
Fic Toll de WifesKaulitz
Capítulo 26
Entré a mi habitación y cerré la puerta de un portazo. La mejilla me ardía como si tuviera un hierro candente pegado a la piel, pero el dolor físico no era nada comparado con la furia ciega que me consumía por dentro.
— ¡Maldita seas! ¡Maldita seas mil veces! — grité, lanzando mi chompa contra el armario con todas mis fuerzas.
Me tiré sobre la cama y empecé a descargar toda mi rabia contra el colchón. Le di puñetazos, patadas, codazos, imaginando que cada golpe iba directo a la cara sonriente de Bhianesh, a la indiferencia de Tom, a las mentiras de Francis, a la risa burlona de Nick y sobre todo a la perra de Ría.
— ¡Los odio a todos! — chillaba, hundiendo la cara en la almohada para ahogar los gritos. — ¡Odio esta casa! ¡Odio a mi familia! ¡Odio a los Kaulitz! ¡Odio… odio Harry Potter!
Estaba fuera de sí.
Las lágrimas de frustración me empapaban el rostro, mezclándose con el sudor y el maquillaje corrido. Me sentía impotente atrapado en una red de dramas que yo mismo había ayudado a tejer, pero que ahora me asfixiaba.
De repente un sonido interrumpió mi ataque de furia.
Quedé congelado, con el puño en alto a punto de estrellarse de nuevo en la cama, escuchando atentamente.
Venía de la ventana.
— Desliza… desliza… — me incorporé lentamente, secándome las lágrimas con el dorso de la mano.
La silueta de una gorra ladeada y unas rastas desordenadas apareció recortada contra la luz de la ventana. Francis Kaulitz estaba a medio camino de entrar por mi ventana, con una pierna colgando hacia adentro y una expresión que oscilaba entre el miedo y la preocupación.
— ¿¡TÚ OTRA VEZ!? — chillé, saltando de la cama y poniéndome en guardia, aunque mi aspecto debía ser deplorable. — ¿¡Acaso no me quieres dejar en paz!? ¡Vete de aquí, Francis! ¡No estoy de humor para tus jueguitos de niño tonto!
Francis terminó de entrar y cerró la ventana detrás de él. Se quedó de pie frente a mí, observándome con detenimiento. Su mirada bajó de mis ojos enrojecidos a mi mejilla izquierda, que ya empezaba a ponerse morada. Mi hermana tenía la mano igual de pesada que yo.
Su expresión cambió instantáneamente. La diversión desapareció de su rostro, reemplazada por seriedad.
Se acercó un paso, con los puños apretados.
— ¿Quién hacer eso? —preguntó con una voz baja y ronca, con ese acento ruso que esta vez sonaba amenazante. — ¿Quién golpear a Bill?
— No importa. — suspiré profundo, dándole la espalda. — ¿Qué haces aquí, Francis?
— Francis venir a disculparse, Francis sentirse mal por mentir sobre la edad. Francis… sentirse muy mucho avergonzado con Bill. — quedé en silencio, dándole la espalda mientras muerdo mi labio inferior.
Me giré lentamente, mirándolo con sospecha…
— ¿Harías lo que fuera? — pregunté con la voz todavía un poco quebrada, pero con un malicia empezando a asomar. — ¿Cualquier cosa para que te perdone por mentir con tu edad?
Francis asintió con una solemnidad que casi me hizo reír.
Se quitó la gorra junto con el pañuelo. Después se quitó la goma, y me miró con ojitos de gatito. Justo como los hace el gato con botas en Shrek.
Quería golpearlo por ser tan adorable.
— Francis hacer todo. Si Bill querer que yo saltar por ventana, yo saltar. Si Bill querer que yo matar a quien golpear su cara, yo buscar pala ahora mismo y matar.
— No quiero que saltes, ni que mates a nadie… todavía… — dije, caminando hacia mi tocador y tomando mi maletín profesional de maquillaje. — Si de verdad quieres mi perdón, vas a ser mi modelo. Necesito sacar toda esta rabia de alguna forma y ya que estas aquí… — lo empujé suavemente hacia la cama.
Francis se sentó, luciendo extrañamente sumiso, y yo me subí a horcajadas sobre su regazo para tener mejor ángulo. La cercanía fue instantánea; podía sentir el calor de sus muslos bajo los míos y el ritmo acelerado de su corazón chocando contra mi pecho.
— No te muevas, no hables, no hagas nada… — le ordené, abriendo un bote de base de alta cobertura.
Acerqué mi rostro al suyo, sosteniendo su barbilla con una mano mientras con la otra empezaba a aplicar el producto sobre su piel. Estábamos tan cerca que nuestras respiraciones se enredaban.
Francis mantenía los ojos fijos en los míos, sin parpadear, como si estuviera hipnotizado por la intensidad de mi mirada.
— Bill… — susurró él, sentí su aliento rozar mis labios de inmediato.
— Shhh. Dije que no hablaras. — le reprendí, aunque mis manos temblaban un poco.
Empecé a delinear sus ojos con un lápiz negro, siguiendo la forma de su mirada con precisión casi obsesiva. Estar así, dominándolo, mientras él se dejaba hacer cualquier cosa con tal de contentarme, me hacía sentir muy bien.
Pasé una brocha por sus pómulos, marcando sus rasgos con sombras oscuras, transformando su rostro de niño en una versión gótica que me recordaba a mí mismo.
— Te ves… maraviwow. — murmuré, deteniéndome cerca de su boca, con el bálsamo en la mano.
Francis no respondió con palabras. Simplemente llevó sus manos a mi cintura, apretando con suavidad, con su mirada que bajaba a mis labios con una intención que no tenía nada de infantil.
El bálsamo en mi mano tembló apenas. Sus manos en mi cintura no eran tímidas…
— Te dije que no hicieras nada. — susurré.
— Ser muy difícil no hacer nada cuando Bill estar así sobre mí. — respondió él en un murmuro ronco. Sus dedos se hundieron un poco más en mi cintura, atrayéndome hacia él.
Le apliqué el bálsamo con movimientos lentos, casi tortuosos, delineando el arco de su labio superior tan delicadamente que me quemaba los dedos.
Su rostro, ahora transformado por las sombras negras y la piel perfecta que le había diseñado, ya no se veía como siempre.
Se veía malvado y muy femenino.
— Ya está. — traté de recuperar el aliento y de bajarme de su regazo, pero sus manos no se movieron.
— Bill… — su mirada se volvió oscura, fija en mis labios. — Francis querer saber si Bill ya perdonar o si Francis necesitar hacer algo más. — estaba a punto de responder, de dejarme llevar y cerrar el espacio entre nosotros, cuando un golpe seco en la puerta me hizo saltar sobre su regazo como si me hubieran dado un electro shock.
— ¡Bill! — la voz de Bhianesh sonó desde el pasillo mientras abría mi puerta con las llaves extra. — ¿Sigues llorando? — preguntó con burla abriéndose paso al interior de la habitación. Al verme se cortaba de una en cuanto me vió sobre el menor de los Kaulitz. — ¿Pero qué…? — Bhianesh dejó caer las llaves al suelo. — ¿Okay?
Solo suspiré.
— Solo voy a decir dos cosas… primera. — levantó el dedo meñique. — Le diré a mamá que estás faltando el respeto a su casa y segundo. — levantó ahora el dedo anular. — La señora Kaulitz quiere verte.
Francis y yo nos miramos en completo silencio.
— Baja, anda. — luego de decir eso cerró la puerta. Solo pude suspirar una segunda vez y bajarme del cuerpo de Francis, para arreglarme y verme presentable.
— Bill…
— ¿Qué?
— Francis solo querer decir que Bill tener enemigo muy cerca.
— Dime algo que no sepa. — reí mientras rodeaba los ojos. — No es secreto que mi hermana me odia, me sorprende que lo hayas notado pero… — Francis suspiró, negando con la cabeza e interrumpiendo mis palabras a penas me doy cuenta. — No, ¿qué?
— Mhmm…
— Habla. — Fran sacó su teléfono para empezar a teclear en su traductor antes de mostrarme.
«Esa chica que acaba de entrar y dices que es tu hermana estuvo en casa de mis papás junto a Ría, quien la presentó como su mejor amiga de toda la vida.»
— Claro… — mordí mi labio inferior, observando los ojos sexys de Fran un buen rato.
Era por eso que ella sabía que Tom se iba a casar y que supuestamente yo andaba con el hermano menor.
¡Todo tenía sentido!
— Okay. — suspiré profundo empezando a caminar hacia la puerta. — No te muevas de aquí, ¿está bien? tenemos que hablar mucho de ese tema.
Francis asintió acomodándose mejor en mi cama. Salgo de la habitación cerrando la puerta a mi detrás para empezar a caminar rumbo a las gradas, sintiendo mis manos pegajosas por los nervios.
¿Y si ella estaba aquí para matarme?
Para mí desgracia y con ganas de acabar con mi sufrimiento me hubiera entregado a mi destino en bandeja de plata. No estaba para defenderme de nadie.
A medida que bajaba la silueta de la señora Kaulitz se hacía presente ante mis ojos. Eso me puso más nervioso.
— Hola, cariño. — sonrió rodeando mi cuerpo entre sus brazos para luego darme un beso en la mejilla. Por suerte Lalita le había servido té en lo que me esperaba.
— Charlotte, que gusto verte. ¿Qué se te ofrece? — sonreí demasiado tímido en cuanto nos sentamos.
— Voy a ser directa y por favor, no me interrumpas hasta que yo termine de hablar. — asiento con la cabeza, mirando a un punto fijo que no sea ella. — Yo… estoy bastante confundida, mi cielo. No entiendo lo que está pasando entre Tom, su hermano y tú. Tenía entendido que andabas con Tom y luego resulta que andas con Francis, que es un niño a penas. Al menos ante mis ojos muchísimo más, para mí sigue siendo un bebé… — Charly hizo una pausa para tomar aire. — He hablado con mi hijo, tratando de comprender el por qué de su decisión repentina. Estoy en total desacuerdo que se case con esa chica Ría, no me da una buena espina, ¿me entiendes?
— Ujum.
— Pero Tom me dice que lo hace por su parte de la herencia y eso está bien, nosotros no tenemos problema pero… carajo, cariño. Quiero que mi hijo se case también por amor, que no viva desgraciado toda su vida junto a alguien que no ama. Yo sé y ví que lo que siente Tom por ti es real. No creas que he olvidado como hablaste de él en el día de la boda de Nick. No puedo creer que de la noche a la mañana decidas que quieres estar con Francis. — Charlotte se mordió el labio inferior, observando cómo me ponía rígido y tenía tantas ganas de llorar. — Si te soy bastante sincera, mi niño es un chico que a penas está conociendo el mundo. A su edad sé que sale de fiestas cada viernes porque sus abuelos me cuentan todo y él no lo sabe, pero no importa, quiero que sepa cómo es el mundo real y así. Aquí lo preocupante es que los dos hermanos sientan cosas por una sola persona y que esa sola persona ahora haga el amor con él uno y mañana se bese con el otro. Tengo miedo que lleguen a tener un enfrentamiento y que eso acabe con la poca relación que tienen. Francis siempre ha querido lo que tiene Tom, no lo entiendo aún pero… las cosas son así. — entonces Charlotte tomó mi mano entre las suyas.
Giré la cabeza para verla a los ojos, sin poder aguantar el llanto. No saben cuánta es la vergüenza que estoy sintiendo ahora mismo aquí con ella. Me hablaba tan dulce, que me hacía querer estar fuera de ese problema y sea mi madre.
La que nunca tuve.
— Charlotte, no estoy seguro de querer solo a Tom. — susurré en medio de un puchero de tristeza.
— Oh…
— Francis me confunde muchísimo.
— Es por el parecido con Tom, ¿verdad?
— Sí. — susurré poniéndome de pie, para darle la espalda y empezar a jugar con cualquier adorno que estuviera ante mí vista. — Pero también porque nunca me deja solo, si Tom me rompe el corazón… Francis está ahí aunque sacándome de mis casillas.
— Es que es bien travieso. — rió un poco desde donde estaba, logrando tensarme. — No sé si es correcto lo que voy a decir pero… si yo le ofrezco algún videojuego deseado a Francis el va a aceptar a cambio de dejarte y si eso pasa, te vas a dar cuenta y en ese lapso trata de arreglar las cosas con Tom. Quiero que te cases con él, sean felices. Ustedes dos me gustan como pareja… así dejas al pequeño tranquilo. Es nuestra adoración solo por ser el menor y no soportaría que le hagas daño por no saber lo que quieres.
Oh, por dios…
Qué golpe tan bajo me había pegado con sus palabras.
— También trataré de persuadir a Tom y hacerle caer en cuenta sobre sus decisiones. Que no todo en la vida es dinero.
¿Era eso lo que yo quería?
No estaba seguro.
— Yo… todavía no quiero casarme. — susurré volteando a verla y de nuevo me senté frente a ella. — Solo tengo dieciocho años, es muy pronto para mí aunque lo que siento por Tom es muy grande. Casi le debo mi vida.
Charlotte me miró a los ojos con tristeza.
— ¿Puedo hacer una pregunta? Quizás suene fuera de contexto en la conversación.
— Sí. — murmuré para luego relamer mis labios, probando lo salado de mis propias lágrimas, con un gesto amargo.
— ¿De pronto has… has echo el amor con Francis?
— ¡No! — exclamé alarmado, bastante nervioso y empecé a reírme en medio del llanto. — No hemos pasado a eso, siempre estoy a la defensiva con él y bueno… solo me ha robado besos.
Charlotte se rió también.
— Tom cree que sí… es un alivio saberlo, yo no tengo problema pero es para darle la seguridad a mi hijo, ¿okay? Lamento si te incomodé. Sobre lo de tu edad, entiendo… pero cuando hay amor verdadero es lo de menos.
Yo asentí con la cabeza.
— Voy a pensarlo, aclarar mi mente y sentimientos, ¿sí?
— De acuerdo, Bill. Yo también haré mi parte. — Charlotte se puso de pie, me dió un último beso en la mejilla que fue demasiado largo. Acaricio mi cabeza con un gesto maternal tan lindo que me hizo encoger el corazón. — Piénsalo bien, Bill, y perdón por venir así, pero espero entiendas mi preocupación como madre.
— No te preocupes, Charlotte. — la acompañé a la puerta en silencio hasta que se fue.
Ahora lo que ella no sabía era que sus palabras no iban a dejar de dar vueltas y vuelta en mi cabeza. Todo esto era un golpe de mi realidad alterada y no me detuve a pensar tanto.
Subí las escaleras con las piernas pesadas, rumbo mi pieza. Al entrar en mi habitación, encontré a Francis sentado en el borde de mi cama.
Seguía con el rostro transformado por mi maquillaje gótico, las sombras negras hacían que sus ojos se vieran más profundos y cansados.
Parecía un ángel caído esperando instrucciones.
— ¿Qué decir mamá? — preguntó él, escaneando mi rostro enrojecido por el llanto. — ¿Ella estar enojada con Bill? — me acerqué a él, pero esta vez no me subí a su regazo. Me detuve a una distancia considerable.
Dolía el pecho al verlo así, tan dispuesto a hacer lo que yo quería con tal de obtener mis disculpas…
— Francis… — susurré, tratando de que mi voz no temblara. — Tienes que irte, ¿sí? — él frunció el ceño.
— ¿Por qué? ¿Mamá decir que yo no poder estar aquí?
— No es eso. — negué suavemente, acercándome solo para poner una mano en su hombro. — Hablé con ella y… necesito pensar. Mi cabeza es un desastre ahora mismo. Hay demasiadas cosas que debo reflexionar y pensar en medio de la soledad. No quiero que me busques por ningún motivo.
Francis me miró fijo durante unos segundos. Pensé que iba a protestar pero para mi sorpresa, su expresión se suavizó.
Una chispa de comprensión madura para su edad se reflejó en sus ojos bonitos.
— Francis entender. — dijo en un susurro triste. — Bill necesitar espacio. Francis no querer ser una carga más en cabeza de Bill.
Mierda, quería ponerme a llorar muchísimo más.
Fran se puso de pie con lentitud. No buscó su gorra ni su pañuelo, los dejó sobre mi cama y caminó hacia la ventana. Antes de saltar, se giró hacia mí. Me analizó de arriba abajo y sin decir nada, se deslizó por el marco de la ventana… desapareció en la oscuridad del jardín.
Me quedé solo en la habitación, mirando el lugar vacío en mi cama… tragando saliva y con ganas de desaparecer.
.
TOM
—… no mamá, no sé cuántas veces debo decirte que no quiero saber nada de Bill. — solté un suspiro pesado mientras me servía una copa de vino por tercera vez desde que llegó a mi casa, la cuál me hacía sentir solo.
Extrañaba mi viejo departamento pero cada vez lo sentía más pequeño cuando iba y Bill no estaba ahí.
— No eres la única que intenta hacer que vuelva con él, Karina también lo hace, me tiene harto con lo mismo y lo mismo. Ya tomé una decisión. Quiero que la respetes.
— Pero es que no lo entiendes, Tom. — insistió mi madre, apoyando las manos sobre la isla de la cocina, mirándome con esa mezcla de lástima y reproche que solo ella sabía manejar. — Esa decisión no es la correcta, ¡tú amas a Bill y estoy segura que él de ama de vuelta! Ya no te veo tan feliz como cuando estabas con el…
— ¡Ya basta, mamá! — golpeé la copa contra el mármol, haciendo que el líquido rojo salpicara mis dedos. — Bill tomó su camino y yo el mío. Karina y tú pueden decir lo que quieran, pero no están en mis zapatos. Nadie lo está. ¡Ustedes no saben lo difícil que fue oír que eligieron a alguien más! ¡Además, si Bill me amara lo suficiente se hubiera casado conmigo y ya! ¡Punto final!
Estaba a punto de darme la vuelta para encerrarme en mi despacho cuando la puerta principal se abrió con un estruendo que hizo vibrar las ventanas.
Francis entró con la respiración agitada y la mandíbula tan apretada que juraría haber escuchado sus dientes crujir.
Pero lo que me detuvo en seco no fue su entrada, sino su rostro. Tenía los ojos rodeados de un negro profundo, sombras oscuras marcando sus pómulos y un look gótico que reconocería hasta en el fin del mundo.
Era el estilo de Bill.
— ¿Qué mierda tienes en la cara, Francis? — cuestioné, sintiendo que el vino se me subía a la cabeza de pura rabia. — Pareces una nena.
Francis ni siquiera parpadeó. Ignoró mis palabras y se plantó frente a nosotros, alternando la mirada entre mi madre y yo. Estaba temblando, pero no de miedo, sino de una furia que parecía estar consumiéndolo por dentro.
— ¿Ustedes dos tener algo que ver? — soltó Francis con la voz rota, señalándonos con un dedo tembloroso. — ¿Qué usted decir a Bill? — se dirigió mirando a mamá. — ¡Él echarme de su casa cuando tú estar presente! ¡Él decir que ya no querer saber nada de mí porque hablar con mamá! ¡Dime qué dijiste!
Mi madre se quedó pálida, dejando la taza de té a medio camino. Yo solté una carcajada amarga, aunque por dentro sentía que algo se me rompía.
— ¿Así que Bill te echó? — me acerqué a él, invadiendo su espacio, ignorando el hecho de que se veía como una versión retorcida de mi propio pasado. — Qué rápido se te acabó el cuento de hadas, hermanito. ¿Te diste cuenta por fin de que solo eres el premio de consolación?
— ¡Cállate, Tom! — me gritó Francis, empujándome el pecho. — ¡Bill estar bien conmigo hasta que mamá ir a su casa! ¿Qué tú decirle, Charlotte? ¿Por qué tú meterte en vida de nosotros? ¡Él estar llorando! ¡Él estar mal por culpa de ustedes! ¡Sobre todo ser culpa de Tom!
Charlotte suspiró, tratando de mantener la compostura, pero Francis no la dejaba hablar. Me miró a mí con un odio que nunca antes le había visto.
Pero ¿y qué? solo era un mocoso.
— Tú quieres que él esté solo porque no puedes tenerlo. — no sabía si era por la rabia que el alemán le estaba saliendo de maravilla. — Eres un cobarde que prefiere casarse con Ría antes de pelear por él ¡y no dejas que nadie más lo quiera!
— No sabes nada sobre la vida de Bill ¡y no te atrevas a llamarme cobarde! — grité. — Además, puedes seguir comiendo las migajas que dejé en Bill, sinceramente… ya no me interesa.
— ¡Zakroy svoy rot! (¡Cállate la boca!) — exclamó volviendo a empujarme, cada vez más fuerte.
— Es verdad, Bill fue mío tantas veces y como ahora no lo quiero, lo recoges tú. Recoge basuras. — Francis soltó el primer puñetazo directo en la mandíbula. Admito que no me lo esperaba porque pensé que se iría a llorar al baño como antes. No esperó a que me recupere del golpe y se lanzó sobre mí, tomándome por la cintura y estrellándome contra el suelo.
Quería reír porque no sabía que tenía tanta fuerza en ese cuerpito delgado y la idea de abrazarlo se me cruzó por la cabeza, sin embargo, si no fuera porque continuó con los golpes y yo debía defenderme, también le brindé un golpe por dónde vaya.
— ¡PAREN! ¡TOM! ¡FRANCIS! — el grito de mi madre resonó en toda la casa, pero ya no escuchábamos nada.
Rodamos por el suelo tirando las banquetas, golpeando la madera de los muebles. Le propiné un gancho en las costillas y él me devolvió un cabezazo que me hizo ver estrellas y me llenó la boca con el sabor metálico de la sangre. Sus manos se aferraban a mi camiseta, desgarrándola.
Joder, era de una colección carísima.
— ¡Te odio! — gritó Francis, encajándome un golpe en el pómulo. — ¡Ojalá te cases con Ría y te pudras! ¡Desde lejos verás lo feliz que es Bill conmigo!
— ¡Cierra la maldita boca! — lo sujeté por las rastas y estampé su cabeza contra el suelo, tomando la delantera de la pelea.
— ¡POR EL AMOR DE DIOS, SE VAN A MATAR! — Charlotte se metió entre nosotros, tratando de jalarnos, pero éramos como dos perros. Francis le soltó una patada al aire que casi la golpea a ella y yo, al intentar evitarlo, terminé empujando a mi madre accidentalmente hacia atrás.
Ella cayó sobre la alfombra de la sala, soltando un gemido de dolor y sorpresa. Eso me detuvo un segundo, el tiempo suficiente para que Francis me encajara un rodillazo en el estómago que me dejó sin aire. Me doblé sobre el suelo, jadeando, mientras veo como el maquillaje negro de Francis ahora estaba corrido por toda su cara, mezclado con sudor y la sangre de su labio partido.
— ¡Mírense! — gritó mamá desde el suelo, con la voz quebrada. — ¡Mírense los dos! ¡Peleando como animales por el mismo hombre! ¿Es esto lo que quieren? ¿¡Destruirse entre familia!? ¡No saben cuánta decepción tengo de ustedes! — Francis se pone de pie, respirando con dificultad. Yo me incorporé como pude, escupiendo sangre.
Los dos estábamos igual de cabreados.
— Mamá… — murmuró Francis, al borde del llanto. Se le notaba a leguas.
— ¡No! ¡Silencio! — interrumpe la vieja Kaulitz. — ¡Fue una equivocación informar allá sobre la boda de Tom! ¡No esperaba que vinieras en verdad! ¡Ahora solo quiero que te vayas de vuelta a Rusia con Andreas, dejes las cosas como estaban y no busques más a Bill porque quiere a Tom! ¡Los dos se van a casar!
Yo reí negando con la cabeza.
El silencio que siguió a las palabras de mi madre fue más doloroso que el rodillazo que todavía me quemaba pero la reacción del menor fue lo mejor.
Francis se quedó petrificado, con una mano apoyada en la isla de la cocina para no caerse.
— ¿Rusia? — susurró Francis, completamente roto por dentro. — ¿Vy khotite otpravit’ Rusia obratno, potomu chto ya meshayu ikh planam? (¿Me quieres mandar de nuevo a Rusia porque interrumpo sus planes?)
— No, pero no tolero estas faltas de respeto entre hermanos. — sentenció Charlotte, poniéndose de pie con una mirada que me hizo sentir de la edad de Francis. — Bill es un hombre que ya tiene suficiente drama con un Kaulitz como para que tú le compliques la vida por un capricho. Vete a empacar. Mañana mismo sale tu vuelo, cómprate los videojuegos que quieras, las cosas que te den la maldita gana ¡pero no te metas con lo que es de tu hermano! ¡la pareja de tu hermano se respeta, maldición!
Francis me miró y apretó los puños, se limpió la sangre del labio con el dorso de la mano y sin decir una sola palabra más, salió corriendo de la casa, dejando la puerta abierta de par en par.
— ¿Estás satisfecha? — le pregunté a mi madre. — ¿Qué habrás intentado hacer? pero sea lo que sea, te salió mal. Mi boda con Ría sigue en pie, ahora vete.
— No me hables así, Tom. Solo quería que hagan las cosas bien. — respondió ella, agarrando su bolsa antes de darme una mirada herida y salir de mi casa, cerrando la puerta de golpe.
Continúa…
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