
Fic TOLL de ZenTortugaHua
Prólogo

Estoy de espaldas. Tengo las rodillas hundidas en el colchón, mis manos las aferro a la cabecera de madera que cruje con cada embestida.
Él me tiene agarrado por las caderas, tirando de mí hacia atrás como si fuera un objeto que necesita ajustar.
Su polla entra y sale de mi coño con golpes secos, profundos, estirándome sin cuidado. El lubricante que echó antes hace que resbale fácil, pero no hay calor, solo fricción cruda y repetitiva. Mis paredes internas se contraen alrededor de él por puro reflejo.
—Joder, Bill… estás tan apretado hoy…— Gruñe contra mi nuca, con voz ronca y acelerada.
No contesto. Solo arqueo más la espalda, ofreciéndole mejor acceso porque sé que así acaba más rápido. Sus dedos se clavan en la carne blanda de mis caderas, dejando huellas rojas.
Me embiste con más fuerza, el sonido húmedo de piel contra piel llena la habitación. Mi clítoris se roza contra la almohada cada vez que me tira hacia atrás, pero es un roce inútil, insuficiente, que solo aumenta la rabia que me quema por dentro.
—Dime que te gusta…— Ordena entre jadeos.
—Me gusta…— Miento en voz baja, entrecortada, porque sé que si no lo digo se frustra y alarga esto todavía más.
Él suelta un gemido largo, gutural. Sus empujones se vuelven erráticos, cortos, desesperados.
—Voy a… mierda…— Jadea.
Da una última embestida profunda, se hincha dentro de mí y se vacía de golpe. Siento el chorro caliente de su semen llenándome. Es espeso, abundante, mientras tiembla encima de mí unos segundos. Luego se retira despacio, con ese sonido obsceno y húmedo cuando sale. Su semen empieza a gotear/recorrer inmediatamente por mis muslos, caliente y pegajoso, manchando las sábanas.
Se deja caer a mi lado, boca arriba, con un suspiro largo y satisfecho. Yo me quedo de rodillas aún, agarrado de la cabecera, respirando entrecortado debido al «ejercicio» realizado.
Mis piernas tiemblan, mi coño está hinchado y palpitante de pura necesidad insatisfecha.
Termino soltando la cabecera de madera. Y de inmediato me acuesto en la cama. No aguanto las piernas un segundo más.
De un momento a otro me jala hacia él; me agarra la cara con su mano sudorosa mientras que la otra recorre mi cadera y acaricia mi nalga izquierda al mismo tiempo.
Me planta un beso asqueroso: mete su lengua babosa hasta mi garganta, sin delicadeza, como si estuviera marcando territorio más que besando. Sabe a whisky rancio y a cansancio. Me revuelve el estómago, pero no me aparto; ya aprendí a aguantar.
Incluso mete dos de sus dedos en medio de mis nalgas.
Rozan mi ano y lo abren sin piedad, como si estuviera lubricado de ahí.
Me duele. Es muy brusco.
Se separa de mis labios con un chasquido húmedo, y me mira con media sonrisa perezosa. Retira sus dedos de mi culo.
Y antes de acostarse de lado para darme la espalda, me suelta un fuerte azote en la nalga que su mano recorría.
El sonido resuena en la habitación silenciosa, la palma abierta deja un ardor inmediato que se extiende como fuego. No es juguetona, es posesiva, como si dijera «esto es mío y ya está».
—Buenas noches, amor…— Murmura, y su voz pastosa por el sueño ya le pesa.
Se da la vuelta, me da la espalda y en menos de un minuto empieza a roncar como siempre lo hace.
Yo me quedo ahí, de lado ahora, sintiendo un poco de frío debido a la falta de sábana en mi cuerpo desnudo.
Su semen sigue saliendo lento, resbaladizo entre mis muslos. El ardor de la nalgada late en sincronía con el palpitar frustrado de mi clítoris.
Bajo la mano entre mis piernas, mis dedos rozan los labios hinchados de mi vagina.
Presiono el clítoris en círculos rápidos, desesperados, buscando ese alivio que él ya no me da, o que tal vez nunca me dio. Un escalofrío débil me recorre, pero no es suficiente. Nunca lo es.
Cierro los ojos. El ardor de la nalgada se enfría lentamente.
Pienso en mañana, en la universidad. En las clases que daré solo para escapar de esta casa asfixiante y perfecta.
Y por primera vez en mucho tiempo, imagino a alguien que no me bese como si fuera un trámite. A alguien que no me nalguee para marcarme como ganado. Alguien que me mire, me toque, me folle hasta que olvide mi propio nombre. Alguien que me haga gritar, temblar, suplicar… y que después me abrace en vez de darme la espalda.
No sé quién. Aún no.
Pero lo necesito ya.
Continúa…
Gracias por la visita. No olvides dejar un comentario 😉
ajajaja me proyecté feo porque lo viví en su momento