
Fic Toll de AndyKltz
Capítulo 14

1 semana antes, día en que Evan vió a Tom dentro del prostíbulo del padre de Bill:
Todo mundo hablaba de la tan esperada graduación, pero ahora Tom en lo único que podía pensar era en cómo arreglaría las cosas con Bill, y más cuando ahora tendría que lidiar con 2 cosas que estaba seguro pondrían su vida en riesgo: primero, salvar a Bill de una posible muerte no tan bonita en donde lo torturen y le hagan hasta lo inimaginable, y segundo, ver si no falla en el intento y el que termine muerto sea él.
Se escondió detrás de un arbusto cercano, vigilando la entrada para no ser identificado. Aquella noche, llevaba puesta una sudadera con capucha que escondían sus rastas amarradas en un moño, jeans ajustados, zapatos y un cubrebocas negro que ocultaba su rostro.
Cuando finalmente vio salir a Bill del burdel mostrando una expresión en su rostro de profundo desinterés con la vida —habitual en él— , avanzó con sigilo hasta la entrada y se adentró en el burdel. Caminó por los pasillos del prostíbulo hasta llegar a la oficina donde se suponía que estaría el señor Kaulitz.
—¿Dónde mierda está Evan? —exclamó Tom al entrar sin tocar la puerta de la oficina del señor Kaulitz. Este se encontraba besando a un chico sobre su escritorio, quien se separó rápidamente ante la intromisión del muchacho. El contrario rodó los ojos, y con evidente molestia, le respondió:
—¿Acaso no sabes tocar antes de entrar? —intentó acomodar su camisa desabotonada y le hizo una seña al chico con el que estaba para que abandonara la oficina.
—Me importa una mierda… —replicó Tom mientras se deshacía de la capucha dejando a la vista sus rastas despeinadas. Tomó asiento en la silla frente al escritorio del señor Kaulitz, y arqueó su ceja derecha—. ¿Y bien? ¿Dónde está Evan…?
—¿Y yo por qué debería saberlo? —respondió Jorg, alzando una ceja—. Pregúntale a Aaron, tal vez él lo sepa.
—Tu querido sobrino es el menos indicado para decirme el paradero de Evan. La última vez que le pedí un favor, el hijo de puta hizo que Bill terminara la relación conmigo—replicó Tom con un gesto de disgusto.
—No es mi culpa que seas un idiota sin raciocinio propio y se te olvide que si quieres tener enamorado a Bill, la palabra “consentimiento” es algo que él valora mucho —respondió con sarcasmo haciendo comillas con sus dedos dando énfasis a la oración, soltando por último una ligera risa mientras negaba con la cabeza y jugaba con un bolígrafo.
—No te hagas la persona más justa en el planeta cuando tú eres el principal culpable de toda la mierda que le pasó a tu propio hijo, ¿o acaso estoy equivocado? —sonrió ladino, mientras cruzaba los brazos con una postura altanera.
El señor Kaulitz hizo una mueca dándole aprobación a Tom con aquella acusación.
—Tienes razón, no lo niego, pero si tengo que sacar provecho de mi descendencia ¿por qué no hacerlo?, de igual forma sé que Bill nunca hubiera tenido una vida ordinaria y común y corriente, está destinado a ser un jodido miserable —chasqueó su lengua con desinterés, se levantó de su asiento y se dirigió hasta el librero de su lado izquierdo, pasando las yemas de sus dedos sobre los lomos de los libros donde guardaba todos los registros de quienes visitaban el burdel.
Tom por su parte, observó con total indignación a Jorg, su mandíbula se tensó tratando de controlar las inmensas ganas de pararse y destrozarle el rostro a golpes.
—Violaste a tu propio hijo durante 15 años de su vida, consecutivamente, ¿en verdad te sientes orgulloso de eso? —espetó, con evidente repudio en cada palabra.
Ante aquellas palabras, Jorg sólo atinó a soltar una carcajada llena de soberbia y respondió: —¿Y tú tampoco hiciste lo mismo con él aquella noche en la que me llamó porque resulta que no sabes acatar un “no” como respuesta?, Bill me contó todo —alzó una ceja, y se cruzó de brazos mostrándose desafiante, recordó cómo su hijo al no encontrar con quien consolarse tuvo que recurrir de manera extraña en busca de su ayuda, aquella noche se quedó dormido en su cama mientras lo abrazaba buscando algo de refugio y consuelo.
Porque a pesar de que Bill estaba consciente de todo el daño que su padre le había causado, siempre terminaba encontrando refugio en las personas que más lo lastimaron —un ejemplo Evan, su ex amigo—, aquello era patrón emocional bastante curioso, ya que, no dejaba de ser una víctima la cual dependía de aquel dolor para consolarse, pues toda su vida le recalcaron de manera inconsciente que el dolor era la única manera de sentirse amado y cuidado.
Cuando llegaba alguien que en verdad lo apreciaba y quería de una forma sana, Bill huía inmediatamente al ser algo desconocido y fuera de su molde convencional en el que tuvo que crecer, activando constantemente sus sentidos de alerta y modo supervivencia. En resumen, una respuesta de adaptación frente al trauma.
Tom por su parte frunció el entrecejo sin creer lo que aquel tipo le estaba sugiriendo, ¿se atrevía a compararlo con la basura de persona que era capaz de abusar de su hijo durante casi toda su vida?
—¿Me estás comparando contigo?, ¿te atreves a comparar mi error con tus majaderías de toda una vida con Bill? —musitó con incredulidad mientras alzaba una ceja, y se levantó de la silla mostrándose amenazante.
—¿Por qué no debería?, acepta que te aprovechas de la dependencia de Bill, somos iguales…
Tom no respondió, solo atinó a quedarse callado cuestionando si realmente Jorg y él no eran tan diferentes.
No, era imposible, ¿cierto? Tom quería a Bill, aunque no se lo demostrara de la mejor manera y pusiera primero sus necesidades a costa de las del pelinegro. ¿Pero lo amaba, verdad? o al menos eso quería creer para no aceptar sus errores, ya que Tom siempre buscaba un culpable y no se responsabilizaba de las consecuencias de sus actos. Y prefería ahogarse en su propio caos antes de aceptar que él era parte del problema del por qué la salud mental de Bill pendía de un hilo.
Por su parte, Jorg sonrió con simpleza, disfrutando el debate mental en el que había hecho entrar al contrario.
—Encuentras a Aaron donde siempre. Estoy seguro de que él sabe dónde está Evan —finalizó, devolviendo su atención a unos papeles que estaban sobre su escritorio.
—Gracias, eres muy atento con tus huéspedes —respondió con ironía rodando los ojos, antes de levantarse de su lugar.
Se dirigió a una de las habitaciones del burdel, y sin importarle lo más mínimo, la abrió. Al hacerlo, encontró a la persona que buscaba, pero no precisamente en una situación cómoda.
—Muller… ¿puedes dejar al niño en paz? —espetó con asco, mostrando una mueca llena de desagrado, Aaron, simplemente detuvo lo que hacía, dejando que el menor saliera corriendo de la habitación llorando.
—¿Por qué tú y Bill siempre tienen que interrumpirme? —espetó Aaron, con visible molestia.
—¿Dónde está Evan? —preguntó Tom, tratando de ignorar lo que sus ojos habían visto, y se cruzó de brazos.
—Donde siempre —respondió Aaron con una sonrisa burlona—. Dijo que tenía cosas que hacer con su padre. Lo más seguro es que lo encuentres en la bodega.
—Bien, entonces tú vienes conmigo —dijo Tom mientras lo sujetaba del hombro y lo arrastraba fuera de la habitación.
—¡Oye, idiota! —protestó Aaron—. ¿Por qué yo? Dile al señor Kaulitz que te acompañe.
—Porque tú eres el único que puede hacer que Evan hable. Ese imbécil hizo que los italianos pusieran precio a la cabeza de Bill, y ahora, para que no sospeche que yo tengo que ver en ese problema, tendré que amenazarlo para que no me delate.
Finalizó, y empujó a Aaron por los pasillos del burdel, ignorando las miradas curiosas de los trabajadores y clientes del lugar.
—¿Puedes soltarme de una vez? —Aaron murmuró molesto, forcejeando contra el agarre de Tom.
—Cierra la boca y camina —espetó Tom sin siquiera mirarlo.
Llegaron a una puerta de acero al final del corredor. Tom la abrió de una patada, dejando ver una habitación iluminada por una sola bombilla. Parecía un especie de cuarto improvisado diseñado para desviar los fondos de una manera más hábil y sencilla, ya que al entrar se encontraron con Evan, quien tenía puestos unos audífonos con cancelación de ruido que lo dejaban absorto de lo que sucediera a su alrededor, mientras que en el monitor que estaba frente a él, tecleaba un sin fin de comandos y así poder generar con mayor facilidad las criptomonedas.
—Evan… —interrumpió Tom, esperando a que lo escuchara, pero el contrario ni se inmutó de su presencia. Rodó los ojos.
—¡Evan! —exclamó de nuevo, haciendo que el chico diera un un salto del susto y se quitara los audífonos.
—¿Qué carajo te pasa, hay algún problema? —respondió Evan, ajustando las gafas de montura de metal que llevaba.
—No, qué mierda te pasa a tí más bien —respondió Tom mientras cerraba la puerta tras ellos. Aaron se apoyó contra la pared, observando a ambos con una sonrisa ladina.
—Si estás aquí para evitar que maten a Bill, lamento decepcionarte, pero no pienso ayudarte en lo absoluto —dijo Evan, cruzando los brazos. Su mirada serena pero desafiante estaba fija en Tom.
—¿Sabes que si Bill se entera de esto nos va a matar a todos por parejo —dijo, dando un paso hacia él.
—Estoy consciente de que si Bill se entera de todo, enojado será la palabra menos adecuada para describir cómo se sentirá al respecto de la situación —respondió Evan con frialdad. Sus palabras dejaron a Tom en silencio por cortos segundos.
—Evan… No sabes con quién te estás metiendo…
—Claro que lo sé —sonrió ladino, y se cruzó de brazos— Bill es un estúpido sentimental al que puedes llevarle un ramo de rosas y te va a perdonar toda la mierda que le hiciste, sólo tienes que saber cómo y en qué momento llegar para atacar su vulnerabilidad.
—¿A qué te refieres? —preguntó Tom alzando una ceja.
Otro pesado silencio se adueñó de la habitación, dejando la guerra de miradas entre Tom y Evan, hasta que Aaron rompió el hielo.
—Uy, esto se está poniendo interesante. Anda Evan cuéntanos que me muero de ganas de saber lo que Bill esconde —dijo, disfrutando del espectáculo.
Evan ignoró el sarcasmo de Aaron y se dirigió a uno de los monitores. Dando unos cuantos clics y prosiguió a abrir una carpeta llena de videos y fotografías.
—Aquí está todo. Las transacciones que hizo con el señor Kaulitz, las veces que ayudó a encubrir los abusos en el burdel, los registros de lo que hizo en la clínica cuando estaba en prácticas, el tráfico de armas, droga y menores de edad, la deuda de 38 millones de euros que le debe al padre de Aaron, y por si fuera poco, él es la principal persona en distribuir el material pornográfico que se produce en el burdel.
—¿Qué estás diciendo, cómo aseguras que él es culpable? —murmuró Tom, sintiendo un nudo formarse en su estómago.
Por su parte Evan soltó un suspiro ahogado. Y respondió:
—Aún no sé por qué Bill hizo todo eso, pero de lo que sí estoy seguro es que él no es una víctima, Tom. Es tan culpable como cualquiera aquí. Solo que sabe cómo jugar el papel del mártir a la perfección —respondió, con una sonrisa amarga.
—¿Y cuál es tu plan, eh? ¿Exponerlo y después qué? —intervino Aaron, aún apoyado contra la pared. —No eres tan diferente a él, Evan. Eres igual de manipulador.
—Tal vez —admitió, encogiéndose de hombros—, pero al menos yo sé lo que estoy haciendo.
—Si sigues con esto, el señor Kaulitz lo sabrá, y sabes lo que hará —advirtió Tom.
—Déjame encargarme de eso yo solo. Si no tienes nada más que decir sal de aquí, tengo trabajo que hacer —respondió Evan, dirigiendo su atención al teclado.
Antes de que Tom pudiera responder, Aaron se adelantó a decir.
—Evan… Espero que tengas un buen seguro de vida, porque cuando Bill descubra esto, no va a ser amable contigo, y yo me niego a ser parte del problema sabiendo lo que Bill es capaz de hacer —dijo con una sonrisa maliciosa mientras salía de la habitación.
Tom miró a Evan una última vez antes de seguir a Aaron detrás suyo. Sabía que tenía que actuar rápido, pero no tenía idea de por dónde empezar.
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Actualidad, un día después de que Evan y Bill se pusieran de acuerdo para colarse dentro del negocio del tío de Bill:
Intentó disipar cualquier pensamiento intrusivo que se atravesara por su mente, pero todo era un caos, ahora tenía que tratar de mantenerse atento en lo más mínimo porque cualquier movimiento en falso haría que cavara su propia tumba antes de tiempo.
Así que divagando en su propio mundo, Bill aprovechaba a dejar sus cosas en su casillero ansioso por largarse de una buena vez de la universidad y descansar en su apartamento aunque fuera un poco.
—Mierda Evan, ¿qué carajo tenía esa bebida que preparaste? —se quejó el pelinegro, tratando de ignorar el hecho de que su cuerpo se sentía más caliente de lo normal, y el cosquilleo inusual que calaba en cualquier parte de su organismo.
—Ah… La viagra que me pediste que te diera… —murmuró Evan rascando su nuca con nerviosismo.
—¡¿QUÉ…!? —exclamó Bill con tanta fuerza volteando hacia Evan quien pegó un salto en su lugar por el susto. Captando unas cuantas miradas de quienes transitaban por el lugar.
—Me dijiste que solamente te la diera y no te dijera nada… — murmuró por lo bajo mientras se encogía de hombros.
Por su parte, el rostro de Bill se tornó de un rojo suave al contener la respiración por no soltar un insulto en voz alta, mientras apretaba los labios y puños con coraje para después jalar su cabello con brusquedad y no caer en la locura.
—¡SI SERÁS IMBÉCIL, TE DIJE QUE ME LA DIERAS Y NO ME DIJERAS PORQUE NO QUERÍA DARME CUENTA DE A QUÉ HORA COMENZABA A HACER EFECTO! —murmuró por lo bajo, lo suficientemente alto solo para que Evan lo escuchara.
—¡Eso hice…! —se excusó sin entender por qué la molestia del pelinegro.
—¡PERO NO EN LA UNIVERSIDAD IDIOTA, PARA QUÉ MIERDA NECESITO TOMAR VIAGRA ESTANDO AQUÍ, PIENSA UN POCO SI QUEDA ALGO DE RACIOCINIO EN TU CEREBRO DE PEZ! —finalizó.
Sintiendo cada vez más su cuerpo arder. Un suspiro ahogado escapó de sus labios, sujetó con ambas manos su cintura tratando de regular su respiración, y se echó aire en el pecho con su la tela de su camisa, quiso mantener la compostura porque con el mínimo roce de la tela de sus bóxers sentía un leve cosquilleo adueñarse de su entrepierna.
Evan por su parte mordió la comisura de sus labios mostrándose nervioso y dijo.
—Creo que… Te traeré algo de agua… —murmuró.
—¡Sí, anda, hazlo. Porque te juro que si te sigo teniendo aquí enfrente mío mañana no ves la luz del día! —exclamó con molestia, Evan hizo una mueca sintiendo remordimiento por lo que acababa de ocasionar, antes de dar media vuelta y salir casi corriendo de ahí ante la mirada amenazante del pelinegro.
«Con un carajo, que bueno que nadie escucha lo que pienso… Porque necesito que me la metan de una buena vez por todas… Mierda…», pensó Bill, recargando su frente contra las puertas de los lockers no queriendo caer en la desesperación, pues estaba comenzando a sudar a borbotones, parecía que tenía temperatura y ocupaba que lo ayudaran —pero no de aquella forma ordinaria que Bill hubiera querido—.
—¿Disculpa te sientes bien, Kaulitz…? —preguntó una chica detrás suyo, tomando su hombro con delicadeza.
Bill abrió los ojos de golpe antes de mirar a la muchacha y asentir de una manera demasiado forzada que hacía parecer que sufría de estreñimiento.
Hablar comenzó a ser difícil así que Bill solo atinó con atreverse a soltar un “Sí” de manera tiesa.
La chica lo miró con preocupación pero decidió no indagar más.
—Si necesitas algo puedes encontrarme en los laboratorios —dijo, el pelinegro asintió en son de gracias viendo por el rabillo de su ojo izquierdo la silueta de la muchacha alejarse entre la multitud de estudiantes.
Dispuesto a huir del lugar, Bill suspiró y trató de aparentar normalidad, pero no contó con la intromisión de alguien en su espacio personal, pues su cuerpo fue apresado sin previo aviso sobre los casilleros. Soltó un quejido por lo bajo, y al alzar la mirada, sus facciones se endurecieron aún más cuando sus ojos se encontraron con la penetrante mirada de Tom, captando la mirada de los estudiantes que pasaban por ahí, algunos se detuvieron a ver qué era lo que pasaba entre aquel par de tóxicos sin responsabilidad afectiva.
—¿T-Tom? —alzó una ceja.
—Hola… —sonrió en respuesta.
«Carajo ¿por qué ahora…?» exclamó Bill para sí mismo mientras apretaba sus labios.
—¿Qué quieres, Tom? —alzó una ceja, y se sorprendió a sí mismo por la naturalidad con la que dijo aquellas palabras, pues estaba luchando internamente de no soltar gemidos con cada oración que decía.
—Quiero que me perdones…
—Ya tuviste muchas oportunidades, adiós… —intentó irse y cortar la plática, pero Tom tensó su mandíbula con molestia y lo sujetó de los hombros, antes de que Bill pudiera responder, el contrario unió sus labios con fuerza contras los del pelinegro.
Bill se removió incómodo tratando de alejarse pero no contó con que Tom agarrara uno de sus glúteos y parte de su cintura atrayendo su cuerpo contra el de él evitando que escapara.
El pelinegro intentó reclamar, pero al abrir un poco su boca dispuesto a soltar miles de insultos, Tom aprovechó a introducir su lengua en la cavidad bucal de Bill comenzando a explorar cada centímetro de esta
«Oh Dios mío creo que me estoy poniendo duro…» Pensó Bill, cuando un pequeño jadeo —que sonó más a un gemido—, se le escapó de los labios al momento de que Tom se separara de él.
Y no era mentira, aquello lo había excitado y más tomando en cuenta el hecho de que con cualquier roce su cuerpo se encendía por completo. Sus mejillas se sonrojaron cuando cayó en cuenta que no estaban solos y que casi media universidad acababa de ver aquel espectáculo, y por si fuera poco, su notable erección dentro de sus pantalones evidenciaba que era una jodida perra arrastrada que con el mínimo toque que le dieran era capaz de correrse sin importar dónde, y con quién estuvieran.
«Me lleva la mierda…» tratando de tragarse su vergüenza intentó cubrir su entrepierna empalmada, pero ya era demasiado tarde. Absolutamente todos habían visto aquello y comenzaban a murmurar cosas las cuales no alcanzaba a escuchar qué decían.
Pero lo que le causó mayor dolor en su ego, fue ver la sonrisa llena de victoria de Tom quien lo veía como si hubiese ganado algún especie de trofeo importante.
—¿Te pusiste duro sólo con un beso? —alzó una ceja, y se cruzó de brazos. Mientras Bill lo miraba sin poder decir o hacer algo más, estático como una estatua y con una expresión consternada.
—¡Bien señores, se acabó el espectáculo, si quieren más detalles consultenlo en el chismografo de la universidad! ¡Aquí su servidor Evan Howard les contará todo a detalle pero ya larguense, no es la primera vez que lo hago! —intervino Evan bromeando a lo lejos quien había visto toda la escena del otro extremo del pasillo, con una expresión estupefacta y sin poder creer lo que sus ojos acababan de presenciar, aplaudiendo para captar la atención de los presentes, los cuales obedecieron y siguieron su camino, alejándose del lugar.
Caminó hasta Bill quien no se movió en ningún momento manteniendo su mirada atónita en Tom. Y dijo:
—¡Bill, cariño ven conmigo que necesito tu ayuda en algo! — exclamó una vez que llegó hasta ambos chicos, miró a Tom de forma fugaz y espetó—. ¡Tom, qué agradable encontrarte por aquí, si no es mucha molestia tomaré prestado a Bill por un rato, bye! —forzó una sonrisa antes de jalar a Bill de un brazo y sacarlo de una buena vez por todas de ahí, casi arrastrándolo por todo el pasillo, el cual parecía no poder salir del estado de shock. Mientras Tom veía a ambos alejarse con rapidez.
Continúa…
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