
Fic Toll de WifesKaulitz
Capítulo 25

¿No hace falta decir que Georg, Gustav, Andreas, Karina, Francis y yo estábamos borrachos?
Habían muchos motivos para celebrar.
Georg y Gustav finalmente decidieron salir de esa burbuja de algo casual y formalizar su relación. Entre tragos nos volvimos a ser amigos otra vez.
Karina y Andreas estaban encantados el uno con el otro.
Yo muy feliz por ellos.
Y… Francis y yo… solo teníamos salud.
— ¡Salud, Bill! — gritó Francis sobre la música, levantando su vaso. — ¡Salud por… por…! ¿no sé? — solté una carcajada histérica. El alcohol me hacía sentir ligero, como si el drama de mi vida hubiera ocurrido hace décadas. Francis me miró con ojos brillantes, un poco perdidos por el vodka, y se acercó a mi oído, dejando que su aliento cálido me erizara la piel. — Todos tener pareja hoy… — susurró, señalando con la cabeza a los demás. — Bill y Fran solo tener salud. ¿Tú creer que eso ser justo para un caballero ruso y una porcelana alemana?
Me giré para mirarlo, sintiendo que el mundo daba una vuelta lenta.
— No es justo, Francis. Nada en esta vida es justo.
— Entonces… — Francis dejó su vaso en la mesa y tomó mi mano, entrelazando sus dedos con los míos con una torpeza encantadora que me hizo reír a carcajadas. — …quizás nosotros deber celebrar que estamos solos. O celebrar que no queremos estarlo. — «cabe recalcar que nos encontramos en la zona VIP con atención exclusiva y el lugar estaba a reventar.»
Francis, con esa seguridad que solo da el vodka me apretó la mano y me arrastró fuera de los sillones sin que mis amigos se dieran cuenta.
— ¡Eh! ¿¡A dónde vamos!? — pregunté, tropezando con mis propios pies mientras Georg y Gustav se daban un beso que por poco y se desnudaban. Francis no respondió. Me llevó por un pasillo oscuro, empujó una puerta que decía «PRIVADO» y, de repente, el ruido del club se volvió un eco lejano. Estábamos en una oficina llena de archivadores, un escritorio y el olor a cigarro.
No hubo palabras…
Francis me acorraló contra la puerta, me tomó de la cintura y me sonrió.
— Prometí que nada de besos si Bill no querer… pero, Francis morir por probar boca de Bill. — y me besó sin mover sus labios, solo estábamos pegado ambos sin hacer nada más.
Se notaba lo nerviosos que estábamos a pesar de las copas y ese contacto no duró mucho además. La puerta se abrió de golpe, golpeándome y haciendo que en un movimiento torpe, Francis casi se caiga sobre un estante de carpetas.
— ¿Qué hacen aquí? — cuestionó Tom mirándome con ojos furiosos.
— ¡Tom! ¡Tú siempre interrumpir momento! ¡Bill ser libre! ¡Bill no querer nada tuyo!
— Solo pregunté que qué hacen aquí, nada mas. — hizo una pausa y al darse cuenta lo borracho que estaba Francis empezó a gritar. — ¡Mejor por qué no empiezas a explicar por qué estás borracho! ¿¡No sabes que mis papás te pueden pegar si te ven así!?
— ¡No importa! ¡V Rossii ya kazhduyu pyatnitsu zhivu vot tak! (En rusia vivo cada viernes así)
— ¡Solo tienes dieciséis!
— Agh. — me apoyé en el escritorio y me empecé a reir histérico, eso hizo que ambos se callaran. — Ay, por favor… — dije, tambaleándome un poco mientras me acomodaba la camisa. — ¿Por qué pelean? ¿Es por mí? ¡Si es así no peleen! ¡Estamos en una fiesta! ¡Hay amor para todos!
Antes de que Tom pudiera articular otro insulto, lo agarré por la camisa, lo jalé hacia mí y le planté un besote bien rico. Tom se quedó rígido un segundo, procesando y luego sus manos bajaron a mi cadera por instinto.
— ¡Nyet! (¡No!) — gritó Francis, luciendo genuinamente ofendido. — ¡Eso no ser justo! ¡Tú besar a Fran primero! — Francis me tomó del hombro, me giró como si fuera una muñeca de trapo y me volvió a besar, ignorando que Tom estaba frente a él echando humo por las orejas.
— ¡Oye! ¡Suéltalo, idiota! — Tom me jaló del otro brazo, recuperando mis labios para él.
— ¡Bill disfrutar más conmigo! — replicó Francis, volviendo a jalarme hacia su pecho y besarme… yo estaba en medio de los dos, siendo jaloneado de izquierda a derecha, recibiendo besos y oyendo reclamos en dos idiomas diferentes.
— ¡Basta! — grité riendo, mientras intentaba mantenerme en pie. — ¡Hay Bill para los dos! ¡Hagamos una fila o algo! ¡Georg tiene a Gustav, Andreas tiene a Karina y yo… yo tengo el doble de Kaulitz! ¡Woo!
Tom y Francis se miraron por encima de mi cabeza, ambos con la respiración agitada y restos de mi labial. Hice piquito hacia Tom para que me diera otro beso pero solo me miró molesto.
¡Se estaba haciendo como su hermano mayor Nick! ¡Me muero!
— Esto es ridículo. — masculló Tom, aunque no me soltaba la cintura.
— Esto ser… democrático. — añadió Francis, dándole un mordisco a una dona que sacó mágicamente de su bolsillo.
— Bill, de una vez quiero que me digas las cosas.
— ¿De qué?
— Quiero que elijas entre Francis y yo.
¿Qué?
— ¿Qué? — el silencio que siguió a la pregunta me hizo doler la cabeza.
No podía creerlo, en serio. A mi izquierda, Tom: intenso, posesivo que tanto me irritaba y me encantaba a partes iguales. A mi derecha, Francis: dulce, impulsivo, con ese acento ruso que me derretía y una capacidad asombrosa para aparecer en los momentos más inoportunos…
¿¡Cómo me iba a poner a elegir!?
— ¿Elegir? — repetí con la voz pastosa, soltando una risita tonta. — Tom, mi vida, apenas puedo elegir qué crema ponerme en la cara sin entrar en crisis existencial… ¡y tú me pides esto ahora!
— Hablo en serio, Bill. — insistió Tom. — No más juegos. Elíjeme a mi o vete con él, de una vez.
Francis dio un paso al frente, inflando el pecho.
— Bill no ser un objeto, Tom. Bill ser… ser como un pájaro libre. ¡No poner a elegir!
— ¡Lo que dijo él! — comenté en medio de un eructo que provocó a Francis una carcajada.
— Joder, cuánta inmadurez.
— Saben qué… — dije, señalándolos con el dedo índice mientras trataba de no ver doble. — Ustedes son unos egoístas. ¡Es mi noche! ¡Es la noche de Georg y Gustav! ¡Es la noche de Karina y Andreas! ¡Y ustedes quieren que yo tome decisiones de adulto! ¡Váyanse a la pierna! perdón, mierda.
Caminé con dificultad y me senté sobre el escritorio de la oficina, cruzando las piernas.
— Mi respuesta es… — hice una pausa dramática, mirando al techo. — …que no voy a elegir. Porque si elijo a Tom, me pierdo la dulzura de Francis. Y si elijo a Francis, me pierdo el fuego de Tom. Así que, hasta que se me pase la borrachera, declaro que soy territorio neutral. — Tom soltó un bufido de frustración y Francis parpadeó confundido.
— ¿Entonces a quién elegir?
— ¿No sé? — sonreí de lado mirando como Francis empezaba a bailar, haciéndome reír mucho. — ¿Francis?
— ¡Woo! — celebró el rastafari mientras que yo no entendía por qué Tom se iba molesto.
&
El semestre había empezado con ese olor característico a café cargado, libros nuevos y el aire acondicionado helado de los pasillos de la universidad. Yo intentaba concentrarme en mis asignaturas, pero mi cerebro seguía siendo un campo de batalla tratando de recordar la noche anterior.
Beber vodka puro sin nada que lo acompañe no se los recomiendo para nada. Todo se sentía como un sueño borroso, irreal. Estaba terminando de retocarme el delineador en el reflejo de una ventana cuando el sonido de unos tacones golpeando el suelo me hicieron saltar.
— ¡BILL TRÜMPER! — me giré justo a tiempo para ver a Karina cruzando el campus. No caminaba, desfilaba con una furia que habría intimidado a cualquiera. Tenía el rostro encendido y apretaba su bolso como si quisiera estrangularlo.
— ¡Karina! — exclamé, tratando de poner mi mejor cara de inocencia. — ¿Qué pasa? ¿Andreas se olvidó de tu aniversario de tres semanas o…?
— ¡Cállate y escucha! — me interrumpió, plantándose frente a mí y soltando un bufido de indignación. — Acabo de hablar con Andreas! ¿Sabes lo que hizo mi querido tío Tom esta mañana?
— ¿Qué hizo ahora? — traté de verme desinteresado.
Karina me puso el teléfono frente a la cara, mostrándome un mensaje de texto de Andreas que hacía que mis ojos ardieran.
— ¡Le propuso matrimonio a Ría y está vez es de verdad! — gritó, atrayendo las miradas de un grupo de estudiantes de medicina. — ¡Esta misma mañana! ¡Frente a todo el mundo en el desayuno familiar! Andreas dice que Nick estaba brindando y que Tom simplemente se levantó y soltó la bomba como si nada. ¡No entiendo!
El mundo se detuvo un segundo. Mis cuadernos nuevos estuvieron a punto de caerse al suelo.
— Matrimonio… — repetí en un susurro, sintiendo cómo el orgullo se me subía a la garganta. — Pues que genial. — sonreí empezando caminar en búsqueda de nuestra nueva aula.
— ¡Es que no entiendo! — Karina cruzó los brazos, indignada. — Tom me hablaba de la increíble vida que quería tener contigo y de la nada ¡boom! matrimonio real con Ría. Esa mierda no se quedó solo en rumores.
Me quedé mirando un punto fijo sin dejar que caminar cada vez más rápido.
— ¡Dime algo! — tocó mi hombro y regresé a verla, con lágrimas en los ojos. — Bill…
— Karina, solo déjame solo, mierda. Quiero estar solo.
— Pero si Andy me dijo que Tom está planeando la boda para dentro de un mes o menos tal vez. Quiere acelerar todo cuanto antes. — le iba a responder pero ese momento mi teléfono vibró en el bolsillo. Lo saqué con manos temblorosas luego de secarme las pocas lágrimas rebeldes y vi una notificación de un número que no conocía pero por su escritura era de saberse.
|Yo estar en el estacionamiento de tu facultad. ¿Tú querer ir a quemar llantas?|
Miré a Karina y luego al mensaje de Francis.
— No me importa lo que haga Tom con su vida, ¿está bien? — le dije a Karina con la voz más seria que pude fingir, aunque sentía un nudo en la garganta que apenas me dejaba respirar.
Ignoré sus gritos de preocupación y caminé a paso rápido hacia el estacionamiento. Necesitaba aire y cualquier otra cosa para tapar el sonido de mi propio corazón rompiéndose.
Entre la montonera de autos vi la silueta de Francis apoyado en su moto.
Sin decir una sola palabra, me acerqué y le quité el casco de las manos. Él me miró con curiosidad, notando mis ojos un poco rojos, pero fue lo suficientemente inteligente como para no preguntar nada en ese momento.
— Sube. — murmuró.
Me subí detrás de él, apretando mis brazos alrededor de su cintura con fuerza. Francis arrancó y el motor rugió con un estruendo que me hizo cerrar los ojos.
Durante una hora, el mundo fue solo el viento golpeando mi rostro. Quemamos llantas por las avenidas, esquivando entre el tráfico como si estuviéramos huyendo de algo. Era divertido.
Finalmente, cuando el sol empezó a bajar, llegamos a mi casa. Entramos en silencio. Mi casa estaba a oscuras, fría y extrañamente vacía. Eso solo sentía cuando los Trümper iban de viaje a visitar a mi hermana.
Francis se quitó la chaqueta rompevientos y me observó mientras yo me tiraba en el sofá, mirando un punto fijo en la pared sin siquiera quitarme las botas.
— Bill… tú estar muy callado. — dijo él, acercándose hasta sentarse en la alfombra, justo frente a mí. — Eso no ser normal en ti. Tú siempre tener palabras bonitas o insultos para mí… oh, ya. Es Tom. — él se había dado cuenta.
La mención de su nombre fue el detonante.
Sentí un espasmo en el pecho. Las lágrimas que había estado reteniendo durante todo el trayecto desde la universidad se desbordaron de golpe. Me incliné hacia adelante y, sin pensarlo, me lancé a sus brazos rodeando su cuello y hundiendo mi cara en su hombro.
— ¡Él se va a casar, Francis! — sollocé, con el cuerpo temblando por el llanto. — ¡No perdió oportunidad y ya está comprometido!
Francis se quedó rígido un segundo, sorprendido por la intensidad de mi arrebato, pero luego sus manos rodearon mi espalda.
Me apretó contra él, dejando que sus dedos se enredaran en mi cabello con delicadeza.
— Tikho, tikho… (Tranquilo, tranquilo.) — susurró en mi oído. — Tom ser un idiota, Bill. No llores.
— Me duele, Fran. — balbuceé, aferrándome a su sudadera como si fuera mi único ancla en medio de la tormenta. — ¿Por qué hace eso?
Francis no intentó darme una respuesta lógica porque no la había. Simplemente se quedó ahí, sosteniéndome mientras yo descargaba toda la rabia en medio del llanto.
¿Pero por qué me ponía así si yo mismo fui el causante de eso?
Me lo merezco, ¿o no?
Poco a poco, mis sollozos se convirtieron en hipos cansados. El agotamiento emocional me pasó factura. Francis se acomodó mejor en el suelo, apoyando la espalda contra el sofá y acomodándome sobre su pecho. Me envolvió en un abrazo cálido y realmente me hizo sentir bien.
— Yo no irme, Bill. — murmuró él contra mi sien. — Yo no ser Tom. Yo quedarme aquí hasta que tú no llorar más. — suelto un suspiro cansado.
Me quedé dormido escuchando los latidos de su corazón, constantes y tranquilos.
Francis nunca me soltó…
Nos quedamos así, entrelazados en el silencio de la sala, vencidos por el sueño mientras la luna entraba por la ventana, iluminando el rostro de un chico que, esa noche, decidió ser el refugio que su hermano mayor no se atrevió a ser.
&
Estaba sentado a la mesa, pinchando una salchicha con el tenedor sin la menor intención de comerla. Frente a mí, mis padres desayunaban teniendo la mirada fija en mí.
A mi lado, Bhianesh, mi hermana mayor, me miraba con una ceja arqueada. Ella y yo éramos tan diferentes.
Pfff.
— Bill, cariño… ¿podrías dejar de torturar a esa salchicha? Me pones nerviosa. — Simone soltó un suspiro dramático mientras untaba mermelada en su tostada.
— No tengo hambre, mamá.
Gordon levantó la vista de su periódico.
— Deberías comer algo. Tienes una cara terrible. ¿A qué hora dormiste anoche?
— No lo sé, papá. Pero no fue tarde. — la verdad era que apenas recordaba cómo había llegado a mi cama luego de que Fran y yo nos quedáramos abrazados en la sala.
Tampoco sé en qué momento se había ido el rastafari.
— ¿Y tu amigo? — preguntó Bhianesh dándole un sorbo a su café con una sonrisa maliciosa. — ¿Cómo se llamaba? ¿Francis? — sentí que el color se me subía a la cara.
— Se fue temprano, dijo que sus padres lo llamaron. — respondió mi mamá ganándose una mirada curiosa de mi parte.
Osea que ya conocieron a Francis Kaulitz.
— ¿Son novios?
— ¡No, Bhianesh! — le espeté, pinchando la salchicha con más fuerza de la necesaria. — ¡Y deja de meterte en mi vida!
— ¡Solo pregunto! — dijo ella, levantando las manos en gesto de inocencia. — Parecían una pareja muy linda cuando los vimos abrazados en tu habitación. Déjame decirte que no es muy fino de tu parte andar con el hermano de en medio y luego con el menor porque el de en medio se va a casar.
Mis padres se quedaron congelados. Gordon bajó el periódico y Simone se llevó una mano a la boca.
— ¿¡Qué!? — exclamaron al unísono.
Sentí que la tierra me tragaba. ¿Cómo sabía la estúpida de mi hermana que Tom se iba a casarse?
Joder.
Bi me sonrió, satisfecha con el desastre que había provocado. Me levanté de la mesa de golpe, tirando la silla hacia atrás.
— ¡Mierda! — grité, antes de salir corriendo del comedor hacia mi habitación.
Necesitaba estar solo. Necesitaba pensar.
¡NECESITABA MATAR A TODOS LOS KAULITZ!
Subí a mi habitación tropezando con los escalones, ignorando los gritos de mi madre y la risa triunfal de Bhianesh que resonaba por toda la casa. Me puse lo primero que encontré —una chaqueta de cuero negra y mis botas de plataforma— y salí por la ventana trasera para no tener que dar explicaciones.
Conduje hasta la mansión de Nick acelerando a más no poder. Al llegar, no me molesté en anunciar mi visita. Empujé la puerta principal con una fuerza que probablemente dañó las bisagras y caminé directo hacia el salón principal, guiado por el sonido de risas que me revolvieron el estómago.
Allí estaban.
Nick estaba sentado en su sillón con una copa en la mano, luciendo como todo un señor casado. A su lado, Tom habla animadamente, con una sonrisa que no le veía desde hacía semanas, y Francis… Francis estaba sentado en el brazo del sofá, asintiendo a lo que Tom decía mientras devoraba un panecillo.
Quisiera aclarar que su panecillo tenía más importancia que la conversación.
— ¡Tom! — grité, plantándome en medio de la alfombra.
Los tres se quedaron tiesos al verme. Tom bajó la guardia al instante, su sonrisa desapareciendo para dar paso a esa expresión de indiferencia. Francis casi se atraganta con el pan y Nick simplemente alzó una ceja.
— ¿Qué haces aquí? No es momento de…
— ¡Eres un idiota! — le grité señalando su torso con el dedo índice. — ¡No perdiste tiempo en comprometerte con la estúpida que dañó lo que tenías! ¿¡Tan rápido se te pasó las ganas de estar conmigo, imbécil!?
— Wow. — Nick abrió sus ojos con diversión, riendo y acomodándose para ver mejor la escena.
Y si pudiera traería palomitas.
— ¡Bill, yo…!
— ¡Tú cállate, Francis! —le rugí, señalándolo con el dedo ahora al rastafari. — ¡No te metas!
Tom apretó los puños luego de ponerse de pie.
— Bill, si yo me voy a casar con Ría es por tu culpa. Así de fácil.
— ¿Qué? — fruncí el ceño. — No… — reí sin gracia.
¿Por qué me culpaba a mi?
— La noche que te vi besándote con Francis dentro de un cuarto privado del club, te puse a elegir entre él o yo y lo elegiste a él, no sé por qué mierda me jodes ahora.
Francis abrió los ojos en grande cuando Nick lo vió asombrado, muerto de la risa.
— ¡Me siento como el espectador de una telenovela! — exclamó sin parar de reír.
Francis, Tom y yo lo vimos antes de gritar todos tres juntos un: — ¡Cállate! — histérico. Nick levantó ambas manos en son de paz, tratando de aguantar la risa una vez más.
— Yo no recuerdo que haya elegido a Francis, ¿¡de qué hablas!?
— No sé y tampoco me interesa, ¿okay? Ahora por favor vete.
Francis intervino con una expresión que ya no era de diversión, sino de seriedad.
— Tom, tú ser un mentiroso. Bill no elegirme a mí como novio. Bill estar mal. Bill estar llorando por ti. Yo solo darle un lugar donde dormir porque tú estar muy ocupado siendo un macho herido.
— ¡Tú no te metas, Francis! No defiendas lo que claramente escuché y ya es demasiado tarde.
— ¡BASTA! — el grito de Nick retumbó en mis orejas. — ¡Me estoy aburriendo! ¡Esto ya no es divertido! ¡Me niego a creer que estén peleando por Bill, joder! ¿¡Por qué no solo viven los tres felices y ya está!? Obviamente cuando el niño cumpla su mayoría de edad.
— ¡Shhh! — Francis se llevó el dedo índice a la boca mientras reprendía a su hermano mayor con la mirada.
— ¿O sea cómo? — fijé mis ojos en Francis.
— Ehm, verás… — intentó explicar él pero Tom lo interrumpió.
— Francis es menor que tú por dos años.
Mi rostro no podía estar más enojado…
— ¡AAAHHHH! — grité cabreado, ya sin control. Empecé a señalarlos con mi dedo a los tres. — ¡Todos ustedes son iguales, hijos de puta! — después de decir eso Nick solo rió más, Tom se sentó de golpe en el sofá y Francis me siguió atrás.
Cuando iba a cruzar el jardín me detuve, haciendo que Francis se golpee en mi espalda y yo voltee a verlo enojado. No pude evitar levantar la mano y estrellarla en su rostro, haciendo que voltee y me mire con diversión.
— ¡Pff!
— ¿¡Qué!? — exploté en su contra. — ¿¡Ahora qué vas a mentirme, imbécil!?
— ¿¡Eso es lo único que tienes!? — lo miré fijo antes de reventarle la cara con otro golpe. — ¿¡Tan poquito!? — Francis se pasó la lengua por el labio, limpiando un rastro pequeño de sangre.
— ¿¡Te parece poco!? — le grité, sintiendo que las lágrimas de frustración finalmente empezaban a nublarme la vista. — ¡Me mentiste tú!
— Oh, no ser cierto. Aclarar que no fuí yo quién decir mi edad, ser Endy quien lo dijo.
— Tú y tu Endy pueden meterse su edad por el culo, mal nacidos. — y sin decir más me fuí.
&
— ¿Por qué no tomas la sugerencia de tu cuñado viejito? — murmura Georg luego de meterse una cucharadota de avena con yogurt de Gustav, que solo atendía en silencio. — Viven los tres, todos felices y ya.
— No. — suspiré profundamente, colocando mi codo sobre la mesa y el mentón en la palma de mi mano, con los ojos cerrados. — Francis es dos menos que yo, me siento un asaltacunas. Yo no puedo estar con él.
— Solo son dos.
— ¡Georg! — exclamé, abriendo un ojo para mirarlo con pura indignación. — No es «solo son dos». — hice unas comillas con mi dedo índice y medio con la mano que tenía libre. — ¿Te imaginas yo siendo detenido por andar con un chiquillo que probablemente todavía tiene que pedir permiso para jugar videojuegos? ¡Me muero!
Gustav soltó una risita suave mientras apartaba su plato de avena antes de que Georg terminara de robarlo.
— Bill, tienes dieciocho. — intervino Gustav luego de mucho. — Él tiene dieciséis. En Alemania eso no es ilegal, solo es… bueno, un poco dramático para tu estándar. Además, técnicamente… nos dijiste que te cuidó cuando te confirmaron la boda con la oxigenada.
— ¡Me mintió aún así! — hice un gesto dramático con la mano. Georg tragó lo último que le quedaba en la boca y me señaló con la cuchara.
— El problema no es la edad de Francis, Bill. El problema es que te encanta que se estén peleando por ti. Admítelo, tu ego está viviendo su mejor momento mientras tú sufres por los pasillos de la universidad y en las cuatro paredes de tu habitación.
Me quedé en silencio, sintiendo cómo un ligero rubor me subía por las mejillas.
— No es ego, Georg. Es… supervivencia emocional… cambiando de tema, ¿saben que la estúpida de mi hermana mayor está de visita? No saben cuánto la odio por ser la hija perfecta. Esa es una mustia.
— Es que ustedes son tan diferentes. — comentó Gustav, encogiéndose de hombros.
— ¡Es una traidora! — exclamé poniéndome de pie y acomodando mi cabello para que se vea perfecto. — Le encanta verme arder.
— Pues buena suerte hoy en casa. — se despidió Georg, robándole una última uva a mi plato. — Vamos a clases.
Y así fue tan aburrido…
El resto del día fue una perdida de tiempo de palabras que no escuché y apuntes que no hice. Mi cabeza estaba dividida entre la imagen de Tom y Francis la mayor del tiempo, que no sentí que las clases se fueron volando.
Al terminar, el campus se sentía asfixiante como para tomar una clase extra con los G’s, así que manejé de regreso a casa dejándolos a ellos y luego me fui esperando encontrar paz, o al menos el silencio de una casa vacía.
Pero como el destino me odia.
Al entrar, el olor a té de jazmín inundaba la sala. Bhianesh estaba sentada en el sofá con una tablet en la mano y las piernas cruzadas. Ni siquiera levantó la vista cuando cerré la puerta con un estruendo.
— Llegas tarde. — soltó ella con esa voz pausada y monótona. — Mamá y papá salieron a una cena. Me pidieron que te vigilara ya que me contaron tus problemitas.
— No necesito que la hija perfecta de los Trümper me vigilen. — iba a caminar hacia la cocina para buscar agua, pero me detuve justo frente a ella.
Quería aclarar algo en mi mente.
— ¿Por qué lo hiciste, Bhianesh? ¿Por qué soltar lo de Tom en la mesa? — ella dejó la tablet de lado y me miró con la ceja arqueada.
— Porque es divertido molestarte y ya.
— Búscate una vida, ¿okay? estaba bien sin la copia barata de mamá. ¡Eres patética, Bi! ¡Una mosquita muerta que…!
No pude terminar la frase porque ella me golpeó.
El sonido del impacto resonó en toda la estancia. Sentí mi rostro girarse violentamente hacia la izquierda y un ardor instantáneo me encendió la mejilla. Me quedé congelado, con la mano subiendo lentamente al lugar donde su palma me había golpeado.
Si será maldita.
— Ya cállate. — murmura ella, temblando ligeramente de rabia. — No voy a permitir que me faltes el respeto solo porque estás frustrado porque tu noviecito se casa con otra. Eres un altanero, Bill. Y ya es hora de que alguien te ponga en tu lugar.
Me giré para verla, con los ojos llenos de lágrimas de pura rabia. — Te odio. —susurré con la voz rota. — Te odio más de lo que odio Harry Potter. — y salí corriendo a mi habitación.
— ¡No te metas con mi Harry, tonto estúpido! — la oí gritar desde abajo.
Continúa…
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