En los huesos del cadáver 13

Fic Toll de AndyKltz

Capítulo 13

1 semana después de lo ocurrido, 4 meses antes de la graduación:

Sacudió su pierna con violencia mostrándose impaciente. Se encontraba sentado en una de las esquinas de la cafetería fingiendo hacer algún trabajo de la universidad, y a lo lejos el pelinegro pudo ver que Evan platicaba con Aaron mientras que el chico le entregaba una especie de memoria, estaba ansioso por saber qué contenía.

Fingió demencia cuando Aaron se dió cuenta de que los estaba viendo, y este le sonrió a lo lejos de forma burlesca. Evan por su parte miró con preocupación a Bill desde la distancia mientras mordía su labio inferior con nerviosismo.

Cuando terminaron de platicar, Evan salió corriendo de ahí y de un salto tomó asiento en la mesa enfrente del pelinegro. Aaron por su parte se retiró del comedor sin decir nada más, dejando al Bill solo junto al contrario. 

—¿Y bien…? —se mostró impaciente.

Evan rascó su nuca con nerviosismo y respondió: —Dijo que lo descubrieras por ti mismo y… ¡Espera Bill no lo hag…! —muy tarde, cuando estuvo a punto de advertirle, Bill le arrebató de las manos la memoria y la conectó a su computadora. La cual una vez enchufada comenzó a volverse loca, apagándose y cerrando pestañas que tenía abiertas, mientras que la frase de “Imbécil” parpadea en medio de la pantalla con una melodía cómica, burlándose indirectamente del pelinegro.

Le había dado una memoria con virus.

—Maldito idiota… —murmuró con enojo soltando un golpe seco sobre la mesa.

Evan apretó los labios y puso sus ojos en blanco, negando repetidas veces con la cabeza. Le arrebató el aparato de las manos a Bill y comenzó a teclear quién sabe qué cosas en la computadora con concentración, pues lo primero que hizo fue desconectar el aparato del Wi-Fi.

—¿Qué estás haciendo…? —exclamó Bill, se cruzó de brazos y tomó asiento al lado de Evan, enfocando su mirada en la pantalla viendo que el contrario ingresaba a rutas de directorios que Bill ni siquiera tenía idea de que existían.

—Shh, me desconcentras —lo calló posando su dedo índice sobre los labios del pelinegro . Y continuó con lo suyo.

—No entiendo nada… —murmuró Bill pasando su mano entre su cabello negro mientras lo echaba hacia atrás, con total frustración mientras trataba de descifrar qué quería hacer Evan.

—Probablemente sea un virus troyano del tipo RAT, o un script de control.

—Evan… Habla con palabras sencillas, no sé de qué mierda estás diciendo.

Por su parte el mencionado rodó los ojos, y siguió con lo suyo. No respondió, hasta que una sonrisa llena de victoria se formó en sus labios por último y exclamó.

—Listo —dijo Evan, soltando el aire contenido. Se pasó una mano por el rostro visiblemente cansado. El parpadeo de la pantalla se detuvo en seco, dejando por último un silencio corto adueñarse del ambiente. —. Era un virus espía en pocas palabras. Aaron no quería que vieras nada, era solo para bloquearte la computadora o borrarte los archivos importantes si eras lo suficientemente idiota como para abrirlo sin protección, que fue lo que terminaste haciendo —finalizó, obteniendo a cambio una mirada llena de enojo por parte de Bill.

—¡Y yo qué carajo iba a saber…! —alzó los brazos con ironía, sin aceptar que él había tenido la culpa.

—¡Intenté decirte pero tú nunca escuchas, Kaulitz…! —exclamó inconforme, mirando fijo al pelinegro mientras empujaba el interior de su mejilla con su lengua.

Un suspiro ahogado escapó de los labios de Bill, se cruzó de brazos y de igual forma retó con la mirada a Evan.

—Okay está bien, eso me pasa por no escuchar, ¿pero por qué Aaron haría algo así, qué más cosas de las que oculto pueden salir a la luz? 

Ante aquello, Evan suspiró mostrándose pensativo.

—Tengo una teoría… Aunque no sé si esté en lo correcto —mordió su labio inferior—. Aaron sabe claramente que no me quieres ver ni en pantalla…

—Y está en lo correcto —afirmó Bill con descaro mientras mostraba indiferencia y se quitaba la mugre de entre sus uñas, por su parte Evan le dedicó una pequeña mirada recriminatoria antes de rodar los ojos.

—Pienso que Aaron está buscando algo que tienes guardado en tu computadora, el punto es que no sé qué es… ¿Tienes algo importante ahí? —continuó, y lo miró con curiosidad.

—Obvio no, sólo tengo cosas de la universi… —paró en seco, su expresión despreocupada pasó a ser una totalmente llena de terror cuando recordó un pequeño detalle que había olvidado eliminar de su laptop—. Me lleva la mierda… —exclamó por último con frustración mientras frotaba su rostro entre las palmas de sus manos con una desesperación que hizo que Evan lo mirara asustado.

—¿Qué…?, ¿Qué pasa Bill…? 

El pelinegro no respondió, se sumió en su silencio mientras sus ojos divagaban buscando la manera de librarse de aquel problema, porque lo más seguro es que Aaron ya haya accedido a aquellos archivos que estaban ocultos en lo más recóndito de su laptop.

Suspiró pesado, y volteó a ver a Evan con una pizca de esperanza, hasta que dijo.

—¿Evan, en verdad podré confiar nuevamente en tí…? —le preguntó, alzando una ceja, mirando al castaño con una frialdad que hizo que los vellos de la piel de Evan se erizaran. 

—Bill…Yo… —apretó los labios, como si quisiera retractarse, pero ante la insistente mirada del pelinegro, terminó accediendo en un asentimiento ligero de cabeza.

—Sé que a éste punto estoy más que jodido —suspiró—, y si eso significa poner mis esperanzas en ti sabiendo que en cualquier momento me apuñalarás por la espalda, puede que esté dispuesto a correr ese riesgo, pero necesito que salga de tu propia boca que todo lo que te diga y enseñe no saldrá de tí…

Por su parte Evan mantuvo silencio por cortos segundos, observando al pelinegro con preocupación, suspiró debatiendo en su mente si aquello era lo correcto, y dijo: —Sé que cometí un error muy grande… Pero trataré de recuperar tu confianza otra vez.

Ante aquello, Bill sintió que pudo respirar de nuevo, así que mordió su labio inferior y prosiguió a buscar en su laptop lo que tanto miedo le daba mostrar. Buscó entre los archivos escondidos hasta que dió con uno de ellos en específico. Le extendió la computadora a Evan quien la tomó con rapidez, y de forma instantánea, su expresión preocupada pasó a ser una consternada cuando sus ojos pudieron ver en la pantalla los múltiples archivos que Bill guardaba.

No dijo nada en el momento, mantuvo silencio dejando la incertidumbre de Bill en el aire quien lo miraba angustiado, mientras se mordía sus uñas recién pintadas esperando reacción alguna de su parte. Evan pasó saliva con dificultad, escuchando sólo el sonido de los ventiladores y el bullicio de la cafetería. Prefería pasar desapercibido en la esquina más alejada del lugar para evitar llamar la atención de los demás estudiantes, pues después del teatro que Bill y él montaron días antes en la entrada de la universidad, verlos juntos nuevamente los hacía cuestionarse si al pelinegro le duró muy poco el enojo con Evan.

Se aseguró de bajarte todo el brillo a la pantalla de la computadora, mirando hacia sus lados con discreción para que nadie viera lo que sus ojos estaban presenciando, no soportó más, sintió que su estómago se revolvía con el pasar de los segundos si seguía mirando eso, así que cerró de golpe la laptop.

Miró a Bill con una pizca de reproche, decepción y algo más que un simple enojo en su expresión. El pelinegro se encogió de hombros con aquella acción pues el lenguaje corporal de Evan le dijo todo en aquel momento.

—¿Me estás jodiendo Kaulitz…? —exclamó casi al punto de querer asesinar a Bill con la mirada.

—Evan por favor deja que…

—¡Ni una mierda Bill…! —murmuró por lo bajo en son de reproche, sólo para que el contrario lo escuchara y no llamarán más la atención. Bill pasó con frustración sus manos hacia atrás sobre su cabellera negra sin tener valor de ver a los ojos a Evan—. ¡No me jodas…! ¿tienes material pornográfico infantil en tu laptop…?

Ahora Bill guardó silencio, ante la insistente mirada de Evan: —¿Y bien…? —el castaño se cruzó de brazos, mostrando impaciencia.

Bill por su parte suspiró, y sin ninguna pizca de emoción en su rostro, respondió: —No es para tu consumo, así que bájale al tono —exclamó con frialdad mientras soltaba una pequeña risa por lo bajo mostrándose altanero y soberbio. Aquello dejó desconcertado a Evan pues la reacción de Bill le hizo dudar al castaño que parecía que conservaba aquel material por mero gusto.

—¿Te estás escuchando…? —alzó una ceja, pero Bill no contestó. Tomó la laptop de las manos de Evan con un movimiento seco y respondió con firmeza:

—No lo tengo ahí porque quiero, si no comprendes la diferencia entre archivar una basura como esa y ser parte de ella, entonces no tienes nada que hacer aquí.

—¡Bill es que esto no es correc…!

—Métete tu moral por el culo, tu aprobación no me interesa —espetó cortante, comenzando a guardar sus cosas en su mochila—. Si te da asco, bien; eso significa que por fin empiezas a ver qué clase de lugar es este mundo de mierda.

—Bill esto supera mis límites…

—¿Querías recuperar mi confianza, no?, espero que tengas el estómago para soportar cosas mucho peores que un par de archivos de material ilegal —finalizó dispuesto a irse, pero Evan lo detuvo del brazo. Por un instante el pelinegro se sintió mal porque en realidad estaba manipulando a Evan, dando en el punto donde sabía que el castaño se sentiría culpable. Y era el hecho de haberlo traicionado.

Porque Bill sabía que la mejor venganza no provenía de las acciones qué él hiciera, sino del karma y remordimiento que carcomía las entrañas de quien le hizo daño, aquello se sentía tan satisfactorio.

Y el pelinegro lo necesitaba, sabía que no podía confiar en nadie más para contarle semejante aberración, y que tuviera los conocimientos de informática que poseía Evan. Aunque Bill lo detestara, su seguridad dependía de Evan, persona la cual lo puso en peligro en un pasado. ¿Irónico, no…?

—Espera —paró en seco—, dame tu computadora —dijo, pero aquello sonó más como una orden. Bill frunció el entrecejo con confusión, antes de que Evan le arrebatara la PC de las manos.

Abrió el portátil, y de un movimiento exacto tecleó un algoritmo en la computadora, que lo llevó a un mapa de geolocalización virtual dentro de la web. Mientras que Bill lo observaba con una sonrisa ladina llena de victoria pues había obtenido su cometido.

—Creo que tenemos una pequeña visita a los barrios bajos de Leipzig… —murmuró Evan, girando la pantalla hacia el pelinegro.

Bill se quedó en silencio, observando el punto parpadeante dentro del mapa. Un chasquido seco escapó de sus labios mientras sus dedos apretaban el borde de la mesa observando aquel punto de manera fija.

—Solo que hay un pequeño problema… —dijo, con una mueca llena de fastidio—. Esa ubicación es el prostíbulo de mi tío. Ahora entiendes por qué tengo esos archivos, ¿no?. Si pusieron precio a mi cabeza es porque ya sospechan que quiero boicotear el negocio. Aaron quería ese material porque es evidencia de cada movimiento que han hecho en el prostíbulo, desde la trata de menores, tráfico de droga y de armas, incluso de órganos. Y esas pruebas también hunden a mi padre. —finalizó. Bill se frotó la barbilla con la mirada perdida en el mapa.

—¿Y… Eso es bueno o malo? —murmuró Evan con evidente miedo. En definitiva no sabía en el problema tan grande en el que se estaba metiendo, todo por querer ayudar a Bill. ¿Porque Bill era su amigo, verdad…? En el fondo, Evan quería hacerse a la idea de que aún le tenía cariño, y que estaba dispuesto a saldar su deuda a cualquier costo. No permitiría que nadie más dañara a Bill… Nadie más que él.

—Lo que no entiendo —hizo una pausa el pelinegro—, es qué carajo hacía Tom en el prostíbulo de mi padre.

—¿Y sabes por qué hizo eso? —preguntó Evan con una ingenuidad tan molesta que hizo que Bill lo observara con absoluta incredulidad.  

—Claro, imbécil, lo sé —exclamó con sarcasmo rodando los ojos—. Es más, ya descubrí por qué a Tom se le ocurrió ir a ese lugar, quería averiguar si ahí podría encontrarme y rogarme para que lo perdone, o quizás el idiota simplemente pensó que era buena idea irse a follar con las putas de ahí.

—¿Lo dices de verdad…? —frunció el ceño, frotándose la barbilla, confundido de no saber si el pelinegro hablaba en serio o simplemente lo estaba liando.

Ante la limitada capacidad de análisis de Evan, Bill soltó un suspiro lleno de ironía.

—¡Claro, lo digo enserio…! —exclamó con evidente sarcasmo mientras alzaba sus brazos con dramatismo—. Supongo que el sentido de la aventura de Tom es tan brillante como tu capacidad para hacer preguntas estúpidas —finalizó, obteniendo una expresión de “poker face” por parte de Evan al darse cuenta que cayó de nuevo en los chistes amargos del pelinegro. 

—Idiota… —susurró el castaño con total indignación, sus mejillas se sonrojaron de la vergüenza mientras que Bill soltaba una carcajada.

—Eres un idiota… —exclamó, y Evan atinó a levantar el dedo de enmedio de su mano en dirección a él.

Continúa…

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por admin

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