente. Es… linda. Rara, sí. Pero linda.
Georg chasqueó la lengua con asco fingido mientras sacaba su libro de texto.
—Bah, asco. A mí me mandan eso y lo publico en el grupo del equipo. Mejor ya vámonos.
Pero lo que ninguno sospechó fue que cierta persona había visto y escuchado todo.

Continúa…
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